18 de octubre de 2013

Emociones de mi vida... Capítulo 3: Ira

DISCLAIMER

Los personajes pertenecen a JK Rowling y la trama es de mi autoría.

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"Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"

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N/A: Este será un short fic de solo 5 capítulos. Uno por cada emoción asignada y todos serán basados en algún momento de la vida de Harry con implicaciones de una relación homerótica con Draco Malfoy. No creo que haya lemmon pero el rated será por las dudas. Si hay alguna advertencia particular será aclarada en dicho cap. Estén advertidos y lean bajo su propio gusto.

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DESAFÍO: "EMOCIONES"

3/5: IRA
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Estaba cabreado. Total, absoluta y mortalmente cabreado.

La ira me inundaba y me nublaba el escaso raciocinio endeble que ya de por sí tenía.

Me sentía un completo estúpido por dejar que el solo verlo me afectase tanto -aún sabiendo lo que por él sentía-.

Y me sentía aún peor por saber que yo no tenía ningún derecho a ningún tipo de reclamo puesto que siempre fui yo el de todos los problemas y complicaciones.

¿Cómo podría tener la cara de decirle tan siquiera un 'Hola', mientras estaba allí al lado de aquel que había conseguido robármelo de la peor de las formas? Porque sí, a pesar de todo, para mí era como si me lo hubiera robado, y robado de la peor de las maneras porque era de aquella que me aseguraba que ya no lo podría recuperar; me lo había robado con la verdad. Sin ocultarse. Sin tiempo robado o mentiras a medias más que medias verdades. Me lo robó dedicándole el tiempo que yo siempre le hube negado. Me lo robó con su evidente dedicación por más que fuera tan solo algo reciente y posiblemente planificado.

Y duele.

Oh Merlín, cómo duele.

Y él... joder lo entendía. Dolía mil veces peor que un crucio... pero lo entendía.

Entendía el porqué de su falta de respuesta y el porqué se decidió por hacérmelo saber así, de una manera tan pública y controlada. Entendía el porqué a pesar de saber que yo iba a estar allí y que estaba a tan solo un par de metros de él en cuanto entró él no me buscó. No me miró.

Le admiraba el valor que necesitó para hacer frente a la absurda posibilidad de que a pesar de todo yo pudiera montarle una escena.
...Y estaba a la mar de seguro de que en cierta forma él estaba más que decepcionado de que no se la hiciera.

¿Qué hacer?

¡Por Merlín y Morgana, no sabía que carajos hacer!

Su otrora ciega valentía brillaba por su ausencia. Ni por todo el oro del mundo él podría con aquella batalla en ese preciso momento en el que se sentía menos que las propias bacterias que pisaban sus zapatos.

Pero para variar, la suerte no estuvo de su lado. Nunca lo estuvo, y eso quedó más que claro cuando él sintió tras su espalda el ruido de la puerta al abrirse con cuidado mientras él solo quería explotar algo al tiempo en el que sus manos se tensaban al apretar con todas sus fuerzas el mármol de la mesada; con la cabeza gacha lo más que pudiera para no ver la vergüenza de su propio rostro.

Mierda.

Fuera quien fuera tenía que irse. Él no podía ser visto así. Nunca... y mucho menos por él por lo que, aún entre dientes apretados él solo usó el aire estrictamente necesario para soltar un escueto, 'Largo'.

En silencio y mentalmente orando a todas las deidades que alguien tuviera a bien el escucharme por una maldita vez y solo darme unos cinco malditos minutos de paz.

No sirvió de nada.

De un momento a otro me vi seriamente sorprendido por unos brazos delgados pero fibrosos que rodearon mi torso mientras al mismo tiempo sentía enterrarse una cara justo por el medio de entre mis omóplatos.

¿Por qué?

¿Qué?

No entendía.

Sabía quien era. Reconocería sus formas y mucho más sus abrazos en el mismo centro de los fuegos del infierno. Era él. ÉL.

¿Pero por qué?

Mi respiración se agitó un poco más y ya casi llegando al punto de hiperventilar.

Necesitaba... quería...

—¿Por qué? —susurré apretando mis ojos por todo lo que valía la maldita pena tan solo para que nada de mi dolor y malestar se filtrasen.

Merlín, sentía como si me estuviera muriendo.

—Te amo.

—¿Qu...?

—Te amo. Lo hice porque te amo... y porque tú me amas igual.

—Pero... yo...

—Lo sé. Pero ya no puedo Harry —sentí que mi respiración se congelaba de nuevo, por el momento apenas dejándome disfrutar del hecho de que él en ningún momento había despegado su rostro de mi espalda—. No puedo. Sé como te sientes ahora porque es exactamente así como yo me he sentido cada vez que te he visto con ella, con ellos. Me he sentido así desde el momento en el que finalmente acepté que no eras solo otro revolcón pasajero y de que, de hecho, habías tenido el descaro de venir a arrebatarme lo único que me quedaba decente. Maldito Griffindor de pacotilla, tenías que venir tú a demostrar que aún un maldito mortífago de cuarta podía darse el derecho y gusto de amar. Y la jodiste... porque jamás me explicaste que nunca te podría amar realmente de verdad pero que simplemente lo dejé estar cuando me di cuenta de la verdad. Y ese fue mi error ya... pero... a pesar de todo. A pesar de todos. No puedo evitar seguirte amando cara rajada. Y duele. Duele demasiado como para querer hacerlo indefinidamente. Duele demasiado para solo seguir así. Merlín, quisiera querer odiarte. No sabes cuanto. Pero no puedo... solo queda el dolor. Y lo odio. Odio estar solo pendiente de tus cartas apresuradas y de tus citas imprevistas y rápidas cada vez menos satisfactorias y cortas. Odio haberme dejado convertir solo en 'el otro', en tu sucio secreto —dijo apretando el agarre alrededor de mi cintura y con la voz ya ligeramente más quebrada que cuando había comenzado. Las lágrimas silenciosas rodaban por mi rostro cayendo sin ningún cuidado por la pechera de mi costosa camisa—. Odio amarte... porque amarte me duele —susurró el hombre a su espalda transmitiendo en su tono todo el pesar que aquellas palabras le producían.

—Entonces ódiame... —tenía que hacerlo. Por él. Tenía que dejarlo ir así me costara la misma vida el proceso—. Ódiame Malfoy... justo como solías hacer —dijo escupiendo su apellido como hacía ya mucho tiempo no lo hacía—. Vete con él y deja todo atrás.

Un sollozo cortó cualquier palabra que pensara en decir después...

Draco... SU Draco lloraba. Por él. Por ser el maldito hijo de puta que seguía anteponiendo a todos antes que a él.

¿Por qué?

—¿Por qué? ¿Por qué me dejaste llegar a amarte así? ¿Acaso todo fue un estúpido juego tu...?

—No te atrevas —rápido como una serpiente él se había girado en el mismo segundo en el que le sentía aflojar sus brazos y comenzar a alejarse dolido de él—. Lo sabes. Lo eres todo para mí Draco. Todo... Pero...

—Pero ellos son tu familia... Y siempre me han odiado. Así como yo a ellos ¿no? O a lo que creí de ellos. Lo sé.

—Sí. Y esperan... ellos... sabes que quieren...

Vi como cerró sus ojos inundados de profundo dolor antes de dejarse asentir con cierta rigidez.

—Lo sé. Lo sé Harry. E, increíblemente, sabes que lo entiendo. Yo haría cualquier cosa por mi familia también. Incluso casarme con una mujer... y dejarte.

—Lo sé.

—¿Es este el adiós?

—Parece que así es.

—Lamento no poder...

—No lo hagas. Nunca estuvo bien seguir con esto sabiendo que ambos terminaríamos así.

—Lo sé. Te amo.

—Y yo a ti. Y nunca has sido el otro amor —dijo con ojos cerrados pegando su frente a la del otro. Disfrutando de los que sentía como sus últimos momentos inmerecidos—... Tú siempre serás el único. El primero, medio y último. El resto...

—...es solo teatro...

—...Y el show...

—... debe continuar.

Hacía ya tiempo que ambos habían estado jugando alrededor de esas frases que, para horror del rubio, tarde había descubierto de que eran solo parte de un parafraseo de una canción muggle que le había encantado oír.

La ira se había ido a medida que la tristeza le inundó y ahora lo único que quedaba era solo ese vacío que le apretaba el corazón.

—Solo para que sepas... No estoy con él.

—Pero pensé...

—Lo sé. Y en parte quería fuera así... Una gran parte de mí solo quería dejarte creer que era así.

—Oh. Bien.

—Sí. Me iré por un tiempo, sabes. Un cambio de aire.

Tragué duro el nudo que seriamente amenazaba con escapar mientras mis brazos se negaban a dejarle escapar, y al tiempo que mi mente me decía que todo estaba mal.

Y la ira volvió en todo su gran esplendor.

La ira ciega por fin regresó.

¿Por qué en el mundo era yo quien debiera causarle este dolor?

¿Por qué me sentía con la estúpida responsabilidad de siempre sacrificarme por el bienestar de los demás?

No quería... pero los odiaba. Los odiaba a todos. Incluido a él.

Odiaba al gran mundo de la magia por querer siempre al perfecto salvador ejemplar.

Odiaba a los Weasleys por decirme cada-puto-día lo felices que se sentían de que pronto fuera parte definitiva de su familia junto a su adorada Ginny y como esperaban pronto tener perfectos niños pelirrojos corriendo por su vacío jardín.

Odiaba a Ron por no superar sus celos infantiles y siempre quejarse del rubio que amaba.

Odiaba a Hermione por -a pesar de ser tan jodidamente inteligente-, no darse cuenta de nada. Condenándome a mi propio silencio traidor.

Y me odiaba a mí por darle mucho más valor a todos ellos que al amor más intenso, salvaje, puro y hermoso que había tenido el fortunio de vivir.

...Y lo odiaba a él por habérmelo hecho sentir. Porque por sentirlo era que tanto dolía.

Y la ira era una excusa... una excusa para mantenerme en pie un poco más y por la que podía aguantar todo y solo funcionar. Una excusa que me agotaba.

Tan solo una pobre excusa... que ya no ayudaba.

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