9 de octubre de 2013

Emociones de mi vida... Capítulo 2: Culpa

DISCLAIMER

Los personajes pertenecen a JK Rowling y la trama es de mi autoría.

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"Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"

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N/A: Este será un short fic de solo 5 capítulos. Uno por cada emoción asignada y todos serán basados en algún momento de la vida de Harry con implicaciones de una relación homerótica con Draco Malfoy. No creo que haya lemmon pero el rated será por las dudas. Si hay alguna advertencia particular será aclarada en dicho cap. Estén advertidos y lean bajo su propio gusto.

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DESAFÍO: "EMOCIONES"

2/5: CULPA
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Culpa. Maldito sentimiento opresor.

Culpa. Nadaba, me ahogaba en ella de una manera lenta y dolorosa.

¿Lo peor?

Era mi propia maldita elección el hacerlo.

Mierda.

Me odiaba. No quería hacerlo. No quería sentir la vergüenza de recaer una y otra vez en aquella situación que era la culpable de todo, para luego volver de donde sabía nunca debería haberme ido, y cargar con este sentimiento feroz que sentía carcomerme desde lo más hondo de mi ser.

Pero lo hacía.

Recaía. Una y otra vez. Y otra. Y otra.

No tenía cura.

No había obstáculos que me detuvieran para cuando yo mismo no podía negarme más el derecho a quererlo.

Me había perdido desde el mismo instante en el que aquella insólita locura comenzó.

Temía de mi mismo en cuanto las ansias comenzaban.

Me odiaba y no podía evitar el sentirme desgraciado y un verdadero hijo de puta por no saber como controlarme a mí mismo, cómo hacer para negarme a ir una y otra vez por más y más como si fuera un drogadicto que necesita su dosis con desesperación.

Eso era él para mí desde el primer momento en el que lo toqué. Se había convertido en mi mayor necesidad desde el precioso y aterrador momento en el que pude hundir mi carne en su piel.

Era mío.

Lo quería. Lo ansiaba. Lo necesitaba.

Me sentía como si fuera un animal en celo que solo se deja regir por sus más básicos instintos cuando estaba junto a él.

Y era idílico. Innegablemente idílico.

Y aterrador. Tan putamente aterrador... porque era ÉL... y porque era PERFECTO. PERFECTO con ÉL. Dos putas palabras que nunca, jamás de los jamases soñé con poner juntas en una misma frase teniendo en cuanta a quien me refería.

Y luego mi nube de lujuria y necesidad se evaporaba una vez ya saciado y la realidad me invadía cruelmente para señalarme que una vez más había acudido a ÉL y que una vez más le había fallado a ELLA.

¿Cómo había sucedido todo?

¿Cómo era que había caído tan bajo en todos los aspectos sin darme cuenta hasta que ya me sentía hundido y atrapado?

Atrapado. Atrapado por él. No por ella. Nunca por ella. O sí. Ya no sabía. Era complicado.

Estaba completamente rendido y necesitado de él. Todo él. Su calor. Su pasión. Su belleza. Eso era al principio al menos, pero ahora. Ahora era todo. Quería sus tardes en el sillón con su cabeza en mi regazo y un libro en sus manos mientras él leía para ambos o comentaba lo ya leído. Quería tomar el desayuno en la cama mientras veía embelesado como agitaba sus párpados al despertar. Quería tomar su mano e ir a comprar lo que fuera sin temor a lo que la gente pudiera pensar, decir o hacer. Quería poder besarlo, reclamarlo, dejar claro para todo el mundo que él era mío y solo mío. Y que yo era suyo...

Pero eso era mentira. Porque no lo era.

Yo no era suyo.

Y él se estaba cansando.

Lo sabía.

Lo temía.

Me desesperaba porque sabía que era cierto y me descontrolaba porque sentía que el poco casi nulo control que tenía de esta pantomima de vida que me había forjado se me iba como agua entre los dedos.

'Ya era hora' -me decía yo mismo una y otra vez-. 'Ya es hora de que lo dejes ir y sigas con lo que prometiste, con lo que todos esperan de ti.'

Ya era hora de que dejara mi sucio secreto y mis putas ansias detrás y le dejara libre para conseguir a alguien que pudiera darle todo aquello que yo mismo le negaba.

Él nunca le reclamó nada, como si supiera que de hacerlo todo terminaría antes y peor... pero yo lo veía, lo veía en su mirada cada vez que iba solo por unas pocas horas y al terminar de follarlo, de amarlo, me obligaba a mí mismo a correr a adecentarme y volver a mi realidad. Una realidad que cada puto día llegaba a detestar más y más.

Era una locura.

Todo originado por un brindis compartido en la oscuridad apartada de una fiesta a la que desde un principio no quería ir. Todo por hablar de dejar el pasado atrás. Todo por quedártelo viendo mucho más de que lo que era prudente al momento de cerrar esa absurda broma de tregua con un fuerte apretón de manos que terminó por erizarme la piel y por dejarlo acercarse e incentivarlo sin palabras a seguir a por más.

Todo por callar, anhelar, desear.

Todo por ese beso que en dos segundos pasó de ser un roce a algo salvaje y desaforado como si fueran náufragos que de pronto obtienen acceso a un manantial.

Bocas que se abrían y lenguas que luchaban.

Manos que apretaban, que buscaban, que... marcaban.

Ese fue el principio.

Y ahora podía ver el final.

Y lo odiaba.

Odiaba todo.

Odiaba necesitarlo y odiaba recaer en él y su lujosa cama.

Odiaba ansiar su carne más que respirar y odiaba dejarlo después de terminar.

Odiaba regresar a la vida que todos esperaban que viviera pero que temía demasiado dejar de vivir.

Odiaba besarla a ella y obligarse a pensar en él para solo 'reaccionar'.

Odiaba sentir que cada día lo hería más.

Lo amaba.

Lo amaba y por eso lo odiaba. Porque él sin quererlo le había demostrado lo que en realidad quería en una pareja y lo que anhelaba en la cama. Porque con sus altos estándares le había demostrado lo buena que podría ser su vida sin llegar a ser un idiota y porque cada momento a su lado era un glorioso desafío. Lo amaba porque le hacía sentir VIVO.

No podía ya con esto.

Toda su vida era una completa y absurda mentira.

Y estaba harto. Y perdido. Y completa y absolutamente aterrado de ser rechazado de algo más que una pareja fallida.

No temía herirla a ella con un desamor. No temía herirla con su engaño. Lo que temía realmente era perder irremediablemente a todas aquellas personas detrás de aquella relación. Perder a todo aquel paquete de personas que le habían dado lo mejor en mi trágica vida. Una familia. SU familia.

Estaba acorralado.

Me estaba volviendo loco.

Era elegir tener todo lo que amaba en una pareja para mi futuro contra la enorme posibilidad de perder a todas aquellas personas que conformaban la parte más hermosa e inocente de mi pasado y que tanto me habían dado y ayudado.

Podría casarme y formar la familia que ellos tanto deseaban para mi, con su hija. Sabía que podía. Sabía también que estaría condenado y no era que realmente le importara.

Pero lo que me estaba matando era que al hacerlo ya no habría más de esto. Ya no habría más encuentros tórridos y furtivos. Ya no habría escapadas que me dieran fuerzas para continuar con aquella agónica mentira hasta su próximo encuentro. Ya no habría ansias por la espera y desconsuelo por dejarle. No habría nada. Y no podía con ello tampoco.

Atrapado.

Así me sentía... me ahogaba... me asfixiaba.

Y ahora esto.

Una dura y cruel revelación.

Dos semanas sin saber de él.

Dos semanas de esperar una respuesta que llevaba días en haber enviado.

Dos semanas que ya al último lo estaban desquiciando a tal punto que sinceramente hasta había pensado en solo aparecerme frente a él y tomarlo sin más.

Y aquí estaba.

Lo estaba viendo.

Y sentía que moría.

Mierda.

Ni siquiera podía tener el descaro de preguntarme a mí mismo '¿Por qué?' ¿Cómo podría si sé de perfecta cuenta que yo mismo era la causa?

Verlo allí, a tan solo pocos metros de mi alcance y apretar mis puños para negarme a acceder a ello y pegar mis pies al suelo porque si daba solo un paso, si me dejaba avanzar un mísero centímetro más sabía a donde iba a ir a parar.

Y no podía. No podía hacerle esto.

¡Al diablo conmigo! No podía negarle esto. La simple posibilidad de que lo tuviera todo y aún más porque yo era solo un hombre egoísta que le negaba aquello que quería más.

Joder.

Dolía.

Oh, cómo dolía.

Tenía que irme.

Tenía que escapar de allí a un lugar donde nadie me viera llorar mi alma por saber que no lo tendría más mientras en mi retina quedaba grabado a fuego el verlo en brazos de alguien más sin siquiera importarle los murmullos que se habían levantado ni bien le vieron entrar.

Lo admiraba. Oh, cómo lo hacía. Era valiente aunque él no se lo creyera. No le importaba nada más que su propio criterio y felicidad. No le importaba un reverendo comino lo que pensara nadie de él y su muy particular elección de pareja.

Lo admiraba y lo adiaba porque sabía que el otro tenía que saber que él estaría allí, con ella, y que no podría mantener la fachada de jugar bonito mientras lo veía caminar con otro que no fuera él... y sabiendo de antemano que si aún no había pasado seguramente esa noche fuera de él. Que ya no sería solo suyo. Que ya no sería su marca la que quedara en su piel.

Lo hice.

Escapé.

No pude más que decir un escueto; 'Voy al baño' cortando de hecho una conversación de la que no había escuchado nada porque mis oídos no parecían dejar de querer pitar y pitar.

Sentía la cabeza girar y la vista nublada. Mi garganta apretaba de manera sádica y estaba seguro de que estaba comenzando a hiperventilar.

Mierda.

Los lavabos no eran el mejor lugar eso era seguro.

No eran privados. No eran oscuros. No era la cueva en donde me quería esconder y de ser posible sepultarme a mí mismo. No era el lugar donde me podría dejar caer y solo dejar que mi cuerpo se hiciera una bola mientras me abrazaba a mí mismo para nunca más salir de allí.

¡¿Qué iba a hacer?!

No podía pensar en nada más que en salir y reclamar su boca en un beso salvaje sin dejarle salida para nada más... sabiendo que si lo hacía no solo arruinaría mi relación con los alborotados pelirrojos sino que además arruinaría de manera inequívoca e irreparable lo que fuera que tenía con él porque simplemente lo avergonzaría de una manera que no estaba del todo seguro de terminar de entender.

Todo era mi culpa.

Por haber cedido.

Por haber seguido.

Por haber mentido.

Por haber caído.

Por haberlo amado... por aún amarlo.

Y haberlo perdido.

Todo era su culpa.

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