14 de junio de 2013

el infierno tras su mirada... Capítulo 14


EL INFIERNO TRAS SU MIRADA

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.

AVISOS PREVIOS: Escenas explícitas de; Violencia, violación, lenguaje adulto, perversión, maltratos… y derivados.

N/A: Este fic será oscuro y verdaderamente crudo. Para mí es simplemente es una historia más de las que rondan en mi cabeza, pero si a alguien le afecta en mayor medida todo lo anteriormente mencionado le aconsejo que se retire antes de siquiera comenzar. AVISO porque NO quiero RECLAMOS ¿OK?

***

CAPÍTULO 14

***

Juguetes. Ellos eran meros juguetes. ELLA sería un mero juguete.

¿Qué clase de existencia era esa?

Veía esa mirada que intentaba ser indiferente pero que, extrañamente ella podía leer más allá, encontrándose entonces con un trasfondo de lástima, y comprensión.

De reconocimiento.

Le dieron náuseas.

Realidad.

La odiaba.

Odiaba su vida. Su patética existencia.

Odiaba el dolor. La humillación y el hastío que venía tras él cada mísera vez.

Se odiaba ella.

Patética. Inútil. Débil.

Realidad.

Necesitaba escapar. Necesitaba rescatar lo poco que le quedaba de mente racional en la actualidad antes de dejarse sucumbir a la fatalidad.

Huir.

Pero no podía. Lo sabía. Lo odiaba. Dolía.

Drogarse. Sí, ella ciertamente necesitaría mucha 'azúcar mágica' para poder hacer frente a soportar este nuevo estilo de existencia aún más decadente que su utilidad anterior si cabe.

Esperaba... no, ella estaba segura de que alguno de los que allí residía tendría alguna fuente donde conseguir. Rogaba dentro de sí para que fuera una buena fuente y no de esas que encima les vendía todo diluido con cosas que no provocaban efecto alguno. No iba a siquiera considerar la posibilidad de que no existiera tal fuente o ayuda. No podía limitarse a creer que no obtendría ese breve pase de libertad ni que los que vivían allí con la misma 'condena' que ella soportaran todo así... sin esa pequeña ayuda... y sin perder su mente en el camino. Aunque, pensándolo bien, no era tan mala alternativa considerando todos los hechos. Perderse.. Estar fuera de su mente y de la miserable realidad que cubriría sus días sin ser consciente de nada más que de las formas fantasmagóricas creadas por aquel hermoso alucinógeno. El LCD hacía maravillas con su mente cuando lo conseguía. Todo tan brillante. Todo tan dinámico. Sí, de seguro estar un poco loco no sería tan malo... pero, en esos momentos, en esos momentos en que la magnitud de su posición actual la abrazaba, ella sabía que necesitaba un escape... pronto. huir de ella misma. De su propia cárcel hecha piel.

Y así fue como en menos de un segundo ella se hallaba de pronto de lado, tirada en aquella gran y mullida cama que alguien ya se había encargado de limpiar. Liberando su mente de ese cuerpo que la encadenaba a una tierra insana. Flotando. Volando hacia la oscuridad tan familiar mientras se sentía empequeñecer y encorvarse. Sola. Allí estaba sola. y lo amaba y odiaba por partes iguales. Sola. Su única certeza.

.

En algún momento después de haberse dejado perder en las profundidades más oscuras de su mente , debió de haberse quedado dormida ya que de pronto se encontró abriendo sus ojos a un espacio tenuemente iluminado que le costó reconocer hasta que la comprensión y realización se instaló en su cerebro por entre la bruma del sueño. Despachando la relajación habitual del descanso y tensando su cuerpo tal y como cada minuto en el que se hallaba despierta. Esperando...

En guardia. Constantemente.

Fue solo unos treinta minutos después cuando escuchó su puerta abrirse.
Ella no se había movido.
No tenía idea de si se le permitía siquiera. No sabía que clase de juegos extraños le gustaría jugar a su nuevo 'dueño', pero segura como el infierno en el cual vivía que ella no quería averiguarlo por el lado equivocado. No estaba segura de poder resistir un castigo en las condiciones en las que se hallaba.

Los pasos se detuvieron justo frente a su cara y ella podía ver claramente los muslos cubiertos por pantalones oscuros. Muslos evidentemente masculinos.

Olvidó por completo el hecho de haber estado esperando permiso para poder ir a hacer sus necesidades básicas. Su necesidad prioritaria era subsistir, siempre... aunque ni siquiera se molestaba ya en preguntarse adecuadamente 'porqué'.

Ella no se movió, y el hombre -quien quiera que fuera porque ella no se había atrevido a mirar aún-, no se dignó a hablar.

Vagamente se preguntó si este esperaba que se moviera y le diera una mamada o algo porque, si se guiaba por su cercanía, sus muslos e ingle estaba realmente cerca de su rostro. Si eso era un indicativo.

Sin pensar demasiado, lentamente comenzó a moverse, acercando su mano hacia la bragueta que podía ya notar lo suficientemente abultada, bajando el cierre en el proceso en medio de un completo e instigador silencio.

Al ver que sus avances no eran detenidos pero tampoco alentados ella se movió con cautela y cuidado hasta bajar su cara contra el eje semi erecto que había logrado desenfundar previamente.

Bloqueó su mente a todo. Al dolor. Al asco. Al hastío. A la rutina... a ella misma.

Besó, lamió, chupó y mamó la polla que se iba endureciendo cada vez más dentro de su tibia boca y utilizó todos los movimientos que conocía y que había tenido que aprender para satisfacer a tantos diversos clientes y sus variados gustos. Intentando sentir que actos le provocaban mejores reacciones. Intentando con todas sus pocas fuerzas no estropearlo ya que temía al hecho de conocer de lo que el hombre sería capaz.

Mecánico.

No había gusto o sabor en ello.

No había nada más que un hecho.

Acción y reacción.

Ningún sentimiento. Ningún placer.

Solo una simple, rápida y efectiva ejecución.

Finalmente, después de lo que pareció un momento indefinido en el tiempo, Isabella pudo degustar el sabor acre y amargo del semen en su boca y garganta. tratando desesperadamente de aguantar el acto reflejo de las náuseas cuando sentía cada chorro ir directamente hacia su campanilla mientras el glande aún masajeaba su lengua. Tragando de manera frenética una y otra vez para no dejar escapar nada aunque la eyaculación del hombre pareciera simplemente no tener fin.

Tragó duro.

Los ojos le lagrimeaban.

La garganta estaba adolorida y se le cerraba.

la boca y la lengua las sentía entumecer.

Y ella lo único que podía rogar era que todo ello no hubiera sido por nada.

Pasaron unos cuantos segundos más en los que ninguno se movió. Uno por miedo y el otro por simple comodidad.

El pene aflojándose drásticamente tras la tempestiva liberación.

Ella nunca levantó la cabeza. Ella sabía mejor que eso.

El chasquido del remover de tela y luego el sonido de un encendedor ser encendido fue la pauta para que, en silencio, ella se apartara un poco y comenzara a ordenar el miembro en sus costosos calzoncillos y luego el pantalón que debía valer más que todo lo que ella nuca había tenido.

Esperó.

Y esperó...

Los nervios comenzaban a traicionarla.

El silencio siempre era lo peor. Nunca sabías si solo iban a tirarte los billetes antes de irse o si de pronto vendría un golpe que nunca viste venir.

Pero nada de eso llegó.

—Mmm... Bien. Bastante bien. Me has dado una grata sorpresa Isabella, pensé que no estarías tan dispuesta y hasta había estado pensando en algunas formas creativas para doblegarte. Ahora creo que no serán necesarias ¿verdad?

—No, señor.

—Puedes decirme amo. Señor solo pueden decirme mis mascotas más preciadas y, aunque no dudo de que pronto te convertirás en una de ellas por ahora no tienes ese privilegio.

El silencio espeso expresaba que se esperaba una respuesta. Una respuesta adecuada.

—Entiendo, amo.

—Muy bien. En verdad muy bien. Fue lamentable pensar que no podría jugar contigo por el mal cuidado que te proveyó mi querido hermano Cayo, pero aún así veo que en algo te ha enseñado bien. Complacer a pesar del propio dolor es algo que tengo muy en cuenta Isabella, espero lo entiendas.

Ella solo asintió porque él enseguida continuó mientras intercalaba con las palabras el cigarrillo entre sus dedos.

—Por ahora me has complacido pero espero que te recuperes pronto para que pueda estrenarte como es debido. Quizás incluso puedas conocer a mis otros juguetes. Eso lo veremos luego. Puedo decir que algunos de ellos están bastante ansiosos e intrigados por conocerte. No es habitual que Jasper o yo mismo nos preocupemos tanto por una... novata en nuestra preciada y cerrada familia.

—Gracias... amo.

—Bien. Pronto no vacilarás en decirlo como algo natural. Mientras tanto te daré un par de días para que sanes como es debido ya que no me gusta perder el tiempo con recaídas innecesarias. Jasper vendrá a hacerte las curaciones y cambios correspondientes y yo pasaré de vez en cuando para revisarte. Una vez que estés curada pasarás a tu habitación junto con los otros. Espero obediencia absoluta Isabella, espero sepas eso. Cayo puede parecerte la bondad en persona si me haces enojar con alguna estupidez ¿queda claro?

—Sí, se... Sí, amo.

—Bien. Comerás lo que se te dé y tomarás tus medicamentos. Esta es una prueba Isabella. Si quieres matarte realmente encontrarás algún elemento con el que hacerlo. No me importa. Lo único que será es una molestia para ir a tirar el cuerpo y una pérdida de tiempo por mi parte al tener que encontrar un juguete nuevo. En cambio, si vives, puedo asegurarte que tendrás no solo un techo, comida y abrigo, sino que además tendrás un trato relativamente justo al igual que todos los otros. Yo SÍ me preocupo por mis juguetes. Daños en medio de mis sesiones puede haber seguro, pero luego serán tratados y nunca abuso de un juguete en recuperación. Estos son los hechos. Ahora es tu decisión. No creas que porque estás en este infierno en el que vivimos todos no la tienes. Siempre hay una. La única diferencia es que suele ser más drástica y difícil que la del resto de la considerada sociedad normal.

Silencio de nuevo.

La respiración de la joven se había quedado completamente enganchada a mitad de la conversación. Las palabras taladrando sus oídos y más tarde su cerebro con la cruda realización.

—Te dejo ahora. Mañana vendrá Jasper a hacer la primer revisión —dijo el hombre antes de simplemente dar un paso atrás, girar y retirarse por donde había venido como si no hubiera estado hablando respecto de la vida de una persona.

No. No persona. Juguete. Los juguetes no tenían vida realmente más que la que uno le daba.

Ahora era momento de decidir pero... ¿realmente tenía una elección al respecto?

1 comentario:

  1. Hola que loco me resulto Carlisle aunque por lo pronto creo que esta tratando mejor a Bella que el cerdo de Cayo espero que ella se recupere pronto y que todo mejore no se si sera posible pero se vale soñar gracias

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