13 de enero de 2012

Una historia cantada... Cap 2


Una historia cantada
 “Havely Broken"


Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría. Cada capítulo basado en un tema del grupo The Veronicas




  … ¿Por qué? El muy cabrón haciéndose el osito dulce y tierno conmigo cuando, a escondidas anda a los besos con una de mis mejores amigas, EX mejores amigas, quien por cierto había sido ya previamente su EX ALGO… Nunca habían sido formales como conmigo, Rose siempre había dicho que disfrutaba más el estar sin ataduras. Sólo besos y manoseo…
Hasta que Emmet se fijó en mí. Hasta que comenzó a interesarse en mí y por ende yo permití que una pequeña llama de esperanza se prendiera por él. O sea, ¡Vamos! Él, Emmet Cullen, uno de los chicos más populares de la escuela, capitán de futbol y presidente de su clase, adorado por todos… Se fijó en mí, una rata de biblioteca, sólo amiga de…
¡Maldito Hijo de puta!, me hizo quererlo, me hizo quererlo tanto… Maldición, me hizo amarlo, y ahora… Ahora me dejaba por andar de putas con Rosalie ¡Que se joda! ¡QUE SE JODA! ¡MALDITOS, MALDITOS, MALDITOS… MIL VECES MALDITOS!
No importaba como hubieran vuelto ¡Importaba su traición!
Me sentí tan sola.
Nublada por las lágrimas y el pesar me senté en la fría y húmeda tierra, abrazando mis rodillas para esconder mi cara en ellas.
¡JODER! ¿Por qué?
Lloré por un rato, tratando de descargar toda mi tristeza y una parte del dolor. Algo sirvió.
¡Basta!- me dije firme- ¡Ya basta! ¡No lo merecen! ¡No esto! Me pasé con fuerza el brazo por la cara para borrar las marcas de llanto y me paré, lista para irme de una puta vez de allí.
Junté todas mis cosas, inclusive los aerosoles, y los metí en mi mochila. Rebusqué para tomar mi celular y de ahí prendí la cámara. Tomé una foto del jeep en diagonal para que se viera lo más posible y la guardé. Obviamente tardé poco en escucharlo sonar así que, suspirando cansinamente, le di rechazar y comencé a caminar. Media hora después y recién a medio camino a mi casa las llamadas me hartaron, así que lo llamé a Ed. De todos, él era el que siempre solía entenderme y aconsejarme, acompañándome.
―¿Bella?
―Ajá ¿Si ves mi nombre en la pantalla para qué preguntas?― ok, entiendan, no era mi mejor día.
―Ja ¿Dónde estás? ¿Estás bien? ¿Cómo estás?
―¿Estás solo? ―pregunté antes de hablar.
―Sí, nos dividimos para buscarte.
―Genial ―mascullé―¿Y, qué quieres que diga, eh? ¿Cómo quieres que esté? ¿Cómo estoy? ¿En serio Ed? ¿Cómo putas quieres que esté? ¿Dónde estoy? No lo sé bien ¿Estoy bien? Físicamente sí…
―Ok ya entendí, y ¿Cómo que no sabes donde estás?― silencio― ¿Bella?
―¡¿Quéee? ! Ya ¿ok? Estoy caminando, estoy yendo a pie hacia mi casa.
―¿A pie? ¿De dónde? ¿Por qué? ¿Y el jeep? ¿Qué pasó?
―Bueeeeno…
―¿Qué hiciste?
―Mmm… Espera, sólo, no opines ¡Oíste!
Edward no me contestó y yo solo tecleé buscando la bendita foto para enviársela.
―¡¡¡SANTA PUTÍSIMA MIERDA!!!! ¡¡¡CARAJO BELLA, TE PASASTE!!!
―¿Cómo? Pregunté verdaderamente incrédula.
―Pues sí ¡Por Dios! Mira como lo dejaste ¿Tienes idea de cuanto saldrá reparar eso?― A la mierda con Ed.
―Eres un maldito hijo de puta al igual que tu hermano ¿Cómo piensas en eso cuando sabes de sobre el porqué lo hice? ¿Acaso no recuerdas cuando viniste a contarme como viste a Tanya con Dimitri y todo lo que sentiste? ¡Eres un idiota!― Grité. Y me largué a llorar.
Me sentí como la peor basura por recordarle así al que era mi mejor amigo los cuernos enooormes que le había puesto la estúpida de su ex novia con uno de sus compañeros de equipo.
―Lo siento- susurré unos segundos después.
Era verdad. No podía echarle mierda a él solo porque estuviera medio loca de rabia y en un día, particularmente de mierda.
―No, está bien. Yo soy quien lo siente. Tienes tus motivos y razones y en cierto punto debo de entenderte aunque no comparta tu elección de actos― aclaró tan formal como siempre pero quedamente― ¿Dónde estás?
―Mmm… Estoy como a unos treinta minutos o un poco más de casa, voy caminando y acortando camino por el medio del bosque.
―Ve a la ruta que te paso a buscar.
―No.
―¿No?―Así es, NO. No quiero. Quiero caminar… Necesito pensar…
―¿Pero?
―¿Puedes venir a casa luego y no decirle al resto?
―Seguro, en un rato estoy por allí ¿Algo más?
―Sí… Compra helado… Y chocolates, por favor― dije haciendo un puchero de niña pequeña aun a pesar de que nadie me viera.
―Jajaja… De acuerdo.
―¡Ah! Y por cierto. De seguro ahora comenzarán a  llamarte. Es hora de enviar el mensaje con la foto a todos ―le aclaré―… NO DIGAS NADA ED. Por favor.
―De acuerdo, lo sé. Tranquila Bells… Nos vemos en un rato.
Una vez finalizada la llamada me apoyé en un árbol y me dejé resbalar hasta llegar a la fría y semi húmeda tierra.
Ok, hora del show Bella –me dije con fuerza.
―¡Bella! ¡Por fin! ¿Dónde estás? Déjame explicarte ¿Está todo bien? ―todo eso en menos de treinta segundos.
¡Miren como si hablaba rápido de pronto!
―Cállate Emmet ¿Ahora me quieres explicar? ¿Y cómo lo harías a ver? ¡Joder Emmet! ¡Me viste la cara como la mejor! ¡Y a saber por cuanto tiempo!
―¡No! ¡No es así!... Yo… Bueno, es que… Lo siento… Jamás quise…
―¡No me jodas Em! Ya es tarde― dije suspirando resignada―… ¡Tú y la zorra de Rosalie se pueden ir bien a la mierda juntos, o por separado, me da igual!
―Oye, cálmate Bella, nosotros no… ―jadeé.
―¿Y encima tienes el tupé de venir a buscarme con ella? Eres más mierda de lo que pensaba Em. Ambos lo son ―rectifiqué con odio renovado―, ambos se merecen obviamente. No pienso perder más el tiempo hablando con ustedes idiotas… Disfruta de tu regalo Emmet.
Y corté.
Si antes llegué a sentir algo de culpa, al menos por una milésima de segundo, esta charla me demostró que había sido una soberana estupidez. Tecleé furiosamente el maldito teléfono y le di ‘enviar’ a los cuatro números juntos. Sí, a todos. Me valen madre todos ellos.
Comencé a caminar.
No tardé más que unos pasos en escuchar el primer timbrazo y el vibrador como loco, así que lo apagué.
Caminé pausadamente, tranquila y sin prisas. Joder, tenía que avisarle a Charlie que no había ido a clases.
Prendí de nuevo el infernal aparato, ignorando soberanamente todo lo que aparecía en pendientes. Le mandé sólo un mensaje contándole de que iba todo (menos lo obvio), y que lo llamaría ni bien llegara a casa, que ya estaba por llegar.
Diez minutos después aparecí en la parte trasera de la misma… Y allí estaba.
Sentado en el escalón de la puerta trasera, mirando fijo hacia la entrada frondosa del bosque, se encontraba Edward con una gran bolsa a su lado y una sonrisa triste en su rostro.
 Corrí hacia él, y milagrosamente, llegué intacta a pesar de mi extrema y asumida torpeza.
Así, tal y como hacía cuando era chiquita  escondí el rostro en su cuello y lloré. Lloré y lloré como nunca antes. Sólo para que él hiciera lo de siempre; me abrazó y frotó mi espalda mientras susurraba la misma frase de antaño;
―Shhh, tranquila, todo estará bien…
Aquella simple frase calmaba mi angustia desde que tenía memoria. Pero hoy, hoy no fue tan así, el dolor era demasiado, demasiado reciente, demasiado profundo.
No sé cuanto tiempo lloré, pero de pronto ya no quise hacerlo. Me separé y le tomé la mano para llevarnos a ambos dentro.
―¿Me esperas un minuto?
―Claro.
Me fui al teléfono para llamar a Charlie.
―¿Bella? ¿Qué sucede? Me llamó Emmet como loco, gritando que estabas loca y no sé que más ¿Qué pasó? ¿Pasó algo? ¿Estás bien? ¿Te hizo algo? ―hice lo peor que uno puede hacer cuando habla con un padre preocupado al teléfono…. Me largué a llorar…
―¿Bella?
Sentí una mano tomar el auricular que ahora pendía de manera laxa en la mía mientras que otra me abrazaba fuerte.
―¿Jefe Swan?... Sí, ella está bien… Mmm… Eso deberá de hablarlo con ella… mmm, helado y chocolates… Exacto… Ok… ¿Bells? ¿Puedes hablarle ahora o lo llamas luego?― me preguntó con calma y paciencia.
Ya para este momento había dejado de llorar angustiosamente, tan sólo quedaba como resto un leve hipido, así que retomé el aparato.
―¿Bells? ―preguntó mi padre con miedo, me senté.
―Lo que sea que te haya dicho Emmet es cierto…
―¿Puedes decirme que rayos pasó? ―preguntó él y yo bufé sin querer recordar lo sucedido. Vi a Ed apoyarse contra la mesada, atento a cualquier señal de nuevas aguas. Genial―. Pues… Primero me peleé contigo por un tema ya cerrado; segundo, la chatarra de trasto que tengo se quedó antes del instituto; tercero, tuve que caminar dicho tramo bajo la lluvia; cuarto, llegué tarde y en consecuencia el profesor me sacó del aula además de enviarme a una hora de detención que obviamente no cumpliré porque no estoy allí; quinto, como estaba enojada salí y… Yo… ―no sabía como decir aquello―, bueno, peleé con Emmet y sin que me viera tomé su jeep y fui a Port Ángels para luego terminar en el claro y… Bueno, como estaba, estoy, muy enojada… se lo pinté… Y no, no un poquito, se lo pinté todo con aerosoles… lo siento. No malinterpretes, no me arrepiento ni pizca porque en verdad se merecía y merece eso y más, pero sí lamento que te enojes por esto ―le aclaré largando todo a bocajarro y sin filtros.
Hubo un tenso momento de expectante silencio.
―¿Sabes que estarás castigada verdad?
―Ajá.
―Bien, hablaremos luego.
Y colgó. Mierda ¿Algo más?
―Tranquila… Entenderá ―yo solo asentí. Estaba cansada.
Subimos lentamente a mi alcoba y nos recostamos en mi cama mientras yo iba ya iba destapando mi helado y Edward tomaba el control para poner la película que había traído, algo de acción para que evitara pensar en él… No funcionó.
Lloré, pateé y berreé antes de que al fin pudiera quedarme felizmente –nótese el sarcasmo- dormida.
― ¿Bella? ¿Bella? Despierta… Llegó Charlie.
Desperté adolorida y algo desorientada… Y, al contrario de lo que cualquier chica haría yo salté de mi cama y me lancé corriendo escaleras abajo, casi desesperada por llegar a los brazos de mi padre para que el me consolara como cuando era chica y extrañaba a mi madre. Siempre fuimos sólo nosotros dos así que cosas así no eran tan extrañas en nosotros.
―Shh… Ya pasó pequeña… ya pasó…
―Yo me voy Charlie… ―escuché detrás de mí por entre mis estúpidos sollozos.
―Bien ¿Y tu auto?- preguntó ¿Auto? ¿No estaba?
―Lo dejé un poco lejos ―lo sentí acercarse―. Llámame luego Bella, adiós. Adiós jefe Swan.
―Adiós chico… Gracias.
Y sentí cerrarse la puerta.
Después de casi dos horas más de llanto, una caja de Klennex y una botella de agua, al fin terminé de contarle todo a Charlie –o casi, obviamente no era de miagrado contarle a mi padre que ahora era una cornuda más-. Y a pesar de esa minúscula obviedad, el tema no le gustó ni pizca, ni lo de Emmet, ni lo que hice.
―Bien, vamos.
―¿Vamos? ¿A dónde? ―no entendía.
―A lo de los Cullen Bella. Yo tengo que arreglar el tema de la paga del arreglo del auto con Carslile y tú tienes que pedir una disculpa, al menos a los padres del chico ¿De acuerdo?
¡No! ¡No estaba de acuerdo! Quería llorar de nuevo y dramatizar un poco más hasta llegar al punto de no tener que ir pero… Pero Charlie tenía razón, y mi estúpida conciencia hizo acto de presencia una vez más. Siempre me había llevado bien con Esme y Carslile, se los debía, les debía una disculpa… A ellos.
Subí a la patrulla como preso a cadena perpetua y fui ausente y callada durante todo el trayecto, respirando hondo y rogando mentalmente no tener que cruzarlo, no ahora al menos.
―¿Y si no está?
―Sí está, ya he hablado con él ―me contestó. No dije más.
Llegamos al fin.
Charlie bajó y me abrió la puerta para que bajara ya que yo me había quedado clavada ahí.Bajé como una autómata pero al menos y lo hice.
―Hola Charlie, bella, pasen ―dijo Esme con su siempre usual voz dulce y maternal.
―Gracias ―dijo él incómodo como era habitual en él.
―¡Bella! ¿Cómo estás? ¿Quieres hablar? ¡Oh, claro que quieres! Ven, vamos ―Alice.
Me tomó de la mano y sin poder o querer refrenarme me zafé rápidamente.
―No.
―-¿No? Vamos Bella, de seguro quieres hablar y…
―¡Dije que no!
―¡Bella!- gritó Charlie.
―¿Qué? No quiero ir y no quiero hablar Charlie.
―Bells ―esa voz.
Salí al fin de detrás de Charlie donde me había mantenido hasta ahora y fui hacia él, quien a su vez me recibió con los brazos abiertos. Estaba tan agradecida por su amistad en estos momentos.
―Jajaja ¿Tanto me extrañabas que has venido a verme? ―intentó bromear él para cortar el seguro clima de tensión que reinaba.
―No seas idiota ―le dije medio susurrando. Casi―. Vine con Charlie a hablar con tu papá ―noté fácilmente como él se tensó.
―Charlie, que gusto, pasen y siéntense por favor.
―No gracias. Sólo he venido a decirte que pagaré el arreglo y que me disculpo por el comportamiento de mi hija. Sólo debes de avisarme cuando tengas el coste.
―Carslile ―le llamé yendo de nuevo junto a mi padre. Este era mi problema, no el suyo―. Lo siento, yo… Sólo… ―bajé la cabeza.
―¡Hasta que apareciste! ¡Cómo se te ocurre hacerme algo así! ¡A mi jeep! ¡A mi bebé! ¿Sabes lo que costará? ¿Cómo demonios pudiste haber hecho eso?
―¡Emmet! ―gritó Carslile cuando lo vio llegar así, a los gritos, hecho una tromba hasta los pies de la escalera.
¿Qué? ¿Cómo?
¡A la mierda!
―¿A tu jeep? ¿El estúpido auto es lo que te preocupa? ¡Eres un maldito Emmet! ¿Cómo pude?
―¡Bella! ―gritó mi padre. Ni lo escuché.
―¿Cómo demonios pudiste tú Emmet? ¿Cuánto hace que me estás viendo la cara? ¿Cuánto hace que me toman de idiota eh? ―él se quedó en shock al verme así.
Creo que todos lo hicieron.
―No te preocupes Emmet yo pagaré tu estúpido auto pero no me arrepiento ni pizca de lo que hice ¡Eres una basura! ¡Tú y ella se merecen sin dudas, son tal para cual!
Hubo un gran tenso momento de silencio.
―¿Ella? ―preguntó mi padre pasmado.
Mierda. Yo sólo le había dicho que habíamos peleado feo.
―ya está papá. Carslile y pagaré el arreglo. Lamento la escena y demás, de verdad. Vamos Charlie ―dije tomándolo del brazo para empujarlo a la puerta si era necesario. Quería salir de allí. Quería huir.
―Espera Bella ―dijo Edward ―¿Emmet porqué no dices a todos el porqué del enojo de Bella? ¿Acaso vas a dejar que pague por algo que en realidad comenzó por tu culpa? ―dijo mirándolo muy mal.
― ¿Y a ti que mierda te importa? ¿Has visto como lo dejó? Es una inmadura y…
Cerré los puños y jadeé para contener la rabia que me provocó lo que dijo.
― ¡Edward, Emmet! ¡Ya basta! ―gritó Carslile.
―Charlie, Bella, no hace falta que paguen nada y no lo pondré a discusión.
―Pero…
― ¡Silencio! ―Carslile se giró furiosamente hacia su primogénito y siguió bramando furioso― ¡Si quieres ese auto arreglado tendrás que hacerlo tú! Yo no te eduqué así y me avergüenza lo que has hecho. Mentiste y calumniaste… Lastimaste Emmet ―dijo ya más bajo―. Si quieres el jeep como antes deberás de hacerlo por tu cuenta, por lo pronto te esperaré luego en el estudio para hablar seriamente contigo.
― ¡Vaya mierda! ¿Así que ahora ella es un pobre ángel verdad?
― ¡Basta ya Emmet! ¡Compórtate al menos! ―gritó Esme enojada como nunca la había visto―. Los tres vayan a sus habitaciones ahora, ya hablaremos luego con ustedes.
Edward fue el único que antes de irse camino al segundo piso se acercó a saludarme, quitando en el proceso una silenciosa lágrima que corría por mi mejilla sin siquiera notarla y luego besarme la frente.
―llámame cuando quieras ¿ok? ―susurró. Yo asentí. Me quería ir a como de lugar.
Esperamos a que terminaran de retirarse en un tenso silencio y luego sentí a alguien abrazarme tomándome desprevenida.
―Lo siento pequeña― Esme―. Pasará, lo sé ―me dijo… y quise creerle, de veras que sí.
―Tranquila bella ―Carslile.
―Yo… de verdad lo siento con ustedes ―dije sin levantar la cabeza.
―No lo hagas ―me contestó Carslile con voz amable―. Mi hijo actuó mal y, aunque no apruebo tus actos, los entiendo. Al menos espero que lo hayas disfrutado.
Ante eso n pude más que sonreír y asentir. Era cierto. Charlie rió también.
―¿Quisieras pasar al baño o tomar un poco de agua? ―ofreció Esme.
―Mmm… Quisiera pasar al baño por favor.
―Pasa y no te avergüences.
Desde el baño pude escuchar como charlaban aún.
―… Lo sé… Lo único que te pido es que le digas a tu hijo que se mantenga alejado de Bella. Lo lamento pero no lo quiero cerca de ella.
―Te entiendo créeme, se lo diré. Y te agradezco que no le hayas roto la cara con cualquier pretexto. A fin de cuentas podrías haberlo hecho.
Charlie rio con ganas ahora y casi de manera siniestra.
―Estuve cerca, así que dile que no se ande con juegos porque ya le perdoné una grande. Dañó a mi pequeña.
―Lo sé Charlie. Créeme que yo lo hubiera hecho si fuese el novio de mi niña.
―Ya estoy ―anuncié haciéndome notar.
―Muy bien, nos vamos. Mmm, emmm, gracias por entender, y demás ―murmuró Charlie de nuevo incómodo.
―No es nada. Adiós Charlie, Bella ―dijo Esme cordialmente.
―Adiós ―dijimos ambos.
¡Al fin!
Cruzamos la puerta y nos fuimos directo al auto. Incómodos y avergonzados con toda la situación vivida. De tal palo tal astilla se diría.
Al llegar a la casa mi padre no quiso que cocinara, así que comimos pizza viendo una película de Tarantino que daban en un canal de cable… Kill Bill. Creo que no era buena idea ver este tipo de películas en mi situación pero… No dije nada, y Charlie menos.
Por primera vez en días me iba a dormir temprano.
Mañana sería otro día pensé al apoyar al fin mi cabeza en la almohada y presintiendo el tipo de noche que pasaría.
Otro día.





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