28 de octubre de 2011

El problema de mi sexóloga... cap 10


**NOTA IMPORTANTE: ESTA HISTORIA TENDRÁ UN ALTO CONTENIDO SEXUAL, ASÍ QUE SI ERES MENOR O NO TE GUSTA LO FUERTE ¡¡NO LEAS!! (Sólo apto para gente con mentalidad abierta).*
--------------------------Este fic tendrá MENNAGE hetero- bi y homosexual.---------------------------------

 “Lunas, estrellas y soles”

BPOV:


-Es aquí- dijo él ayudándome a bajar del coche mientras que un joven del parking  se acercaba velozmente a tomar las llaves del auto para ir a acomodarlo.
-Guau- dije sin ocultar mi sorpresa.
Estaba asombrada.
Este restaurant era fino y ciertamente lujoso, pero lo mejor era que era sencillamente hermoso.
El lugar se encontraba cerca del muelle, por lo que si uno comía fuera o en las terrazas podría comer viendo el cielo y agua oscuras por la noche y las estrellas tanto arriba como abajo brillando como pequeñas luciérnagas, y por último, y como si fuera poco, con la hermosa luz de la luna como faro confiable y seguro. Era de ensueño.
Obviamente al ser un lugar tan bello estaba bastante concurrido, pero Jacob igual consiguió una terraza que, curiosamente, estaba desolada ¿Coincidencia?
La mesa estéticamente perfecta con su mantel blanco inmaculado muy bien cuidado y un velón dentro de un gran copón de vitraux en tonos rojizos en el centro. Vaya ¡Si hasta la baranda era hermosa! La forma de columnas antiguas semejantes al estilo romano y encima una mesada gruesa y angosta toda de cemento blanco que tenía enroscada en ella una gran cadena de luces de navidad en tono amarillo suave, dándole un aspecto enteramente pacífico y romántico. Yo estaba sin palabras.
Nos sentamos en silencio, observándonos.
En medio de un tumulto de pensamientos, no pude evitar el compararlo con Edward. Era de locos ¿Por qué demonios habría de compararlos? ¿Y por qué no?- me pregunté después. Suspiré.
No estaba para nada segura de lo que le diría mañana, pero sí de algo estaba segura era de que al menos una vez iba a tenerlo. No podía negarlo… Y no quería hacerlo tampoco. Todo él me incendiaba… Y yo quería quemarme gustosa en él, con él. No sabía que hacer respecto al “acuerdo” pero por primera vez si lo haría. En un momento de romántica inspiración pensé en él como mi luna. Mi luz en la oscuridad. Aquél que guía el camino de los perdidos. Sí, así era él para mí.
Y luego está Jake. Jacob.  Mi abogado. Sólo a tres veces de verlo por primera vez bastó para sentirme derretir como gelatina al sol. Ése era él, el sol. Mi sol. Aquél que todo lo ilumina con su sola presencia, aquél que da seguridad y calor.
Mi conclusión más lógica fue que Jacob era seguro, mientras que Ed… Edward era lo prohibido, un gusto.
Dejé de pensar en ello, me obligué a no pensar en ello para disfrutar de la cena con quien estaba.
Cenamos en una charla cómoda y amena que contrastaba a leguas con el calor y ardor de nuestras hambrientas miradas. Luego de más vino- exquisito por cierto-, postre y café, yo no daba más. Quería algo… Y lo quería ya.
-Vámonos- dije mientras lo miraba directamente a los ojos aun con la copa entre las manos rozando ligeramente mis labios.
Él me miró, sorprendido al principio, intrigado después, y por último con simple y total lujuria.
Se levantó sin decir palabra. No supe cómo, pero un mesero llegó unos segundos después con la cuenta en la mano. Apenas si miró el papel que le tendió el chico, tomó su cartera y dejó unos cuantos billetes mientras me miraba de soslayo con cierta cantidad  de  seguimiento.
Llegamos al coche que ya se encontraba al frente del lugar y corrió a abrirme la puerta como un caballero de viejas épocas, claro que ese pensamiento murió a la velocidad de la luz cuando sentí que antes de llegar a subir al auto él me tomaba contra la puerta dándome un beso avasallante, arrollador. Uno que no daba ningún tipo de tregua y que me hizo doblar las rodillas y gemir muy bajito- por suerte- contra sus carnosos y húmedos labios.
Después de unos breves segundos- o al menos eso fue lo que me pareció- sentí como a lo lejos alguien carraspeaba. Jake se separó con lentitud mientras mi automático rubor me cubría la cara. Me metí al auto presurosa.
Él se subió al coche y arrancó.
Rápidamente salimos disparados de allí aunque yo no tenía ni idea de adonde nos dirigíamos así que para salir de dudas pregunté.
-Y… ¿A dónde vamos?
-Sorpresa.
-¿Otra?- pregunté sugerente. Y lo cierto que no podía quejarme para nada de la primera y estaba más que ansiosa de ver si habría aún más por venir.
-Acostúmbrate- dijo él.
Eso me shoqueó, pero lo oculté a tiempo. Luego pensaría en ello. A solas… Y un poco más cuerda y sobria que ahora. Guardé silencio.
Él siguió conduciendo, bordeando el río hasta llegar a una parte más despoblada y ascendiendo por unas cuantas curvas. Al final lo entendí. Un mirador.
-Oh… ¿Acaso buscas recordar algo de la adolescencia trayéndome aquí?

-La verdad es que visto así, sí. No sé que tienes, pero desde que te vi así vestida, esperándome contra el auto me he sentido como todo un adolescente nervioso y hormonal frente a su primera cita- reconoció mirándome fijamente.
-Cre que tomaré eso como un gran cumplido- dije sonriente.
-Sí, deberías ¿Quieres salir a apreciar la vista?- asentí- Vamos entonces- dijo antes de bajar del auto y rodearlo para abrir mi puerta como todo un caballero otra vez.
Nos apoyamos sobre el capó y admiramos la vista en silencio durante unos cuantos minutos.
Era muy hermosa.
Se veían claramente las luces, el agua, el cielo estrellado, la luna y todos los reflejos. Todo desde allí arriba era más hermoso, más romántico, más mágico. De pronto me llegó a la mente la misma escena del dibujito de la dama y el vagabundo de Disney y me reí ante la comparación haciendo que él girara a verme extrañado.
-¿Por qué la risa?- preguntó al fin.
-No es nada- él enarcó una ceja-. Ok, es sólo que esto me hizo acordar a la escena romántica de la dama y el vagabundo ¿La has visto?- él asintió.
-Creo que debo rebatir eso.
-Ay… No hables como abogado ahora, por favor- medio gruñí.
-Ok, ok. Pero de enserio ¿Me acabas de comparar con un perro?- preguntó divertido e incrédulo a la vez, yo le sonreí- ¡Y no sólo un perro, sino un vagabundo! Que por cierto era de lo más feo…
-¡No era feo!
-¡Bah! ¡Lo que sea! Además yo no te llevé a comer unos espaguetis con carne a un callejón.
Levanté las manos en señal de rendición. Aunque estuviera riendo como loca.
-De acuerdo, de acuerdo, mala comparación ¿Está bien?
-Mmm- dijo dudoso-, puede. Desde ya te aclaro que la próxima vez que me compares con algo deberá de ser algo más… Salvaje, como un león, una pantera, o un lobo- asentí aun divertida.
Menos mal que no sabía en qué contexto lo había comparado yo con uno.
-Y… Para compensar lo mal que me has hecho sentir- dijo teatralmente- al compararme con un simple, y feo- recalcó- perro vagabundo, pido en pago… Un beso- soltó al fin con voz ronca.
-¿Un beso?- asintió. Mmm, pensé, Yumi- ¿Sólo uno?
-Claro… A menos que luego del primero te hagas adicta a mí y quieras muchos, muchos más- dijo moviendo las cejas sugerentemente. Y yo no pude más que reír ante su ocurrencia.
-De acuerdo, cierra los ojos- dije disfrutando anticipadamente.
Él cerró sus ojos e incluso puso os labios en forma de un adorable puchero logrando hacerme reía aún más ¡Me estaba divirtiendo como loca con él!
Me acerqué y respiré profundo para calmar la risa. Tomé su rostro entre mis manos y muy velozmente le planté un sonoro beso… En la punta de la nariz.
Automáticamente me empecé a reír alejándome mientras veía a medias- ya que con la risa se me cerraban los ojos- como se le abrían y entrecerraban los ojos mirándome con enfado fingido y acercándose con sigilo.
-Tsk, tsk, tks- chasqueó la lengua-. Eso no estuvo nada bien tramposa.
-¡OH! Tú nunca aclaraste ni cómo, ni dónde debía de darte dicho beso ¿O sí?
Él se quedó helado durante un segundo abriendo y cerrando la boca y luego frunciendo el ceño.
-Mi error. Pero como aun así yo esperaba otra cosa y ahora me he quedado con las ganas, creo firmemente que deberías de hacer algo al respecto ¿No lo crees?
-Mmm… No lo sé. Bueeeenoo, supongo, que podría ya que he disfrutado de la maravillosa cena y de las vistas, así que… Creo que tendré que esforzarme y soportarlo ¿No?- dije pareciendo claramente desconsolada ante este hecho y sacrificio, a modo de víctima. Que obviamente no era.
-Sí, creo que deberías esforzarte… Mucho… Digo, para que me resulte creíble, no querríamos que tuvieras que repetirlo ¿No?- ronroneó antes de bajar rudamente su boca hacia la mía.

J POV:

La cena había ido a las mil maravillas. Mucho mejor de lo que yo mismo esperaba al principio, y el mirador fue toda una inspiración de mi parte. Así que aquí estábamos.
Sentir mi boca sobre la suya impregnándose de ese sabroso calor resultaba ser una puta gloria. Sentir mis labios abrir los suyos demandando una respuesta febril, era sencillamente fatal. Sentir mi saliva entremezclarse  con la de ella, creando un denso flujo mutuo de humedad, era excitante. Sentir su lengua caliente entablar batalla con la mía, entrando y saliendo, imitando en una clara y burda imitación del acto sexual, era una condena, una muy exquisita y tortuosa condena.
Y por último.
Sentir sus manos, sus brazos. Esos delicados y suaves brazos aferrando mi cuello y esas pequeñas y dulces manos acariciando, retorciendo y tirando de mis cabellos. Me volvía loco. Toda ella me volvía loco. Ella era como una estrella fugaz. Un deseo cumplido. Ella era una estrella fugaz que me había concedido mi más impensable, soñado y profundo deseo. Ella.
Noté- gratamente- como su respiración se aceleraba y como su cuerpo comenzaba a exudar su tan característico y femenino olor a deseo.
Eso me terminó de enloquecer… Así que paré.
Lenta pero firmemente me separé de sus devorados y apetecibles labios. No podía perder el control. No con ella. No ahora.
Respiré hondo unas cuantas veces con los ojos cerrados para no volver a tentarme. Funcionó. Mi agitada respiración y mis desbocados latidos se calmaron, así que muy despacio abrí mis ojos y la miré fijo.
¡Santa putísima mierda!
Ella era la visión más putamente sexy que había tenido de una mujer.
Bella me observaba con su muy evidente y errática respiración mientras sus ojos brillaban exudando pura  y cruda lujuria y sus labios mostraban como evidencia la gloriosa humedad e hinchazón por los besos recibidos. Toda su figura envuelta y resaltada bajo la mágica luz de la luna como única lumbre en medio de esta noche oscura, bañándola por completo en una suave luz azul plateada, que la hacía ver misteriosa, seductora. Una hechicera en toda su regla.
Y yo sin ningún problema me ofrecería gustoso de víctima por voluntad propia.
-¿En qué piensas?- dijo casi en un susurro, sin llegar a quebrar la paz de la noche.
-Justo ahora pensaba en lo hechicera que te ves bajo la luz de la luna… Y que soy un idiota ofrecido a ti por voluntad propia.
-Mmm… Interesante, y ¿Ofrecido a qué, exactamente?- ronroneó.
-Pues… supongo que a lo que sea que tú quieras hacer conmigo- contesté como en trance.
-Oh…- y no dijo nada más.
Se alejó un poco yendo más hacia la orilla, y a mí extraña e inconscientemente me dio un escalofrío de miedo al verla allí.
-Cuidado. No te acerques mucho- dije preocupado. Ella rió y fue una risa cargada de seducción.
Para mi alivio volvió hacia mí mientras yo miraba apreciativamente el contoneo de sus caderas al caminar. Era una forma casi gatuna diría.
-¿Sabes lo que haría si fueras mi esclavo?- preguntó a unos pasos de mí.
-No, no lo sé- susurré- dime ¿Qué harías?
-Te pondría como hechizo que sólo estuvieras para brindarme placer… Una y otra… Y otra vez- dijo ahora a menos de un palmo.
-Creo que ya me haz hechizado- murmuré incapaz de retener por más tiempo las palabras.
Ella me miró unos segundos entre asombrada y gratamente sorprendida ante tal afirmación de mi parte. Luego aún más- si cabe- y dijo en voz muy, muy baja cerca de mi oído con aquel cálido aliento suyo causándome escalofríos de anticipación y placer.
-¿Y? ¿Qué esperas entonces para complacerme?
Y eso fue todo.
Devoré su boca perdiendo con cada lengüetazo y succión un atisbo más de cordura y un atisbo más de razón… Un último resquicio de control. Y me solté. Me dejé llevar. Solté a esa bestia que habitaba en mí a saciar su rudo placer. Me dejé llevar y guiar por mi salvaje y animal instinto.
Le tomé el rostro con fiereza y devoré, indagué y lamí cada centímetro y milímetro de su boca, deleitándome en cada uno de ellos. Agarré su suave melena y tomé un puñado de sus cabellos en mi mano para dominar cada movimiento que ella hiciese. Control. Necesitaba con urgencia algo de control sobre mí, sobre ella, lo sabía, pero simplemente no podía encontrarlo. No cuando ella se mostraba más que contenta de mi reacción. Parecía estar disfrutando plenamente de esta rudeza casi rayana en salvajismo de mí para con ella. Los apretones de mis manos, las mordidas de mis labios…
El control no regresó y yo me encontré tentadoramente perdido en una celosía nebulosa de lujuria cruda y absoluta. Ya no había más que esperar, sólo proceder.
En un movimiento fortuito coloqué mis manos en sus caderas guiándola hacia mí. Más cerca. Más cerca. Su cuerpo me rozó entonces desde sus rodillas hasta la curva del cuello exprimiendo mi pecho en el proceso en un placer doloroso.
Muy despacio fui caminando hacia atrás, llevándola a ella conmigo hasta que mi trasero tocó el descanso del capó del auto. Me senté, dejándola a ella parada entre mis piernas. A mi disposición.
Las luces del auto estaban bajas y eran de un todo azulado por lo que no alumbraban prácticamente nada a menos que estuvieras cerca. Sólo el tono perfecto y justo para poder ver ahora bien en detalle sin resultar cegadora.
Los besos. Los feroces besos. Sí, los besos eran cada vez más feroces, más salvajes, más animales. Nuestros mentones estaban húmedos por la saliva que pudiera escurrirse o la lengua que lamía demás. Los labios completamente hinchados y ya en este punto un tanto doloridos por tantos roces y mordiscos dados. Palpitantes. Anhelantes. Nos comíamos, nos devorábamos… Nos degustábamos. Sí, nos probábamos incansablemente uno al otro. La humedad, la calidez, la textura, la profundidad, La delicadeza.
Mis manos. Mis manos tampoco se pudieron estar quietas y rogaron veloces y voraces por su cuerpo. Reclamándolo sin palabras. “Mía”- gritaba en mi mente- “Mía… Nuestra”- ronroneaba complacida mi bestia interior.
Toqué, sobé y masajeé sus pechos llenos hasta que sus duros y excitados pezones estaban más duros que el cemento seco contra mis palmas. Ni siquiera registré el momento en el que abrí su blusa, pero así estaba… exponiendo un hermoso y excitante corpiño de encaje y raso negro- al menos creía que era raso, recordemos que yo no era muy bueno con las telas-. Parada frente a mí con el rostro rojo y la piel perlada, con la respiración irregular y agitada, con sus pechos casi enteramente expuestos a mis ávidos ojos, con su plano y exquisito pálido vientre y cintura entre mis grandes y morenas manos. El corto momento que me separé de ella para poder apreciar todo esto y atesorarlo en mi mente no duró nada. Volví prácticamente al instante a tomar su boca con aún más rudeza que antes si cabe y con mis manos bajé con fuerza su sostén hasta que quedó a presión bajo sus pechos, elevándolos, exponiéndolos.
Solté de forma brusca su boca entonces para poder tomar entonces de igual forma sus montes suculentos con mis manos y boca. Mordí, lamí, pellizqué, tomé, chupé y succioné uno y otro pecho, una y otra vez para embriagarme de ellos.
Fui vagamente consciente de sus manos recorriendo mi torso desnudo. Mi espalda. Sí, me había abierto la camisa y sus manos indagadoras me exploraban sin pudor.
¡SÍ!- gemí para mí.
Su contacto me quemaba, me excitaba.
-Más… Más Jake, más- medio ronroneó, medio rogó.
¿Y cómo negarme ante tal petición?
En un leve resquicio de cordura me di cuenta que no podía hacer esto con ella por primera vez en un oscuro e incómodo mirador.
-Por favor… No puedo… No puedo quedarme así… Por favor- rogó viendo mis manos que hasta hace unos segundos estaban amasando ansiosas sus pechos, alejarse de ella mientras ella se retorcía para volver a buscar esa dulce fricción.
¡A la mierda el lugar!
Yo tampoco quería o podía esperar más en realidad.
Con bastante poco cuidado le subí la falda hasta enroscársela en la cintura y le bajé las bragas hasta las rodillas.
-¿De verdad estás tan necesitada? ¿De verdad quieres que te coja ferozmente como un animal en celo en medio del bosque? Dímelo.
A pesar de mi cegadora tentación, debía saber esto de sus propios labios. No podía casi forzarla a hacer algo inconsciente de sus consecuencias.
-¡SÍ!- gritó
-Bella- le llamé hasta que la vi que logró enfocar sus ojos fijos en mí- ¿De verdad que quieres aquí y ahora?- pregunté con el corazón en un puño y mis pelotas encogidas y sumamente azules.
Ella tocó mi rostro de manera dulce.
-Sí, Jake. Por favor, tómame… Ahora, aquí, tómame- dijo mirándome.
Yo ya no hablé más. No había vuelta atrás. No había nada más.
La levanté y la giré para dejarla en mi lugar, y luego volví a girarla para dejarla de espaldas a mí empujándole el torso hacia adelante recostándola en el tibio capó del auto.
Por lo menos algo bien”, pensé con ironía.
Al contrario de lo que ella pensó, le cerré las piernas y se las puse bien rectas. No me negué el gusto de provocarle escalofríos rozándole lenta y sugestivamente los muslos y luego directamente a su vulva hinchada y húmeda.
Yo todavía me encontraba a un lado tratando de apaciguarme un poco.
Mierda, creo que ni aunque fuera en remera al ártico me enfriaría. Estaba tan caliente que derretiría un jodido iglú”, pensé un tanto frustrado conmigo mismo.
Ella me hacía esto. Ella con su rezumante sensualidad, su sinceridad, su sencillez, su desinterés, toda ella me nublaba, me desarmaba. Y, tenía que asumirlo, de una forma que en nada se comparaba a lo que Edward me provocaba. Porque ella había logrado sin quererlo, ni saberlo, hacerme sentir expuesto, vulnerable… Tremendamente jodido. Aun así sabía, no sé cómo, pero lo sabía, que sin ella todo se iría a la mierda ahora y es por eso que no había vuelta atrás.
Un gemido me sacó de mis oscuros pensamientos.
Mis manos no habían abandonado su faena. Con una masajeaba y sobaba perezosamente el pecho izquierdo mientras que con la otra rozaba y acariciaba casi sin hacerlo, con la yema de los dedos, cada recoveco de su apretada y tierna y muy, muy caliente entrada. Otro gemido.
-Aaaahhhh- suspiró, gimió y sollozó todo en uno-, por… Por favor… ¡Jake!- rogo soltando un siseo ahogado al final.
-Sí, nena, sí, yo te daré más- dije escondiendo muy sutilmente el verdadero significado de mis palabras-. Te lo daré todo bebé.
-Sí, sí, por favor, Jake- gimió después de otro sonoro suspiro.
¡No podía más!
Sin mucho preámbulo o estimulación, me coloqué detrás de ella por completo, encerrando sus hermosas y esbeltas piernas torneadas con las mías y de paso empujando su torso nuevamente, con suavidad esta vez, hacia adelante ya que antes se había ligeramente erguido para darme y facilitarme un mejor acceso. Desabroché lo más rápido que pude mis pantalones y los bajé junto con mis boxers sólo lo justo y necesario tomando con una velocidad extrema, como requería la situación, el pequeño paquetito plateado del bolsillo del pantalón donde lo había dejado previamente preparado ¡Por suerte!… Y la penetré de una profunda estocada.
¡DIOOOOOOOSSSS! ¡Esto era la jodida puta gloria!
Su vaina ardiente y chorreante de humedad me envolvía como la más fina seda. El viento me enfriaba levemente mi húmedo y duro pene cada vez que salía de ella haciendo el cambio de temperatura aún más agradable, más ansiada. Era estrecha, jodidamente estrecha para mí. No sabía si iba a lograr aguantar mucho más ¿Mucho? ¡Qué digo mucho! ¡No sabía si iba a aguantar y punto! Pero…
-Bella… No… No aguanto…- jadeé y ella gimió- No… Me… Tú tie… - ¡Demonios! Ni siquiera sabía lo que decía y ya ni siquiera podía hablar más entre estocada y estocada con el mínimo de aire.
-Yo… Ya… Uugghh… Estoy- se las arregló para gritar cuando arremetí contra ella con renovado ímpetu y llegaba a tocar su pezón con mis dedos-Ja…Jake… ¡Jaaaake!- gritó con fuerza ante los primeros espasmos del evidente y ansiada cúspide de placer.
-Sí, nena, sí. Grita… Grita para mí… Grita mi nombre… Córrete… Para… Mí- dije entrecortadamente alternando jadeos y estocadas- ¡Ahora!
Con un gemido lastimero se vino en mí mientras yo sentía su descarga de jugos empapar mi miembro.
-¡Jaaaaakeeee!- gritó aún más fuerte al llegar por fin a la cumbre del orgasmo ordeñándome fuertemente y obligándome así a ir en pos de ella.
-¡Beeeellaaaaaa!- grité, siseé, gruñí apretándole ahora con ambas manos sus acderas y hundiéndome hasta el fondo en ella.
Fue demoledor.
Al terminar me dejé caer sobre ella que aun respiraba agitadamente y noté como se me nublaban un poco los sentidos. Sonreí haciendo un esfuerzo descomunal para ello.
Estaba en el puto paraíso.

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