9 de mayo de 2014

Sumiso por Ti... capítulo 3

DISCLAIMER
Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.



RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/SCORPIUS MALFOY... menciones leves de Harry/otros.
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-. Escenas de sexo explícito. Mención leve de ingesta de sustancias (en este cap). Relación con gran diferencia de edad. Relación Dom/sub en su mayor parte. Mención de poses, juguetes, reglas y castigos acorde al estilo BDSM. Y, creo que eso cubre todo así que, si hay algo de todo esto que NO te guste quedas advertido.

Capítulo 3

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Scorpius NO era estúpido y definitivamente no era un Slytherin por nada, eso era seguro.
Aquí estaban todas las cartas y él se aseguraría de que le tocara la mejor baraja. Pero mientras... Mientras jugaba...

Él era astuto y, lo mejor, era paciente. Tal y como aquella propia noche lo demostraba. Él podía esperar, por AÑOS incluso; esperaría lo que hiciese falta hasta el perfecto segundo exacto en el que sabía sería prudente actuar.

Y por eso mismo fue que supo fue que supo desde hacía ya mucho que, conseguir que el gran héroe le note como algo más que un mocoso amigo de su HIJO menor -como si fuera poco-, servía en definitiva la parte fácil del asunto. Ahora no solo debía de hacer que este mantuviera su atención únicamente en él hasta que fuera casi un adicto a su sola presencia y luego el resto (sea lo que eso fuera porque aún no lo definía ni él mismo en realidad), sino que, además, él debía de probar y demostrar que él era ciertamente más que capaz y que estaba aún más que dispuesto a cumplir cualquier capricho por parte del moreno. Ya fuera adentrarse como moverse en aquel tan mal visto y pensado estilo de vida que el delicioso héroe había elegido llevar desde hacía ya mucho tiempo según lo que hubo podido averiguar.

Recién entonces fue cuando, al término de pensar aquello, notó que en verdad todo aquello le estaba entusiasmando por cuenta propia más que por mera resignación de soportarlo por un fin.

Él había investigado todo aquello en cuanto su joven mente comprendió que, de hecho, había terminado enamorado hasta el tuétano del padre de su mejor amigo, quien encima de todo no era otro que el otrora enemigo de su padre y para colmo de colmos el jodido héroe de todo el mundo mágico. Eso no había sido algo fácil de asimilar pero, definitivamente pudo corroborar que aquello no era tan solo un mero capricho adolescente ni algo que se fuera a pasar en algún momento pronto. Cayó estrépitosamente en la cuenta de que esos 'sentimientos' tan profundos y complejos que le embargaban cada vez que le veía, oía, olía o sentía; no iban a cambiar. Ya no.

Él no era así y los que lo conocían lo sabían. Él ciertamente NO había esperado por más de dos años para echarse atrás justamente entonces, no cuando tenía lo que tanto quería al mero roce de sus muy ansiosas yemas. No. No, no y no. Definitivamente no.

Hubo un tiempo, al principio de todo, en que en verdad dudó. No solo tenía en contra el hecho de que él casi le doblara la edad y que de fuera el papá de su mejor amigo -cosa que por cierto terminó por hacerlo ver aún más-, También estaba el indefectible hecho de que, su padre, por mucho que se esforzase o más bien forzase a 'tolerar' a su amigo; aún así no podía ocultar que éste le molestaba ¡Y todo a causa de que este luciera como el vivo calco de su propio padre! Pobre Albus, él sabía que el otro odiaba ir a su casa sabiendo que su padre estaría allí mirándolo de aquella manera, siempre, pero ni modo. Eran mejores amigos después de todo.

Scorp también tuvo su fase de; 'lo evito y así quizás pase...' Obviamente no sirvió. Pero bueno, a lo que él se refería con ello era a que, al día presente, había logrado su primer objetivo, y pasó, y...

La exquisita sensación en la boca siendo completamente arrasada, degustada; y hasta se atrevería a decir, follada, le interrumpió y cortó todo pensamiento... coherente al menos.

Apenas si notó cuando se vio siendo arrastrado fuera. Tan solo volviendo lentamente en sí cuando se vio bruscamente desprendido de aquellos labios que le supieron a pura gloria infinita y a placer absoluto. A manjares exquisitos listos para su ansiosa degustación y cateo; antes de verse siendo arrastrado de la mano una vez más. SU mano. Y esa fue toda la distracción que precisó el joven para perder la completa atención del entorno... y d todo lo demás de su vista y mente.

Con algo de esfuerzo -debido a su muy poco cooperativo cerebro de enamorado-, llegó a notar al menos las manchas de colores cambiantes.

Rojo, hasta salir de aquel lugar donde hubo logrado al fin hacer que su héroe cayera en su red. Y manchas de mezclas extrañas después. Naranjas, rojos;negros y azules. Marrones y ligeros blancos. Todos ellos pasaban como borrones hasta llegar a un solo y único color oscuro.

Estaban fuera.

Apenas llegó a registrar eso antes de verse siendo duramente estampado contra lo que él supuso fuera una de las paredes de entrada o cercanas a ella.

Al fin...

—Eres un maldito mocoso ladino, ¿lo sabes, cierto? —preguntó Harry de manera retórica puesto que realmente no esperaba ninguna respuesta—. Pero... eres un mocoso muy tentador. Mucho...

Las manos fuertes y callosas apresaban con firmeza las más pequeñas y delicadas a cada lado de su rostro, a la altura de sus oídos. Unos oídos que aún zumbaban debido al fuerte ruido que había habido dentro de aquel local. Su pecho y pelvis aprisionándolo con lujuria no disimulada. Para nada. Su boca... creando todo tipo de pensamientos pecaminosos al verlos y sentirlos ir hacia su sensible lóbulo de la oreja para luego bajar tortuosamente lento, hablando hacia el cuello a cada segundo más y más sensitivo debido a tanto estímulo y a su propia poca experiencia y hacer con ello que él se estremeciera todo con cada pequeño resquicio de tibio aliento al chocar con su piel.

—Tan, tan tentador... Me has buscado desde hace tanto —Scorp no pudo evitar abrir grande sus ojos de acero— ¡Oh, sí! Lo he sabido. Desde siempre —le aclaró el otro al ver de reojo como sus pequeños y brillantes ojos de acero líquido, antes velados y nublados por la pasión, se abrían por la sorpresa y quizás hasta un poco de mortificación—. Tsk, no soy jefe de aurores por nada Scorpius. Lo supe, y esperé. Esperé jodidamente mucho para que esta estúpida fantasía tuya se te pasara. Pero no. Tenías que ser tan obstinado como siempre. No ha pasado, lo sé, lo noto; y confieso que ya estoy harto de evitar lo que parece inevitable. Así que, la pregunta aquí es, ¿sabes realmente en lo que te estás metiendo conmigo? ¿sabes acaso lo que hago? ¿De mis preferencias? ¿Sabes acaso lo que me gusta hacer y que me hagan? ¿Lo que me calienta? ¿Lo que soy? —dijo el moreno con la voz cada vez más y más ronca, evidentemente excitado y aún más al ver la evidente sumisión de aquel que, por lo general, era uno de los jóvenes más altivos que conocía. Mostrándose igual a su padre en sus mejores días. Tenerlo así, rendido y jadeante ante él sin que tan siquiera le importara ni un ápice quien pudiera estar viendo todo aquello. Todo, todo en aquel chiquillo lo tentaba. Lo invitaba... y por eso mismo fue que decidió hacerlo sufrir un poco más. Que sufriera de placer igual que él. Y fue por eso que metió entonces su musculosa mano entre aquellos esbeltos -casi diría femeninos-, muslos y presionó, fuerte, hacia arriba; hacia la entrepierna que comenzaba a mostrar su entusiasmo. Riendo por lo bajo al escuchar un más que sonoro y revelador gemido—. Contesta serpiente lujuriosa, ¿tienes acaso una mínima idea de en lo que te estás metiendo? ¡Contesta!

—Sí...

Orden y respuesta.

La fiebre en el héroe crecía. Ahora la curiosidad le ardía.

—¿Qué sabes? ¿Cómo? —preguntó un poco tenso mientras con su rodilla apretaba aún más la muy joven y sensible pelvis del menor—. Contesta.

—Lo sé. Sé... sé que te... le gusta lo du-duro. Dominar. Le gusta dominar. Aggh... Mmm —medio susurró, medio gimió al final.

—¿Cómo?

—Sé porque, porque... lo vi. Un día. Sin querer. Yo, no sabía. No entendí. Pero, averigüe... Y, ahora lo hago... señor. Lo entiendo. Todo.

Todo.

Exacto, todo, pareció detenerse ante aquellas palabras dichas casi al descuido. Una tentación imposible de digerir. Una invitación imposible de rechazar.

—Y, dime, pequeño mocoso ladino; ¿Te crees capaz de merecer el que corra el riesgo contigo?

Sí, podía sonar duro. Cruel incluso. Pero el chico sería un grave problema si todo aquello se iba a la mierda -como siempre presintió sería con él en cualquier escenario que pudiera imaginar-. El chico no era alguien a callar con la facilidad de siempre. Por suerte, tampoco era nada similar a si jodido padre.

—Lo soy. Lo deseo, señor. Mucho... y desde hace tanto que mi cuerpo reacciona de tan solo verle y mis piernas tiemblan queriendo solo ceder y rendirse ante usted en cuanto le escucho hablar. Ordenar, algo, lo que sea. No importa. Mi cuerpo reacciona y mis nervios me exasperan. Ha sido así desde que le conozco y, no puedo, yo... Merezco el riesgo, señor ¡Sé que lo hago! Y, lo hago, porque lo anhelo, lo anhelo demasiado como para echar a perder esta, más que segura, única oportunidad.

El moreno se resistía. Luchaba contra sus propias ansias de dejarse y ceder porque el maldito rubiecito era un pecado andante que desde hacía años quería corromper. Poseer. Pero, así y todo, no podía quitarse d encima esa muy molesta sensación de que todo parecía ser, quizás demasiado bueno para ser verdad. Sobre todo porque, había algo, una pequeña espina que le estaba comenzando a picar. Su rostro se puso serio de inmediato ante ello.

—Respóndeme a esto, ¿te atrae la idea de ser un sumiso en general? ¿someterte?... ¿O esto es solo una especie de juego, de prueba para ver que es lo que se siente someterse a mí? Piensa bien tu respuesta porque, si cabe la más mínima posibilidad de que creas que luego cambiaré por ti desde ya te digo que eso nunca sucederá.

Frío. Directo.

Sincero.

Este era su estilo de vida. Su razón de ser. Una parte tan intrincada de él sin la que sabía no podría subsistir porque él necesitaba eso. Necesitaba el control absoluto tanto como respirar. Y no dejaría eso. Por nadie. Por nada.

—No tengo porque pensarlo, señor. Lo sé. Siempre lo he sabido y, no, realmente no me interesa ser el sumiso de nadie más que de usted ni, 'experimentar'. Confieso que dudé mucho cuando vi lo que 'realmente' ser eso significaba. Pero, a pesar de todo, lo quiero. Lo anhelo y deseo. Pero no con cualquiera. Quiero, necesito someterme a usted y solo usted, señor, por mi libre elección. Solo a usted. Lo... Lo amo. Intenté de no, pero... yo... lo hago y, hacer esto por usted. CON usted...

—Joder pequeño... —dijo el mayor alejándose inmediatamente un paso hacia atrás y sin ser consciente del cariñosos apelativo que había soltado hacia el otro por la conmoción. Aunque sus manos le picaran por volver a tomarlo él siguió allí, a un paso de él que de pronto se sentía tan jodidamente lejano que molestaba, y respirando agitadamente. Esto era más, mucho más de lo que creía estar listo para enfrentar. Nunca. Aquello, aquello le sonaba a 'compromiso'... y la sola idea de aquello le causaba temblar por tan fuerte escalofrío. Eso era algo que, tras el chasco de su tormentosa relación fallida con Ginevra había evitado a toda costa.

Sin embargo, algo dentro de él que lamentablemente conocía muy bien, le decía que la decisión ya había sido tomada. Que nunca fue suya para tomar o tan siquiera pensar. Para bien o para mal, su instinto parecía estar pateándole realmente duro en el culo para que volviera a acercarse a él.

Así que lo hizo, siguió a su instinto, ese que tantas veces le había salvado... o casi...

Acercándose minúsculos pasos a la vez hasta hacer un nuevo contacto de cuerpo a cuerpo porque la llama de la necesidad que el chico había encendido en él comenzaba a amenazar con incendiarlo todo. Pero, eso no evitó que de hecho él fuera a terminar tomando su mano y solo, asentir.

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