28 de octubre de 2011

Descubriéndonos... capítulo 1


  DESCUBRIÉNDONOS


DISCLAIMER
Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.

"Así comenzó todo"

♪♫ Graffittis decorations under sky of dust, a constant wave of… ♫♪

-¿Diga?- pregunté ya que contesté sin ver mi ID (Identificador de llamadas)
-¿Tension?
-¡Diablos Bella! ¿Cómo le haces?-  dije cabreado y divertido mientras escuchaba la melodiosa risa al otro lado del teléfono.
-Mmm… ni idea. Bueno, en realidad sólo la canto desde que comienzan los tonos y bueno, ya luego le pego en la palabra siguiente-  me explicó divertida.
-¡Pero si puse otra de sus canciones de backtone para que se te confundan los tiempos!- más risas.
-Bueno pero yo sigo con mi tema, es fácil ya sabes que me encanta- dijo ella toda alegre.
          Bufé.
          De verdad que iba a tener que cambiar mi tono de llamadas sólo para darme el gusto de que algún día se confundiera. Lástima porque también a mí me encantaba.
-¿Hoooolaaaa? ¿Sigues ahí?- preguntó ella ya que por estar colgado de mis estúpidos pensamientos me había quedado mudo mucho rato.
-Mmm, sip.
-Ok. Bueno te preguntaba si me podrías pasar los apuntes de matemática, yyyy si de paso a que vengas quisieras venir a practicar conmigo.
-A lo primero, sí, seguro en un rato estoy x allí, y a lo segundo ¿a qué exactamente? Porque viniendo de ti podría hasta ser salto al acantilado- se escuchó una risita asegurándome que sin dudas aquello era más que probable en ella.
-Ok, eso te lo voy a dar a elegir a ti, siempre que vengas claro.
-mmm… A ver ¿Rollers? Nop, no soy tan rápido como tú ¿Skate? Puede ser ¿Parkour? Bueno definitivamente hoy me vendría bien algo de gimnasia ya que no me moví mucho durante todo el día ¿Bicicroos? Noooo, casi me infarto cuando te animaste a hacer aquel maldito giro en el aire sol- tán-do-te- recalqué aún furioso por aquello- sólo para ganar aquella estúpida apuesta que hiciste con Emmet. Así que por lo que veo se resumen a dos ¿no?
-Error. Sólo skate
-¿Y eso? Creo que también dije gimnasia- dije medio enfurruñado aunque sin querer admitirlo del todo.
-Sí, pero recuerda que desde aquella vez que Charlie nos encontró saltando un par de autos del estacionamiento sólo nos deja hacerlo en el gimnasio de la escuela, a menos que tengas un gimnasio  privado equipado en tu casa Cullen- dijo irónicamente ¡Rayos!
-Ya, sí claro, me había olvidado por completo de aquello.
-Seguro.
-Tsk, tsk- chasqué mi lengua- ok, capto, capto. De acuerdo entonces, será skate entonces. Déjame que apunto todo y salgo para allá- contesté ya ligeramente emocionado.
-Ok, kissis- dijo ella y colgó.
          Bella.
          No creo tener recuerdos importantes en los que ella no esté. Simplemente es la persona más importante de mi vida, fuera de mi familia claro. Si la enana se entera me mata- pensé con un leve estremecimiento.
          La conocí en el kínder y con mis apenas cuatro añitos supe sin llegar a dudas que ella era especial y que sería esencial para mí.
           ¿Qué cómo lo supe? Relativamente fácil.
          Resulta que yo era algo… aislado y bastante introvertido fuera de lo que era el círculo de familia. Es que ¡Vamos! Lo cierto es que no encajaba allí.
          Mientras que todos los niños se mataban por los juguetes que había o por quién tenía más amigos o incluso por que papá era mejor, yo simplemente me dedicaba a irme al rincón de la biblioteca a leer ¡Sí, a leer! Con mis cuatro años sabía leer bastante bien y escribir varias palabras fáciles, también podía hacer pequeñas cuentas, y es que mi madre nos dedicaba mucho tiempo a mí y a mis hermanos y se encargaba de estimularnos lo mejor posible. Al parecer no todos los padres hacían lo mismo ya que muchos niños se comportaban… raro a mi parecer.
          Sería tranquilo y medio prodigio, pero sobre todo era muy solitario.
          Todo cambió el día en que Bella llegó a nuestro salón. La señorita sólo se limitó a presentarla y sin más la mandó a jugar. Estábamos a mitad de año por lo que muchos de los niños ya habían formado sus grupos y aquellos que no tenían se limitaban a viajar de uno a otro fácilmente porque todos nos conocíamos. Bella había entrado con la cabeza gacha mientras la señorita nos decía que desde ahora “Isabella” sería nuestra nueva compañerita, por lo que cuando la seño dijo que fuera a jugar la alzó de pronto y fue ahí que pude ver el miedo en sus enormes, expresivos y bonitos ojos rojos. Bueno más bien eran de un hermoso color chocolate suave, casi traslúcido con leves destellos ámbar, pero que en auqel momento parecían todos rojos por el llanto.
          Todos los niños salieron corriendo disparados del piso donde estaban sentados hacia los canastos con juguetes en cuanto escucharon el “vayan a jugar”. Sin embargo “Isabella” se quedó allí de pie parada con cara de susto y de querer salir corriendo de allí.
          No supe porque pero de pronto me vi frente a ella que había vuelto a bajar su cabeza mirando al piso, y le pregunté:
-¿Quieres ir a leer conmigo? Allí hay una biblioteca con muchos cuentos- dije mientras señalaba la pequeña biblioteca del fondo.
          Esperé por varios segundos sin obtener ninguna respuesta, hasta que ya cuando me decidía a irme escuché su voz.
-Sí. Me gustaría. Me encanta leer-contestó tímidamente con voz dulce y suave mientras un leve color rosado se imponía en sus arreboladas mejillas.
          La mire asombrado. No sólo tenía una voz dulce, suave y perfecta ¡Sino que además sabía leer!
          Cuando le ofrecí no alcancé a darme cuenta de que era muy probable de que ella no supiera leer,  por lo que rápidamente pensé que podría ofrecerme yo a leerle- a pesar de que no me gustase mucho leer en voz alta porque aún había veces en las que me equivocaba- ¡Pero miren! ¡Ella sabía! Logré reaccionar a tiempo antes de parecer tonto o algo y dije entusiasmado:
-Ven, vamos.
          Y allí comenzó todo- pensé sonriendo ante el recuerdo.
-Sí, recuerdos- me dije en voz baja con nostalgia por aquellos días.
          Desde el primer encuentro nos volvimos literalmente inseparables.
          Éramos muy tranquilos ya que leíamos mucho pero también a veces podíamos ser bastante traviesos a la hora de los juegos, por los cuales muchas veces nos ganamos unos buenos regaños y unos lindos sustos de nuestras madres. Sin saber bien como siempre nos metíamos en algún lío. Lo cual tuvo su lado bueno y su lado malo. Malo porque debíamos aguantar los regaños de nuestras exasperantes madres y bueno porque una vez que la señorita del salón mandó a llamar juntas a nuestras madres para retarnos, lo que menos pudo haberse imaginado es que ambas madres simpatizaran instantáneamente y defendieran juntas a sus lindos retoños, o sea nosotros.
          En fin… por suerte nuestras madres se hicieron tan buenas amigas, que prácticamente estábamos todo el día juntos, incluso había ocasiones en que hacíamos pijamadas. Aunque esto no le gustaba demasiado al papá de Bella ya que ella insistía en dormir conmigo y no con mi hermana porque decía que la trataba como a una muñeca queriendo peinarla y pintarla.
          Los años fueron pasando y los cambios vinieron para ambos.
          En algún momento que ahora no sabría precisar ambos necesitamos amigos de nuestro propio sexo x lo que nos unimos más al grupo de mis hermanos, así tendríamos más amigos pero no estaríamos separados.
          Emmet era mi hermano mayor por un año y Alice su melliza menor por tan sólo cinco minutos. Recuerdo que siempre me daba risa ver la reacción de las personas cuando se enteraban de que ellos eran mellizos, era total desconcierto absoluto ¡Que va! Aún me da risa. Emmet era grande, siempre lo fue, con su forma más bien parecida a un ropero o una heladera; mientras que Alice era, era y es algo así como un duende, uno que a veces podía resultar bastante molesto y maléfico, sobre todo cuando no conseguía lo que quería.
          Así que cuando nosotros comenzamos la primaria ellos ya eran conocidos allí, por lo que, en un acto de benevolencia según ellos, se agruparon a nosotros, o mejor dicho nos agruparon a ellos, cosa que como ya dije nos vino a la mar de bien.
          Junto a ellos siempre estaba Jasper, el mejor amigo de mi hermano y Rosalie su hermana, quién por alguna razón que hasta hace poco no entendía estaba con nosotros a pesar de no soportar a mi querido hermano. Claro que todo aquello se aclararía mucho más tarde. Cómo son las vueltas de la vida- pensé aun tirado en mi cama.
          En fin… ahora Bella…
          ¡Rayos! ¡Bella va a matarme, ya es tarde!
          Por andar de idiota en mis recuerdos habían pasado casi ¡mis quince minutos!- pensé mientras fulminaba a mi radio reloj con la mirada como si el pobre tuviera la culpa de algo. Que importa es sólo un reloj.
-Mejor me apresuro o Swan va a cortarme…- pensé mientras me encogía.
          Corrí a tomar mis apuntes y mi skate y bajé como si se me fuera la vida en aquello- cosa que no era del todo errónea si tomábamos en cuenta que Swan no se andaba por las ramas conmigo. Sí, lo admito, era un desastre con los horarios, por lo que mi mejor amiga se tomaba MUY mal lo de mi impuntualidad.
          Bajé literalmente volando por las escaleras, tanto que si mi madre me veía estaba seguro de que me tendría que comer un buen sermón. Milagrosamente llegué sano hasta la puerta y justo ahí estaba cuando me di de bruces con mi padre ya que yo iba corriendo fuera mientras él y mi madre iban llegando de las compras.
-Ouch- exclamé tomándome la frente.
-Eww-exclamó él a su vez sosteniéndome.
          Por la velocidad del impacto casi me voy encima de bruces hacia atrás sino fuera porque mi padre me detuvo sosteniéndome.
-Lo siento- dije apenado.
          ¡Y luego recordé!
-Adiós, tengo prisa- dije corriendo hacia mi coche.
          Mi tan amado y preciado coche. Mi volvo.
          De acuerdo, lo sé, parezco idiota. Pero es que “ese” auto es… bueno, simplemente es mi sueño hecho realidad. Amé ese auto desde pequeño. Ahorré tooooda mi vida- mi corta vida -, cada mesada y cada regalo para comprarme uno igual. Al final tuve mucha suerte. mi tío Eleazar decidió cambiar el suyo poco antes de que cumpliese mis dieciséis, por lo que a un precio más que razonable, se lo compré a él y durante el tiempo que esperaba para sacar mi registro lo puse a punto ¡Y así y todo me sobró algo!
          Pero volviendo al momento, de verdad tenía que darme prisa si no quería perder algo de vital importancia para mi… masculinidad, eh, integridad. Bella podía resultar ser muy mala a veces.
-Edward Anthony Cullen ¿Dónde crees que vas sin avisar y sin siquiera saludar a tu madre?
          Paré en seco a metros escasos del coche. El nombre completo nunca resultaba ser una buena señal.
-Lo lamento. Mamá, papá- dije girándome avergonzado –Bueno es que quedé en ir a lo de Bella a llevarle unos apuntes de mates porque ya saben que a ella no se le dan mucho los números y luego habíamos pensado en ir un rato a andar en skate pero no me di cuenta y me quedé distraído así que se me hizo tarde ¡Y ya llevo veinticinco minutos de retraso!- dije todo de un tirón y sin siquiera detenerme a respirar porque de verdad que en este momento me encontraba algo desesperado. Sólo quería que comprendieran y dejaran de darme lata. Bufé y a regañadientes agregué- Y bueno… ya saben que Bella no me tiene ya nada de paciencia con mi impuntualidad y si se enoja…- dije cada vez más apesadumbrado.
-Y pues… ¿qué esperas?- me preguntó mi madre divertida.
         ¡Dios!
          Yo aquí carcomiéndome, tratando de explicarles mientras ya pienso como me voy a ir disculpando con Bella y ellos aquí de lo más divertidos viéndome como me desespero de los nervios. Los miré mal no pude evitarlo.
-Aaarrrgggg.
          Corrí al auto, tiré las cosas atrás y arranqué ferozmente. Una vez que llegué a la autopista vi como el velocímetro ascendía estrepitosamente llegando a los claros 180km/h.
          Tardé sólo cinco minutos en llegar, clavar frenos, bajar, ir a la puerta y tocar timbre nerviosamente con mis manos sudando por su causa.
          Creo que estaba a punto de comenzar a rezar cuando alguien abrió la puerta. Alguien muy enfadada. Una Bella demasiado enfadada para mi propio bien.
-Cullen… al fin- dijo.
          Y yo tragué en seco recordando las cosas que me había hecho en otras oportunidades.

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