6 de febrero de 2014

Una Deuda con el Destino... Capítulo 15

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.

RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/JAMES EVANS Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/James y OMC (SEBASTIAN... que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.
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—Diálogo—
recuerdos/Flashbacks
'pensamientos'
Pársel
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..:: Capítulo 15 ::..



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—¿Cómo has hecho eso? —preguntó el rubio intentando con todas sus fuerzas no delatar el asombro casi estupefacto que le invadió al ver aquello.

—¿Eh? ¿Cómo hice el qué?

—Pues, eso, lo de la botella... y el frío... y, todo —detalló, bufando un segundo después al ver la cara confusa que el estúpido Griffindor se cargaba—. No has dicho absolutamente nada. Por Merlín, ¡ni siquiera tienen una jodida varita en la mano! —adiós a su calma fingida, se dijo Draco casi histérico de un momento a otro.

—Oh, sí, sí la tengo, de hecho tengo... Mmm, no importa. Sí tengo... pero ya no la uso —decidió admitir el moreno porque eso no era algo que el estuviera dispuesto a esconder a cada momento que tuviese que pasar junto al otro. Mientras antes saliera, antes lo asumiría... o lo que fuera que le pasara al rubio engreído ahora—. Malfoy, soy capaz de hacer todo tipo de magia sin varita. Y casi todo no verbal además. En realidad aún no termino de dominar hechizos con idiomas demasiado marcados y fuertes o en dialectos por más que sepa decirlos, no estoy muy seguro aún de porqué sucede eso e de admitir —dijo medio perdiéndose en el pensamiento de aquella última vez que lo intentó y... bueno, cabe decir que no fue bonito.

—Me estás queriendo decir que tú haces magia solo con, ¿quererlo? —Harry asintió—. Nunca había escuchado algo así, Potter, Evans. Lo que sea. No 'todos' los hechizos al menos. Lo... Lord Vol... Voldemort podía en unos cuantos, pero...

Harry hizo completamente caso omiso de como había podido escuchar la voz entrecortarse y temblar de puro terror al decir tan solo aquel maldito nombre y de seguro al dejar que algún que otro recuerdo regrese a él.

—Sí, lo sé. Ni siquiera Dumbledore tenía completo control sobre la magia sin varita. Mi teoría es que mi núcleo mágico al parecer desborda tanta energía que entonces la varita, la cual todos sabemos que es solo un canalizador, ya me resulta innecesaria. Lo mismo podría decirse de lo no verbal. El querer algo con la suficiente energía y determinación termina haciendo que solo, suceda. Ambas cosas me son a la mar de útiles aquí, pero no en mi mundo. Por eso es que vengo a estos terrenos aislados, a descargarme podría decir. Yo no uso magia allí, es demasiado riesgoso si hay alguien empecinado buscándome, así que termino reprimiéndola y eso solo hace que sea peor.

—Explosiones por un núcleo sobrecargado no es usual en magos ya. Pero...

—Sí, todos sabemos que nunca he sido normal ¿cierto? —medio sonrió Harry mientras removía el líquido ambarino que tenía dentro de su vaso—. De todas formas, todo ha resultado mucho más fácil desde que Tian sabe todo. A veces hasta viene, pero... es riesgoso.

—¿Porqué habría de ser...? Antes comentaste algo pero...

—Lo sé. Mira —dijo antes de chasquear sus dedos y que en respuesta apareciera una cálida luz en la punta de su índice. Era una lumos máxima—. No sé cómo, pero algo o más bien alguien, detecta cuando exploto mi poder donde sea que esté. Libero mi magia y, unos segundos después, aparecen personas. Varias. La primera vez logré hacerme un glamour y pelear unos segundos antes de huir para que no me reconocieran. La segunda me siguieron al punto de desaparición. No sé cómo y no sé quienes. No sé que demonios es lo que quieren tampoco. Ni siquiera sé si saben que soy yo. Pero me persiguen desde hace ya un par de años. Años, Malfoy —dijo suspirando porque este era un tema que irremediablemente le traía enojo, angustia, y un sin fin de emociones más que no era momento de tratar—. He logrado ir perfeccionando cada vez más las protecciones hasta formar este escudo pero mi propio poder termina por romperlo. Así que en cuanto eso pasa, huyo. Me desaparezco entre unas quince y veinte veces antes de aparecerme en las afueras de Londres desde donde regreso a mi casa como un muggle más para no dejar rastro de nada. Entonces sí, venir con Tian ES peligroso. Muy peligroso. Para él. Podrían atraparlo... y yo no sabría qué hacer _terminó susurrando mientras miraba hacia el horizonte que en aquellos momentos comenzaba a dejar ir su luz.

—¿Qui... quince o viente, veces? ¿A éstas distancias?

—No. No, la verdad es que voy a diferentes partes. Cuanto más lejanas mejor porque al no poseer el mismo poder no pueden seguirme. Por lo general han llegado hasta el décimo lugar o así. Así que, dicho esto, en tal caso ya sabrás que hacer.

—¿Disculpa?

—¿A qué crees que he venido? ¿Te parece que solo he venido a mostrarme y a hacerme ver como una especie de fenómeno justamente ante ti? Ah, ah, ah Malfoy. Vine aquí con la misma intención de siempre, liberar mi magia y eso haré. No para demostrarte nada sino porque ya desde hace un par de días que tengo mis nervios a flor de piel con todo este condenado asunto y no puedo seguir así. Ya has visto lo que casi sucedió hoy pero, si gustas puedes irte ahora. Da igual de todas maneras.

Que dilema.

Para ser sincero consigo mismo, no quería irse, aunque sabía que debía.

Él nunca fue valiente. La temeridad nunca dominó su temperamento. Nunca fue un luchador ni mucho menos pero, por primera vez, él quiso serlo. Quiso ver. Ver más y más de este nuevo Potter porque, si había algo sobre él que nadie podría negar, era el hecho de que, los Malfoy anhelan el poder... Y aunque Potter no pareciera darse cuenta, él tenía poder de sobra... y en más de un sentido.

Sus dos naturalezas luchando con ardor entre sí.

Supervivencia vs. poder.

—Me quedo —decidió al fin—. Además, aún tenemos cosas por hablar ¿no lo crees? —Harry negó.

—Como quieras. Pero ten en cuenta que no te voy a dar opción luego. Si siento algo nos desaparezco, ¿está claro? —Malfoy asintió—. Bien, y por lo demás; no, por hoy ya fue suficiente. Ya es tarde y debo regresar con Sebastian.

—Eso de tu 'doble vida' es demasiado riesgoso Potter, y lo sabes ¿qué pasa si alguien te descubre? ¿qué pasa si lo pones a él en más riesgo? Sabes tan bien como yo que esto no será para nada como amor veela. Habrá mucha, demasiadas personas que nos querrán como fertilizante de mandrágoras, si se sabe de él... —negó con la cabeza sin llegar a comprender ni por asomo el razonamiento de aquel loco Griffindor que siempre había odiado—. Él es solo un muggle, Potter. No solo es inferior sino que además es demasiado vulnerable hasta para el más inepto de los magos.

—Basta.

Harry lo miró furiosamente mientras la seca palabra dejaba sus labios.

—No. Todo lo que digo es cierto, y lo sabes. ¿Cuánto tiempo habrá de aguantar todo esto? ¿Cuánto crees que soportará compartirte? Esto de ninguna manera es algo temporario o pasajero Potter. Esto es definitivo. Pasarás a ser un Malfoy desde el momento en que nos unamos. Y yo seré un Potter y un Black. Tres de los linajes más antiguos que hay entre la élite de los magos. Dime entonces, ¿cómo soportará él el hecho de que no vayas más que de visita? ¿Cómo crees que se sentirá cuando vea que tú ya formas una familia de la cual él no será nunca parte? Es un hombre joven y he visto que tiene una buena cabeza en negocios, ¿dejarás acaso que ponga toda su vida en pausa solo por ser tu 'querido'?

—¡Ya basta! —gritó— ¡Tú no serás nadie para mí y él sí! ¡ESO es lo que él sabe! ¡Yo ya soy suyo y él es mío! ¡Y tú ni tu maldito apellido de élite pueden ir y pudrirse en el maldito infierno! Te lo advertí Malfoy. Jamás, jamás denigres a Sebastian. Nunca. Él es mil veces mejor hombre que tú. Tú, que tan patéticamente te excusaste siempre en tu jodido apellido y en tu maldito padre mortífago. Tú, que ahora vienes a arruinar una vez más mi maldita vida porque así lo quiere tu madre ¡No vengas a hablarme de lo que él soportará o no porque tú no lo conoces, maldita sea!

Con cada una de las palabras que salía de su boca sus ojos habían comenzado a oscurecerse más y más hasta que, finalmente, con su enojo álgido, su magia se liberó con un grito que resonó como un estruendo en aquel páramo desierto. Como si de una fiera enjaulada se tratase.

La carpa de pronto desapareció como si nada con todo lo de dentro y Draco cayó sin ninguna elegancia al piso desde donde había estado hasta entonces muy cómodamente sentado mientras que un viento intenso se formaba a su alrededor.

—Pensé que habían cambiado al menos un poco Malfoy pero al parecer una parte de mí sigue siendo el mismo estúpido crédulo en cuanto a este mundo. Tú mundo ¡y tú sigues siendo un maldito hurón caprichoso y consentido! ¡Ni siquiera Azkaban pudo cambiar eso en ti! ¡Arrggg!

El espacio en la burbuja se extendió. Las rocas comenzaron a moverse y algunas no tan pequeñas incluso a flotar. El aire comenzó a soplar más y más. Todo era ruido y viento.

Árboles empezaron a arrancarse de la tierra y, lo más sorprendente, cualquier cosa que rodara hacia el moreno terminaba por desintegrarse antes de siquiera llegar a él.

Al principio Draco ni lo notó, demasiado ocupado elaborando protección tras protección sobre y entorno a él. Pero una vez hechas pudo ver y... y quedó impresionado. El cuerpo de Potter parecía temblar y una especie de ¿aura? Crepitando como si fuera electricidad a su alrededor. Todo se volvía nada ante él y, cuando él gritó... Todo quedó estático y en silencio por unos segundos para luego, simplemente cuando él abrió las manos que hasta entonces llevara en puños, soltar tal cantidad de magia que todo se volvió polvo. El aire se cargó con su poder y el oxígeno pareció faltar. Incluso las varias capaz de protecciones que el rubio se había puesto temblaron y algunas de hecho incluso cayeron ante la presión indirecta pero abrumadora. Nada quedó más que polvo por unos cuantos varios metros. En segundos y con tan solo un grito no quedó nada más que un agitado moreno y un estupefacto rubio. Ambos jadeantes. Ambos asumiendo lo que acababa de suceder. Y, a pesar de no querer saber la dichosa respuesta; Malfoy no pudo evitar preguntarse qué hubiera sido de él si acaso no se hubiera protegido. Si no hubiera elevado a su alrededor cada hechizo protector que conocía. Si Potter en verdad lo quisiese muerto entonces...

—¡Maldito seas en el infierno Malfoy! ¿Sabes acaso lo cerca que has estado de morir? Maldito estúpido arrogante tú y... —de pronto y de la nada Harry giró bruscamente hacia atrás y maldijo de nuevo— ¡Mierda! Ya vienen...

No quería. Harry en verdad no quería sacarlo de allí. No quería tener que tocarlo siquiera.

Pero sería peor dejarlo...

¡Y él había creído que había cambiado? ¿Qué quizás pudiera funcionar un poco? Maldito iluso idiota. Se apareció frente a él y lo terminó tomando con fuerza por la cintura para cubrir su vista con su cuerpo antes de desaparecerlos al mismo tiempo en el que los leves 'crack' empezaban a resonar anunciando su llegada. Su propia magia aún vibrando en él... y necesitando salir de alguna manera.

Tenía que descargar un poco más.

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Una remota cueva escondida por entre los arrecifes en las costas de España. En medio de un inmenso viñedo en las afueras de Italia. En el techo de un edificio frente a la mismísima Torre Eiffel. Frente a un tupido bosque en Toulousse, Francia. En la mitad de uno de los Alpes Suizos. Y luego en uno de sus bastos campos.

En mitad de un antro nocturno de lo que parecía ser Londres y luego en un muy hermoso lago rodeado de bosque cercano a su casa de campo en Suecia.

Ya no pensaba racionalmente los lugares. Tan solo dejaba surgir a su mente imagen tras imagen mientras su magia crepitaba y les llevaba. Podía sentir a su propio brazo alojarse en el férreo apriete de la cintura que rodeaba. Podía sentir la tensión de las manos que apretaban su camisa y hasta algo de su carne a su espalda.

Cinco países y nueve paradas más después, la magia por fin le cedió el completo control.

Escogió al azar dos lugares más que recordaba de otras muchas veces. El último, al sur del mismo Londres. No demasiado lejos de su propio apartamento pero sí lo suficiente ya que no quería demorarse ya más de lo necesario. Necesitaba a Tian.

Sebastian. El solo pensamiento del nombre le dio la pauta para por fin soltar a quien erróneamente se hallaba entre sus brazos. Ambos brazos, ¿cómo fue que, de un simple agarre pasó a convertirse en una especie de extraño abrazo en donde no parecía caber ni un alfiler? Harry realmente no estaba seguro de querer saber la maldita respuesta. No ahora... mmm... ¿quizás nunca?

Lenta, muy lentamente, ambos cuerpos se distanciaron con prudencia.

Draco se sentía marcado... y no, no era solo el hecho de sentir su estómago temblar después de no sabía cuantas veces aparecerse en no sabía dónde por demasiadas jodidas veces.

Sus brazos habían actuado impulsivamente al aferrarse a él. Sus dedos incontrolables se habían crispado al apretar su carne. Sus sentidos... Merlín, sus sentidos habían volado no sabía dónde cuando finalmente su olor, el fuerte y picante olor del moreno le invadió para turbarle el cerebro como nunca antes había sentido. En cierta parte de su mente el rubio sabía que debía de estar enojado con Potter, Evans -se corrigió otra vez-, pero la razón había logrado escapar de su juicio hacía ya demasiado rato. Su solo olor. A hombre. A poder. A especias picantes y lujuria segura. Jamás había estado con alguien que irradiara tal aroma. Esa, actual confianza en sí mismo. Esa seguridad que emanaba desde su inconsciencia... Su cuerpo sintió como el calor del otro cuerpo se apartaba, pero él no lograba terminar de pensar con claridad por lo que solo atinó a aspirar profundamente antes de abrir los ojos -que ni siquiera sabía que había cerrado-, y clavarlos directamente en aquellos profundos estanques de tormenta verde que lo miraban como si lo quisieran traspasarlo. Tragó saliva. De pronto sentía la garganta como si esta tuviera arena; reseca y pesada. Y, mientras que él se encontraba atrapado sin poder reaccionar, Harry se encontraba en el dilema de que, en cierta parte de su mente, algo no lo dejaba terminar de soltar. Pero entonces, juntando coraje solo, le dejó ir. Y por fin pudo respirar bien y normal de nuevo -o casi-.

¿Qué -por las bolas de Merlín-, le había pasado?

Se obligó a rebuscar en su mente el enojo de antes pero este bien brillaba por su ausencia.

El silencio se extendió hasta hacerse incómodo y denso pero ninguno lo rompió.

Hasta que el sonido del móvil del moreno sonó cortando de raíz aquella conexión entre sus miradas y haciendo que Harry comenzara a rebuscar frenéticamente el aparatito entre sus bolsillos. Metido como siempre dentro de aquella caja tan particular.

Dentro de una caja especialmente hecha de titanio, recubierta por una capa interior de acero y -como si esto fuera poco-, forrada dentro con ule; se hallaba su teléfono. Después de haber quemado, roto, explotado o solo desintegrado varios terminó por buscar una opción viable para mantener al menos uno por más de dos semanas.

Maldijo por lo bajo al ver la hora que parpadeaba en la luminosa pantallita.

8:30 de la noche. Si siquiera notarlo había terminado pasando todo el día con el estúpido hurón... y sin matarse, o casi. Sí, pelearon. Sobre todo al final, pero Harry sabía que también él había actuado demás, que todo lo que había dicho Malfoy en aquel momento tenía en parte verdad y que, si era sincero consigo mismo, eran preguntas tortuosas que él mismo ya se había planteado muchas, muchas veces desde que todo aquello surgió.

La canción 'Creep' del grupo Radiohead resonaba fuerte en aquel extraño silencio. La letra penetrando sílaba a sílaba en su mente. Hasta que por fin contestó.

—Hola francesito... Sí, sí, lo sé... No, todo está bien... Sí, se complicó un poco al final pero... Sí, exacto... —dijo sonriendo sin saberlo—. Nop, no hay problema... No, no estoy tan lejos... Mmm, quizás a unos cuarenta minutos o menos por... Sí, bien. Entonces paso por el local de siempre ¿de acuerdo?... Mmm, ¿estás seguro? ... De acuerdo, te veo entonces... También yo. Te veo pronto.

—¿Qué es eso P-Evans? —preguntó el rubio. La risible realidad era que el muy engreído otrora Slyhterin no tenía ni la más mínima idea de porqué demonios el loco de Potter le andaba hablando a una cajita tan rara. No quería delatarse como ignorante de los muggles por más que los detestara, pero la curiosidad le pudo.

—Eh, ¿esto? Pues un teléfono, Malfoy. Hablaba con Sebastian y, ya tengo que irme —soltó de golpe.

—Mira Potter, puedes decir y pensar lo que quieras pero sé muy bien que tú mismo sabes que todo lo que hoy dije es cierto. Si quieres arriesgarte pues allá tú, pero espero que por ningún motivo eso nos perjudique ni a mi madre ni a mí. Puedes pensar lo que quieras sobre nosotros así como nosotros lo haremos de ti. Me da exactamente lo mismo a quien te lleves a la cama —'mentira', susurró una parte muy olvidada de sí. La ignoró, por supuesto—. Pero ten en cuenta esto, desde el momento en el que nos casemos hasta que hayas logrado que quede en estado no podrás estar con nadie más. Ni él, ni nadie. Merezco ese mínimo respeto y lo exijo. Luego de eso bien podrías tirarte de un puente. Si quieres viviremos lo más separados que podamos y con el mínimo contacto disponible teniendo en cuenta que seremos ambos requeridos aún como pareja para los diversos eventos sociales así como para las cosas más básicas del niño. Este es un arreglo entre tú y yo, no mi madre, no la deuda. Te lo digo ahora y podemos hacer incluso los arreglos legales luego. Sé que para ti el apellido no significa nada, pero para nosotros lo es todo, así que, tú cumple con tu parte del trato ayudándonos a salvarnos y yo cumpliré con la mía y te daré la mayor libertad que pueda.

Mudo y estático Harry pensó y sopesó cada palabra dicha antes de solo limitarse a asentir porque realmente no estaba seguro de qué era lo que debiera decir en aquellos justos momentos. Había demasiados pequeños 'detalles' a hilvanar aún.

Un prudente tiempo después, él habló.

—Creo que podríamos trabajar sobre eso. Será cuestión de cómo redactar lo legal más adelante. Primero y ante todo debo de ir con mi abogado y asesor para que me expliquen un poco más hondamente respecto a todo y para ver todo el papeleo pre y post ceremonia a realizar. Sé que también necesitaré hablar contigo y tu madre por lo mismo y además para ver el tipo de acuerdo que se harán; además de todo lo concerniente a la dichosa 'concepción'. Sí, parece que aún quedan demasiadas cosas por tratar y aclarar... pero no será hoy.

Malfoy apretó los labios y aún más sus dientes pero asintió de igual manera. Se sentía, rebajado, como nunca. Y un Malfoy no debiera nunca sentirse así... pero él era un Malfoy desesperado por no terminar de ser uno en toda regla así que tendría que ir con a corriente. Sus padres jamás le perdonarían si él permitía que aquella barbarie ocurriese. Él mismo jamás lo haría. Perder su nombre era... inconcebible. Atroz. No. Su nombre era su legado. Lo único de verdadero valor entre aquellos que amaban las viejas costumbres. La historia, el honor. El nombre lo era todo.

—Bien. El lunes próximo debo de reunirme con el abogado y contador familiar. También le pediré a ellos que me informen de todo lo necesario. Habrá que ver lo de los patrimonios conjuntos y lo de libre capital entre otras varias cosas. No sé si mi madre habló contigo de la dote y, ciertamente nuestras bóvedas no son ni por asomo lo que fueron pero estoy seguro de que aún así será una buena suma y eso...

—No tengo idea de qué diablos hablas Malfoy pero, ¿el lunes? Sí, está bien De acuerdo, ¿a qué hora y dónde?

—Eh, ¿qué?

—¿A qué hora vas al abogado?

—Pensaba ir por la mañana.

—Tengo una junta a las once. Si puedes ir después de las tres de la tarde te acompaño y haremos lo que dije en el claro. Iré tapado y si algo sucede, me descubriré. Además debo de ir a Gringotts.

—Bien. Sí, entonces pasaré por tu oficina a las tres y...

—No. No por la oficina —bufó al pensar en lo de la tarde más temprano—. Para por mi casa. Tengo que llevar ropa de mago y todo eso. Además creo ya haber dicho que no tendríamos ya más encuentros allí después de lo de hoy. Es peligroso.

—Bien —dijo el rubio apenas conteniendo su molestia al verse obligado a bailar al son del moreno.

—Mmm... sí, ¿sabes irte desde aquí? —preguntó Harry estúpidamente.

Malfoy sonrió con frialdad... pero una frialdad que no logró llegar nunca a sus ojos a pesar de todo.

—Me iré como vine Potter. Como mago... Lo que soy —dijo burlón antes de hacer una pequeña venia y desaparecer, dejándolo a Harry sintiéndose raro... y sin saber el porqué.

Bueno, realmente decir raro era un eufemismo. Ofuscado, abrumado, enojado, frustrado... etc; etc; etc.
Caminó ensimismado alrededor de unas diez cuadras antes de solo desaparecer y aparecer unas tres veces en total (siempre con prudentes distancias caminadas entre un punto y otro) hasta lograr quedar cerca del punto de encuentro acordado con su precioso rubio. Lugar donde acordaron pedir comida -que ya no sentía ganas de comer-.

Triste y reveladoramente se dio cuenta de que, si es así como se sentiría entonces cada maldita vez que él fuera de un mundo al otro entonces estaba jodido, bien putamente jodido. Y lo peor es que muy en el fondo, la parte que no era tan ciega ni empacada, lo sabía. Joder.

Una parte de él -seguramente la más Slytherin-, sabía que la verdad era solo cuestión de tiempo antes de que uno de los mundos lo consumiera. No, por más que quisiera, por más que deseara con todo su ser ser lo suficientemente listo y fuerte emocionalmente para ello, no podía imaginarse estar tan al filo de ambos indefinidamente. No se sentía capaz de mantenerse al filo del peligro y la adrenalina y la culpa... todo de nuevo. Como antes. O casi. Porque ahora por encima de todo él no estaba solo. Y él estaría jodiendo a la persona que más significaba para él ahora.

A la mierda con su vida.

Él había nacido seriamente maldecido por cuanto astro reinara y nadie le convencería de lo contrario.

Hubo tantas verdades acertadas entre todo el discurso que aquel maldito rubio pomposo le había dado. Pero por el momento no pensaría más en ello. Necesitaba descansar un poco su mente de todo aquel maldito drama en el que tan imprevistamente se había visto envuelto.

—Hola amor, ¿estás bien, cariño? Luces exhausto —le pregunta su aún pareja en cuanto le vio. Besándolo y abrazándolo; y, sin saber porqué, por alguna extraña razón en aquellos momentos no se sentía, como siempre. El moreno desechó aquel molesto sentimiento diciéndose que eso era por él y por todos esos pensamientos que se había permitido abordar de camino hacia allí. Lo abrazó aún más fuerte a cambio.

—Lo estoy, bebé. Fue un día demasiado largo —dijo con voz ahogada antes de sentir como Tian le besaba castamente su frente y le sonriera como una madre a su niño.

—Que bueno que ya ordené entonces, ¿verdad? ¡Por qué no te vas al auto? Ya lo espero yo y nos vamos a casa.

Al final resultó que, en cuanto se vio sentado en el auto fue incapaz de resistir ante el aroma tan fuerte y tranquilizador de Sebastian impregnado en el ambiente y, allí, tan tranquilo, se quedó dormido arrullado por el ruido de la vida normal citadina.

Harry despertó no más al llegar y así pudo disfrutar de una cena amena con su pareja.

No le dijo todo. No quería hacerlo sentir mal... y ocultarle el más mínimo detalle solo terminó por hacerle sentir peor. Era ilógico. Todo lo era ahora.

Cenaron tranquilos y hablaron suavemente. Hicieron el amor con lentitud pausada, disfrutando ciegamente el uno del otro. Internamente apremiados por las nuevas y secretas incertidumbres que les trajo los eventos del día.

Se durmieron, esperando que el mañana borrara las dudas y curaran las nuevas penas.

Se durmieron deseando...

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