26 de julio de 2013

¿Por qué? Lo siento. Gracias... Parte 1/2 (versión Drarry)

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.




RATED: M
PAREJA: HARRY POTTER Y DRACO MALFOY
ADVERTENCIAS: SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-. Angustia. Drama. TRAGEDIA. Y MPREG implicado... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.
N/A: Este será un Two Shots. Es una adaptación de mi propio OS llamado de igual manera hecho para el fandom de Twilight hace ya bastante tiempo. No esperen que sea solo un cambio de nombre porque no lo es. He cambiado escenarios, nombres y situaciones para que esté lo más acordé posible al fandom de HP así que espero les guste. De por sí es más largo que el original ya que al editarlo le fui corrigiendo y agregando unas cuantas cosas. Tangan en cuenta que no es para gente que no le guste lo trágico o muy sensibles. Si leen es bajo su responsabilidad y no espero quejas sobre el tema.
A parte de eso solo queda decirles que espero lo disfruten y esperen pronto la segunda parte... (no hagan trampa y no espíen el original ok? =P)

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..:: ¿POR QUÉ? LO SIENTO. GRACIAS ::..

(versión Drarry)

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Todo estaba perdido.

Su vida, su confianza… Su amor.

¿Por qué? Se preguntó con rabia ¿Por qué? Se preguntó resignado. Completamente hastiado de todo ya.

Cansancio. Malestar.

Tristeza. Agobio. Ahogo.

¿Acaso todo este tiempo se había estado engañando a sí mismo? ¿Acaso en verdad se había permitido vivir tan ciegamente en una mentira? Y eso… ¿Lo hacía mejor? ¿Lo hacía peor? No lo sabía ¿Acaso importaba? ¿Siquiera quería saberlo en verdad?

Sólo una pregunta rondaba su mente… ¿Por qué?

Sólo una palabra hacía eco detrás… Draco.

Desearía haber sido especial, desearía poder haber sido más para él, sólo por él ¿Por qué demonios estaba aquí? ¿Para darle pena? ¿Para atarlo? Hubiera querido ser perfecto. Hubiera querido haber sido suficiente. NO LO FUE. Y saberlo le estaba matando.

¿Para qué seguir así? ¿Para qué seguir aquí? ¿Para qué forzar algo ya inexistente? ¿Para qué? ¿Con qué objetivo?

¿Por qué?

Lo vio. Por Merlín ¡él lo vio!

Merlín, lo vio... Y dolió. Parecía tan feliz, tan malditamente feliz, parecía… Completo.

Entonces… ¿Por qué? ¿Porqué le había hecho seguir viviendo en una mentira? ¿Porqué dejarle crear esperanzas vanas y vacías? ¿Porqué demonios le había dejado creer que lo suyo aún tenía futuro? ¿Porqué demonios aún le hacía creer que lo amaba?

Recordó cada hermoso momento desde aquel día en que se conocieron. Apenas unos críos; eso eran simplemente. Todas las peleas. El dolor. La estúpida e infantil rivalidad que luego derivó en algo más, en algo mucho más peligroso que ciertamente no supieron manejar.

Tantas presiones.

Tantas pretensiones.

Tanta desconfianza y tanta desesperación por dejar todo su triste y demasiado oscuro pasado detrás.

Y así y todo… A pesar de todo y todos... Se amaron. Se amaron tanto. Se amaron con una fuerza e intensidad que sorprendió a muchos, por no decir a todos. Se amaron en todas las formas que alguien podría amar a otra persona. No respiraban sin el otro, no vivían sin el otro. Entonces... ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué cambió? ¿Por qué?

Todo fue maravilloso desde el primer momento en el que lograron reencontrarse y comenzar de cero, engañosamente perfecto. Sus lágrimas con él siempre fueron de pura dicha y felicidad, fueron tan felices, eran tan unidos.

Fueron. Eran.

¿Qué pasó? ¿Qué cambió?

¿Quién? ¿Por qué?

La pareja sorprendentemente perfecta. Una graduación con honores. Una fiesta y una escapada.

Una demostración mutua de su amor.

Besos robados, ansiosos.

Caricias prohibidas. Deseadas.

Besos, caricias, amor. Pasión.

Su piel aún se estremecía al recordar aquel momento en el que, con el corazón en la mano, se entregó a él en cuerpo y alma tal como él se entregó a sí mismo. Recordaba con cruel exactitud cómo había cubierto de besos cada rincón de su cuerpo y como sus manos temblorosas recorrían todo recoveco que pudiera alcanzar. Su piel. Su textura. Al igual que las suyas hacían lo propio en esa tan secretamente anhelada piel marfileña que parecía nunca haber sido besada por el sol.

Reconociéndose.

El dolor y el deseo que rasgó su ser al sentirlo ingresar en su cuerpo, rompiendo con aquel movimiento el símbolo de su inocencia. Los besos, el amor. Las miradas, las caricias, los susurros, el placer. Los sonidos. Los gemidos. El vaivén de sus cuerpos dejando su propia marca y huella en el otro. Marcándose.

¿Qué les pasó? ¿Fui su culpa? ¿Fue él?

¿Importaba?

¿Por qué?

Un paso más.

.

El termino de Hogwarts, los viajes, la independencia. La convivencia. Vivir juntos tras pasar su primer año de noviazgo en un lugar con completa falta de absoluta privacidad pareció en su momento lo indicado, lo necesario ¿Lo fue? ¿Realmente lo fue o solo terminó por arruinar todo más pronto que luego? Él no podía evitar revisar cada acto y preguntarse si de haber sido entonces diferente quizás... Las peleas, las reconciliaciones, el cansancio, las frustraciones. Las exigencias en cada aspecto de sus vidas. Propias, ajenas, generales. Aspiraciones, metas, sueños. Realidades.

'¿Cómo nos perdimos?' -se preguntaba casi con desconcierto-. ¿Cuándo? ¿Por qué?

Ya no habían pequeños besos robados tan sólo porque sí. Las risas en privado terminaron disminuyendo hasta desaparecer; ¿Por qué? Su mente trataba de pensar con claridad. Tratando de encontrar el momento exacto en el que todo se había venido abajo. El momento en el que todo había comenzado a morir. No lo había ¿O sí?

Sí, sí había. Había millones de ellos. Pequeños. Diminutos. Casi imperceptibles. Millones de momentos en los que uno o el otro pudo haber dicho o hecho más, en los que uno u otro pudo haber hecho menos. Millones. Sí, millones, así como los trozos ahora rotos que quedaban de su alma y de su ya demasiado desgastado corazón.

Quiso ser tanto para él. Lo quiso ser todo ¿Por qué no bastó? ¿Por qué no pudo ser más? ¿Mejor? ¿Por qué?

Vagaba sin rumbo por toda su casa, "suya", de ambos; mirando cada rincón de ésta y dejando fluir los recuerdos que los acompañaban. Recordando. Matándose a mí mismo un poco más. Dejándose desangrar lentamente.

¿Cuándo fue que se convirtieron en perfectos extraños? ¿Cuándo fue que no lo supo? ¿Porqué no se dio cuenta? ¿Acaso nunca notó que ellos ya prácticamente no se notaban? ¿Cómo pudo haber pasado eso por alto cuando en toda su historia -ya fuera juntos o no- nunca habían podido pasarse por alto? ¿Acaso fue que al tenerse... se perdieron? ¿Porqué nadie se lo dijo? ¿Acaso había señales de ello que no había visto? ¿Acaso se había negado a verlas?

Recordó la boda mientras lentamente se dirigía a las escaleras.

¡Qué hermosa fue! ¡Estaba tan feliz! ¡Era tan feliz! Era. ¿Cuándo había dejado de serlo? ¿Cuándo había dejado de ser ese chico jovial que se sonrojaba y sonreía por todo? ¿Cuándo? ¿Quién era ahora? No podía encontrarse ¿Ya no era él? ¿Quién era entonces?

La alcoba. La cama deshecha. Entró y se quedó apoyado suavemente contra la pared mirando esa cama. Esa cama... la cama que había visto tanto de ellos. Esa cama donde buscaron su futuro, esa cama donde se declararon su eterno amor, esa cama que vio la magnitud de su pasión… Y su hielo.

¿Por qué no lo había visto? ¿Cómo pudo querer ser tan ciego?

Caminó con entera parsimonia alrededor de ella sin dejar de mirarla en ningún momento, y sonrió. Una sonrisa rota. No importaba. Estaba hueco ahora. Ya no sentía nada. Ya no había dolor, amor, nada de nada. Estaba en la nada. Quebrado. Estaba muerto.

¿Por qué? ¿Quién me mató? ¿Fui yo? ¿Fue él? -pensaba entonces casi con desesperación mientras apretaba las mantas entre sus dedos- ¿Importaba?

No, ya nada importaba.

Irónico. Sí, era completamente ridículo, absurdo e irónico que hoy hubiese sido el mejor y a la vez el peor día de su existencia… Irónico.

Secretos. Al parecer venían desde hacía tiempo ¿Podía realmente culparlo? ¿Debería? No, él tenía los suyos también ¿Verdad? ¿Bien, mal? ¿Quién podía juzgarlo? ¿Quién en verdad se creía sinceramente con ese derecho?

Se acercó. Tocó las sábanas, las acarició. Nada, no sentía nada.

Lo vio.

Lo vio.

Lo vio. Lo vio. Lo vio. Lo sé ¿Y? ¿Acaso cambiaba en algo el resto? ¿No, verdad? Nada cambiaba, quizás ahora ya sólo no estaría tan ciego a su cruel realidad, nada más, ni nada menos.

¿Mejor o peor?

No importaba.

Giró. Giró sobre sí mismo. Giró y giró hasta marearse. Sintió. Volvió a girar. Giró y giró y siguió haciéndolo, esta vez hasta caer. Se enrolló en sí mismo. Se abrazó. Estaba sintiendo; el dolor regresaba. Bien. Le daba la bienvenida, le recordaba que seguía vivo y lo que ahora sabía tenía que hacer.

Recordaba.

Recordó mi felicidad y mi ansiedad por darle la noticia. Recordó mi prisa y mi sonrisa.

Recordó los gemidos que provenían de detrás de la puerta que se suponía debía cruzar.

Recordó . Recordó todo. Recordó los gemidos, el olor, las palabras. Recordó bloquearme para no sentir nada tal y como había aprendido hacía mucho cuando lo sentía distante de mí. Cuando comenzaba a sentir su abandono. Sí, recordó todo; el cómo abrí la puerta apenas para ver lo que ya mi mente sabía y esperaba ver. Él. Siempre él. Él y la mujer que tenía encerrada entre sus hermosas y largas piernas torneadas, tirada de espaldas a él sobre su inmaculado escritorio. Él y aquella que desde hace años decía ser su 'amiga'. Vio todo, y esperó, esperó por algo que nunca llegó. Quería que lo viera pero, ¿Qué buscaba con eso? No lo sabía. Pero ni siquiera eso tuvo.

Se quedó allí. Parado. Congelado. Los brazos rodeándolo lo más fuertemente que podía, al punto en el que sintió como sus propias uñas se le clavaban en las costillas.

Por dentro se sintió gritar. Gritar y gritar una y otra vez.

Por fuera. Por fuera sólo era un hombre más mirando a su marido teniendo sexo. NO, haciéndole el amor a su 'amiga, su siempre eterna 'amiga', de la forma en que ya no se lo hacía a él desde hacía ya demasiado tiempo.

Los vio llegar a la cúspide y como ella gritaba arqueando su espalda, extendiendo sus dorados cabellos al dejarse caer sobre el escritorio en el cual ya no había nada. Nada. Todo lo habían volado en su faena. Observó en particular aquel marco de foto tirado sin cuidado en el piso, y su foto en cuestión. La foto de él sonriendo abrazándolo desde detrás el día de su boda, observó la cara de amor y felicidad de ambos y como el cristal roto les hacía lucir ahora deformes, horrorosos. Qué reflejo cruel de la propia realidad.

Observó en silencio.

Él terminó con un pequeño gruñido de placer, uno que él siempre había amado escuchar cuando era él quien lo provocaba pero que en esos momentos lo único que le provocaron fueron unas tremendas arcadas, y se desplomó ya sin fuerzas sobre la espalda de ella.

Aún en la distancia, pude ser capaz de ver cómo le acariciaba con infinita suavidad los cabellos y cómo iba dejando suaves besos por su espalda ligeramente sudada. Salió de ella y le dio la vuelta, ella tan solo se dejó hacer. Y la besó… Y él lo reconoció. Aquél era el Draco del que se había enamorado. Aquella era su mirada, mirada que antaño iba dirigida a él… Y ahora. Él era el hermoso rubio del cual se había enamorado tan perdidamente, no la marioneta apagada en la que se había convertido a su lado con el transcurso del tiempo.

—Mmm… te amo Drake —dijo la rubia.

Él solo la miró y la volvió a besar… Y todo volvió a comenzar.

Y sí. Se quedó allí. Se quedó embelesado viendo nuevamente su amarga función.

No supo realmente cuánto tiempo pasó. No supo cómo o cuando salió de allí. No supo nada más hasta que, milagrosamente, se vio en la puerta de su casa. "SU" casa. De ambos. Puso la mano sobre la puerta externa que muy pocas veces usaba y solo entró sin siquiera ocurrírsele poner las típicas y usuales protecciones. Dejó el abrigo y la bolsa que había comprado con lo que planeaba darle la noticia y la prueba innegable de la misma en manos de uno de los elfos con instrucciones de solo tirarlo a la basura y de que por ningún motivo le molestaran hasta el día siguiente antes de girarse para subir al cuarto.

Un sonido del clásico ulular de una lechuza le detuvo. Una lechuza que portaba una carta mensaje que estaba seguro iba a odiar.

No se equivocó.

'¿Harry? ¿Estás en la casa? Espero que sí... Bueno, llamé a tu trabajo por fire-call pero no contestas y tampoco en la casa así que espero esto te llegue donde estés. Era para avisarte que llegaré tarde. Tengo mucho trabajo, no me esperes ¿De acuerdo? Adiós.'

Miró. Se quedó obnubilado mirando aquel pequeño pergamino que terminaba de hundir su condena. Aquel pequeño pedazo de papel que sin saberlo transportaba una demasiado grande red de mentiras.

Ya no importaba se dijo.

¿Debía decirle? Sí ¿No? Sí. A fin de cuentas…

Se levantó del piso en donde había quedado tirado recordando y fue lentamente hasta la cómoda mirando fugazmente las fotos que había sobre ella.

Fotos que contaban una historia. SU historia.

Tomó un papel de cartas de los que siempre usaba para escribirle a sus amigos... amigos que ahora lamentaba haber terminado alejando, y una pluma. Y comenzó a escribir en el mismo momento en el que sentía como el dolor en su abdomen se hacía más y más fuerte cada vez.

Ahora sentía. Y segundos después sintió con tristeza infinita como corría por sus piernas algo caliente que seguía su curso sin prisa y sin pausas descendentemente.

Terminó y dejó la pluma en su lugar, parándose ahora con cuidado en su lugar.

Colocó el papel justo en el medio de la cama y junto a ella dejó esos dos anillos, las dos alianzas que tanto habían significado en su vida y que ahora le dejaban una horrible sensación de completo vacío. Las miró.

'Cuan hueco y material era todo al fin y al cabo'.

Girando se encaminó hacia el baño.

Se mojó la cara, y luego el cuello y el cabello. Se sintió tan bien que decidió darse un baño.

No tardaría.

Abrió las canillas para ir llenando la gran bañera en las que tantas veces se habían fundido en uno y colocó el tapón para que el agua no se fuera. Muy despacio comenzando a quitarse el traje con el que había ido a la muy esperada consulta. La camisa. Los pantalones. Bóxer, medias y zapatos. Tuvo especial cuidado para sacarse las medias y la ropa interior ya que estaban comenzando a secarse y pegarse en algunas partes. Por unos cuantos eternos segundos se había quedado parado mirando sus manos ahora teñidas de rojo.

Pronto.

Abrió el botiquín del baño detrás del espejo parlante al que solo calló con un rápido hechizo silenciador, y sacó el pequeño frasquito que le había mantenido vivo durante tantos años ya. Las contó, veinticinco Alplax; 'bien, eso estaba bien'… tomó el otro, cinco antidepresivos, 'bien también'. Todas pastillas muggles que había sido muy cuidadoso en ocultar durante mucho tiempo. Nadie podía saber de ellas o dejarían de darle sus preciadas pociones. Pociones que le ayudaban como nunca hubiera creído posible.

También sacó éstas y las apiló. Las usaría para bajar las pastillas.

El dolor en el bajo vientre se estaba acentuando.

'Pronto amor, pronto'.

Llenó un vaso con agua por las dudas y comenzó a tomar de a dos. No quería tardar demasiado, después de todo, "Él" le esperaba. 'Bien, mejor'. Terminó con todas y se fue a la tina ahora llena y rebosante de hermosas burbujas cristalinas y aroma a rosas rojas y lirios blancos que inevitablemente le trajeron tranquilidad.

'Aaaahhh… Qué placer'.

El agua tibia le hacía maravillas a su ya lánguido cuerpo. Era tan relajante. Paz. Comenzó a sentir paz.

'Lo había anhelado tanto' -pensó con nostalgia- '¡Y miren! Estaría con él antes de lo esperado'.

Más de dos años deseándolo, ansiándolo, soñando con él, aunque nunca imaginara que fuera por este método, y ahora... bien, al fin aquí estaba. En él...

El sanador le había dicho que debía cuidarse mucho ya que el embarazo era considerado de alto riesgo por ser un gestante masculino, otra cosa más en las que había terminado siendo un fenómeno pero, extrañamente, una con las que había estado más contento de tener. Un embarazo que era sumamente extraño pero no imposible en el maravilloso mundo de la magia pero que así y todo no dejaba de tener sus riesgos ya que al parecer cualquier cosa podría hacerle perderlo.

Cosa que en esos momentos lamentaba saber cierta.

Según lo que el sanador le había explicado, el 'útero' que se había formado provisionalmente para la dichosa concepción era muy muy débil hasta el cuarto mes y no soportaba bien el peso del feto, lo cual era frecuentemente el causante de un desprendimiento inmediato.

Le explicó que de seguro había quedado varias veces ya porque las probabilidades crecían en base al poder del gestante, pero que, seguramente, al ser tan poco el tiempo de gestación de seguro ni lo habría notado.

Pero el médico no sabía.

Él se iría con él.

Sería un buen padre. Siempre había soñado con tener una gran familia a quienes cuidar. A quienes amar. Y no... No dejaría solo a su pequeño, no, no lo haría. Lo amaba, en verdad lo amaba. Lo había amado desde mucho antes de saber de él. Era una sensación francamente indescriptible. Él debía cuidarlo, de todo. De todos; Y lo haría. Y el papá, a pesar de todo, estaba seguro de que lo amaría también si pudiera, pero era él quien debía vigilarlo y cuidarlo ahora.

Siete semanas, sólo eso tenía y era como ya se sabía, de alto riesgo. Muy alto riesgo ¿Y qué en la vida no lo era? ¿Qué cosa en su vida no lo había sido en su momento?

Ya no podría tomar esas mágicas pociones y pastillitas que tanto le habían ayudado tras la guerra para vivir con su tristeza, con su incomprensión… Y luego a lidiar con su abandono. No culpaba a nadie, realmente no lo hacía... Simplemente... fue lo que debía ser.

Se hundía, sentía que se hundía pero su cuerpo estaba pesado y ya no respondía. Cerró los ojos. Caía, caída libre, estaba cayendo libremente. Sus brazos y piernas estaban terriblemente pesados pero por lo menos había ya dejado de sentir ese molesto dolor en el abdomen.

Él se había ido ya.

Espérame!' -quiso gritar.

Ya no pudo.

No importaba.

Ya nada importaba.

Se iba. Lo sentía. Lo veía.

Oscuridad.

Paz. Caída.

Adiós.


Bieeeeenn... esta es la primera parte y espero subir pronto la segunda ok?... Espero les haya gustado y no hayan sufrido mucho... solo un poquito =P

Nos leemos pronto.

Besos y cuídense.

*Guada*

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