28 de octubre de 2014

Sumiso por TI... capítulo 7 -Harpius-

DISCLAIMER
Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.



RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/SCORPIUS MALFOY... menciones leves de Harry/otros.
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-. Escenas de sexo explícito. Mención leve de ingesta de sustancias (en este cap). Relación con gran diferencia de edad. Relación Dom/sub en su mayor parte. Mención de poses, juguetes, reglas y castigos acorde al estilo BDSM. Y, creo que eso cubre todo así que, si hay algo de todo esto que NO te guste quedas advertido.




Capítulo 7

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—No tiene absolutamente nada que agradecerme, señor —dijo el joven rubio. La sumisión y complacencia en su voz cada vez más y más evidente. Haciéndose ver como si en verdad él hubiese nacido para ello. Tal vez así fuera.

—Sí, sí tengo qué, Scorp porque, aunque quizás tú no lo entiendas así, lo que me estás ofreciendo tan libremente y de buen grado, y de tan semejante fragante manera es un regalo. Un exquisito, delicioso y muy, muy raro regalo. Un tesoro para, y sobre todo, alguien como yo —contestó el mayor al escuchar la inmediata pero esta vez no necesaria respuesta del menor—. Ahora bien, quisiera ser yo quien te brindara algo a ti por tu enorme complacencia hacia mi persona. Dime Scorp, ésta será tu primera vez, ¿cierto? —el joven ante él asintió, mirándole con el bochorno escrito por todo aquel delicado e inmaculado rostro. A fin de cuentas, él era uno de los muy pocos varones de ya diecisiete años que aún seguía siendo virgen y el único entre ellos que lo era por libre elección. Era vergonzoso, por decir lo menos—. Y, solo para asegurarme; piensa por favor un minuto al respecto y responde luego porque esto es definitivo y decisivo, para ambos.
No crees que, por ser tu primera vez, te convenga, quieras o desees experimentar algo más, ¿normal? ¿Convencional? No, escucha primero —le atajó cuando vio que el joven estaba a punto de objetar, algo que como sumiso no iba a hacer más, jamás—. Quiero decir, en caso de que necesites un tiempo antes, ver si conoces a alguien... intentar... Y luego, si aún quieres y deseas, podríamos volver a hablar seriamente de esto. Scorpius, sé que me deseas, pero ésta no es una vida a la que uno entra solo así como así. Me halaga tu disposición, pero sé de primera mano cuán diferente es el sexo de un dom y un sub a el de una relación equitativa, romántica y convencional -dentro de los parámetros generales de la sociedad-. Mira, no voy a repetir todos mis recelos anteriores, he decidido darte una oportunidad pero a la vez te estoy ofreciendo un tiempo en medio para que quizás te decidas a experimentar antes de decidir. Y esta será la primera y única vez que lo haga, luego ya no habrá más concesiones, no mientras estemos ligados a un contrato, claro.

—Usted, señor. Lo quiero a usted. Por favor —dijo Scorp contestando lo que su señor decía y a la vez, dándose cuenta además de que él parecía estar cayendo en aquel papel de manera mucho más fácil y rápida, e incluso profunda de lo que él mismo hubiera esperado de sí. Y por Merlín, que él quería aquello. Más que nada. Queriendo por sobre todas las cosas que el hombre ante él entendiera que esto ya era algo que estaba más allá de él. Que no solo lo deseaba con locura sino que sentía plena necesidad de él, de ser suyo, completa y exclusivamente para él. Quería ser suyo, allí mismo, en ese preciso instante—. Yo... señor, ne... necesito... —encontró que sus labios temblaban y que su nuca se humedecía rápidamente de sudor. Perfiló su lengua para mojar sus labios resecos y temblorosos con aquella tibia y húmeda lengua suya, viendo con entero deleite como aquel hombre que hubo protagonizado sus sueños y fantasías desde sus primeros deseos, le miraba hacer aquello mientras su mandíbula se contraía ligeramente, algo que solo notó por el hecho de que él estaba definitivamente embobado con esa boca que por tanto había anhelado. Con solo la vista de eso, él se decidió a insistir un poco más. Su naturaleza de crianza de obtener lo que quisiera, luchando férreamente como nunca antes con el prospecto de estar rendido a los deseos de alguien más. Batallando no solo contra el hombre que deseaba pero que de pronto tan moral se mostraba sino también y además con lo más arraigado de su propio ser—. Señor, lo necesito. A usted. Tanto. No tiene idea de cuanto. Necesito sentirme suyo y sentirlo mío aunque no más fuera por una vez.
Créame que lo he pensado bien. Lo he pensado mucho, muchas veces, en momentos diferentes y de maneras diferentes, tratando de sopesarlo todo y siempre he llegado a la misma conclusión, no quiero a otro. Sé cómo puede sonar y no, no es por capricho. Nada más lejos de eso ya. No es terquedad. Ni siquiera es por falta de opciones. No, yo, quiero esto. Lo quiero a usted, a mi lado, sobre mí. En mí. Quiero sentirlo reclamándome —dijo ahora nervioso mirando hacia el suelo—. Sé que, quizás, pueda molestarle de alguna manera el tema de mi inexperiencia y que bien podría aburrirse de mí por el solo hecho de no tener ni la más remota idea de qué debería de hacer pero, por favor. Aprenderé. Lo sé. Sé que puedo ser capaz de complacerle, que puedo aprender a hacerlo, solo...

Por más que por fuera y por como hubo sido criado él supiera tener una alta autoestima; una parte de él, una GRAN parte de él, tenía serias dudas respecto a aquello. Su inseguridad pasando no solo por por su clara inexperiencia personal, sino también por saber cuánta de esta misma tuvieron las bastas anteriores parejas de su señor.

Su preocupación obvia podía leerse fácilmente en su rostro. La eterna y habitual máscara Malfoy completamente olvidada y anulada frente a él porque, ¿qué sumiso tendría máscaras, sean cuales fueran, frente a su señor?

—Scorpius. Scorp, mírame. No creo poder aburrirme nunca de ti, jamás. No sé de dónde has sacado estos pensamientos pero te pido por favor que lo dejes ir. No quiero que pienses ni por un segundo que podría molestarme o incluso decepcionarme de ti o de tus 'inexperiencias'.
Eso nos pasa a todos en algún momento y, como te he dicho antes, me siento agradecido y muy halagado de que de hecho quieras regalarme el honor de enseñarte sobre los placeres de la carne, de mostrarte el deleite de, no solo las artes amatorias sino además del abandono que representa ser un sumiso, más aún uno mío; junto con la perversión de mi dominación sobre ti.
El punto de lo que dije era el poder ofrecerte la opción de que quizás por ser tu primera vez decidieras tomártela con calma, que tuvieras un sexo tranquilo, algo más convencional, podría decirse; quizás hasta amoroso. Aunque debo reconocer que me enferma el solo admitirlo, la sola idea de ello me repugna, pero... a ver, debes entender que dentro de mí luchan distintos deseos, tan opuestos... me sentí cómo mínimo con el deber de ofrecerte eso, debía hacerlo.
Tú dices que el ser virgen te resulta como solo una molestia y una traba pero es un hecho que todo el mundo recuerda su primera vez y sé también que muchas veces, de ella depende la aceptación o el rechazo de la plenitud de tu futura vida sexual.
Y Scorp, quiero que tengas algo muy presente. Tú YA me complaces. Tú sumisión me complace. Me enorgullece. Me calienta.
Me hace querer atar tus pulcras manos y darme un festín tan solo mirándote. Me hace querer, quiero colgarte con tus manos en alto, desgarrar con lentitud tus ropas y atormentar tu piel hasta que el más ligero roce te haga gritar de placer.
Quiero que grites hasta que me ruegues que me entierre en ti, hasta que el vello de mi sexo roce el de las tuyas. Aquí. Ahora. Duro. Rápido. Crudo. Quiero hacerte tantas cosas que me cuesta incluso decidirme por cuál debiera comenzar.
Me hace querer follarte como un loco hasta dejarte gimiendo de dolor y sin el menor sentido de nada más que no fuera yo. Yo y mi polla clavada en ti. Entrando hasta tus entrañas y haciéndote rogar por ello y por más. Siempre por más hasta hacerte insaciable de mí.

Los ojos de Harry quemaban como llama de fuego verde. Cada palabra avivando las brasas y llamas de su mutuo deseo. Él no lo entendía, ¿cómo era siquiera posible que aquel tan hermoso joven llegara a dudar así de sí mismo siendo quién y cómo era?

Podía verlo, incluso olerlo. Las palabras antes dichas haciendo reaccionar su cuerpo sin que pudiera contenerse. Su respiración agitada acrecentando su sudor. El olor a excitación comenzando a llenar el aire. La tensión sexual justa y lista para atacar.

Tan joven. Tan hermoso -pensaba Harry extasiado-. Tan corrompible.

Esos suaves jadeos que luchaba por contener eran música para sus oídos. Tan dulces e inocentes, para nada comparables con los cientos, miles de gemidos, jadeos, y gritos que él mismo había ayudado a crear. Eran una sinfonía que nunca quería dejar de escuchar. No lo haría.

—Há-hágalo. Por favor, mi señor. Hágalo, solo, hágame suyo... yo quiero... por favor.

Y Scorp no dijo ya más... no pudo.

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