28 de octubre de 2011

El prob... Cap2


**NOTA IMPORTANTE: ESTA HISTORIA TENDRÁ UN ALTO CONTENIDO SEXUAL, ASÍ QUE SI ERES MENOR O NO TE GUSTA LO FUERTE ¡¡NO LEAS!! (Sólo apto para gente con mentalidad abierta).*
--------------------------Este fic tendrá MENNAGE hetero- bi y homosexual.---------------------------------

 “YO SOY EDWARD”

*E. POV.:

-Bueno me voy. Nos vemos en la noche ¿Vale?
-Ajá- ronroneó aun disfrutando de su sueño. Sonreí.
No estaba muy seguro de estar haciendo lo correcto, pero sabía lo que quería y haría e intentaría lo que fuera para conseguirlo. Caminé hacia la puerta de entrada, tomé mi saco y las llaves del auto y salí.
Había conseguido el número y la dirección de la cartilla de mi cobertura médica. Iba a probar suerte y si no me convencía ninguno vería a ver si iba a alguno particular. Volviendo al tema, en la cartilla había tres opciones, dos hombres y una mujer. Decidí probar suerte primero con la mujer ya que, reconozcámoslo, la mayoría de las veces eran de mente más abierta y como el “problema” en cuestión estaba directamente relacionado con su género…
Decidido. Subí a mi coche y me encaminé hacia la dirección que había anotado ayer por la tarde. Podría haber pedido un turno por teléfono pero… quería ver si me sentía cómodo en aquel lugar y de paso ver si podía echarle un vistazo a la doctora, sólo para ver si inspiraba confianza, claro.
Tuve suerte con lo primero, así no con lo segundo. Ni bien entré al edificio anuncié al conserje que iría a pedir un turno con la doctora del piso dieciséis- seguro la conocía porque accedió deprisa. Una vez que llegué al departamento que usaba de consultorio pude observar una gran cantidad de diplomas colgados en las paredes, tanto de la carrera como de diversos cursos relacionados. Todos ellos estaban inteligentemente intercalados con distintos tipos de pinturas abstractas, muy poco típicas y llamativas por cierto. Me acerqué al escritorio y vi a una chica bastante linda marcar por teléfono para luego colgar en cuanto me vio.
-Buenos días ¿Tiene cita?- preguntó sonriente.
-Buen día. No, no tengo- ella frunció el ceño- La verdad vine en persona para saber si podía conseguir algún turno para el día de hoy- me vio raro por lo que me apuré a agregar-. Sucede que trabajo durante todo el día y me cuesta organizar cosas a largo plazo.- bien eso no era mentira.
La chica asintió en señal de comprensión.
-Lo entiendo pero… mmm… lo lamento pero la doctora tiene hoy bastante lleno todo. Lo más próximo que tengo es para dentro de unas dos semanas- dijo mirando fijamente la pantalla del ordenador.
-Eh ¿No pueden ser al menos quince minutos en algún hueco entre citas? ¿Cómo un sobre turno o algo así?- dije casi imploré bastante decepcionado de no salirme con la mía. Sí era un caprichoso ¿Y qué?
-Lo lamento pero la doctora no hace ese tipo de cosas. No le gusta presionar y apurar a sus pacientes con su tiempo.
Mmm… interesante. Sí, definitivamente quería una cita con “esta” doctora.
-Por favor, de verdad lo necesito con urgencia- dije mostrándole mi característica sonrisa de lado que tantas veces me habían dicho que podría obrar milagros.
Al parecer era cierto.
-Eeeeehhhh… De… De acuerdo, pero por favor no le diga nada de esto a la doctora- me dijo un tanto apenada.
-No, te aseguro que no diré nada.
-Bien- observó la pantalla y dijo- ¿Podría ser el último turno? ¿A las 18:30? La doctora  suele irse sobre las 7 así que no tendrá su hora completa como suele hacer con las primeras veces pero…
-No hay problema- la interrumpí- en todo caso le diré que fui yo quien solicitó un turno corto por falta de tiempo o algo así- volví a sonreír.
-De acuerdo. Estese aquí un poco antes a la doctora no le gusta esperar. Y antes de irse debe llenar esta ficha con sus datos por favor.
-Seguro.
Tomé la ficha que me tendía y la birome y me encaminé a uno de los sillones que había a un lado. Recargué un tobillo sobre la rodilla para poder escribir sobre algo firme y comencé a rellenar todo lo que pedía.
Nombre; Apellido; Edad; Número de teléfono; Enfermedades sexuales; ¿Cuáles?; Tratamiento; Si tenía pareja; métodos anticonceptivos; y motivo de la consulta.
Contesté todo menos lo último, eso quería hablarlo personalmente.
Me levanté al mismo tiempo que veía entrar a una señora de mediana edad por la puerta.
No sé por qué pero no me gustó nada pensar que ella era la doctora en cuestión.
-¿Ya está la ficha señor?
-Sí, aquí está.
-Bien, señor… Cullen- dijo mirando mi apellido en la ficha ya que no me lo había preguntado antes- No ha rellanado lo último.
-No. Es que preferiría hablarlo personalmente con la doctora.
-De acuerdo- dijo, aunque no parecía muy convencida-. Entonces nos vemos en la próxima consulta- yo enarqué una ceja porque no entendí- Sí, yo me retiro siempre a las 6 así que no lo veré hasta la próxima.
-Ah- fue todo lo que pude decir-, bien, adiós entonces.
-Adiós.
Caminé a paso lento hacia la puerta y no pude evitar sonreír cuando escuché:
-Oh… Buen día señora Darcy, tome asiento por favor, la doctora aun no llega.
Aliviado- no pregunten por qué- subí al elevador y sumergí profundamente en mis pensamientos ¿Estaré haciendo bien? ¿Y en que podrá ayudarme realmente? No es como si fuera maga ¿No? ¿Entenderá la situación? ¿Cómo se lo explico?
Estaba tan metido en mis cosas que apenas noté que el elevador había abierto ya sus puertas. Me encaminé distraído hacia ellas para salir cuando choqué de frente con una mujer.
Fue sólo un golpe, pero mandó directamente una descarga de corriente eléctrica a cada nervio de mi cuerpo. Fue… extraño. De todas formas no tuve ni tiempo de reacción ya que ella me pasó de largo entrando al ascensor con la cabeza prácticamente metida dentro de su bolsa en clara búsqueda de algo murmurando un fugaz:
-Lo siento.
-No es nada- contesté automáticamente, aunque dudo que lo escuchara ya que en ese momento las puertas estaban a mitad de cerrarse.
De vuelta en mi coche puse en mi reproductor algo de música clásica. Mi favorita era “Claro de luna” de Debussy, pero en esta ocasión sonaba la versión de Beethoven.
Conduje hacia mi oficina y cuando al fin llegué me sumergí como siempre en los diversos problemas laborales.
Debía de terminar de ojear y firmar varios contratos, revisar proyectos y planos, armar grupos de obras y otro millón y medio de cosas más. Pasé toda la mañana enfrascado en todo eso pero, extrañamente, me sentía inquieto. Algo bastante poco usual en mí.
Al mediodía decidí parar unos minutos.
Había pedido a Ángela, mi secretaria, si podía traerme un sándwich de lomo de “Il bone Piacere”, uno de mis almuerzos favoritos cuando no podía salir. Lo comí con ganas ya que no había desayunado nada más que un triste y solitario café y descanse quince minutos.
Decidí mandarle un mensaje para ver como se había levantado.
-Hola amor ¿Cómo estás? ¿Lograste levantarte a tiempo?
-Hola. Bien y no. me dormí y tuve que correr ¿Y tú?
-Lleno de trabajo. No sé porque insistes en ver películas hasta tan tarde los días de semana.
-Sí, ya mamá ¿Vienes tarde a casa?
-Sí, yo calculo que sobre las ocho.
-Uy ¿Tan tarde?
-Sí, como te dije estoy hasta arriba de papeles.
-De acuerdo. Igual te espero para cenar, llevo comida.
-Muy bien, nos vemos luego. TK.
-Yo también. Nos vemos.
Luego de ese breve intercambio de mensajes me sentí un poco culpable. No me gustaba mentirle, es más nunca lo hacía, pero esta vez… esta vez tiene que ser así, lo presiento.
El tiempo el resto de la tarde pasó literalmente volando y cuando me quise dar cuenta ya eran las 6 de la tarde.
¡Mierda!- dije antes de tomar mis cosas apurado y salir volando de allí.
Tomé mi saco y el maletín del perchero al lado de la puerta y corrí al elevador. No había nadie.
Todo el mundo ya se habría retirado a las 5 que era el horario del final de la jornada.
Una vez que llegué al estacionamiento corrí al auto para luego manejar como un loco hasta el edificio de la consulta. El conserje me dio paso en cuanto le dije mi apellido ya que Jane, la chica que me atendió hoy al parecer, le había avisado de mi llegada.
¡Carajo! Recordé muy bien su advertencia sobre no llegar tarde. Y además no era una muy buena primera impresión. Nunca me gusto la impuntualidad y yo no solía ser una de esas personas.
Para mi mala suerte eran dieciséis pisos y el elevador recién llegaba al catorce, faltaba bajar y subir otra vez. 
¡Arg! Estaba ansioso y no sabía por qué.
Bueno, al parecer mi suerte no me abandonó del todo. Llegué a las 6: 26, sobre la hora pero a tiempo. Toqué el timbre y el sonido de chicharra en la puerta me advirtió que empujara para pasar. Antes siquiera de que pudiera cerrarla escuché una voz sumamente sensual, una ronca de cansancio pero feliz de alivio, tan atrayente como una sirena.
Me encaminé hacia el interior de la habitación de dónde provenía aquella voz y me quedé totalmente estático en el marco de esta.
No era para nada lo que hubiera esperado, ni lo que había llegado a imaginar en una doctora de esa área.
No era la típica vieja exageradamente maquillada y medio regordeta con unos feos y gruesos lentes. No.
Esta era una ninfa.
Era una de esas pocas mujeres que de haber llevado una toga de estilo romano hubiera logrado eclipsar a más de una diosa griega.
-Adelante, tome asiento en el diván por favor. En un minuto estaré con usted- dijo sin levantar todavía la vista de los papeles que estaba revisando y en los que de vez en cuando anotaba algo.
Como en un trance me dirigí obedientemente al sillón señalado y me senté medio tieso en él.
Luego de un minuto exacto ella se levantó y se encaminó a la silla que se encontraba enfrente de mí y tomó asiento. Todavía no me había visto y lo sé porque yo por el contrario no podía despegar la mirada de ella.
-Bien- tomo un papel que supuse era mi ficha- Señor Cullen ¿Verdad?
-Sí- contesté automáticamente.
-De acuerdo.
Levantó la cabeza y me miró fijo… y como un acto reflejo yo sólo pude contener la respiración.
Nos habremos mirado unos treinta segundos- que para mí parecieron horas- antes de que ella bajara la vista y sacudiera su cabeza como para despejarse de algo. Luego volvió a mirar la hoja en sus manos que noté que se movía casi imperceptiblemente. Casi. Y la vi fruncir el ceño.
-Ejem- tosió- Bien ¿Es su primera vez?- Directa. Ah, no cierto.
-Sí es mi primera consulta.
-Veamos, ¿Aquí no pone el motivo de la misma?
-Bueno, es que en realidad yo preferiría hablarlo directamente.
-Muy bien. Platíqueme de lo que le ocurre- dijo mientras volvía a mirarme y de paso se cruzaba de piernas.
¡Santa mierda! ¿Cómo se supone que le iba a hablar si no podía despegar la mirada de esas largas, esbeltas y magníficas piernas? Estaba mudo.
-¿Señor Cullen?- ¿Qué rayos me pasaba?
-¿Señor Cullen?-dijo un poco más fuerte.
-¿Sí?- respondí al fin despegando la vista. Ella al parecer ni lo notó.
-¿Podría hablarme de su problema?
-Eh… Sí, verá… Bueno, yo estoy en pareja desde hace ya bastante pero…
Hice una pausa incómoda ¿Y desde cuándo a mí me cuesta hablar? ¿Por qué justo ahora?
-Lo lamento, no sé qué me pasa…- me excusé.
-No se haga usted problema. ¿Por qué no respira hondo y comienza desde el principio?- vaya. Amable.
-De acuerdo- dije después de respirar hondo dos veces-. Como dije estoy hace bastante en pareja. Se llama Jacob- sorpresa, sí supongo que siempre va a sorprender, pensé para mí-  y bien, estoy muy bien con él, pero… siento que me falta algo.
-¿Duda de su sexualidad?- preguntó.
-No, verá, estoy seguro de ser bisexual. He estado con mujeres antes de él, de hecho él es mi primer pareja hombre y sólo he estado con él desde entonces.
-Bien ¿Entonces el problema radica en que usted se siente incompleto?
Eso me descolocó.
¿Yo me sentía así? La respuesta era obvia. Sí, me sentía condenadamente incompleto ¿Pero por qué?
-Sí. Aunque debo de reconocer que de eso me acabo de dar cuenta y no logro ubicar el por qué- confesé sinceramente.
-Es probable que se deba al hecho de que su cuerpo de alguna forma extraña el estar con una mujer, eso es algo normal.
-¿De verdad?- pregunté asombrado.
Me agradó que me lo confirmara como algo lógico porque lo cierto era que en algún punto sí lo extrañaba. La sensación… sí, lo extrañaba.
-Sí, de verdad- hizo una pausa- ¿Hay algo más?
-Este… Bueno, sí. Yo, he estado pensando y… Bueno tanto mi pareja como yo somos bisexuales y no homosexuales definidos, pero nos hemos mantenido fieles a nosotros, durante todo este tiempo yo… verá, yo quería saber cómo sería si decidiéramos integrar a una mujer a nuestras vidas.
Vi que primero se asombró y luego se recompuso endureciendo la mirada.
-Señor Cullen, creo que esa es una pregunta que debería de hacerle a su pareja no a mí.
-¿Pero cómo se lo planteó?- vale, lo sé. Parecía un niñito idiota hasta yo lo noté.
Ella se limitó a mirarme como evaluando mis facultades mentales, que debo reconocer que ese momento estaban brillando por su ausencia, meditó su respuesta y dijo muy seria:
-Bueno, primero que nada debería de ir y decirle a su pareja como se ha estado sintiendo de manera que no lo hiera. Luego podría escuchar que es lo que opina él de todo esto y ver juntos la mejor solución.
-Sí pero… Lo que pasa es que todo esto surgió de que yo quiero tener hijos y… al margen de si una mujer pudiera vivir con nosotros como pareja o una temporada, ninguna querría una vida así para siempre. A lo que voy es ¿Sería mejor un alquiler de vientre? ¿La adopción? O buscar…
-Mire señor- le interrumpió- creo definitivamente que este no es un tema para hablarlo conmigo. Y estoy aquí para ayudar a arreglar las disfunciones sexuales de una persona o pareja, no para aconsejar sobre cómo deberían de tener a un bebé.
-Lo lamento- dije medio asombrado del tono glacial con el que me hablaba.
-Mi único consejo “extra” profesional es que  hable con su pareja y le plantee todo lo que está pensando y sintiendo. Mientras él no sepa todo esto no podrán hacer nada al respecto para llegar a un acuerdo.
-Sí, claro- susurré.
-Muy bien- dijo.
Se paró dirigiéndose al escritorio para tomar unos cuantos papeles y ponerlos dentro de una bolsa. Tomó su cartera y metió dentro algunos efectos personales que estaban allí arriba y fue hacia la puerta. Cuando llegó allí se giró y dijo:
-¿Señor?- una más que clara invitación a retirarme.
-Sí, claro. Lo lamento. Buenas noches.
Salí de la oficina y del departamento. Caminé por el pasillo hasta el ascensor y para cuando legaba ella ya estaba al lado mío esperándolo a mi lado. Bajamos en un silencio sepulcral e incómodo. Salimos juntos y seguimos juntos- vaya ironía, no nos podíamos alejar- hasta el estacionamiento, cada uno a su coche.
Al fin- pensé.
Ella fue la primera en llegar al suyo. Ni bien entró arrancó pero antes de avanzar vi que tiró algo por la ventanilla de su auto.
Observé todo disimuladamente desde dentro de mi volvo. Por fin salió con un chirrido de ruedas hacia la salida y la perdí de vista.
Solté un suspiro.
No podía creer la forma en que me comporté delante de ella. De verdad que tenía razones de sobra para pensar que era un verdadero idiota. No podía creer que mi trato con las mujeres se hubiera deteriorado tanto. Aunque bien sabía que no era así. Sin ir más lejos hoy estuve lo más simpático con Jane, su secretaria.
Era ella. Ella me ponía idiota. La cantidad de idioteces que decía… ¡No podía parar! ¡Tuve una verborrea crónica de estupideces!
Medio sonreí en la soledad de mi coche antes de arrancarlo y encararme hacia la salida.
Antes de salir no pude evitar echar un vistazo hacia el lugar donde había estado su auto. En el piso tirado había un gran ramo de rosas rojas de aparentemente unas dos docenas. Sí era un gran ramo. Lo extraño fue que al mirar mejor noté que todas las flores estaban marchitas.
Qué raro- pensé.
Luego me fui. Tenía mucho para pensar.

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