2 de octubre de 2013

EL INFIERNO TRAS SU MIRADA... CAPÍTULO 16

DISCLAIMER
Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.


AVISOS PREVIOS: Escenas explícitas de; Violencia, violación, lenguaje adulto, perversión, maltratos… y derivados.

N/A: Este fic será oscuro y verdaderamente crudo. Para mí es simplemente es una historia más de las que rondan en mi cabeza, pero si a alguien le afecta en mayor medida todo lo anteriormente mencionado le aconsejo que se retire antes de siquiera comenzar. AVISO porque NO quiero RECLAMOS ¿OK?

***

CAPÍTULO 16

***


Dolor.

Rojo.

Sangre carmesí.

Control y sal.

Piel y suavidad.

Dolor.

Una y otra vez.

Un maldito círculo sádico en donde se había perdido otra vez.

Era solo una pequeña suerte que ella ya no esperara algo más.

Pequeña. Tan pequeña.

Así era ahora. Justo en aquellos momentos. Cada vez más y más pequeña aún dentro de su propia mente perturbada y oscura. Sintiéndose solo al filo de soltar lo poco que le quedaba de cordura endeble ya.

Nada porqué vivir. Nada porqué luchar.

Nada de nada.

Y, si no había ya nada más ¿cómo entonces se suponía que le importase cuanto dolor le daban aquellos en realidad?

Olor a sexo. Olor a sal.

Olor a sangre. Olor a poder.

Control. Y ácido. Y sal. Siempre sal.

Y un brillo plateado que vuelve a bajar. Vuelve a cortar. Vuelve a profanar.

Gritos.

Gritos y lamentos lejanos que se escuchan aún allí como si alguien le hablara a través del agua del mar.

Y los gritos crecen cuando la sal los vuelve a tocar.

Loco, ella sabía que el hermano de Cayo tendría que estarlo por el solo hecho de estar relacionado desde lo más profundo con él y su perversidad. Y ya ni lamentaba el no haber estado equivocada una vez más.

Parafilias.

A sus pobres pero ya demasiado experimentados años había conocido tantas. Gritos. Cuero. Mordazas. Golpes. Sumisa. Niña. Mujer.

Hoy le tocó el de la sangre.

El de la sal y el limón.

El del quiebre para sanar y recomenzar.

Y era sabido que esto era algo mucho más allá del solo hecho marcar la piel y dejarla sanar. Representaba mucho, mucho más. Lo sabía. Lo odiaba. Pero la poca consciencia que tenía al respecto le dejaba muy en claro que por más que quisiera no habría nada que hacer al respecto. Luchar era tan en vano...

Esto era una domesticación. El estreno y entreno hacia una nueva mascota, un nuevo juguete. Esto era algo que nunca había pensado vivir... y véase...

Nunca lo había vivido porque Cayo no quería que nadie marcara su preciada mercancía -nadie más que él al menos y tampoco de forma definitiva-, pero sí que lo había visto, lo había escuchado e incluso presenciado cuando tuvo el exquisito privilegio de ser quien limpiara una y otra vez el cuerpo de Jessica, una de las tantas que hubo pasado por aquel burdo lugar de oscuro placer cuando vino Samuel, uno de los tantos amigos importantes de su jefe, solo con el fin de encontrar a alguien con el que jugar. Y la increíble maldición de la pobre joven quien parecía ser la presa favorita de aquel maldito demente pervertido que tanta ansia y felicidad mostraba cuando veía el rostro de la joven palidecer con solo verle otra vez.

Y ella recordaba.

Recordaba demasiado detalladamente todo. Cada corte descuidado en la piel ya opaca y áspera, fruto de su larga mala alimentación y uso y abuso de esas pequeñas ayudas mágicas que a todas les hubo ayudado alguna vez a olvidar. A escapar de sí.

Y ahora se encontraba ahogada en el recuerdo de aquello como observadora extenuada mientras se quedaba encerrada y cada vez más y más pequeña en lo más profundo de su mente sin dignarse a sentir o a relacionar que aquello que tan afanosamente recordaba era solo un reflejo insano de lo que en aquellos turbios momentos estaba ocurriendo en su propia piel.

.

Era una completa tortura de la cual ella lograba mantenerse ajena.

Para bien o para mal... era algo que habría de tener que esperar.

Y esperar fue lo que hizo...

Cuando su piel ardió por completo anunciándole que el juego del que había sido presa finalmente había llegado a su fin. Cuando sus ojos vacíos se llenaron de nuevo con algo que casi parecía vida pero que más bien era simple y llana realización.

Cuando el movimiento de las personas que se hallaban en aquella sombría habitación hizo que su piel sintiera sobre sí una ligera pero extrañamente agradable brisa que aplacaba solo un poco del ardor que no sabía por cuanto habría de perdurar.

Consciencia e inconsciencia luchaban entre sí.

Idas y venidas del refugio de su mente.

Sentirse presa del pánico de que su propio refugio mental siempre fiel se estuviera quebrando presa del dolor; presa del miedo más allá de la razón de lo que de ahora en más sería reducida ante el hombre que la estaba formando para su entero dominio y comando.

Una mascota fiel.

Un juguete servil.

Temblaba.

El dolor demasiado cerca de sus genitales le hizo temblar hasta casi parecer convulsionar.

No importaba que le hubieran dicho antes. No importaba que teóricamente ella debería de haber sabido que todos y cada una de las personas allí reunidas seguirían la orden explícita de no poseerla aún debido a su recuperación. Recuperación que carecía de sentido para ella teniendo en cuenta en cuanto dolor la estaban poniendo solo para su perversa y extraña diversión, vagamente preguntándose de si este trato sería habitual o si solo se trataba de una especie de rito de iniciación.

Pensar en cualquier cosa para intentar evitar hundirse en el dolor y quebrarse sin más rogando un añorado y temido final.

Era joven.

Oh, tan joven.

La realización de la vida se le escurría sin siquiera haberla sentido.

Vida.

Dolor.

Muerte.

Silencio...

Quemaba.

Era el fuego.

Era el infierno.

Ardía.

Gritaba.

Llorar y suplicar.

Irracional.

...Y la nada.

La bendita nada apocada por el acompañamiento de unas suaves pero tremendas palabras susurradas.

'Ya eres mía...'

.

Fue horas después que sus ojos revolotearon hasta permitirse ver a su alrededor, notando de inmediato que al parecer aún seguía tendida en la misma cama en la que... No, no pensaría en ello por el momento. El dolor general de su cuerpo era recordatorio más que suficiente.

Estaba a oscuras.

Estaba sola.

Estaba... extrañamente tranquila.

Entumecida.

Su piel gritaba en llamas.

No importaba.

Quería poder hundirse en una nueva inconsciencia pero esta le evitaba.

Estaba en piloto. Se sentía ajena a su propia piel. Extraña. Indiferente.

Temía ver la verdad de lo que entonces había sucedido aún teniendo una clara idea de lo que debió de haber sido.

Gimió por lo bajo cuando obligó a su cuerpo a responder su comando.

Mareada. Asqueada. Profundamente humillada más que en cualquier otro momento que antes hubiera vivido.

... Y allí estaba.

Parada frente a un gran y elegante espejo situado en la puerta de lo que parecía ser un gran vestidor al cual no prestó más atención se vio. Gritó.

La niña en su mente se agitó golpeando su cabeza con sus débiles manos sintiéndose más derrotada de lo que nunca antes hubo sido. Milimétricas esperanzas idas. Vanos deseos y anhelos evaporados.

Allí estaba.

Estaban.

Pequeñas marcas orgullosas dolorosamente rojas y sobresalientes en su piel de porcelana pálida.

Pequeñas marcas que tanto representaban.

Marcas que de ahora en más portaría no importa qué y que a cada día y momento le recordarían, que ella solo había dejado de ser.

Tan pequeñas y tan, pesadas.

Marcada.

La C entrelazada con la pequeña B en la punta inferior hecha en una forma que se asemejaba mucho a la forma del símbolo del infinito que era extrañamente irónico y a la mar de representativo, serían de ahora en más...

No...

No hubo ya lágrimas que derramar.

Sus ojos huecos. Vacíos.

El brillo ido.

El alma, destrozada.

.

Placer.

Infinito, enfermo y retorcido placer.

Puro deleite.

El verla ante sí intentando con todas sus escasas fuerzas intentando permanecer estoica e inafectada por nada de lo que él y sus preciosos juguetes hacían con ella.

Verla gemir y retorcerse cuando ya no podía escaparse más.

Divino.

Celestial.

Glorioso.

Extremadamente hermoso.

Así era la imagen que se presentaba ante Carslile.

La pequeña niña rota que a simple vista parecía tan patéticamente frágil, pero que para un buen observador de joyas en bruto como él resultaba una de las más puras exquisiteces que haya tenido el inmenso fortunio de encontrar. De poseer.

Él supo.

Él vio.

En el mismo instante en el que las jóvenes habían llegado a cruzar el umbral de la habitación donde hasta entonces se había hallado discutiendo con su 'querido hermanito', sus sentidos se dispararon en obvio reconocimiento y placer por haber finalmente dado con un nuevo juguete.

La joven estaba claramente rota, en más de un sentido.

Su pobre cordura y joven mentalidad evidentemente fracturada por la simple necesidad de encontrar alguna endeble manera de solo mantenerse a flote más allá de la insanidad que le rodeaba.

Ella en definitiva no era más que una niña abandonada y abusada en grandes medidas. Marcada. Dañada.

Sí, quizás entonces fuere por eso que le hubo llamado la atención el indefectible hecho de que ella aún no estaba; quebrada, no realmente o tan siquiera como él quería que lo estuviese. Podía mostrarse débil, frágil y sumisa. Podía ya ser más que eso.

Pero aún tenía fuego... Aún tenía una 'chispa' en ella. Aún mostraba VIDA.

Y él quería, él NECESITABA quebrar eso. Justamente ESO.

Quería aplastar eternamente la lucha a la presentación.

Quería tenerla, a toda ella.

Mente, cuerpo y alma clamando y reclamándolo solo a él.

Suya.

Él la haría TAN suya.

Suya de maneras que la joven nunca siquiera imaginó.

Suya y solo suya.

Su juguete.

Su diamante en bruto.

No podía esperar por ello.

Pero, Oh, él se encargaría de disfrutar el proceso... de eso no tenía dudas.

Solo suya -pensó con increíble satisfacción mientras la veía yacer allí completamente arruinada después de la prodigiosa noche roja que le proveyó.

Suya...

3 comentarios:

  1. Hola la verdad no sé que mas se le puede ocurrir a Carlisle para dañar a Bella igual de loco que su hermano y Bella tan hundida tendrá alguna esperanza de salir de esa locura o empeorara cada vez mas espero que no gracias por el capitulo
    un abrazo desde Mexico

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  2. Hola esta historia esta ... bueno no hay palabras pero quisiera saber cuando actualizas. Gracias

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  3. Hola, he seguido la historia y quisiera saber si las vas a continuar. gracias

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