28 de octubre de 2011

El problema de mi sexóloga... cap 12


**NOTA IMPORTANTE: ESTA HISTORIA TENDRÁ UN ALTO CONTENIDO SEXUAL, ASÍ QUE SI ERES MENOR O NO TE GUSTA LO FUERTE ¡¡NO LEAS!! (Sólo apto para gente con mentalidad abierta).*
--------------------------Este fic tendrá MENNAGE hetero- bi y homosexual.---------------------------------

 “Aclaraciones”

BPOV.:

¡Oh por Dios; Oh por Dios, oh por Dios, oh por Dios!- pensé.
Todavía no podía creer que en menos de veinticuatro horas ¡Qué digo! En menos de veintiún horas haya tenido sexo brutal y apasionado con dos hermosos y perfectos especímenes masculinos. De seguro estaba soñando… O delirando ¿Podía acaso haber creado toda esta fantasía en mi alocada mente? ¿Podría haberla creado tan perfecta? Nooo… ¿Entonces?
Lo más fácil, era de qué seguro estaba soñando o algo así.
-¿Bella?- me llamó una voz ronca desde al lado.
¡Oh mierda! En verdad pasó- pensé.
-Tengo que irme- mascullé de pronto sin saber de qué huía exactamente.-De acuerdo. Te llevo.
-No. Tengo mi auto- contesté mientras me paraba.
Un brazo fuerte me tiró hacia atrás haciéndome caer justo en su regazo, en aquel impresionante regazo.
-¿Te arrepientes?- preguntó muy serio y mirándome con gran intensidad.
Yo lo miré pensando en si mentirle o no. Decidí no hacerlo.
-No. No es eso, es sólo que…
-Ssshh. Si no es eso entonces no importa. Sé que esto es algo “complicado”, pero, créeme cuando te digo que no debes temer de mí.
-De acuerdo- dije yo aún medio renuente. Luego le sonreí- Pero creo que debo decirte que no creo que necesites mis “clases”. Haces todo muy bien por tu cuenta- añadí.
-Gracias- contestó ligeramente agradecido y avergonzado. Owww, tierno.- De todas formas, me encantaría hacerte mía muchas, muchas más veces- respondió mirándome con los ojos nuevamente llenos de fuego.
-Mmm… Tentador- me limité a contestar mirándolo. Y luego me levanté y agregué- Pero no hoy… Ya es tarde.
-Jajajajaja… De acuerdo. Estoy seguro de que esto me va a gustar- dijo parándose él también para comenzar a vestirse.
Yo mientras ya me había acomodándome la falda y el sujetador. Tomé la blusa del piso donde la había tirado y la sacudí un poco antes de ponérmela. Estaba un poco ida con todo esto.
Estaba muy agradecida con Edward. Gracias al fabuloso sexo que tuvimos logré evitar entrar en un ataque de pánico. Bueno, quizás no fuera tan así, pero definitivamente ayudó mucho. AMO EL SEXO ¿No lo dije ya? LO AMO. LO-A-MO.
-¿En qué piensas gatita?- preguntó aquel adonis abrazándome por detrás y despertando una nueva oleada de lujuria en mí.
-Pienso… En que si no me sueltas en este preciso instante voy a terminar violándote por el resto de la noche en cada maldito lugar de esta oficina… Y eso es algo que ni tú ni yo podremos darnos el lujo- dije muy segura.
El hizo un adorable puchero que llegué a ver cuándo giré un poco aun entre sus brazos.
-¿Y por qué no?- dijo frunciendo aún más el ceño.
-Mmm… Primero porque quiero dormir, segundo porque tengo que levantarme temprano para hacer unos cuantos recados antes de mi primer consulta, lo cual ya de por sí es bastante temprano y tercero… Porque no creo que a tu pareja le guste el hecho de que no regreses en toda la noche- susurré al final.
Él puso cara de consternación. Cómo si  ni siquiera hubiera pensado en ello y luego volvió a fruncir el ceño.
-No me gusta la idea de dejarte sola teniendo un loco detrás de ti.
-No es tu problema ¿Está claro? Mira, llevo viviendo meses con esto yo sola, no es necesario que te preocupes.
-Quizás no sea “necesario”- dijo evidentemente molesto- pero eso no quita que no me guste. No tienes por qué estar sola con todo esto Bella- dijo luego ya un tanto más suave, casi de forma tierna.
Eso casi me desarma.
Sería tan fácil caer.
Pero no podía.
Edward era tan solo una amante más, un amante pasajero como muchos otros. Él no tenía por qué cargar con mis problemas ni mucho menos involucrarse sentimentalmente conmigo. Yo no era apta para una relación formal. Mis deseos me gobernaban y no podría…
Simplemente no podría.
-Sí, si tengo. Edward, de verdad aprecio  tu preocupación pero, no lo hagas. Nosotros seremos “amantes” sólo por algún tiempo… Y no sería… Bueno, involucrarse sentimentalmente para ninguno de los dos. Por favor. Si no puedes tener y aceptar eso bien en claro… Entonces sería mejor no continuar nada de esto. Sería por el bien de ambos, créeme- dije mirando lejos, lo más lejos que podía de él.
Esto estaba mal.
Ni yo misma podría cumplir aquello. Pero tenía que creerlo y hacerlo, al menos frente a él.
-Puede que tengas razón- dijo y a mí se me saltó un latido- pero aun así me preocuparé por ti. No me importa si lo crees conveniente o no. Yo no soy la clase de tipo que ve un problema y se borra. Si quieres puedes verlo como una amistad con beneficios. Los amigos se preocupan unos por otros ¿No?
Lo hacían ¿No?
-S… Sí… Gracias.
Él sonrió. Y su sonrisa era cálida y atrayente. Era mágica.
-De nada- dije y me besó.
Me besó con fuerza, con pasión, con reverencia.
Suspiré. Di un ligero roce más a sus pecaminosos labios y luego un paso atrás para separarme de él.
-Mejor no comencemos algo que no podamos terminar- me miró confuso-. De verdad debo irme- dije sonriendo y en eso estaba, cuando mi celular sonó.
Jacob.
-Hola.
-Hola- contestó él rápidamente-. Mira sé que dije que hablaríamos mañana, pero… De verdad, no quiero dejar las cosas así hasta entonces. Si no te llamé hoy es porque estuve desde temprano ocupado hasta recién en el juzgado y no sé si sabes pero ahí no se pueden usar móviles y…
-La verdad no lo sabía- dije interrumpiéndolo con voz fría-… Pero gracias por el dato. Por lo demás ni te preocupes. No hacen falta ni excusas, ni escenas.
-¡Bella!- gritó y rogó a la vez, q raro, pensé- Por favor- susurro después-, por favor, déjame hablar contigo, déjame explicarte.
Yo solté un fuerte bufido mientras me tocaba la frente en señal de cansancio. Resignada asentí y respondí un frío y escueto:
-Está bien. Todavía estoy en mi oficina. Si quieres, podemos hablar en algún bar o café de aquí cerca- respondí un poco insegura de lo que había hecho. Dios, ya no entendía nada.
-Este sí, claro- se le notaba incómodo.
-¿Qué sucede?
-Es que… Ya estoy en la puerta- confesó.
-¿Cómo demonios sabes dónde trabajo?- pregunté enojada y vi por el rabillo del ojo que Edward se tensó cuando escuchó esto.
-Bella, estaba entre los datos que me diste la primera que fuiste a mi oficina- dijo de manera explicativa. Mmhh. Cierto.
-De acuerdo Jake pero, no juegues así- Ed se volteó a veme sorprendido ante la mención del nombre. Claro, su chico se llamaba así ¿No? Decidí seguir con mi charla- Ten en cuenta que tengo tras mis pasos a un psicópata enfermo.
-¡Hey! ¡No me compares!- dijo él haciéndose el ofendido.
Obviamente las risas quitaban bastante el efecto.
-De acuerdo, ahora bajo- y colgué.
-¿Es tu novio?- preguntó Edward.
-¿Eh? ¡No! No, no, no. Es mi abogado. Y, antes de que preguntes, sí. Sí, tuve algo con él, pero como que creo que me escondió algo, no sé, presentí que me ocultó una esposa, hijos, pareja, no sé, lo que fuera. Definitivamente no es algo serio… No por el momento- dije sin saber por qué solté todo aquello así a bocajarro.
Edward se tensó y endureció la mirada.
Se acercó a mí y me tomó de los hombros mientras me taladraba con los ojos cargados de emociones que no legué a identificar.
-Si en algún momento quieres parar lo que sea que tengamos de ahora en más, porque crees haber encontrado a alguien especial para ti, te pido que por favor me lo digas inmediatamente.
Esa “declaración”, por así llamarla, me tomó desprevenida.
-De… De acuerdo- atiné a decir ¡Y ni siquiera sé bien cómo logré eso!
Me ayudó a recoger is cosas junto con la bolsa que contenía la porquería de regalo que me había dejado el loco y nos encaminamos lentamente hacia, primero el pasillo, y luego al elevador. Todo estaba en un calmo y enervante silencio.
Era un silencio raro.
No sabía por qué, pero se me hizo demasiado similar a esos engañosos silencios que siempre sobrevienen a una de esas fuertes y terribles tormentas.
¡Tonta!- me dije. No pienses en eso.

EPOV.:

Estaba en el elevador de lo más nervioso ante el encuentro que probablemente decidiría todo, cuando las puertas se abrieron y me dejaron viendo extrañado la escena que se presentaba ante mí. Sin embargo al acercarme, se me heló la sangre.
Frente a mí estaba Bella, con el rostro abnegado de lágrimas y el rostro prácticamente desfigurado en una horrible expresión de pánico. Su rostro estaba caído con la barbilla tocando el cuello y su mirada perdida y fija en el ramo que se encontraba tirado a sus pies. Ella parecía estar en estado de shock, por lo que dejé de contemplarla y comencé a actuar.
Tomé el ramo sin mirarlo siquiera y lo dejé al lado de la puerta pero aun en el piso. La llamé otra vez, ya que la primera vez lo hice en cuanto la vi pero no me prestó atención. Para mi sorpresa, esta vez reaccionó. La vi levantar el rostro lentamente, con el pánico atravesando todas y cada una de sus facciones y reacciones, y me miró. Al principio fue obvio que ni me vio, pero luego noté que sus ojos se enfocaban en mí y lo más sorprendente ocurrió. Ella se lanzó a mis brazos. Ella buscó consuelo y protección en ellos  yo la envolví entregándole todo cuanto quisiera, todo cuanto necesitara.
Las preguntas rondaban en mi mente, agolpándose, acumulándose hasta que parecía no haber lugar para una más.
La abracé con fuerza unos instantes más, y luego, al verla como ida nuevamente, la guié lo más rápido que pude al sillón de su consultorio para que pudiera relajarse. Tomó bastante rato, pero de a poco lo hizo.
Aproximadamente unos treinta y cinco minutos después, Bella susurró un escueto: “gracias”, al que yo sólo respondí con un simple y mecánico: “de nada”.
En cuanto le pregunté el porqué de su estado hizo una mueca como no queriendo recordar y luego me pidió un minuto. Yo no tenía idea de que iba a hacer hasta que la vi tomar su teléfono y revisar su lista hasta dar con lo que sea que buscara.
Ella, muy tensa, comenzó a narrar lo que sucedió y juro que yo no sabía que mierda hacer. Si primero desencajaba la mandíbula por la sorpresa, o comenzar a golpear algo ante la furia que me inundó.
No hice ninguna de las dos. La observé atentamente y escuché.
 Parecía que estaba enojada con quien fuera que hablara. Cortó, me miró y me pidió unos minutos más.
La vi realizar otra llamada y en esta estuvo seria sí, pero más amable que en la anterior, lo cual confirmaba mi teoría del enojo.
Bueno, por lo menos me había enterado de todo. O casi.
Cuando colgó lanzó un entrecortado y largo suspiro y se apoyó en el escritorio como si las fuerzas se le estuvieran escapando sin control por cada poro de su piel.
Fue una visión horrible. Y no lo digo por su cara, obviamente- sino por todas las sensaciones que sucitaba. Derrota, bronca, cansancio,  resignación… Soledad.
Me apresuré a acudir frente a ella y la consolé. Extrañamente, con mis palabras logró relajarse un tanto.
La intriga y las dudas me carcomían, por lo que decidí preguntarle de frente qué era lo que le pasaba. Al principio se mostró renuente a hablar d ello, pero luego lo soltó todo de golpe dejándome ligeramente aturdido ante la gravedad del asunto. Ella se tomó mi casi nula respuesta como un indicio para atajarse y comenzó a decir lo jodida que estaba y el porqué de no ser conveniente para mí intentar nada con ella. Hasta ahí llegó mi tolerancia.
Le dije MUY claramente que yo me preocuparía por ella de todas formas. Y era cierto. El hecho de que no quisiera involucrarse conmigo por el simple hecho de querer protegerme me confirmaba que ella era la indicada para nosotros. Ella era amable, desinteresada, decente, noble, aquellas características que nosotros habíamos fracasado en encontrar en una mujer antes… Antes.
Cuando comenzó a ponerse medio histérica preguntando ¿Si lo entendía o no? hice lo único verdaderamente efectivo para acallar a una mujer. La besé. La besé con ansias, con pasión, con todo el fuego que ella había prendido desde que la vi por primera vez.
Como ya dije y me repito en mis gloriosos pensamientos, estar junto a ella, con ella, y sobre todo, EN ella fue una jodida gloria.
Luego de hacerle el amor salvaje y apasionadamente- porque estaba claro que para mí no había sido sólo sexo- la vi mirarme asombrada casi sin creer que en realidad lo nuestro había ocurrido. Eso desalentó por lo que le pregunté si se arrepentía, me vi obligado a hacerlo. Respiré aliviado cuando volvió con él tema de sería lo mejor para mí.
Luego… Renuentemente, nos vestimos y en el momento en que la abracé y ella me contestó que: “… Sino la soltaba en ese preciso instante iba a terminar violándome toda la noche…” Bueno sólo digamos que casi me vengo en mis, ahora muy arrugados, pantalones. Obviamente me quise morir cuando luego de replicar me recordó a Jake. FUCK. Me sentí mal. Pero de ninguna manera la iba a dejar desprotegida por lo que después de una breve y absurda pelea, quedamos en “amigos” con beneficios que se preocupan uno por el otro- una reverenda mierda si a alguien le interesa mi opinión, en fin.
No me gustó.
Pero mucho menos me gustó cuando me dijo que seríamos “amantes” y “temporales”.
En ese momento le sonó el celular y pude ver que estaba molesta con la persona que hablaba. Me tensé cuando ella le preguntó que cómo sabía dónde trabajaba y luego me encontré tratando de alejar la desilusión de lado cuando supe que se iría a encontrar ahora mismo con aquel hombre, porque ya sabía que era uno, pero que no se podía quedar. Y luego me asombré increíblemente cuando le oí decir con familiaridad; “JAKE”. Creo que mi curiosidad me sobrepasó ya que al terminar la llamada, me acerqué y sin ser consciente, pregunté si era su novio.
Ahí tuve el desfortunio de escuchar de sus propios labios que ya había tenido algo con él, pero que estaba segura de que le ocultaba algo y que era de eso precisamente de lo que irían a hablar ahora. Y sin embargo que no era nada serio… Por ahora. Mierda. En un momento de locura- debo añadir- me lancé a abrazarla y luego separándola le hice prometer que de encontrar a alguien especial para ella, me avisara cuanto antes. Yo no tenía ninguna intención de convertirme en un estorbo en su vida. No, eso no.
La ayudé a recoger sus cosas, salimos del consultorio/apartamento y tomamos  el ascensor  hacia la planta baja.
Un incómodo silencio se instaló entre nosotros en aquel pequeño cubículo de metal.
Cuando salimos insistí en acompañarla a donde la esperaban. Quería ver a mi competencia.
Cual grande, enorme y gigante fue mi sorpresa al ver a dicha persona.
Casi me caigo de culo y pierdo mis ojos que casi se me salen.
Los oídos me pitaban y yo sólo quería gritar.
¡AAAAARRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG!
SÍ.
Él estaba parado allí con una sorisita tonta… Que obviamente borró de inmediato nada más verme.
Era nada más y nada menos que… JAKE. MI JAKE.

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