26 de abril de 2012

Tu mundo en mi camino... Capítulo 8

 “Compañía”
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BPOV

El resto de la semana había sido una completa y absoluta mierda.
 Damon me seguía todo el tiempo en el instituto. No me dejaba un segundo ni a sol ni a sombra y eso me exasperaba sí, pero lo aguantaba.
Quizás estuviera siendo una idiota, lo admito. Bien, por supuesto que lo era, pero mi razón era simple, temía por los que quería, por los que aún me quedaban.
¿Por qué todo el mundo mitológico estaba tan condenadamente empecinado en hacerme partícipe de cada jodido evento y grupo existente? ¡Joder! Yo era tan solo una simple triste humana más del montón! ¿Qué acaso les costaba mucho ir a joder con sus mierdas a otra? Ja, claro. Todo se resumía nuevamente a SU culpa.
Inconscientemente me fui alejando ligeramente cada día un poco más de Ness y los demás. Lo sentía, por supuesto que sí, pero, como dije… tenía miedo, un miedo espeso y profundo que helaba la sangre y erizaba mi piel de tan solo pensarlo. Sabía que el alejarme no serviría de nada para que él cesara sus amenazas pero yo al menos me sentía mejor si desviaba aunque fuera un poco su atención de ellos.
Ya hasta me daba igual todos los rumores poco disimulados que se levantaban en revuelo cuando nos veían pasar a ambos solos por todos lados, aunque siempre lo peor era a la hora del almuerzo. Escuchar cosas como ‘oye ¿son pareja?’ o ‘No pierdes el tiempo Swan’, o la mejor ‘Ya aléjate un poco de él Swan, deja ver que hay cosas que una mosca muerta como tú’, cortesía de Lauren un día que él le había hecho desplante ¡JA! Ya quisiera decirle ¡Te lo entrego con moño perra! ¡Ya déjenme ambos en paz!
Sin dudas estos días habían sido de lo más extraños sí, pero, la mayor sorpresa de todas fue cuando (casi llegando al punto de un colapso nervioso por verme obligada –literalmente- a hablar de él) llegó nada más y nada menos que el hermano de mi verdugo personal como visita… Y pude notar muy claramente como esta no era para nada del agrado de maldito.
Stefan.
Ellos no se parecían en nada así que asumí que ese título obviamente era una mera formalidad entre ellos así como los… con ellos.
Volviendo al nuevo –pensé retomando mis muy dispersos pensamientos-… No tenía ni la menor idea de donde carajos había salido el valor para no solo encararlo sino además tratarlo como lo hice siendo que él tan solo había lucido preocupado; aunque en cierto punto creo que realmente eso fue lo que me molestó.
Yo ya había confiado en vampiros. Vampiros ‘buenos’ que se preocupaban por mí todo el tiempo, que cuidaban que no le pasara nada a mi muy peligrosa vida humana… y que, a la primera de cambio, me dejaban medio muerta y completamente olvidada. No más.
Puede sonar desquiciado –rayos, seguro que lo suena- pero, estaba segura de preferir mil veces al estúpido de Damon así de hijo de puta como era conmigo –y con todos de seguro- antes que a algún vampiro estúpido con complejo compasivo y protector. No, por lo menos Damon se mostraba tal cual como la gran basura que era. Nada más. Ninguna fachada que lograra conmoverme ni que haga luego que me rompa los pocos resquebrajos de mi ya muy partido corazón.
Gracias pero no gracias.
Así que sí, si tenía que elegir entre el cabrón y el ‘angelito’ –nótese el sarcasmo- elegiría sin pestañar ni vacilar al cabrón (en este caso el adorable de Damon, alias maldito hijo de perra). Sí, sí, sí, muy cabrón y muy maldito pero a fin de cuentas y como dije se mostraba como el jodido demonio –y nunca mejor aplicado- que era. Cuanto más malo mejor puesto que más le odiaría y más me protegería.
¡Oh sí! ¡Muy valiente Swan! Esperemos que el coraje te dure hasta que vuelvas a verlo al menos. Gemí ante el pensamiento. Maldita conciencia…
Aunque, joder tiene razón.
Ohhh, no olvides como te petrificaste en cuanto hizo la bromita de la puerta del coche.
¡Dios! Tan solo recordar ese gesto…
Aquel gesto que muchos podrían ver atento o como mucho chistoso, a mí… a mí simplemente me paralizó. Él, él hacía lo mismo.
Él parado al lado del coche.
Él con su deslumbrante presencia, eclipsándome.
Él esbozando hacia mí su hermosa sonrisa de lado, aturdiéndome.
Él, él, él… Siempre. En todo.
Maldito, maldito, mil veces maldito.
Tantas promesas, tantos sueños, tantas estúpidas ilusiones… Y él me los quitó. Me quitó mi futuro, el único que yo tanto había ansiado y esperado, el único que había querido para mí.
No le bastó con eso y también me quitó a mi familia. Familia que amaba y secretamente siempre anhelé. Unos hermanos abrumadores, latosos, divertidos, molestos… amorosos; y unos padres… unos amorosos y preocupados, siempre pendientes, siempre afectuosos y dispuestos.
Ojo. No es que no quisiera a Charlie, no, amaba a mi padre; pero ellos, ellos eran toda la vida que yo había planeado para mí… y que de pronto y de la nada, ya no tenía. Ni un beso de despedida ni un adiós para recordar, algo que me dijera que ellos me extrañarían al igual que yo… NADA.
Ahora nuevamente era solo yo. Sola para enfrentar las idioteces de este nuevo demonio en mi vida. Sola para preocuparme por los únicos que se quedaron y demostraron quererme cada día. Sola… así como seguiré por el resto de lo que me quede de vida.
Muchas veces pensé que, aunque no se hubieran podido despedir bajo ‘su’ pedido, siempre podrían mantener un mínimo contacto. Un mensaje, un correo, una carta… una simple frase; ‘te queremos, te extrañamos’, nada más… ¡Vamos! ¡Que si hubiesen querido tenían más de un recurso y forma de hacerlo. No, ni siquiera eso valía para ellos. Claro, quien querría apegarse afectivamente al estúpido juguete humano de su muy caprichoso hijo, hermano.
Yo… los odiaba, a todos, yo… simplemente los odiaba.
No sabía como o cuando había llegado a esto pero allí estaba, esa mezcla de sentimientos; abandono, ira, desilusión, frustración, dolor; todos ellos unidos para crear una gran cantidad de odio profundo hacia ellos, uno muy fuerte, uno muy grande, muy, muy grande. Mi pecho dolía al sentirlo. Ese sentimiento era tan nuevo para mí, tan raro… y a la vez, tan jodidamente anhelado.
Sí, prefería odiarlos a extrañarlos, odiarlos a lamentarme, odiarlos a quererlos como la patética humana que soy.
No, ya no más… YA NO MÁS.
Entonces ¿Dónde queda mi lealtad hacia ellos? ¿Dónde queda mi confianza perdida? ¿Me importaba siquiera? Sí, en algún resquicio casi olvidado de mi mente sí, pero no demasiado, o lo suficiente. No verdaderamente.
Así que, aquella noche, después de que mi pobre mundo se tambaleara con ese simple gesto y tras llegar aturdida a mi casa pensando en todo esto finalmente, me resigné a dejarlos ir, en todo sentido. Yo no les había preocupado en su momento, no estuvieron cuando más los necesité por culpa de ‘él’… así que decidí que ellos ya no eran mi problema.
Ya no me preocuparía por ellos.
Y, finalmente, me sentí libre de su presencia por primera vez desde que los había conocido.
Me sentí desintoxicada de su esencia.
Era extraño, era liberador… era estúpido. Tanto tiempo sufriendo, tanto tiempo esperando secreta y pacientemente alguna mísera señal de su parte, esperando despertar de la pesadilla en la que se había convertido mi vida… Y era yo quien siempre se había mantenido atada a ellos.
Pues… a fin de cuentas algo bueno había resultado de la estúpida visita del sádico.
Por fin desperté.
Por un minuto en completo silencio abracé ese odio que flameaba en mi interior, ese odio que reemplazó al dolor.
El agujero en mi pecho se empequeñeció considerablemente, se endureció, lo sentí muy dentro de mí. Ya no fluctuaba o se agitaba para dejarme sin aire o en sopor. Ahora era constante, latente, y muy, muy presente.
Aquella noche, por primera vez en toda mi jodida vida, me dormí con una pequeña sonrisa cínica pegada a mi rostro, una tímida pero persistente sonrisa de reto. Así es, la pequeña y estúpida Swan por fin había terminado de quebrarse y cambiar por su culpa. La pequeña estúpida, frágil y triste humana finalmente los odiaba con cada fibra de su ser. Y al diablo con ellos y sus promesas. Si las de ellos no funcionaban ni ya tenían valor para mí, las mías tampoco las tendrías para ellos.
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El alba se asomó tímidamente por mi ventana dejando caer suave y extrañamente sus elegantes rayos dorados por todo mi cuarto.
No lo podía creer. En verdad no podía.
Temerosa, renuente, precavida, resignada y muchas pero muchas cosas más, agité mis párpados y muuuuy despacio abrí mis ojos y emití una respiración profunda exhalando el aire como cuenta gotas de mis pulmones. Libertad.
Aquella extraña y pacífica sensación de paz aun me embargaba desde ayer noche.
No tuve pesadillas ni sueños raros, nada de nada. Nada de que asustarse o estar triste… y eso me ponía muy feliz… demasiado feliz.
Sabía que en realidad hacía mal en disfrutar tanto de esta siempre esquiva sensación para mí- pero no podía evitarlo. La estaba degustando, saboreando, acariciando… atesorando. Quizás, solo quizás, el recuerdo de este momento me ayudaría un poco en aquellos momentos en que todo se viniera nuevamente abajo, pensé de pronto para luego terminar por encogerme de hombros.
Con algo de pereza me estiré y recogí el celular de mi mesa de noche ¡Mierda! ¡Era asquerosamente tarde! Arrg.
Salté de la cama y corrí al cuarto de baño para darme una ducha –la más rápida d la historia- para luego salir volando a tomar cualquier cosa del closet –ni modo que fuera desnuda ¿verdad?-. Joder. Ayer con tanta cosa se me había olvidado hacer la colada de entre semana, rayos. Ni modo. Tomé unas calzas negras y me las puse sobre el conjunto interior de lycra y algodón negro que ya me había puesto –oigan, solo iba a la escuela-. Unas botas camel a la rodilla con hebillas pero sin taco y arriba una camiseta blanca de mangas largas y un sweater Beige bastante ancho de hombro caído. No tenía tiempo así que até mi cabello en una coleta alta y ajustada pero bastante desordenada y cogí en mi mano el brillo de labios y los pendientes para ponérmelos en el camino. Vaya, todo en siete minutos. Manoteé la cazadora negra de piel y la mochila para ajar corriendo por las escaleras. MIERDA ¿Por qué mi cerebro nunca parecía recordar que eso de correr y escaleras nunca eran buena combinación para mí? –pensé sobándome la rodilla cojeando todo el trayecto restante hasta mi camioneta.
Perfecto.
Esforzando mi camioneta al máximo de sus posibilidades ―ehh, 80 km/h vale señalar- logré llegar a solo cinco minutos de retraso después de la campana, así que sin perder el tiempo tomé mis cosas y bajé dando un portazo, lista para correr sin importarme más hasta mi clase como si se tratara de una puta maratón.
O al menos eso pensé hasta que alguien tiró de mi coleta hacia atrás con tal fuerza que mi cuerpo se sintió tirante como una cuerda, o más bien un resorte.
― ¿Se puede saber qué demonios haces llegando tarde? ―preguntó aquella voz dura y fría tal y como él era.
― ¡Ya suelta! ¡Carajo! Me dormí y salí tarde ¿De acuerdo? Ahora déjame que sino no podré entrar y a diferencia de ti yo no tengo eso de vivir eternamente para cursar mil veces lo mismo ―dije con voz envenenada.
― ¿Y quién mierda querría hacer el maldito instituto una y otra vez? ¿Es como meter a un alcohólico en una bodega y esperar que no beba? ―dijo él entre molesto y confundido… ¡Oh, si supieras! ¡Esperen! Él sabrá, de pronto quise reír como si estuviera loca― ¿Acaso piensas que no tengo mejores cosas que hacer pedazo de estúpida? ―agregó Damon luego tan simpático como siempre con la diferencia de que tomó mi brazo… demasiado fuerte.
Me giré a mirarlo… y me quedé helada.
― ¡¿Él no va a venir al instituto o sí?! ―grité medio histérica señalando a su ‘hermano’, que se encontraba a escasos pasos mirándonos con detenimiento. Especialmente a mí, cosa que e ponía los nervios de punta.
Damon me miró y extendió esa sonrisa perversa en su rostro. Esa sonrisa que sin duda sería bonita y sexy… si se le quitara esa mirada psicótica que la acompañaba ¡Esperen! MIERDA ¿Bonita y sexy? ¿De verdad Isabella? Joder nena que estás más loca que una cabra. Maldita consciencia, aunque esta vez tenía harta razón claro está.
―Como sea, ya suéltame que sino no me dejarán entrar ―le dije evitando a su hermanito como la mismísima peste mientras este solo me miraba con esa cara de frustración que ya había visto y conocido hacía tanto tiempo. Oh, nooo, eso sí que no.
―Ya es tarde, y no, no te dejaré ―dijo él para luego abrir grande los ojos al mismo tiempo que yo estrechaba los míos sin entender, o querer hacerlo si vamos al caso―. Iremos a mi casa y le repetirás todo lo que me has contado a mí a Stefan ya que el muy idiota no cree todo lo que le he dicho y…
―Que te den Damon… y que le den a él ―exclamé con voz encabronada, voz que tan solo quería ocultar el temor de acercarme al otro.
WOW, calma fiera, no olvides que hablas con un vampiro que tiene cero problemas en hacerte puré. Cierto. Buen punto. Seguí…
―Tengo que entregar un trabajo en la segunda hora así que no iré a ningún lado con ustedes. No ahora.
―Chiquilla estúpida ¿Pero qué mierdas te crees? ―me agarró nuevamente del brazo y me sacudió otro tanto―. Sabes bien lo que ocurrirá ¿O acaso ya lo olvidaste? ―me estremecí sin poder evitarlo, pero… aun con el miedo que me ahogaba reuní coraje.
―Mira, ya sé toda la mierda de las amenazas y me importan tres carajos y una mierda. Sí, temo por ellos, pero un cabrón como tú no me va a decir que carajos hacer minuto a minuto. Dije que tengo que entregar el trabajo y es lo que haré si no te gusta, adelante; mátame… y no pienses ni por un minuto que puedes ir y dañar a alguien más porque entonces me encargaré de ir con mi manada para contarles todo… y te puedo asegurar que te harán correr por el resto de tu miserable existencia como una rata de alcantarilla hasta lograr cazarte y desmembrarte. Lo hacen muy bien de hecho. Y a tu hermano también de paso.
¡Joder!
Mierda.
Carajo, carajo, carajo ¿De dónde mierdas había salido todo aquello?
Ok, estaba enojada y confundida pero, jamás pensé… Bien, no iba a desdecirme ahora claro está. Nunca tuve intención de meter a los licántropos en esto pero las palabras parecieron salir sin siquiera pensarlas y, si de algo estaba segura, es de que haría lo que fuera CUALQUIER COSA por evitar que los que querían sufrieran por mi culpa.
Así que finalmente, me crucé de brazos y le miré directamente a los ojos esperando su reacción… cualquiera que fuera.










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