20 de abril de 2013

Tiempo de Magia... Capítulo 2


DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a JKR y a GLEE y la historia es de mi autoría.



ADVERTENCIAS: Aviso que esto surge a partir de ver el final del capítulo 17 de la cuarta temporada de GLEE y no cumple con el epílogo de HP y las reliquias de la muerte así que considérense advertidos de si hay cosas como Spoilers o lo que sea.

N/A: En este cap verán que uso bastante la cursiva, esto es para los pensamientos o algunos recuerdos y momentos retrospectivos. Espero que no se mareen y les guste el cap ;) See'ya...

Capítulo 2

"Un mal día"

No era un buen día. Para nada. Este era un muy mal, mal día para él -y lamentablemente-, para muchos de los que lo rodeaban.

Lo peor era que, como todo lo que el tiempo hace relativo, éste terminado siendo un día insoportablemente largo y abrumador.

Y con el maldito transcurrir de las horas lo único que hacía era ir a peor.

Mal, mal día.

PÉSIMO.

HORRIBLE.

Había sido despertado a la absurda hora de las 4:06 am por un -al parecer-, muy borracho Dylan, su ex desde hace más de un mes. Una llamada en verdad desesperante que, si no fuera porque estaba completamente seguro de que si le cortaba el muy estúpido seguiría insistiendo hasta la muerte de uno o de otro ya le habría colgado al segundo de haber escuchado su jodida voz.

Primero fueron súplicas de perdón.

Seguidos rápidamente por sus gritos indignados por no hacerlo.

Luego vino el patético llanto con falsas y penosas excusas en las que terminaba echándole la culpa a él de su propio engaño por dejarlo tanto de lado.

¿Qué demonios pensaba? ¿Acaso pensaba que se iba a comer ese cuento y a aceptarlo por una especie de retorcida culpa? NO. Definitivamente no. Él ya había soportado demasiados engaños, fracasos y todos los demás derivados por dejarse llevar por la maldita culpa. Hubo un momento de quiebre en el que dijo basta y NO iba a quebrarse por este idiota que ciertamente no valía ni el sentido de escucharlo -pensó sintiendo la creciente ira reunirse dentro de él.

Después vino la furia. Gritándole que ÉL era un idiota por no perdonarlo, que él lo amaba y... bueno, ahí se le acabó el teatro cuando tuvo que cortar el diálogo como pobre copia de guión de telenovela cuando una voz ronca y muy evidentemente masculina gritó de fondo muy claramente un: 'Dylan, amor, ven a la cama que mañana tenemos trabajo muñeco'

Recién entonces fue cuando él pudo tomar la interrupción a su favor.

—Dylan 'muñeco' —enfatizó entonces para aclararle que sin dudas sí había escuchado al otro—, Espero dejarte esto en claro de una buena vez porque ya no quiero este tipo de cosas en un futuro ¿de acuerdo? No te perdoné antes y no lo voy a hacer ni ahora ni luego. Ahora bien, si ya terminaste de hacer este burdo teatro barato voy a regresar a dormir. Te aconsejo que hagas lo mismo y, por cierto, NO vuelvas a llamarme, tú en verdad NO quieres verme enojado. Adiós Dylan.

Ni bien colgó el auricular se dejó caer en la cama y se quedó muy quieto mirando el techo con la poca luz que entraba por entre las rendijas de la persiana en el medio de la noche. Escuchando lejanos ruidos de autos y los primeros cantares de los pájaros.

Oh sí, el modelito sin dudas habría extrañado las caras salidas y los caprichos consentidos. Y por sobre todo, su hermosa billetera de cuero importado.

Como fuera, él no iba a saber nada más del otro yo, estaba seguro de ello. Después de todo, el otro sabía como se manejaba con las personas que lo molestaban.

Sin embargo y muy a su pesar, una vez que la furia se fue el sueño no regresó. El hermoso sueño tranquilo y reparador que estaba teniendo se fue al garete con esa maldita llamada así que, después de dar un par de vueltas decidió simplemente ponerse en movimiento.

Era definitivamente una mala cosa que estuviera en un hotel en estos momentos. Él extrañaba la independencia de una casa propia y, por sobre todo, extrañaba el hecho de poder ir sin demoras ni pudores al gimnasio que tenía en cualquiera de ellas cuando y como se le daba la gana.

En este hotel, el encargado del gimnasio lo abría a partir de las seis... y eso ya era mucho tiempo de espera para él.

Esperaba que su corredor de bienes raíces le consiguiera pronto una casa apropiada para sus comodidades.

Mientras tanto decidió darse una ducha rápida -apenas como para despejarse-, y al terminar buscó, acomodó y leyó un par de documentos antes de darse por vencido y comenzar a hacer estiramientos sobre una alfombra mullida enfrente de la cama de aquella espaciosa habitación ya que a pesar de ahora estar más tranquilo, la llamada de antes de verdad lo había puesto inquieto e intranquilo. Necesitaba descargar energía. Preferentemente con algo de boxeo.

Sorprendentemente al mirar nuevamente el reloj notó alegremente que eran las 5:47. Decidido se vistió con unos pantalones de chandal y una camiseta de mangas cortas medio ajustada que le resultaba muy cómoda.

Su humor se fue al traste cuando los minutos comenzaron a pasar y el que se suponía debía abrir el gimnasio no mostraba ni señales. Cabreado ya en más de un sentido se dirigió como una tromba a la recepción solo para encontrarla vacía también. Sí, así comenzó su día. Al final resultó que, después de molestar a unos cuantos sin importarle ya la hora y unas cuantas llamadas más para verificar todo, tanto la recepcionista como el instructor encargado se hallaban muy a gusto encerrados en una habitación en desuso retozando como dos críos hormonales de secundaria. Idiotas ¿Acaso no sabían que los pasillos llevaban cámaras?

Como fuera. A pesar de encontrar algo de retribución al ver a ambas personas siendo severamente reprendidas por el gerente -uno de los que había levantado de su descanso-, y más que un posible despido para el instructor ya que al parecer esta no era la primera falta, él estaba molesto. Sumamente molesto. Cabreado.

Con todo el lío, la búsqueda y el reto, él había perdido tiempo precioso y ya entonces se encontraba maldiciendo mientras regresaba a prisas a su habitación para cambiarse apropiadamente para la primera reunión del día.

Para la cual no pudo evitar llegar más de quince minutos tarde debido a que su chofer no pudo evitar el maravilloso tráfico matutino.

¿Ya había dicho que el día fue HORRIBLE?

Pues lo fue. Un completo asco.

La primera reunión resultó ser una burla.

La 'señora' pretendía que, lo que ella seguramente denominaba 'seducción', fuera algo tan increíble que nublara su juicio empresarial y firmara aquel acuerdo absurdo de contrato. Claro, habría funcionado mejor si; primero, él no fuera gay exclusivo ya desde hacía un tiempo; segundo, que en realidad estuvieran ellos solos en la dichosa reunión y no con su asesor y abogado mientras que ella estaba sola; y tercero -y quizás lo más importante-, fuera lo suficientemente inteligente como para hacer un contrato que no fuera tan condenadamente notorio en sus fines.

Quizás. Muy probablemente no.

Y después de aquel desastroso comienzo todo fue simplemente cuesta abajo como si fuera un precioso castillo de naipes en medio de un tifón.

Su secretario, al aún no conocerlo en persona, cometió el grave error de suponer que era un simple trabajador más que vagaba al verlo salir de la oficina de su asesor y le habló y trató con aquel aire de superioridad que siempre le recordaba a Draco o Lucius Malfoy diciendo que "en vista de que el jefe no estaba él era sin lugar a dudas la persona a cargo y que no iba a tolerar gente vagando por SU oficina para terminar 'ordenándole' que fuera y le trajera un café descafeinado". Rápido.

Rápido, así fue.

Fue despedido unos veinte minutos después mientras gritaba al supervisor de recursos humanos que le consiguiera una persona malditamente eficiente que no se creyera el jodido jefe y respetara su trabajo para el final del día o él también iba a seguirle.

Y así continuó el día; entre furiosas reprimendas a empleados que, pensando que porque el jefe no solía estar en la empresa y no lo conocían en persona, podían llegar a salirse con la suya en las cosas más patéticas que pudo ver. Y eso sin contar a la parva de ineptos que lo habían querido fregar con contratos o asociaciones fraudulentas pensando que él era tan solo un mocoso en medio de un trabajo de hombres.

Malditos ignorantes. Vaya sorpresa se llevaron cuando demostró que él conocía al derecho y al revés cada una de las implicaciones de todos los negocios que le nombraron.

Si esos idiotas supieran verdaderamente quién era y qué había sido de su vida desde que nació seguramente no tendrían ni siquiera el valor de asomarse a un kilómetro de él.

Mientras se dirigía a su oficina él se permitió recordar partes de su pasado no tan pisado.

Heredero de las casas más nobles de la sociedad mágica, había sorprendido a todos al terminar la dichosa escuela de Hogwarts para comenzar a hacerse cargo los asuntos políticos que conllevaban sus títulos y que, al no haber sabido de ellos hasta una edad casi adulta y en medio de una guerra mágica no había tenido ni idea de qué hacer al respecto. Fue entonces cuando, con el duro asesoramiento de los Gobblins pudo ser capaz de manejar con cierta competencia la mayoría de los aspectos como inversiones, asociaciones, sus votos en los asientos del Winzengamot -haciendo validar cada uno de ellos-... e incluso comenzar a conocer y a veces decidir el curso de unos cuantos negocios muggles.

Como heredero Potter; que contaba con más de veinticinco inversiones en el mundo mágico y más de cuarenta en el mundo muggle. Negocios tan variados como intrépidos y que, curiosamente, se mantenían activos y muy lucrativos en ambos lados.

Como heredero Black; que contaba con más de cincuenta inversiones en el mundo mágico y apenas diez en el mundo muggle -no es que le extrañara, la familia Black era claramente conocida por haber despreciado todo aquello proveniente de ellos. y solo Sirius había sido tolerante de ellos, aunque sin tiempo o poder para hacer más negocios con ellos.

Como heredero Griffindor; cosa que le había asustado sobremanera al enterarse luego de un estudio de herencia de sangre. No había tantos negocios porque muchos se habían perdido en la guerra pero los que quedaban eran más bien estratégicamente políticos. No había negocios muggles.

Como heredero de Slytherin; sí, otro gran shock. En este caso era solo heredero por parte de magia por lo que podía disponer de los objetos de las cámaras pero no así del dinero que estaba siempre dispuesto para quien siguiera el linaje. Cosa que parecía ser bastante difícil de que apareciera en algún momento...

Como fuera.

Su educación mágica continuó bajo las maestras manos de los ingeniosos duendes por casi tres años en los cuales él había cambiado. Quizás demasiado.

Quisiera decir que fue gradual o que fue como consecuencia de la adrenalina post guerra... pero lo cierto era que no. En el transcurso de huir por un año con sus amigos, siempre pendientes de su vida, tras la batalla, y el después. No, él se dio cuenta de que no quería pelear más.

Ya no.

Y esa fue la primer gran malditamente buena decisión de su vida -pensó orgulloso perdido en su lejanía.

Causó grandes revuelos y algunas personas hasta se indignaron cuando anunció sin miedo o duda que él NO iba a seguir para el curso de auror tal y como había anunciado por la mitad del tiempo en su vida mágica. Fue una noticia que guardó en secreto hasta el día de su graduación aún a pesar de ya llevar más de nueve meses bajo la secreta tutela de los duendes. Él quería evitar esa situación. Esos gritos indignados y furiosos de Ron y la mirada de tristeza y cierta reprobación de Hermione. Miradas que lo acusaban de estar separando al 'Trío dorado'. Pero ellos no lo entendían. Ya no habría trío dorado, ya no estarían peleando por vivir un día más, ahora sería simplemente un grupo de amigos más y no la esperanza de un mundo que no sabía arreglar sus problemas a tiempo y que luego dependía de jóvenes inexpertos y adolescentes.

Por una vez en su vida era él quien veía más allá.

Él no iba a encasillarse en un puesto de auror donde los cambios eran mínimos y lentos.

Al haber estado estudiando todas las leyes, reformas y su papel como señor de cuatro casas, se dio cuenta, no sin cierta sorpresa, de que el cambio que necesitaba el mundo mágico era urgente. Justo ahora; justo en ese momento en donde él representaba tanto para muchos, su influencia estaba en auge y donde sus opiniones serían tomadas en cuenta.

Era realista, no sería fácil. Pero él estaba decidido, y quienes lo conocían sabían que cuando él se decidía a algo era muy difícil que no consiguiera resultados esperados.

Así fue como en el transcurso de cinco años a partir de su graduación, él finalmente se había convertido en todo un señor de sus casas y se convirtió en una de las personas más influyentes del mundo mágico. Ayudando a promover y aprobar leyes e incluso discutió con altos funcionarios para erradicar algunas.

Era una suerte que el nuevo ministro de magia fuera tan del gusto y agrado suyo. El ex auror Kingsley tenía sin duda un muy buen sentido de justicia y no se dejaba cegar por prejuicios banales como la edad o la antigua casa de escuela. Allí bajo su mando cada asistente demostraba su valía con lo mejor de sí si es que quería quedarse con su puesto de trabajo.

Tenía que recordar hacerle pronto una visita y ver como iba todo -pensó mientras se sentaba en el borde de unos grandes ventanales y miraba al bullicio de aquella tremenda ciudad. La jungla de cemento.

Fue en honor a su padrino honorífico, Remus Lupin, que él peleó con uñas y dientes por obtener más derechos e integración para los hombres lobo.

Fue en honor a su madre que él convenció uno a uno a cada opositor sobre la ley de integrar antes a los niños al mundo mágico para que la diferencia entre ambos mundos no fuera tan abismal y abrumadora.

Fue en honor a Severus Snape que él difundió en cada entrevista la dura vida que había llevado ese hombre al que alguna vez odió y que en realidad dio tanto por él y la causa.

Y, extrañamente, fue él quien promovió y básicamente sustentó una ley en honor a Tom Marvolo Riddle, más conocido como Lord Voldemort.

Una ley que pedía asistencia apta para todos aquellos niños que se hallaban perdidos y asustados en el mundo muggle sin nadie que les explicara que era lo que les pasaba. Exigiendo que se estudiara a las familias ante el primer brote mágico para evitar que quedaran bajo el cuidado de personas que los odiaran o temieran o que terminaran en orfanatos donde el miedo y la intolerancia les hiciera ver lo peor de ese mundo.

Él fue el portavoz de la mayor campaña en el mundo mágico y era el centro de una completa reforma.

Si tuvo que contar los pormenores de su patética vida con los Dursley para conmover lo hacía. Si tenía que contar la dura infancia de Riddle lo hacía. Si tenía que dar su libre opinión al respecto lo hacía.

Él tenía objetivos claros para ese mundo que de pronto comprendió que se hallaba atascado y terriblemente atrasado.

Fue un tramo largo y agotador... pero lo consiguió.

Consiguió que ahora las leyes fueran más tolerantes con aquellas criaturas que consideraban oscuras y que, irónicamente, condenaban a la oscuridad.

Consiguió que los niños tuvieran tutores mágicos o incluso una escuela elemental de magia que comenzaba a los siete años como apoyo y soporte para aquellos que venían del mundo muggle y no conocían ninguna de las contumbres de magos.

Consiguió que ahora hubiera una completa sección en el ministerio dedicada a estudiar y encontrar a cualquier niño con su primer brote mágico al que enseguida encontraban y ponían bajo supervisión del ministerio para visitas no programadas con la esperanza de que los padres cumplieran con sus funciones. Si los padres demostraban el menor indicio de rechazo el niño sería quitado de la familia y obliviatada para colocar luego al infante en un nuevo programa de adopción por una familia mágica previamente aprobada o en su defecto, en uno de los nuevos orfanatos mágicos en el cual tendrían no solo maestros y cuidadores, sino también sanadores y algunas clases menores.

Si en el camino él vio que sus amigos se sentían algo intimidados por él y su nueva demostración de independencia y fuerza, él no dijo nada.

Y si él notó como Ginny quiso de pronto ser la señora Potter lo más pronto posible, tampoco lo dijo.

No fue sorpresa entonces cuando apenas dos meses después apareció una furiosa Molly a reclamarle por no casarse con su Ginny después de dejarla en estado.

Fue una muy bochornosa tarde frente al ministerio.

Y fue aún más bochornosa cuando él con toda la calma -y ocultando muy bien la pena, furia y decepción-, dijo que de seguro era un error porque él aún no se había acostado con ella.

Y así era. Llámenle tonto, cursi o lo que fuera. Pero, en su cabeza, él siempre había tenido la absurda idea de hacerle el amor por primera vez en su noche de bodas.

Con un demonio, aún ahora él sentía su sangre bullir de furia al recordar el dolor de la traición a sus sueños...

No es que fuera un santo. Era hombre después de todo. Pero él había soñado y fantaseado con ello... y ahora era dolorosamente claro que para Ginny obviamente no era suficiente.

Pensar que estaba esperando el próximo cumpleaños de la pelirroja para proponerle fue solo apenas un poco peor.

Las revistas de todo el mundo mágico se hicieron el mes con los rumores... y solo apenas cuando empezaban a acallar comenzaron otra vez al conseguir -nunca supo como-, los resultados de paternidad que se había obligado a hacerse en favor a los Weasleys.

Ron no le habló por meses. Hermione igual, aunque si se la encontraba charlaban un poco. Pero ya nada era como antes. Algo se había roto y al parecer lo de Ginny solo fue el quiebre final.

Por otro lado, él se había hecho bastante cercano a Bill por medio de los Gobblins, y en consecuencia a Fleur con quienes se juntaba a cenar de vez en cuando en ahora una muy remodelada Grimauld Place. Incluso a veces se reuniría con Charlie cuando el feroz domador venía de visita.

A veces pasaría a visitar a George por su tienda y otras vendría el pelirrojo de visita cuando los recuerdos del lugar le pesaban demasiado.

También mantenía encuentros con Luna y Neville quienes estaban entonces prontos a casarse y, muy extrañamente, con Draco Malfoy, quien luego de haber cumplido arresto domiciliario por un año regresó al mundo mágico como un hombre maduro y no como el chiquillo caprichoso que alguna vez había tenido el infortunio de conocer. El hecho de tener que hacer frente al mundo como el nuevo patriarca de la familia mientras que Lucius estaba en Azkaban tuvo mucho que ver. Sí, Lucius tendría que cumplir con quince años en Azkaban mientras que su esposa e hijo solo tendrían arresto domiciliario por no tener grandes cargos sobre ellos. Un año y casi la mitad de todas las posesiones Malfoy fue un golpe duro para la familia.

Pronto el rubio se convirtió en uno de sus mayores apoyos políticos y en los negocios que compartían por sociedad. Y quizás demasiado pronto terminó convirtiéndose también en un gran consejero de finanzas... e incluso tuvo su momento en que llegaron a ser algo más.

Draco fue su primera pareja seria del mismo sexo, o tan seria como puede ser un arreglo de amigos con beneficios para aquellos días que estaban estresados. Las únicas condiciones para ambos fue la exclusividad por el tiempo que durase y ninguna escena ya fuera en público o privado.

Lamentablemente ambos decidieron cortar por lo sano y distanciarse físicamente de manera sexual cuando vieron que realmente se estaban involucrando más allá de lo conveniente. Fue muy bueno mientras duró y nunca jamás nadie lo supo salvo ellos. Y no, no es que confiaran en la palabra del otro sino más bien en la inquebrantable que habían hecho antes de empezar con ello.

Por suerte la camaradería y naciente amistad que habían formado no se vio afectada para nada. Si es más que en realidad los hizo más unidos y conocedores del otro. Esos pequeños detalles que solo una persona que te conoce en todo momento y de todas las formas podría saber. Cosas tontas que conformaban la totalidad de una persona. Y Draco como buen Slytherin que aún era había aprendido muchísimo del moreno. Lo que le sorprendió luego al rubio fue que el pequeño león era en realidad una solapada serpiente ya que , la verdad sea dicha, el moreno le había calado al dedillo muchas más cosas de las que hubiera creído nunca.

Aprendieron que era algo cómodo estar con una persona que les conociera tanto y decidieron disfrutar de ello. Divirtiéndose en grande ante el shock que tuvo el mundo mágico cuando los veía tan bien y confiados al salir en público.

Las especulaciones obviamente volaron pero por suerte nadie nunca comprobó nada más que su amistad.

Suspirando, él finalmente se alejó de la ventana. Ahora tan solo le quedaba revisar un par de informes para dos reuniones del día siguiente y firmar unas cuantas cosas antes de poder retirarse. Lo más probable es que optara por ir a algún lugar a tomar una copa... necesitaba descargarse de ese día tan condenadamente estresante.

Sin embargo, si no se contaba ese arreglo con el rubio la realidad era que él no había estado nunca en una relación seria como la que había estado con la pelirroja. No sentía ningún deseo de arriesgarse de nuevo a que le taimaran de semejante manera. Se podría decir que había desarrollado una especie de fobia al hecho de estar en una relación seria y formal con cualquiera, así que él solo disfrutaba de algunos ligues de una noche o, si la persona estaba realmente buena y agradable podría optar por ofrecerle una relación corta y nada formal con la única condición de exclusividad que muchos tomaron gustosos mientras duraba mientras que otros -y lamentablemente la gran mayoría-, optarían por acortar su tiempo a su lado al intentar seducirlo o comprometerlo a algo de largo plazo.

Su último acompañante le duró casi tres meses -una barbaridad según sus propios tiempos-, pero sinceramente el modelito tenía un muy buen cuerpo que sabía usar de una forma que dejaba a un súcubo hecho una burla. Era una lástima que hubiera sido tan codicioso y arrogante como para pensar que por durar más le permitiría lo que fuera.

Y como ya habían sido casi dos meses de su 'separación' el moreno había aprovechado y ligado ya unas cuantas veces. Principalmente hombres y tan solo una joven que debería de haber tenido algún pariente veela porque en verdad era demasiado hermosa para solo ser una simple muggle. Los hombres solían ser menos complicados en la mañana después y más complacientes al aceptar el acuerdo que las mujeres. Había perdido el gusto por ellas cuando se encontró con más y más utilizando el truco de haber quedado embarazada o intentar colarle alguna poción de amor. No, no tenía ganas de pasar por ello cada maldita vez que quería un polvo, así que las dejaba para alguna noche especial o ligue de una noche.

Fue por todo eso que él respiró hondo y se permitió cerrar los ojos con satisfacción cuando vio el último papel listo y firmado antes de pararse y tomar su saco y portafolio.

Era una verdadera pena que no pudiera aparecerse. Odiaba quedar atascado en el transito loco de esa ciudad. Demasiados gritos. Demasiado humo. Y muchos, muchos bocinazos que le daban ganas de solo cruciar a alguien... y sí, no era algo que no hubiera hecho, pero de nuevo, cuando uno esta peleando por vivir cada día uno va perdiendo un poco la moral en esos aspectos. ¡Era una maldita guerra por Merlín! resopló.

Finalmente su chofer tuvo el ingenio de esquivar las grandes conmegloraciones y, aunque tardó un par de minutos más no le importó, fue mucho más tranquilo. Liam -uno de sus guardaespaldas viajaba de copiloto dando indicaciones como si fuera un maldito GPS-. El hombre tenía una memoria de la ostia -como dirían los españoles-, respecto a cada lugar al que iban.

Sí, de seguro sonaba extraño de que 'el héroe del mundo mágico' fuera por allí con unos malditos guardaespaldas -porque encima tenía más de uno-, pero esa fue una especie de 'imposición' o más bien un ruego solapado de parte del ministro de magia cuando él anunció que debía salir por un tiempo del mundo mágico y atender de manera más activa unos cuantos negocios muggles. Cosa que probablemente se extendiera por un par de años teniendo en cuenta que quería realizar unos cuantos viajes ahora que sentía que todos sus proyectos estaban bien encaminados o incluso finalizados.

Kingsley argumentó con fervor el hecho de que al estar en el mundo muggle era preferible que fuera con dichos custiodos que correr el riesgo de soltar magia frente a algún muggle por un descuido y que, de todas formas, siendo que iba a aparecer como una persona aristocrática de alta alcurnia él debería de seguir los estándares y bla bla bla... Lo cierto es que él se había desconectado luego de todo eso.

De todas formas no estaba tan mal. Antoine, Liam y Malek eran en verdad buena compañía... y sabían del mundo mágico, cosa que lo dejaba tranquilo. Antoine era una cuarta parte elfo y Malek había tenido un centauro como bisabuela... él jamás preguntó como había llegado un humano a relacionarse con una de esas criaturas. Liam era simplemente un Squib que había complementado su falta de magia con el aprendizaje intensivo de cuantas artes marciales salieran. Él los respetaba a cada uno por ellos y sus linajes. Él no tenía problemas con nada de ello y así se los dijo en cuanto se los presentaron.

Así que ahí estaba ahora... Unas dos horas después de dejar la oficina. Intentando beber una buena copa de Whisky de calidad... cuando una vez más el destino tenía que venir a joderle la fiesta.

La muchacha sin dudas se encontraba despechada por algo, pero él no tenía ganas ni paciencia para hacerle de psicólogo así que, antes de que realmente pudiera enojarse optó por advertirle.

Grata sorpresa se llevó cuando uno de sus acompañantes tuvo el suficiente ingenio de ponerla en su lugar con unas cuantas correctas palabras.

Un acompañante definitivamente masculino... y evidentemente gay.

Y uno muy, muy endiabladamente apuesto.

Si querer pensar mucho en el porqué de su atracción inmediata a este joven -porque era dolorosamente claro de que era unos buenos par de años más joven que él-. El moreno se decidió a seguir sus instintos y comenzó a entablar una charla casual con él, maldiciendo a diestro y siniestro por la incómoda interrupción de sus custodios por si eso de pronto intimidaba al joven... Y sonriendo divertido -como no lo había hecho en un par de varios días-, cuando al girar para encararlo se lo encontró comiéndoselo con la mirada y repasando con su luminosa mirada azulada cada parte de su cuerpo.

Él enarcó una ceja y mostró una sonrisa ladeada.

― ¿He pasado la inspección? -dijo con voz profunda e íntima mientras tomaba un sorbo de su bebida, tanteando el terreno y disfrutando enormemente de aquella adorable reacción en el joven. Sus mejillas sonrosadas y la mordedura del labio inferior eran unos toques tan inocentes como solapadamente seductores.

Y él pronto se encontró deseando probar esos labios y descubrir hasta donde el sonrojo podría llegar a terminar.

Muajajajajajaaa... ñ_ñ

Soy una maldita lo sé... Q les pareció el capi? Pensé que me había extendido mucho e ido por las ramas pero, como aún no tengo decidido si será un short o long fic pensé que sería bueno darle una buena base... por si las moscas =)

Ahora, espero y opinen; ¿Prefieren que haga solo uno o dos capis más o que lo siga un poco más? Tengo varias ideas en ambos casos así que eso no creo que sea drama, el tema es que no logro decidirme =/

Como sea; Besotes y cuídense mucho

Nos leemos en el próx ;)

*Guada*

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