19 de junio de 2013

Tiempo de magia... capítulo 6



DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a JKR y a GLEE y la historia es de mi autoría.

N/A: Este cap tiene dos partes. La primera es un lemmon un poco bastante más sucio que el anterior (así que si no te gusta puedes saltarte hasta donde está el *, para que sepan) y luego viene todo un cambio de escena en emociones así que bueno, espero les guste =)

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CANCIONES DEL CAPÍTULO


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Despertar entre esos fuertes y musculosos brazos fue toda una agradable novedad para el joven, por lo que, dejándose llevar por la comodidad de la atmósfera, se dejó recaer un poco más entre ellos, arrebujándose cual niño pequeño y disfrutando enormemente del calor que su cuerpo sentía emanar del otro y la extraña sensación de, seguridad que este le provocaba.

Saboreando el momento con deleite... y aún más los recuerdos de tan maravillosa e inesperada noche.

Recordó como esas grandes manos morenas, tan fuertes y algo callosas, habían trabajado su cuerpo entero con inigualable y envidiable maestría. Aprendiendo y absorbiendo rápidamente donde se encontraban aquellos puntos volubles que hacían a su cuerpo cantar de exultante placer. Y se sintió ruborizar -mucho-, cuando recordó cuan 'vocal' había sido en cada una de las sesiones amorosas a las que se había visto sometido con entera disponibilidad... porque ciertamente Kurt podía decir que no habían dormido mucho en las pasadas horas si juzgaba por la cantidad de luz que ahora luchaba por colarse por entre las cortinas ahora ya corridas.

Su cuerpo, laxo y completamente saciado, en más de una manera, aún se estremecía al sentir los ecos del placer recorriendo cada centímetro de su piel. Aún podía sentir en su piel los maravillosos rescoldos de las caricias, lamidas y hasta mordidas juguetonas o posesivas que había recibido.

Pero, por sobre todo, aún podía sentir en su boca el sabor de esa lengua, de esa piel. Aún podía 'saborear' ese exquisito sabor en parte salado y ligeramente amargo del almizcle especiado que liberaba el moreno en las máximas cúspide del clímax y que él no se había podido resistir a probar. Un sabor que parecía haberse quedado grabado en lo más hondo de sus sensibles papilas gustativas.

Y, a pesar de todo, el todavía no podía creer que él, Kurt Hummel, se había atrevido a ello. A hacer ESO.

Él obviamente nunca lo había hecho a nadie, ni siquiera a Blaine. Pero de pronto él se encontró con la cabeza del moreno hundida entre sus piernas, haciéndole esas cosas tan maravillosas con su lengua demoníaca y sus majestuosas manos... que rápidamente lo dejaron entonces con el irrefrenable deseo de devolverle el favor.

No hubo palabras mediadoras, lo cual él agradeció, porque de haberlas habido seguramente hubiera retrocedido al admitir que realmente no tenía una clara idea de qué hacer con exactitud -saber la mecánica del asunto no hacía más fácil llevarlo a la práctica-. En cambio, el moreno pareció darse cuenta -no ocultando del todo su sorpresa ante esto pero sin decir nada al respecto-, y procedió a instruirlo en aquello que le gustaba y quería... en lo que disfrutaba. Elogiándolo. Alentándolo en todo momento. Haciéndole saber con gemidos y gruñidos cuanto le gustaba aquello y animándolo a probar ser cada vez más y más osado. Más libre.

Había sido genial.

Se había sentido... perfecto.

Fue sexo, sí, lo sabía. Por suerte era plenamente consciente de esto y no sentía ningún tipo enamoramiento ni nada, lo cual era realmente un alivio ya que no quería nada de eso ahora. Bastante complicado había estado hasta ahora como para buscarse más problemas innecesarios ¿verdad?

Él buscaba amor. Tan simple como eso.

Pero ciertamente pudo ver la conveniencia de permitirse ciertas recreaciones mientras tanto. Y este británico REALMENTE sabía lo que hacía en este departamento.

Y, extrañamente, a pesar de ser solo sexo, también se sintió... más. No sabría como describirlo.

Pero, como todo lo bueno, esto había llegado a su final. La noche había acabado -en más de un sentido-, y el encanto de una noche libre y pasional se había ido con ella. Ahora lo que Kurt tenía que hacer era salir de ése cálido y férreo abrazo y encontrar su ropa -donde sea que hubieran quedado-, vestirse y ponerse 'ambos' zapatitos antes de ir a buscarse una carroza libre que lo lleve de vuelta a su realidad.

Pensando en esto fue que él poco a poco comenzó a desenredarse de ese cuerpo que invitaba al pecado.

No llegó muy lejos sin embargo.

—¿Pensabas despedirte? —le preguntó una voz ronca y rasposa por el sueño recién espantado.

Todo su cuerpo se tensó en respuesta al apriete de esos malditamente fuertes brazos alrededor de su cintura. A pesar de todo, Kurt decidió ser honesto así que tomó una gran bocanada de aire y relajó su cuerpo aún de espaldas a él antes de encontrar su voz y contestar con la verdad.

—No.

El hombre tras él suspiró y aflojó e agarre, aunque no lo soltó.

—¿Por qué?

En realidad era justo que pregunte pero... Kurt hizo una mueca... era justamente esto lo que había querido evitar.

—Porque quería evitar esto. Toda la cosa incómoda de la mañana después y eso. No me malentiendas, lo de anoche... fue fabuloso. Realmente lo disfruté mucho, pero yo no suelo hacer esto. No soy de los de una noche y... no estoy seguro de...

La mano en su cintura se movió con suavidad hacia la cadera, distrayéndolo eficientemente de lo que fuera que estaba diciendo porque, ese pequeño movimiento no hacía nada por calmar su pequeño problema matutino que había reaccionado fuertemente ante los recuerdos anteriores y aún no había descendido.

'Maldita sea.'

El beso en la nuca tampoco ayudó.

—Relájate —sintió el rubio ronronear en su oído—. No tenemos porqué hablarlo... ahora.

Y Kurt encontró que no podía estar más que de acuerdo con esa afirmación cuando sintió como la dura polla, ya querida y conocida, se encajaba entre sus glúteos y se abría camino hasta ese lugar prohibido y bastante dolorido, como si fuera seda resbalando por su piel.

No podía negarse.

El moreno se deslizó en él y entró sin prisas pero sin pausa hasta que estuvo completamente empalado hasta lo más hondo de sí, una vez más, y acertándole desde la primera estocada a ese lugar que le hacía querer llorar de infinito placer. Ese lugar que sentía total y absolutamente machacado y abusado hasta lo indecible después de todas las actividades nocturnas. Aún así... el gimió... quería más.

—Tan malditamente apretado... Joder.

No, Kurt ya no estaba TAN apretado como hubo sido a principios de la noche anterior pero, AÚN ASÍ, él podía sentir cada pedacito de músculo tratando de retener aquél apéndice dentro suyo que le provocaba tan indescriptible e inexplicable goce desde el mismo momento en el que el glande irrumpió en él.

Justamente porque sus músculos se encontraban ya distendidos y bastante trabajados y relajados fue que el moreno pudo aventurarse a entrar en él sin la siempre necesitada previa preparación. No que le importara realmente, ya que ese leve tirón de dolor solo terminaba añadiendo una pizca más al placer eventual.

El leve vaivén del acoplamiento de sus caderas se mantuvo en un ritmo lento y sosegado, casi calmante se diría... si no fuera por el hecho de que el apriete en el estómago y los espasmos y tensiones características previas al orgasmo comenzaban a formarse nuevamente en el bajo vientre de ambos.

Manos volaban por toda la extensión de piel a su alcance mientras que sus bocas saboreaban los gemidos pasionales que salían de ellas.

Kurt terminó torciendo el brazo del lado del colchón por debajo de su propia cabeza hasta lograr alcanzar la nuca de Harry y aferrarlo lo más cerca que podía a él mientras que la otra se aferraba posesivamente a esa nalga que sentía aflojar y contraer con cada embestida y retirada. Gimiendo sin pudor alguno ante la carga de sensualidad y lujuria que lo envolvían.

Harry lo moldeaba, formaba y derretía como masilla entre sus dedos. Y le encantaba. Estaba verdaderamente asombrado con la docilidad que demostraba ante este hombre que en realidad no dejaba de ser aún un completo desconocido.

El joven podía sentir esas manos serpenteando por su torso, aferrando su cuello, apretando sus caderas... pellizcando sus pezones. Acariciando lenta y perezosamente la suavidad de su vientre para luego deslizarse tentadoramente por sus muslos. Burlándose una y otra vez al no concederle ningún tipo de atención a la parte más claramente necesitada de él. Esa parte que latía palpitante y cada vez más y más rígida conforme los menesteres continuaban.

Todo ese completo control de acciones lo estaba exasperando, por lo que, finalmente el rubio se rompió a su frustración y simplemente espetó que se apresurara porque no aguantaba más.

Al parecer esa no fue la mejor manera de encarar el asunto...

El moreno frenó en seco sus movimientos al escucharlo, antes de emitir una pequeña risa baja y colocar un beso suave en la delicada y muy sensible unión de su nuca con el hombro.

—Recuerda nene... Tú lo quisiste...

Y eso fue todo.

Eso fue todo lo que el más joven recibió como aviso antes de que su cintura fuera bruscamente apretada, quitándole todo el aire de sus pulmones y deteniendo el grito indignado que estaba a punto de salir de entre sus labios. Ni siquiera tuvo tiempo de quejarse o protestar al respecto ya que en cuanto el agarre aflojó él se vio siendo brutalmente empujado hacia delante por un muy certero golpe que le hizo medio gritar medio gemir.

Kurt apenas si registró el hecho de que ahora sus codos, cara y pecho se estaban apretando contra las sábanas ligeramente húmedas o que de pronto estaba sobre sus débiles rodillas con el trasero toscamente elevado y retenido por dos poderosas tenazas en forma de manos... o el hecho de que su dolorosa erección iba y venía, balanceándose y rozándose de manera errática con un placer rayano en el dolor.

No. Él ciertamente no podía sentir nada de eso. No podía darse cuenta. No cuando esa polla dura como una roca y caliente como el infierno se estrellaba una y otra vez más y más hondo en cada golpe. Golpes tan certeros y con tal velocidad que ni siquiera le dejaba respirar. Mucho menos pensar. No. Lo único que Kurt podía hacer era no parar de gritar y gritar con cada una de esas poderosas estocadas que sentía llegar hasta el mismísimo centro de su alma y que al final pasó a ser solo un interminable quejido lastimero que parecía nunca acabar.

Su próstata completamente abusada le enviaba oleadas de placer sin diluir que apenas podía manejar y su propia erección se sentía húmeda y necesitada, llena con el pre-venir y pesada e hinchada en busca de una liberación que parecía no querer venir a pesar de toda la carga y sobrecarga de estímulos a los que estaba siendo sometido.

—No. No te vas a tocar. No vas a acabar. No aún Kurt ¿entiendes? —ordenó el mayor al notar como él apretaba y cerraba su mano todo el camino por entre las sábanas hasta casi llegar a su miembro.

¡Necesitaba acabar!

¡Era una tortura! Gloriosa sí, pero tortura al fin y al cabo.

Golpe. Golpe. Golpe.

Grito. Grito. Grito.

—¿Te gusta, verdad Kurt? Te encanta que te joda hasta que no sabes nada más que el placer que provoca mi polla enterrada en tu culo... ¿o no? —dijo el otro con voz ronca y contenida.

—Por... favor —susurró él ahogadamente. Mendigó. No importaba. No podía hacer más. Todo su cuerpo tenso como cuerda de arpa. Sus músculos protestando ante tal presión continua.

—Pídelo. Ruega por ello, hermoso. Dime exactamente como quieres que te joda ahora...

Kurt gimió.

Él no lograba entender del todo. La única certeza era que su cuerpo estaba siendo carcomido por la obvia necesidad de solo acabar y liberarse.

—Lo que sea. Cógeme... Duro. Rápido. Más... Solo...

Nunca llegó a terminar lo que fuera que iba a decir.

Pronto olvidó completamente todo cuando tras los golpes y los gritos, Kurt por fin se vio recompensado con un apriete casi doloroso en su miembro, al tiempo que su cuerpo se tensaba hasta lo inimaginable antes de alcanzar la tan desesperadamente ansiada liberación.

*

Pareció pasar una eternidad hasta que pudo sentir su conciencia llegar desde lo que aparentaba ser un lugar muy muy lejano, y aún más para llegar a sentir su cuerpo responder a los comandos más básicos; como el hecho de mover su cabeza lejos de la almohada donde había caído enterrada para así poder respirar mejor, o de mover la rodilla que ahora sentía dolía al haber quedado atrapada bajo el peso muerto del otro.

'Uggh. Eso fue... algo' -pensó, gimiendo por dentro al comenzar a notar cuan verdaderamente dolorido había quedado tras el asalto-. 'Quién hubiera imaginado que podría encenderme tanto con toda esta cosa posesiva y dominante. Ciertamente yo no eso es seguro' -se dijo antes de suspirar. Un suspiro claramente saciado y agotado.

El rubio no podía entender como él, el chico al que le encantaba estar en completo control de las situaciones, pudo haberse... calentado -a falta de una mejor palabra al respecto-, tanto con este último asalto.

No que se quejara. Para nada, pero... le resultaba muy muy extraño.

Casi saltó fuera de la cama cuando sintió una mano caliente aferrarle por la cintura, acercándolo a un igualmente caliente cuerpo. El grito -que tenía que reconocer no fue muy masculino-, no pudo evitarlo.

—Hey ahí hermoso.

El cálido aliento del susurro se coló por su oído y agitó todo su cuerpo en respuesta a esa voz ronca y rasposa que destilaba sexo por cada partícula, átomo y célula de principio a fin.

'Dior ¿qué demonios tenía este moreno británico para hacerle reaccionar así? Esto definitivamente no parecía ser nada normal en él.'

—Mmmhh.

El sonido salió por entre sus labios sin siquiera ser consciente de ello y el hombre tras él rió en respuesta.

—Vamos cariño, puedo sentir a tu precioso estómago comiéndose a sí mismo. Ven, te haré algo de comer.

El tono con lo que esto fue dicho fue sin dudas ligero y aún divertido, por lo que Kurt se sorprendió cuando esto le hizo sentir molesto al tiempo que sentía crecer el calor de su rubor. No sabía porqué pero, toda esa cosa de los apodos, aunque lindos y cariñosos, le habían molestado. 'Te molesta porque es una muy maldita buena fantasía que te hace recordar lo que ya creíste enterrado y superado. Cosas que siempre quisiste vivir... pero con una pareja. No con el polvo de una noche.' La voz en su cabeza fue cruda en aquellas tan certeras y odiadas palabras. Era u hecho que odiaba a su conciencia en esos momentos.

—¿Acaso olvidaste mi nombre? Porque déjame decirte que no me...
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Él NO pudo evitar el tono afilado y tenso de su voz.

Todo el momento relajado post orgásmico pareció desvanecerse en cuestión de segundos.

—Alto ahí Kurt —dijo el moreno con una voz firme mientras que el joven solo podía parpadear mirándolo como un bonito búho. Su enfado completa y repentinamente olvidado. '¿Qué demon... ?'—. Mira, espero recuerdes que ya había dicho tu nombre hace tan solo unos minutos, así que no es que no lo recuerde ¿bien? Si lo que sucede es que te molestan los apodos; dilo, pero no busques excusas y pelea por algo tan tonto como eso porque no te seguiré el juego. Si te sientes incómodo o lo que sea solo dilo y vete, no me voy a enfadar o escandalizar por ello. Eres joven y es obvio que no eres de los que suele hacer esto, incluso tú mismo lo has dicho antes, por lo que entiendo que esto puede ser un poco mucho para manejar. Pero, si solo fue una pequeña reacción del momento y crees que puedes manejar el conversar con normalidad con alguien con quien te has encamado la noche anterior entonces, bien puedes asearte y encontrarme en la cocina cuando estés listo —dijo el, hombre, comenzando a levantarse de la cama sin siquiera preocuparse por el hecho de que estaba completamente desnudo a la pequeña luz del día que se colaba en el cuarto. No que a él le importara ya que el brit realmente tenía un cuerpo de infarto—. Y, si decides solo marcharte... quiero que sepas que realmente has sido un completo placer y que, me gustaría... —Kurt vio extrañado como el hombre agitó su cabeza como para reorganizar sus ideas y dejándolo con la acuciante curiosidad de lo que fuera que había estado a punto de decir—. No importa. Iré a hacer café y unos waffles ¿de acuerdo?

El joven lo vio partir hacia la puerta de la alcoba, deteniéndose solo un segundo para tomar unos olvidados pantalones vaqueros que había sobre uno de los sillones de camino. Parecía ropa que había vuelto de la lavandería.

Este era el momento. Ahora lo único que tenía que hacer era tomar su ropa -de donde sea que estuviera-, vestirse y... ¿y qué? ¿Irse?

Kurt tuvo que reconocer que en verdad había actuado como un pendejo. Culpaba a toda una vida de acoso y burlas que lo hicieron estar siempre a la defensiva pero... bueno, el hombre no había sido más que atento con él y no estaba dispuesto a quedar como un completo niñato. No importa porqué de pronto le habían entrado esas tremendas ganas de salir huyendo de ahí. De él.

'Sabes bien porqué maldito traumado antisocial. Nunca dejaste que nadie te conozca realmente ¿Eh? Y aquí está, este tipo tremendo que tiene todos los complementos necesarios para ser tu hombre ideal pero que estás aterrado de ver que no es alguien que tú puedas controlar. No como Blaine... ' -él gimió ante el tono absolutamente perra de su propia insana conciencia que parecía no querer darle un respiro y resopló ante todo lo anterior dicho implicado. NO, él NO había controlado a Blaine, y él NO tenía, miedo. No lo tenía ¿Por qué habría dé? Él no... -'Oh ¿a quién quieres engañar? Tienes tantos complejos que estás completamente aterrado de solo caer a los pies del primero que te preste algo de atención. Y Adam no cuenta porque... no lo hace. Y lo sabes. Lo sabes a pesar de que quieras hacerte creer que en realidad el tipo en verdad merece la oportunidad aunque solo lo hagas por el triste hecho de no estar solo por más tiempo. Patético. Blaine fue solo un cachorrito hasta que te fuiste. Él ya no podía manejar el ser el centro de alguien... Y te destrozó en el proceso ¿no?'

Él no pudo pensar en nada para refutar todo lo anterior dicho. Era como si el pasar la noche con este hombre hubiera roto todos sus diques. Como si de pronto se hubieran derribado todas las barreras que tanto esfuerzo le habían costado en crear.

'¿Por qué es que te molestaron tanto los apodos? ¿eh? ¡Porque no estás acostumbrado! ¡Porque nadie ha sido tan agradable, interesado y, afectuoso, todo a la vez, contigo! Y, encontrar aquello que siempre anhelaste en un tipo cualquiera para el que fuiste solo un polvo es... '

—¡Basta! Uuughh.

Kurt se puso de pie pisando lo suficientemente fuerte como para ahogar sus propios pensamientos mientras se enfocaba en buscar y recoger sus ropas. Obviando eficientemente el hecho de que con cada pequeño movimiento sentía el dolor palpitar por todo su cuerpo.

Como si estuviera en una especie de piloto automático, el joven fue al baño y dudó solo dos segundos antes de decidirse una muy necesitada y rápida ducha. Solo lo suficiente como para quitarse de encima todo el resto de sudor y semen que hubiera quedado pegado a su cuerpo. Estremeciéndose cuando, al pasar el jabón y manos por su cuerpo éste podía evocar los ecos de otras manos, de otras caricias junto con flashes de recuerdos de la reciente noche.

Se sentía tonto.

Tomando una toalla se secó con celeridad y se vistió, haciendo unas extrañas muecas ante las arrugas de sus prendas. Sin embargo fue cuando al girarse se miró al espejo que el shock real llegó...

Su cuello y pecho estaban plagados de morados, rojos y negros verdosos y azulados por las mordidas, aprietes y chupones que el otro le había 'obsequiado' en medio del placer nocturno. De igual forma, fue el rostro lo que más le asombró...

Sus ojos, sus tan particulares ojos, estaban brillando particularmente VIVOS, resaltando por igual los tres tonos fríos que solían variar en él. El azul hielo, el gris acero y ese leve toque de verde claro que solía aparecer reía hasta casi llorar o cuando estaba simple y sencillamente feliz. Sus pómulos estaban rosados y su piel parecía brillar como el satén. Se veía... bien. Se sentía, bien.

Se dio una sonrisa temblorosa y pasó una mano por sus mojados y aún muy extrañamente desordenados cabellos que ahora lucían tan oscuros como el trigo.

Era hora de salir... y actuar como el adulto en el que se estaba convirtiendo. Como el adulto que era.

Kurt definitivamente obvió la pequeña risa burlona que pudo sentir en lo más profundo de su mente.

Bueno... que no se diga que Kurt Hummel no hace frente a sus inseguridades. Maldita conciencia... y maldito fuera este impresionante británico por poner todo su organizado mundo de cabeza. Si hubiera sabido...

—Basta. Concéntrate. Es solo un café y un adiós... nada más...

Salió del cuarto de baño y cruzó la habitación hacia la puerta antes de que su resolución flaqueara. Él pondría buena cara y hablaría de algo superfluo mientras tomaba un café -que esperaba estuviera bien cargado-, y luego solo se iría con la cabeza en alto a realizar un completo análisis de conciencia o camino directamente a un psicólogo. Lo que ocurriera primero ya que al parecer tenía unos cuantos temas por tratar.

Llegando al marco de la puerta de la sala vio lo que solo podría definirse como 'exquisito' delante de él, y supo que, quizás, hubiera una manera mucho más 'entretenida' de resolver sus traumas románticos. Solo necesitaba tener a cierto moreno interesado en volver a repetir todo eso de hacerle olvidar hasta el nombre.

Definitivamente exquisito.

Definitivamente un reto.

Nada pudo haberlo preparado para la situación que luego se le presentó.

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