17 de septiembre de 2013

EL HEREDERO DE LA MUERTE... CAPÍTULO 2

Disclaimer 
Los personajes pertenecen a JK Rowling y la historia es de mi autoría. NO permito copias o publicaciones de ningún tipo.




~*~ EL HEREDERO DE LA MUERTE ~*~




PAREJA: Harry Potter y Lord Voldemort.
RATED: MA
ADVERTENCIA: AU. Algo de OOC. SLASH -es decir relaciones homoeróticas-, lenguaje adulto, escenas explícitas. Dark Harry. EWE. Algo de DOM Harry. Posible MPREG.
AVISOS: Aquí Dumbledore sigue vivo -se explicará más adelante el cómo y porqué. Personajes propios. Herencia -no creature fic-. Sinceramente van a tener que leer para entender...
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Alazán: El jinete de guerra.

Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: "Ven". Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande.

Ap. 6,3-42

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Voldemort bajó con cuidado el vaso que previamente se había llevado a los labios, mirando como el líquido ambarino se movía incesantemente y refulgía al reflectar las llamas.

Bueno... sin dudas esto era... extrañamente fascinante -pensó con ironía antes de recobrar por completo su habitual temple.

Primero, reticente. Luego, intrigado -muy a su propio pesar-. Y por último a pasar enseguida a estar total y completamente indignado. Furioso. Cansado. Hastiado... y dolorosamente shokeado.

Habían pasado varias horas ya desde que, Potter-aún en sus pensamientos sentía escupir sobre ese maldito nombre-... No, Khlôros, había comenzado a narrar de manera uniforme toda esa larga red de mentiras, manipulaciones, fracasos, frustraciones y descubrimientos tortuosos.

¡Maldición!

Sinceramente él no sabía qué sentir primero, aunque lo más probable era que en realidad eso se debiera al hecho de que no se había permitido sentir algo más que pudo odio y venganza en mucho, mucho tiempo. Era sumamente raro tener que hacerlo ahora y por tales temas. Todo era... demasiado como para asimilarlo y analizarlo tan de repente. En cambio, antes de sucumbir al extraño pero previsible dolor de cabeza que ya veía venir, se dedicó a mirar a aquel mocoso que... no... no era un mocoso. No ERA el mismo mocoso que él conocía. Él no tenía ante sí al epíteto de la luz, no, en cambio sí tenía a un hombre que de pronto le estaba haciendo ver como toda su vida había sido una completa farsa bien orquestada y en la que él mismo, por un absurdo capricho del destino, se había rebajado a estar a merced de él. Era difícil asociar la imagen de aquel mocoso que tantas veces había intentado eliminar -cada una con un resultado más catastrófico que el anterior tenía que reconocerlo-, con la del hombre joven en pleno auge de vida y poder que se hallaba ante él. Sin dudas el porte imponente de ahora no era algo que hubiera soñado nunca en ver a su 'antiguo' adversario.

Era, dolorosamente obvio, que había muchos a quienes culpar y definitivamente él no sabía por quien comenzar.

Con su cordura completamente restablecida era consciente de la magnitud de todos sus actos y sus muchas repercusiones y consecuencias. No recordaba en que punto todos sus muchos ideales se habían ido degenerando hasta deformarse y terminar en lo que hoy era. Toda esa matanza indiscriminada de magos sangre pura en ataques que realmente no tenían ningún fin real más que el hecho de solo crear caos y terror a su solo nombre.

El hombre sintió, no sin cierto desconcierto, como sus 'nuevos' cabellos rozaban su cuello, nuca y principio de espalda al mover la cabeza negativamente. Vagamente se preguntó como se vería ahora y ¿cómo querría verse? No como el joven ingenuo que fue, eso era seguro, pero tampoco quería verse como aquel monstruo en el que había acaecido. Sinceramente... no lo sabía.

Oh, él no había cambiado. No realmente para el caso. Solo estaba... lúcido, increíble y maravillosamente lúcido, como hacía ya décadas no se sentía o recordaba estar. Su odio a los muggles aún se sentía fresco y ardiente. Su odio por la vieja focha era incluso mil veces peor... su, furia, contra las mentes estrechas ante la necesidad de la simple evolución era aún algo demasiado grande. Demasiado en realidad. El mundo mágico estaba en una urgente necesidad de implosión con respecto a tantos temas que ahora parecían arcaicos que por un momento se vio abrumado ante la realización de que, aún con toda su mente completamente activa, él no sabía por donde comenzar.

Sin embargo se obligó a dejar de pensar en todo ello y a colocar la máscara de indiscriminada tranquilidad que él sabía había dejado caer debido a que, no solo sus nuevas facciones -aún desconocidas y ajenamente extrañas-, eran demasiado diferentes como para controlar de entrada, sino que el shock de todas las 'novedades' recientemente reveladas a él y las inquietantes noticias sobre su propia vida fueron más de que al parecer fue capaz de manejar con su más absoluta integridad.

Khlôros observaba morbosamente fascinado como el 'Oh, gran y poderoso Señor Oscuro, Lord Voldemort', sufría tal severo shock de causa de las tan grandes novedades respecto a su verdadera y actual... condición.

Sabía que de ninguna manera él sería alguien fácil para doblegar... Y eso le encantaba de una manera tan sádica que le tomó un par de segundos para reconocer como propio la magnitud del sentimiento. Él apenas podía recordar como había sido hacía ya tantos años cuando había sido tomado de este mundo. Apenas podía ser capaz de relacionarse a sí mismo con aquel chiquillo confiado e ingenuo que había sido. Completamente sesgado en la visión general del todo. Guiado ciegamente por quienes otrora pensara líderes en los que confiaría su patética vida.

Era pura suerte del destino que ya no lo fuera...

El gran Dark Lord había terminado resultando ser un reto para él. No más que un juego que estaba ansioso por comenzar, un entretenimiento para su nueva vida eterna. Un mero juguete.

Él casi podía visualizarse bailando tontamente un pequeño baile de victoria de la pura felicidad que todo esto le traía. Esto había resultado ser mucho más divertido de lo que jamás hubiera imaginado.

Sí, sin dudas aquel dicho mortal tan popular sobre que el karma era una perra resultaba ser más que legítimamente aplicable para este caso en particular. Y sí también al hecho indiscutible de que él estaba ciertamente emocionado por ver como este 'hombre' se vería obligado a quebrarse al tener que presentarse ante él. Justo. Ante. ÉL; de entre todas las posibles personas. Pero bueno, tal y como había pensado muchas veces... todo era culpa del karma.

El ruido de una garganta aclarándose le sacó de sus muy divertidos y fantasiosos pensamientos macabros pero, oh, tan placenteros...

Al parecer el tiempo para las reflexiones solitarias había finalmente llegado a su fin.

—Ahora, y solo para que esto quede perfectamente claro, me gustaría saber que es lo que esperas con esto ¿qué es lo que planeas conseguir?

—¿Planeo? Mmm... Sí, planeo. Planes tengo muchos, demasiados, realmente eso es seguro. Pero nada que debas saber ahora mismo. Convengamos que realmente es bastante tarde y ya hemos hablado lo suficiente por ahora... así que voy a retirarme por el momento y dejarle a usted con sus pensamientos. Reconozco que, sin lugar a dudas le he dado mucho con lo que ponerse al día y mucho más para asimilar pero, creo poder confiar en que a la velocidad en que su mente trabaja ahora usted encausará todo donde debe en breve. Mientras tanto procuraré darle un tiempo para procesar todo... y a la vez, espero que cuando nos reunamos de nuevo, pueda notar alguna mejora en su trato para conmigo ya que ciertamente no me gustaría tener que verme obligado a comenzar a forzar nada en usted. No tan pronto. Puedo ser paciente, le concederé eso, y puedo ser mucho más comprensivo de lo que sin dudas siento que puede merecerse; pero no piense ni por un minuto que voy a estar tolerando sus desafíos. Estoy harto de ello... Lo estaba mucho antes de hoy en su propio tiempo y sin dudas lo estoy aún más ahora así que créame cuando le digo, 'señor', que no tengo ganas de recaer en tal cosa absurda. No se preocupe sin embargo, sin lugar a dudas nos encontraremos hablando más al respecto... pero todo a su debido tiempo.

Era casi divertido ver como de obvio estaba resultando ser su 'pareja' -por Merlín que aún no se acostumbraba a pensar justamente en esta persona como su pareja destinada-... Como fuera...

Estaba siendo terriblemente fácil el ver en sus muy hermosas y nuevas facciones la compleja lucha interna que se regía en él. El deseo de exigir saber más en el mismo instante en el que él quería -tal y como estaba tan acostumbrado a que suceda-. Contra el evidente anhelo de que el joven Harry -ya no tan joven y de ninguna manera ya como Harry-, solo desapareciera y le permitiera pensar, planear e investigar cualquier método ya fuera terrenal o no para liberarse de las garras en las que sin saberlo hacía ya tanto tiempo había caído.

Era una pena.

Una gran y absoluta pena que le hacía sonreír ya que en este punto ni siquiera el mismísimo Zeus podría anular tal enrevesado vínculo entre ellos ya que no solo incluía sus almas sino también magia y sangre. No había forma mágica -ya fuera terrenal o de los dioses- de desligarse de este enlace que fue seriamente resguardado y fomentado por los hilos del destino. Muy a pesar del pobre Lord Voldemort, quien sin lugar a dudas tendría más de una rabieta cuando se diera perfecta cuenta de que esto estaba mucho más allá de él.

Seguramente eso sería divertido de ver.

Quería reír. Oh, lo quería tanto... pero no era el momento de burlas. Lo sabía. Y de todas maneras el buen humor que se cargaba no se lo quitaría nadie. Ni siquiera el maldito de Apolo con su doble rasero de moralidad, líricas endebles, poemas tontos y todo eso. El hermoso pero muy entrometido Apolo.

Congelando una pequeña sonrisa de completa y evidente autosuficiencia al pensar en ello en su -aún- joven y hermoso rostro, él se irguió gallardo cual caballero tras hacer una elegante y formal reverencia antes de simplemente desaparecer, dejando así a un muy enfurecido, confuso y algo temeroso -aunque no lo reconociera ni bajo las llamas del infierno mismo-, señor oscuro mientras que él disfrutaba de la libertad de moverse una vez más por entre las densas sombras de la noche pensando a su vez en sus siguientes movimientos entre todo lo que era necesario hacer. Lo cual era bastante...

Pero había tiempo.

La guerra de la luz y la oscuridad era algo pasado para él, pero no para el resto. Y ahora dependía de él sacar a relucir un final para el que ninguno de los lados estaría preparado nunca pero para el que lamentablemente nadie podría hacer nada por evitar.

Ya estaba escrito.

Ya fue vivido.

El destino estaba en curso.

Pero, 'primero lo primero' -como solía decir una y otra vez Ares y Atenea cuando lo iban a instruir en una nuevo arte-. Le daría a su orgulloso señor un par de días para que tuviera tiempo de curiosear e investigar a gusto. De paso él bien podría utilizar esos días para comenzar a poner en orden todos esos pequeños detalles de los cuales nada quería saber pero de los que ciertamente sabía que sería mejor hacerse cargo antes que después.

Ir a Gringots... malditos duendes del demonio que seguro ya sabrían más de lo que él querría admitir.

Cerrar las casas de su linaje y sobre todo Grimauld Place... no fuera cosa que la orden tuviera aún tales libertades gracias a él.

Visitar la sala del velo y la de las profecías... había cosas que había que sellar allí sin lugar a dudas.

Y buscar a su último jinete...

Su jinete negro...

Jinete del hambre.

Lo único que esperaba era que fuera uno de ellos.

Su padre estaría orgulloso.

ÉL estaría orgulloso.

Sí, bien podría hacer algo útil durante unos días. Desde luego ya era seguro que después quizás estuviera demasiado 'entretenido' con su muy orgulloso Dark Lord como para andar viendo tales pormenores. Su muy muy orgulloso Dark Lord...

...Su muy orgulloso jinete rojo.

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