27 de septiembre de 2013

EL PLACER DEL PECADO... 19

Disclaimer 
Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.

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EL PLACER DEL PECADO

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"Esta es la historia de dos jóvenes prohibidos desde el mismo instante de su creación.
Una historia de amor fraternal destinada a un caótico fin.
Un amor que simplemente es cenizas antes de que el fuego se encienda.
Un amor corrompido, repudiado, condenado…

…Un amor de pecado".

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CANCIONES DEL CAPÍTULO:

(Habrá pequeñas frases tomadas de las letras de las canciones)
Turning Tables -Adele

Complicated -Rihanna
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'Tenemos que hablar'

Que maldita frase tan insoportable y patéticamente cliché que siempre terminaba sonando -casi de manera trágicamente inevitable-, tan angustiosamente condenatoria.

Hablar.

Una palabra. Dos simples sílabas. Seis pequeñas letras. A eso terminaba resumiéndose todo. Una palabra que les hacía estremecer a ambos por ser la causante de hacerlos sentir tan ingenuamente indefensos y expuestos a toda esa vorágine de sentimientos tan diametralmente complejos y contradictorios; y a la vez, tan asquerosamente intensos, y superpuestos, y enredados unos con otros que era soberanamente difícil de reconocer donde comenzaba uno y terminaba otro. Tantos que les mareaban. Tantos que les desorientaban. Tantos. Tantos.

Se perdían en ellos.

Abrumándolos en cada rincón y resquicio de razón hasta dejarlos sumidos en la locura insana de la contemplación. Contemplación de querer, anhelar y desear algo más. Mucho más.

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El cuarto donde otrora hubo tantas tacitas y muñecas, ahora se hallaba mostrando de manera reveladora una nueva capa, una nueva faceta de la mujer que ahora tenía ante sí.

Cansinamente, él, de alguna manera ya más que meramente inconsciente, dejó que su mirada se embebiera de cada trozo y detalle. Viendo con infinito asombro las bellas muestras de acuarelas de paisajes que se encontraban dejadas como al descuido sobre una mesa que reconoció al instante como objeto de uso solo artísticamente profesional.

Detalles. Eran tantos los detalles en los cuales quería embeberse hasta embriagarse. Tantos en los cuales quería deleitarse hasta conseguir que sus retinas pudieran luego recrear una fiel copia en sus largos momentos de soledad.

Había tanta, vida, allí. Tanta vida que él se había perdido.

Tiempo. Él se había perdido tanto tiempo.

Y, Lo más trágico de todo era el hecho de que, muy en el fondo pero cada vez mayor, podía sentir crecer en el la innegable duda. La incertidumbre. La inseguridad. Inseguro ya de que todo ese maravilloso tiempo perdido no hubiera sido para mejor, que no hubiera servido de absolutamente nada porque ahora mismo él podía sentirse perder en el mismo limbo tormentoso del cual había huido hacía ya tanto.

Tiempo perdido que hubo servido de nada.

Tiempo que ya no sabía si fue para mejor... o para peor. Ya no sabía nada.

Ineguro una vez más.

La raíz de la mala hierba creciendo y arruinando todo con su fuerza bruta y natural.

Querer. Tener.

Deber. Poder.

Desear.

Era tanta la magnitud de la blasfemia de sus sentimientos.

Era tal la afluencia de su depravación insana.

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Hablar.

¿Cómo se suponía que ella fuera a hablar si las temerarias palabras que nunca hubo planeado decir de pronto se hallaban quemando en su lengua por salir? ¿Cómo habría de aparentar que todo era mínimamente normal una vez más cuándo, inconscientemente -o al menos eso quería ella creer-, ella les había guiado una vez más al mismo lugar exacto en dónde hacía ya años de la forma más horrenda y dolorosa ella encontró a la vez que perdió a su pobre iluso y demasiado joven y terco corazón?

Dolor y pasión.

Arrepentimiento y amor.

—¿Cómo has estado?

'¿Me has extrañado tanto como yo a ti? ¿Has siquiera pensado en mí?'

—Bien y tú.

'¿Porqué te fuiste y me dejaste así? ¿Porqué fue ese beso que me quemó y marcó la piel?'

—Bien.

Silencio.

Atronador. Abrumador.

Silencio.

Ensordecedor.

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'...¿Porque todo contigo tiene que ser tan complicado? ¿Porqué haces que sea tan difícil amarte?...'

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Un silencio que de pornto fue cortado por un sonoro bufido -casi un gruñido-, proveniente de aquellos carnosos y aterciopelados labios rosados. Un silencio cortado por la furia de una indómita y solitaria sirena.

Un silencio cortado por los labios del pecado.

—¡¿Esto es absurdo?!

'¿Porqué nos estamos haciendo esto? ¿Qué es lo que pasó que nos ha cambiado tanto?... ¿Cómo puedo volver a ti?'

—¿Qué?

'¿Podrás perdonarme por dejarte así? ¿Podrás perdonarme por amarte? ¿Podrías quizás amarme también?'

—¡Maldición Edward! Todo esto es, absurdo, bizarro... ¡terriblemente molesto! ¿Acaso no lo sientes? ¿No te das cuenta? —terminó ella gritando. Rompiéndose. Cayéndose a pedazos ante la cruel realización de la enorme verdad tras sus propias palabras.

Absurdo.

Su amor era tan solo algo absurdo. Algo sin sentido ni propósito porque desde un principio no tenía una meta.

Su amor era, nada.

'¿Tienes a alguien a quien ames y te ame ya? Cuán patética me veo ahora aquí, parada frente a ti, suspirando como una triste idiota porque tan solo notes que estoy aquí... que estoy aquí, para ti... siempre.'

—No en... Lo siento Isabella. Yo no... Será mejor que hablemos luego.

'¿Te has enamorado de alguien más ya? Quiero besarte. Desearía tanto poner mis labios sobre tu piel y besarte como un hombre besa a una mujer por tan siquiera una sola vez. Tan solo una maldita vez...'

—¿No es esto de lo más estúpido?

'¡Cuán enferma estoy como para desear con cada partícula de mi ser que tan solo por un mísero instante fueras realmente capaz de verme como alguien a quien amar? ¿Cuán ilusa estoy siendo realmente por mantener una pequeña pizca de esperanza de que realmente pase algo así?'

—Sí, lo es ¿no?

'¿Porque sigo aquí? ¿Porqué me torturo así? Teniéndote tan libremente al alcance de mis manos y saber que por siempre debo de mantenerme alejado...'

—¿Quieres...? Bueno, quizás...

—¿Qué? —le cortó él bruscamente. Estar allí tan cerca de ella le estaba haciendo estragos a su pobre mente ya de por sí tormentosa. Le dolía

—Es que... siento... Lo lamento. Es solo que me siento tan, frustrada, de que llegaste hemos estado hablándonos así, como si nada. Como si fuéramos extraños y no, no hermanos que no se han visto en un largo tiempo. Duele Edward. Y no lo entiendo. No entendí tampoco cuando te fuiste así y sé que no entiendo ahora porqué te estás comportando así.

—Yo... No. Esto es...

¿Qué decir que no traicione aquella verdad que nunca podría salir? ¿Cómo decir que hacía lo que hacía y actuaba como actuaba por tan solo intentar mantener la cordura y el equilibrio -endeble, pero equilibrio al fin-, solo un poco más.

—¿Ves? A eso mismo me refiero. Ya no hablas conmigo como antes, como cuando éramos chicos. No me gusta. No lo entiendo Ed; ¿Qué hice mal? ¿Por qué cambiaste tanto conmigo? Puede que antes no entendiera del todo cuánto nos habíamos alejado realmente pero ahora lo sé, me doy cuenta; y no me gusta porque...

—¡¿Y crees que a mí sí?! ¿Crees que a mí me gusta esto Isabella? Maldición, creí... pensé... ¡Mierda! Tú no sabes una mierda de nada hermanita —escupió con saña por el dolor que las aparentemente preguntas, pedidos y dudas le su hermana le sucitaban—. Ya no somos unos malditos niños y yo no tengo porqué andar cumpliendo cada uno de tus caprichos. Tú solo tienes que seguir siendo la perfecta niña de mami y papi y dejar que yo sea el jodido fracaso de esta casa y así solo...

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'...Pero si en verdad quieres estar solo, entonces yo me rendiré nene porque en verdad lo intenté...'

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—¿Cómo... cómo pudiste? —preguntó con voz baja y quebrada. El dolor en su pecho le hacía difícil respirar y aún más hablar con propiedad. Pero el enojo frío ganó y su voz poco a poco creció— ¡¿La perfecta niña de mami y papi?! ¿De mami? ¡Eres un maldito bastardo Edward! ¡Sabes condenadamente bien que mi madre esta muerta! ¡Muerta! ¿Lo oyes bien? Eres, tú... No puedo creerlo Edward. Nunca pensé, nunca esperé que dijeras algo así. Yo solo... Soy una idiota ¿verdad? A ti ya no te importa una mierda de nada de mí y posiblemente de nadie de aquí. Sigues siendo como hace tres años, solo un chico que juega a ser malo y que no tiene ni idea de lo que quiere. Eres... No puedo odiarte, pero definitivamente creo que eres alguien completamente despreciable y no...

—Bella yo...

'¡Oh por Dios! No. Por favor. Que alguien por favor solo me despierte y me diga que en realidad esta charla nunca sucedió. Que alguien me diga que estoy soñando, una pesadilla... ¿Cómo pude? ¿Cómo pude ser tan cruel? ¿Por qué?'

—No. No me importan tus disculpas o excusas más Edward. Creí, intenté hablar contigo porque quería recuperar a mi hermano. Quería recuperar a esa persona a la cual le contaba todo y a la que más confiaba a pesar de que en el pasado me rechazaste una y otra vez aunque nunca supe porqué. Pensé que después de tanto tiempo habrías cambiado un poco, que habrías madurado. Pero me equivoqué ¿no es así? Y lo siento por ti, y más lo siento por Esme, y por papá —dijo ella finalmente con el rostro contraído en una visión de puro dolor y con la agonía irradiando en olas de sí. Dolía tanto '¿Cómo podían unas palabras doler tanto?'—. Espero estés contento con quien eres Edward —dijo con la respiración temblorosa por la furia que contenía. Nunca, ella jamás de los jamases ella hubiera soñado en que esta charla en la que ella tenía la ilusa esperanza de arreglar un poco aquello que se había quebrado entre ellos, terminara saliendo así de mal. Jamás soñó con que la persona que más amaba se mostrara tan cruel.

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'...No puedo seguir con tu forma de dar vuelta las cosas. Debajo de tu pulgar no puedo respirar...'

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Dolor.

Oh, cómo les dolía en la piel, en los sentidos. El dolor de ser quien hubo dicho esas palabras y el dolor agónico de quien fue presa de ellas.

Desilusión.

Cruda y dura. Propia y ajena.

Enojo.

Furia.

Frustración.

Combo de emociones que les podían hacer llegar a perder la razón.

Cruel.

¿Porqué todo siempre terminaba siendo tan cruel?

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'...Así que no te dejaré acercarte tanto como para herirme...'

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De una manera u otra todo se reducía a DESESPERACIÓN.

Sufrir.

Callar.

Amar.

Sentir.

Desear.

Y volver a empezar.

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