10 de septiembre de 2013

Una deuda con el destino... Capítulo 13

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.

RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/JAMES EVANS Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/James y OMC (SEBASTIAN... que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.
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—Diálogo—
recuerdos/Flashbacks
'pensamientos'
Pársel
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..:: Capítulo 13 ::..

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—¿James... Evans?

—Exacto. Uso mis segundos. Mis segundo nombre y mi segundo apellido. Esta es mi otra vida y aquí soy solo James Evans. Contratista, asesor financiero, inversionista, entre otras varias cosas y proyectos que ahora no vienen al caso. Aquí nadie sabe o conoce a Harry Potter o todos aquellos maravillosos e infames apodos que me obsequiaron desde mi cuna salvo Sebastian, claro. Ya que estamos en eso te agradecería que a partir de ahora me llamases Evans en lugar de Potter. No quiero crear confusiones o problemas innecesarios como de seguro comprenderás.
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—¿Qué? ¿Acaso ni siquiera puedo llamarte James? Es tu nombre ahora ¿no? —preguntó entonces Draco en un evidente tono burlón.

Harry alzó una ceja hacia él en una clara muda pregunta; 'Porqué tú de entre todos poder llamarme así?' En lo que a él se refería no lo entendía. No podía entenderlo.

Analizando un poco más detenidamente la situación Harry hizo una pausa antes de encontrar las mejores palabras para plantear la enorme duda que tenía desde que todo esto surgió.

—Malfoy... ¿crees acaso que... crees que seremos capaces de.. mmm... llevarnos bien? Quiero decir ¿crees que seremos capaces de actuar lo suficientemente convincente como para aparentar ante todos aquellos que te conocen desde prácticamente la cuna de ello? —el rubio enarcó una ceja a manera altiva pero sin embargo Harry pudo observar con claridad que una mirada turbia se posaba en sus ojos por unos breves momentos. Duda—. La animosidad entre nosotros es demasiado obvia y más que muy evidente para quien sea un mínimo perceptivo y, por momentos, estoy seguro de que 'ambos' sabemos que puede llegar a alcanzar tal punto que parece casi tangible. Si en verdad planeas que la pantalla del matrimonio funcione políticamente creo que lo más propicio sería, no solo mostrarnos como un frente común sino también... conocernos. Conocernos bien y verídicamente de hecho —dijo haciendo apenas una ligerísima mueca en respuesta a sus propias palabras y pensamientos.

La verdad sea dicha, Harry no tenía ninguna gana de interactuar más allá de lo mínimo indispensable con el rubio pomposo. No quería 'conocerlo'... pero, si en verdad... arrg... pero, para cumplir su deuda debía, TENÍA que hacerlo. No podía ni siquiera molestarse en pensar en no cumplir o por tamaña estupidez.

—En verdad pareces otro Po... Evans —se corrigió enseguida el rubio. Cuanto antes se acostumbrara, mejor. Aunque de seguro bajo cualquiera fuera el nombre su sorpresa ante sus acciones sería la misma.

—No lo soy. No tanto al menos —decidió ampliarse un poco ante la inquisidora mirada aunque no pudo reprimir una mueca—. Aunque lo más probable sea que no lo creas, debo decirte que desde más o menos quinto año que en verdad soy así, incluso era aún más 'volátil' pero, aparentemente, mi actitud no era la propicia para un 'héroe', sobre todo si este estaba bajo el papel de mártir así que... Dejémoslo ahí ¿de acuerdo? —el otro asintió.

Mirándolo con la atención de un experimentado depredador el moreno pensó que, quizás y solo quizás -aunque no lo pareciera ni mucho menos admitiera-, el ex-Slytherin podría realmente entender más de lo que él mismo le creía capaz. Pero eso algo de lo que definitivamente no hablarían ahora... nunca.

—Creo... —se aclaró la garganta, la cual pareciera haber quedado algo más ronca de lo necesario.

—Perdona, no te he ofrecido nada aún ¿deseas tomar un café? ¿Té? ¿Algo más fuerte?

La sonrisa sardónica que se asomó en el rostro frente a él le dieron ganas de retirar rápidamente el ofrecimiento. Pero no lo hizo. Harry solo esperó la respuesta que quizás añadiera una pista más a este nuevo embrollo y circo que se había convertido su vida.

—Te pediría un Whisky de fuego, aunque creo que no lo tendrías aquí. Y, por más que me vendría bien cualquier tipo de bebida 'fuerte' por más muggle que fuere en estos momentos, no creo que sea propicio, por lo que solo me decantaré por una taza de té.

El moreno solo asintió antes de pulsar el intercomunicador y hacerle el pedido a Valerie mientras que en su mente repasaba cada una de las palabras dichas.

No porque creyera que el rubio podría tener un problema con la bebida, no, era más bien el hecho de que todo este asunto pareciera afectarle tanto o más que él si el hecho de mostrar tan bajas sus defensas eran una indicación al respecto. Y no solo se refería a aceptar que preferiría algo más fuerte para tratar todo esto con él, sino también por los pequeños gestos que se estaba permitiendo. Curioso.

'Quizás solo sea alguna consecuencia de Azkaban' -se dijo-... 'quizás'.

Esperaron los breves minutos en un silencio de emociones conflictivas y encontradas en las que solo se miraron por meros segundos antes de apartar sus ojos y dejarlos vagar hacia la nada.

Tras escasos minutos Valerie finalmente trajo dos tazas del té que Harry siempre pedía y prefería entrando, dejando las cosas y saliendo en completo silencio.

—Muy bueno —dijo Malfoy tras degustar la bebida.

—Gracias.

—Bien. Como decía, creo que tienes razón en cuanto al hecho de 'conocernos' —hizo una pausa entonces—. De hecho, creo que hasta nos sería conveniente —exclamó como si estuviera verdaderamente asombrado de su propio razonamiento disperso—... y, respecto a lo de tu, 'doble vida', como bien has atinado a describir —comentó haciendo apenas una mueca en la comisura de sus labios—, no estoy seguro de que funcione —levantó la mano rápidamente para acallar al moreno al ver que estaba a punto de comenzar una de sus diatribas—. Espera. Déjame terminar. Tienes que entender que, así como mi madre te hayó... también podrían otros. Y entonces todo estaría arruinado. Así de fácil. Todo terminaría siendo para nada si quien te descubriera decidiera indagar un poco en tu vida muggle antes de que nosotros supiéramos o pudiéramos atajarle.

Al moreno no se le pasó por alto el 'calor' que contenían sus palabras... Aún así... él solo negó con la cabeza sin apartar la mirada de esos brillantes ojos de plata.

—No lo harán.

—Pero...

—No. Lo que atrajo a tu madre hasta mí fue la propia fuerza mágica del vínculo de la deuda. La propia fuerza con la que ella quería cobrar su deuda. Créeme, no haría nada por arruinarlos, adrede.

Fue su turno ahora para hacer una pequeña pausa y dejar que su mano frotase su frente. Sabía que debía dar bases como para que el rubio confiara en él, al menos en lo referente a esto. Sabía que debía explicar el porqué se confiaba tan confiado al respecto.

—De acuerdo. Puedes estar seguro. Lo digo de enserio. Cuando... cuando dejé Hogwarts, apenas un año después de la batalla, ya había terminado mi séptimo año y era legalmente mayor de edad allí, pero no aquí. Así que decidí viajar por todo un año —no iba a decirle nada sobre sus entrenamientos y poderes. Aún no al menos. Quizás nunca. Todo dependería de las necesidades del momento—. Nadie me reconoció porque estuve aislado y, si tenía que interactuar o me veía obligado a estar en un pueblo siempre usaba nombres diferentes y llevaba diferentes glamours. Harry Potter desapareció ya desde entonces —una pausa. Silencio. Miradas fijas—. Una vez que vine aquí... —se paró y caminó erguido hacia el gran ventanal a su espalda—... fue, difícil, no diré que no. Conseguí documentación como James Evans y, poco a poco me creé una vida. Tengo títulos que me avalan, personas que ya me conocen. James Evans tiene una vida con todas las letras aquí. Incluso tiene un pasado... quizás algo trillado y mortalmente aburrido por lo ordinario, pero lo tiene.

Desde su asiento Malfoy escuchaba sin poder quitarle ni un segundo la mirada de encima a ese hombre que se estaba descubriendo ante él... escuchaba, y miraba. Miraba la silueta del hombre en el que su antiguo rival se había convertido. Y no pudo creer de ninguna manera que fueran uno y el mismo.

Se enfocó nuevamente en la historia que narraba y se obligó a enfocarse en detectar cada matiz tras cada palabra.

—... Una sola vez me topé con alguien que pudo reconocerme. No lo hizo. El solo hecho de verme entonces con un traje sastre, sin lentes, otro porte... seguramente eso fue lo más disuasorio, pero aún así me encontré con que se me acercó y 'preguntó'... eso fue suficiente.

El silencio que siguió estuvo cargado de demasiada expectación por parte del rubio por lo que no tardó mucho en ceder a su impulso y solo preguntar.

—¿Y?

—Y actué como ya me es habitual. En cuanto se me acercó le pedí a uno de los guardias que me acompañaban en ese momento, que lo detuvieran. Y luego, cuando solo me acusó de ser Harry Potter y de haber desaparecido a pesar de todo lo que... No importa. Yo solo me reí. Me reí fuerte y con ganas porque ése NO era yo. No más. Lo negué por supuesto —solo la demasiado atenta mirada del rubio fue lo que le permitió captar como sus manos se cerraban en puños a través del reflejo del cristal—... Se fue, pero regresó a los pocos días con alguien más que no reconocí. El trato entonces fue algo más rudo y la respuesta la misma —se giró. Sus ojos como dos llamas ardientes—. El caso es que el acompañante pronto entendió y desistió. No al verme, sino ante el trato. Harry Potter jamás trataría así a alguien. James Evans ni siquiera consideraría otra opción. No la querría. He ahí la gran diferencia.

El aura de poder crecía por momentos y el rubio se sentía como hipnotizado. Era todo. La voz. Los pasos sinuosos y casi felinos. El poder.

Draco le observó acercarse nuevamente hacia el sillón pero sin sentarse, tan solo colocando una mano allí, descansando en el respaldo de manera casual pero medida.

Todo en el moreno era medido ahora.

Y natural.

No solo por él. Sino por todo y todos.

—La diferencia. Sí. Pueden parecerse pero sin dudas no son lo mismo; y, si debo volver a ese mundo... tengo más que claro que debería de volver como el Hrry que una vez debí ser. Nadie esperaría otra cosa. Nadie esperaría a James... a mí. No 'aceptarían' otra cosa.

—Vaya Potter. Evans. Veo que en verdad has pensado en todo esto —comentó tras corregirse en el 'error' inicial, tratando y medio fallando en no dejar ver su asombro—. Por cierto ¿cuál fue el trato 'rudo'? ¿acaso los golpeaste? —preguntó con apenas un atisbo de sorna en su voz, como si aún no pudiera creer capaz al viejo Griffindor haciendo o siquiera permitiendo tal cosa. No, en realidad no podía creerlo.

Sintiendo por donde iban los pensamientos del rubio, James solo negó.

—Ahh, no fue necesario. Para nada. Lo único que les dije fue que de seguir molestándome terminaría por acusarlos de acoso y difamación... Y dije mi nombre, mi actual nombre —dijo como al pasar pero dejando ver una sonrisa lobuna—. Obviamente el acompañante me reconoció y finalmente ambos salieron bastante presurosos de allí. Nunca volvieron. Y por supuesto que tampoco lo esperaba.

—¿Y por qué, si puede saberse, habrían de solo huir por unas cuantas palabras y amenazas vagas? ¿Porqué temerte?

James sonrió.

—Ésa es la cuestión, Malfoy. Soy conocido y ya reconocido por ser un hombre justo y tranquilo, pero, de seguro sabrás que el llevar una empresa y tratar con tantos oportunistas diarios termina por entrenarte bien en los manejos más 'finos' del asunto... Por eso es que tengo a mi completa disposición al mejor gabinete de abogados del país a mi entera disposición, además de algunos muy influyentes conocidos en los espacios jurídicos. Una palabra mía termina por equivaler a dos claras y simples opciones; o mucho dinero -si lo quiero-, o unos cuantos años en prisión. Me alegra que no hayan vuelto.

Ahora Draco supo que no podía hacer absolutamente nada para ocultarlo.

La sorpresa que le generó el saber que el idiota buen samaritano que había conocido en sus años escolares hubiera sido capaz de comportarse entonces unas diez veces mejor que un propio Slytherin casi lo traumó.

¿Qué demonios había sucedido para que ahora fuera así?... Y no, no es que le desagradase. Quizás eso fuera lo peor en realidad. Ese leve atisbo de admiración, sorpresa, valoración. Sí, definitivamente era peor.

—Muy... Slytherin de tu parte —dijo sin poder contener el comentario. Ese comentario que estaba destinado a regresar todo a un territorio más conocido y habitual con la esperada explosión del moreno si respondía como antaño.

No sucedió.

No hubo explosión.

Nada.

Nada salvo un...

—Gracias —recibió la atónita serpiente como respuesta. Eso y una sonrisa... una-estúpida-maldita-sonrisa.

'¿Gracias? ¿Un jodido "gracias"? ¿En que clase de mundo alterno y bizarro había caído? ¿Qué demon...?'

—No me mires así Malfoy. Espero que no estuvieras solo aguardando una de mis viejas reacciones porque, realmente, Malfoy... Maduré...

Draco asintió aún a pesar del aturdimiento que le aquejaba. No supo si tomárselo como un velado insulto o no. Las palabras carecían de cualquier matiz necesario para enfatizar el significado de las mismas. Extraño.

Decidió dejar estas nimiedades para analizarlas objetivamente luego. Mientras tanto, lo mejor era enfocarse en los temas más actuales y preocupantes.

—P... Evans, tengo una duda sin embargo ¿qué va a opinar tu 'pareja' de todo esto? Digo, ¿crees que vaya a estar de acuerdo con toda esta fachada de la 'doble vida' como tú le llamas? ¿crees que estará bien con el hecho de que vayas a acostarte conmigo -porque obviamente eso es algo que tendrá que pasar, añadió al ver el evidente endurecimiento de las morenas facciones- y que, probablemente, tengas por lo menos un hijo conmigo de una manera que él ni siquiera pudiera soñar? Sin olvidar además el hecho de que yo sí seré tu cónyugue en todo el sentido de la palabra -mal que te pese-, y que él solo terminará viéndose reducido al papel de, amante... —sentenció el rubio mordazmente, sabiendo muy bien el porqué del filo tras sus palabras pero evitando de manera rotunda el ahondar al respecto. No entonces al menos.

Fue entonces cuando varias cosas sucedieron a la vez.

Los ojos de Harry se volvieron prácticamente negros en un mero segundo.

Un florero estalló en miles de partículas sin dejar un rastro de polvo siquiera.

... Y toda la maldita oficina, e incluso quizás el edificio, pareció ceder y comenzar a temblar al unísono que las apretadas manos del moreno. Toda tranquilidad desapareció al instante de los rasgos del moreno mientras este se acercaba de golpe hacia el rubio y extendía una mano hacia él.

Ahí fue cuando al rubio comenzó a faltarle seriamente el aire.

Era casi como si él estuviera siendo estrangulado. Pero sin manos. Sin marcas. Jadeó. Un extraño pitido comenzando a sonar en sus oídos.

—Nunca, jamás vuelvas a desmerecer así a Sebastian. Él NUNCA será un mero amante. No ante ti. No ante nadie —las palabras resonaban en el agitado cerebro del rubio quien, aún a pesar de su actual situación, no pudo evitar estremecerse ante el sonido implacable y duro de éstas—. Quizás tenga que casarme contigo en el mundo mágico, pero no aquí. No como si fuera de verdad. Aquí seré libre... y SUYO. Para mí eres tú quien solo será 'el otro', porque fuiste tú, tú y tu madre fueron quienes de repente solo interfirieron entre nosotros. En nuestra vida. Son ustedes quienes se imponen en nuestra relación. Así que, Malfoy, solo espero que seas plenamente consciente de que espero le respeten tanto a él como a mí... o puedo terminar olvidando muy fácilmente todo lo que me ata a ustedes y a la mierda las consecuencias. y ESO es una promesa. Espero haber sido lo suficientemente claro, asiente o niega con la cabeza —dijo el moreno con una voz mortalmente helada.

Como pudo, Draco asintió.

Y una voz interrumpió lo que sea que fueran a decir a continuación.

—James... Cálmate cariño...

—Pero...

—Shhh...

.

Sebastian entró como tromba en su oficina.

Él había sentido el frío, un frío atroz recorriendo y serpenteando por toda su espina dorsal... y supo que algo andaba mal. Muy mal.

Él no sabía si era por estar en constante contacto con su Jamie o si ahora ya era parte de él, pero podía sentirlo, ahora lo sentía. Podía sentir a él y a su magia... sobre todo cuando -como en aquellos momentos-, ésta se salía de control.

En apenas dos segundos él llegó a su lado y bajó la mano que aún se mantenía extendida y tensa hacia el rubio. Lo miró.

Sus miradas se trabaron entonces en una comunicación sin palabras. Una de esas veces que tanto el francés atesoraba porque hablaba de su compañerismo, de su comprensión mutua. Hablaba de su compenetración.

Fue ... liberador.

La magia de Harry se replegó y las esmeraldas volvieron con nuevo fulgor.

La calma retornó al aire en el que hasta hace poco costaba respirar.

—Pero... ¡Qué malditos demonios...!

—¡Silencio!

Sebastian zanjó de un grito certero la réplica del rubio. El mismo maldito rubio que, no solo había alterado de manera abrupta e irrefutable su vida y su futuro, sino que, además, ahora perturbaba de semejante manera a SU pareja...

'La futura pareja de ambos, de ahora en más' -pensó amargamente.

Que... bizarro sonaba eso.

Sin dejar de mirar al hombre que amaba más que a nada, extendió su propia mano y acarició con infinita dulzura y suavidad aquellos rebeldes mechones de indomables cabellos negros. Demostrando su amor en cada acción. Volcando en ellos cada uno de sus sentimientos.

—Tian...

—Lo sé.

'Lo sé, mi James. Créeme, lo sé' -pensó con tristeza y con amor.

—Tranquilo, amor, ya pasó ¿de acuerdo? Ya pasó. Todo está bien.

Sebastian lo miró un poco más y luego le apretó la mano antes de darle un suave beso y soltarlo.

Al girarse, sus ojos por lo general suaves y cálidos, brillaban con chispas de furia mal reprimida.

Sin embargo él pudo apreciar que el Slytherin -según como el moreno lo llamaba-, no se acobardó. Seguramente ni soñaba con hacer tal cosa frente a un simple 'muggle'. Eso solo hizo cabrear a Sebastian aún más.

—¿Estás contento? No tengo idea de lo que le habrás dicho para que James pierda los estribos así pero déjame decirte cuan estúpido e inconsciente eres ¿Acaso tienes una mínima idea de lo que pudo ocurrir? ¡¿quieres morir?! Porque déjame decirte lo cerca que estuviste de hacer que...

—¡Sebastian!

El rubio amante apretó los dientes para contenerse de decir algo que en verdad terminara por arrepentirse luego. No por el rubio arrogante y frío frente a él, sino más bien por lo que pudiera significar en el futuro inmediato de SU Jamie.

Sin embargo el daño ya estaba hecho...

—¿A qué se refiere Potter?

Silencio.

—¡Con un demonio Potter! ¿A qué-mierdas-se refiere-con eso? —gritó el rubio platino irradiando furia e histeria— ¡Por Merlín, dímelo!

Sebastian vio como ambos antiguos rivales se miraban con una intensidad que quemaba por momentos interminables y, en un lugar extraño de su mente, él solo pudo pensar que, muy a su pesar, nunca había visto a su amante más furioso... ni más vivo... muy a su pesar.

—¿Está todo bien señor Le' Nocks, señor Evans?

—Sí Val, no te preocupes, todo está bien.

La secretaria se había asomado al escuchar tanto grito luego de ver a su propio jefe corriendo por el pasillo y entrando a su oficina como una exhalación -algo completamente impropio y atípico en su siempre templado comportamiento-. Nunca había sucedido nada similar en todos los años que llevaba allí. Se preocupó, pero su jefe fue quien le dijo que todo estaba bien asía que no había mucho que pudiera hacer. En silencio y tras un corto asentimiento, ella se retiró de vuelta a su escritorio.

'Quizás fuera un ex...' -pensó distraída.

—De acuerdo, ahora TODOS vamos a calmarnos —dijo e moreno muy serio pero también muy tranquilo—. Sebastian ¿ha terminado ya la junta?

—No, estimo que me queda alrededor de otra media hora de negociaciones. Hay algunos detalles que aún tenemos que afinar y acordar... Y Stuart no ha dejado de preguntar por ti... e muy maldito —susurró al final con verdadera pica hacia el hombre que siempre lograba sacarlo de quicio con su evidente y descarado interés por SU James.

James se le acercó y lo sostuvo en un apretado abrazo antes de hablarle de forma suave al oído.

—Tonto. Sabes que solo te quiero a ti —apartándose lo besó castamente antes de alejarse un poco más—. Ve. Ya está todo en orden. Aunque... —se giró a ver a Malfoy, quien estaba ahora de pie mirándolos a ambos casi despectivamente. Frunció el ceño—... Sabes, creo que iré con Malfoy a casa y quizás, allí —comentó viendo como ahora su hermoso rubio de ojos zafiros le miraba preocupado—. Tranquilo, solo creo que es algo que él debe de saber. Sabes que tiene razón en parte de lo que dijo...

—Por supuesto que la tengo Potter —acotó el otro.

Sebastian suspiró y asintió.

—¿No quieres que vaya? Puedo seguir con...

—No. Sabes que tienes que terminar esta reunión y... la última vez estuvieron cerca, lo sabes. Si hoy sucede algo él será mi pantalla —hizo una mueca—. Al fin y al cabo si he de regresar debe de ser con él ¿no?

Los zafiros brillaron con innumerables emociones reprimidas para terminar luego opacándose un poco. La realidad de su precaria situación se le estaba haciendo patente de forma dura. Así que, sin confiar en su tono d voz, él solo asintió.

—Te esperaré en casa. Ve con cuidado —comentó luego de soltarse y darle otro muy pequeño y casto beso antes de enfilar hacia la puerta sin ni siquiera molestarse ya en aparentar la más mínima cortesía con aquel rubio odioso y petulante.

—Lo tendré ¿quieres que pase por comida? —Tian giró ya con la mano sobre el picaporte y sonrió. Esa sonrisa dulce que reservaba solo para quien se había ganado su corazón y valorando el hecho de que el moreno estuviera haciendo un esfuerzo por alivianar la situación para él. Recordándole que volvería a ÉL... al menos por ahora.

—¿Tailandesa?

—¿Italiana? —preguntó con un mínimo puchero tierno.

—Nooo, no me vas a convencer hoy, ¿Sushi?

—Hecho.

—Bastardo.

—Ajá —contestó con un guiño.

Finalmente la puerta se cerró y la tensión olvidada resurgió.

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