15 de noviembre de 2013

RENACIMIENTO... capítulo 4

Disclaimer 
Los personajes pertenecen a JK Rowling y la historia es de mi autoría. NO permito copias o publicaciones de ningún tipo.

~*~ RENACIMIENTO ~*~



PAREJA: Harry Potter y Lord Voldemort -quizás un ligero Harry/OC.
RATEDMA
ADVERTENCIA: AU. Algo de OOC. SLASH -es decir relaciones homoeróticas-, lenguaje adulto, escenas explícitas. Dark Harry. EWE. Algo de DOM Harry. Posible MPREG.
AVISOS: Personajes propios. Herencia -no creature fic-. Sinceramente van a tener que leer para entender...

N/A: IMPORTANTE: Seré honesta, escribo para desahogarme de todo, incluso de otros escritos, así que puede que apeste para las actualizaciones. Puedo tardar -y hablo de horrores de tiempo-, pero si empiezo la historia me comprometo a terminarla SEA CUANDO SEA. Dicho esto espero que disfruten de esta nueva locura oscura y que me dejen sus impresiones o comentarios.



"Diálogo mental"
'pensamientos'
—Diálogo —
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~*~ Planes ~*~

.

Lord Voldemort terminó llegando entonces a aquella oscura y majestuosa -en más de un sentido- Slytherin Manor con una sola maldita molesta pregunta resonando fuerte y clara desde lo más profundo de su mente '¿Por qué, en el nombre de merlín, había hecho todo eso?' -empujó al nauseabundo estorbo hacia un lado tal y como la basura que era- ¿Acaso no hubiera sido más lógico que solo le lanzara un Avada en cuanto lo vio allí, indefenso? -pensó al tiempo que comenzaba a caminar por aquel largo y tan conocido pasillo. Su ceño notoria e imparcialmente fruncido- ¿Acaso no hubiera sido mucho más práctico el solo eliminar a todas las molestias para que aquello no terminara siendo solo una viva y profunda 'advertencia' sino que también fuera un trabajo 'limpio'?

—Sígueme —le ordenó al sucio muggle sin disimular ni un ápice el grado de su asco.

Apenas si disfrutó del dolor que éste evidenciaba sentir. No estaba de ánimos para ello. No, para nada. De hecho su ánimo era solo ligeramente peor que lo habitual. Toda esta molestia había importunado su rutina y su descanso. Estaba apurado. Y molesto. Y confundido... pero eso no le gustaba por lo que solo lo terminaba por molestar más y más.

¿Acaso no...?

'¡Arrg!' -gruñó fieramente. No tenía ningún sentido seguir en esa línea. No. Ahora lo que él tenía que ver y pensar era en qué debería de hacer con el maldito mocoso salvador. La mierda a sus pies no importaba para nada-. 'Aparentemente salvador de todos menos de él mismo. Estúpido Potter. Estúpido mártir de pacotilla'.

Sí, sí, matarlo era algo obvio, pero él no era alguien conocido por hacer las cosas más obvias que todos habrían de esperar. Ésta era, después de todo, una oportunidad tanto única como inusual. Una muy extraña oportunidad que, si era capaz de pensar, planear y ver más allá de todas las etiquetas y estándares quizás pudiera utilizar bien a su completo favor. Él no era alguien que desperdiciara algo tan servido en bandeja como esto... él era, después de todo, el mejor de los Slytherins. Su Señor.

Era riesgoso. Cierto. Pero -y he aquí el quid de la cuestión-, bien manejado, podría convertirse en una completa delicia el ver finalmente al mocoso romperse y rendirse a su propia oscuridad porque, ¡Oh sí!, el famoso símbolo de la luz tenía mucha más oscuridad que él mismo a su edad. probablemente debido a los malditos muggles abusadores. Probablemente debido a la extraña conexión entre ellos también. No importaba. Para él no podría haber mejor premio que conseguir por fin al estúpido Potter a su lado. Junto a él. Más precisamente a su entera merced. Después de todo, si eso no funcionaba siempre podía solo matarlo o dejarlo en las mazmorras para su propia insana diversión hasta que se aburriera de él. Quizás incluso usarlo como señuelo clave para el viejo o como juguete. Podría ser de todo un poco también...

La idea tenía mérito y ciertamente podía ver muchos más pros que contras a la larga. Las molestias del proceso serían solo pequeñeces en comparación con los beneficios y ganancias que pudiera obtener al final.

Harto de los bajos quejidos de aquella cosa amorfa, él le empujó con apenas una baja onda de su magia en cuanto vio cerca a uno de sus tantos mortífagos.

—McNair, lleva a este desperdicio humano hasta una de nuestras mazmorras —dijo tendiéndole al asqueroso ballenato humanoide que lloriqueaba a sus pies—. Que nadie lo toque hasta que decida que hacer primero con él.

—Sí, mi señor.

—Mmm... voy a estar ocupado así que no quiero molestias de ningún tipo ¿entiendes? —dijo tan poderoso y rotundo como siempre. Lo que él decía se hacía, era así de simple. Sin embargo se detuvo cuando vio las facciones de aquel hombre variar en una mueca de genuina preocupación. La típica cara que la mayoría ponían cuando sabían que estaban a punto de hacer algo que sabían le iba a molestar— ¿qué sucede?

—Lo siento, mi Lord —dijo el hombre ya medio comenzando a temblar por tener que verse obligado a importunar a su señor.

—¡Habla ya!

—Sí, mi Lord. Lo siento. Por supuesto, sucede que me veo en la obligación de informarle que están tanto Snape como Greyback esperándolo en su estudio con loo que parecía ser un prisionero pero, como usted no les dijo qué hacer con él ellos...

—Arrrg —gruñó el gran y poderoso señor oscuro sin ocultar ni un ápice su disgusto—Bien entonces, iré con ellos ahora. Encárgate de 'eso' —dijo con sequedad antes de marchar su camino haciendo ondear sus prístinas túnicas entorno a él.

—Por supuesto mi Señor.

Voldemort pasó por alto la visible mueca de completo horror y disgusto que hizo el mortífago al acercarse a aquella cosa. Lo entendía. La ballena amorfa era algo completamente asqueroso y repugnante de ver, mucho menos de sentir. Sin el imperius era solo mucho peor.

Dando grandes pero elegantes pasos, él se dirigió entonces a su estudio. Sin embargo... algo no se sentía, bien.

—Mi Señor —dijeron ambos con su habitual reverencia al entrar al lugar.

—¿Por qué están aquí de todos los lugares?

—Lo sentimos mi Señor, pero usted no nos dio orden alguna sobre donde tirar a Potter . Sugerí dejarlo en una celda pero...

—El cachorro está demasiado mal herido Mi Señor. Si lo deja usted en una celda no creo que pase más de unas horas de la noche. Sus latidos...

—¿Cachorro? —siseó ya más enojado.

Él sabía muy bien que el lado más animal del hombre lobo era impredecible porque solía dejarse llevar completamente por sus oscuros y fuertes instintos ¡Pero aquello era inaudito! Tenía una muy fuerte y clara idea de a lo que el apodo se refería.

—Cachorro —se le confirmó—. Lo lamento mi señor pero él huele. Huele a cría de lobo. Y el olor a su vez proviene de uno de mis lobos ¡Lobo que debería de ser castigado por desatender a su cría! ¡Él no debió dejar que hieran a cachorro así! —gruñó con fiereza mientras sus ojos tomaban aquel fuerte y característico color dorado ambarino—. Supongo que Lupin debe de tener un fuerte lazo con él porque está impregnado de su olor. Esa suele ser una protección común entre los lobos para dejar saber que las crías no se deben de tocar.

—Entiendo —dijo Voldemort sin mostrar expresión alguna en sus serpenteantes facciones— ¿Acaso tu lobo te está exigiendo su protección? —él tenía que saber como estaba realmente la situación. No había manera en el infierno que hiciera algo que irremediablemente le hiciera perder tan gran alianza con el paquete de lobos más importante que pudiera conseguir.

—No necesariamente mi Señor. Puedo... puedo evitarlo Milord.

—No. No puedes —dijo poniendo en evidencia al lobo, haciendo que éste se tense ante la declaración. El siervo y el lobo batallando en su interior—. Te mantendrás alejado hasta que decida que hacer con él. Mientras tanto, he de reconocer que has tenido razón en algo, en una celda Potter morirá, no hay duda de ello y no quiero eso. No aún al menos —Grayback se tensó aún más en respuesta a eso si cabe. El impulso de la protección a la cría era más fuerte de lo que había hecho saber. Dolorosamente, él se controló— ¿Snape?

—Sí, mi Señor.

—Ambos lo llevarán ahora a la... la habitación de plata cerca de mis aposentos personales en mi ala privada hasta que encuentre un mejor lugar y luego volverán aquí. AMBOS —exigió antes de despedirlos con la mano como los siervos que eran pero precediendo su camino ya que a esa ala solo él tenía pleno acceso puesto que todas las contraseñas estaban en el glorioso idioma de las serpientes—. Vamos.

Los guió hacia su ala privada de la mansión donde la puerta principal y de cada una de las habitaciones se abría y cerraba con pársel. Prevención ante todo era uno de los tantos lemas traspasados desde el gran Salazar... y sobre todo con el siempre escurridizo maestro de pociones cerca.

'Sí, tenía que matarlo. Usarlo... siempre y cuando fuera a tratarlo tal y como un prisionero... y estuviera en su correspondiente celda. Sí, exacto... '-pensaba el gran Dark Lord haciendo caso omiso de los estremecimientos de sus seguidores cuando le oían hablar una vez más en el precioso y mal comprendido lenguaje ancestral-.

Exacto, sí... exceptuando el pequeñísimo detalle de que, si lo ponía entonces junto a los otros cautivos el resto de los mortífagos se enterarían en cuestión de pocas horas y, a pesar de sus temidas amenazas, estaba seguro de que más de uno encontraría la manera de aventurarse a disfrutar de tomar un poco de diversión con la presa de oro. Algo que él ciertamente NO iba a permitir porque el maldito mocoso de oro era SUYO. La siempre fiel mascota del maldito viejo chocho era SUYA. De él y solo ÉL. SUYO y de nadie más. NUNCA.

Fue por eso, y solo por eso -es lo que para sí se dijo-, que en cuestión de preciados segundos había decidido que su 'celda' sería entonces su conjunta habitación ya que con ello tenía todas las ventajas. No solo por el hecho indefectible de que estaría en su ala privada de la casa donde NADIE, absolutamente nadie tenía acceso sin su previo y pleno permiso y en su propia compañía o de la mismísima Nagini. Nadie lo vería entonces, ni siquiera por algún incongruente error. Sin dudas nadie sería tan temerariamente estúpido ara cuestionar aquello. A él. Y, lo más importante que viene con ello. Nadie hablaría. Él ya había pensado en ello.

Tanto Snape como Greyback estarían ambos bajo un juramento inquebrantable así que no serían problema ya que, justo en apenas unos instantes, ellos estarían aguardándole de nuevo en su estudio y era imperativo que el pequeño espía soplón estuviera vigilado en extremo hasta que jurara. Su instinto le decía desde hacía ya tiempo que no debiera fiarse totalmente de aquel sarcástico y doliente hombre.

Maestro —siseó la serpiente al verlo.

—Mi preciosa...

—¿Qué ha pasado maestro? Huelo sangre.

Finalmente tengo a Potter —siseó el demostrándole solo a ella, su fiel compañera, su inmensa alegría por ello mientras le acariciaba la barbilla tal y como sabía le gustaba a su amado familiar.

Mmm... ¿puedo comérmelo?

¡NO! No, mi preciosa. primero tengo que ver unas cuantas cosas, mi querida. Paciencia.

La gran serpiente se irguió sobre sí y lo observó con detención mientras el gran y poderoso Señor Oscuro la idea absurda de removerse en su sitio.

Bien. Iré a jugar con la rata.

Él vio como ella se deslizaba tan sinuosa como siempre hacia fuera de su recámara y procedió a cambiarse las túnicas por unas impecablemente limpias ya que, como ya había dicho Nagini, estas tenían sobre ella desperdicios humanos que ni siquiera se enorgullecía de poder lucir. Era un desastre y le estaba dando asco tener plena consciencia de tener sobre sí esa inmunda sangre muggle sobre sí.

Volvió a pensar en Snape mientras caminaba una vez más hacia la habitación de plata donde ahora yacía un muy abandonado chiquillo entrometido.

Eso de ser un espía por tantos largos y duros años teniendo además tanta cantidad de sentimientos encontrados...

No. Definitivamente Snape no era de su entera confianza. Pero él era, indiscutiblemente, el mejor en su campo y sabía que por el momento le era muy conveniente mantenerlo cerca. Ya era sabido el dicho; 'Manténte cerca de tus amigos, y aún más de tus enemigos' -hizo una mueca-. Ciertamente él NO tenía amigos y No iba a acercarse de ninguna maldita manera a la maldita vieja cabra solo por eso, pero aún así servía a su propósito.

Con un simple pero determinado y detallado juramento, Snape estaría irremediablemente atado a él.

Greyback por otra parte podía actuar de dos maneras. O solo acataba y repudiaba al chico... o le daría curiosidad por todo eso de ser un 'cachorro' e intentaría hacer algo tan estúpido como interactuar con él a pesar de sus advertencias. Su parte animal era tan impredecible que resultaba bastante difícil predisponerse a él. También era una gran cualidad en batalla, claro.

Con todo ello medianamente previsto se dispuso a llamar a un muy antiguo y preciado colaborador suyo.

Zairel Kirian era un vampiro de más de seiscientos años. Él último de los hijos del rey de los vampiros. El designado por siempre a ofrecer sus exquisitos servicios y alianza con aquella especie a los últimos dos magos oscuros del milenio. El menor de siete hermanos nacidos del dolor. Uno cada cien años fue concebido en representación a cada uno de los círculos del infierno del reino de Hades. Él era el séptimo hijo de una larga serie de séptimos hijos. Su más evidente fortaleza se centraba en no demostrar ningún tipo de remordimiento por cualquier acto o barbarie suya. Ninguna. Ningún segundo pensamiento que le hiciera cejar en su meta. Una extrema falta de conciencia como tantos decían.

El perfecto complemento para un señor Oscuro y además, como si fuese una ridícula antología contradictoria, él tenía un muy raro y único talento entre los de su especie.

Él podía sanar.

Fue él quien siempre le ayudaría a subsistir cuando, tras el fallido Avada al chico Potter se terminó convirtiendo en no más que una nube de humo, en una sombra inútil y perdida, y lo mantuvo lo suficiente como para finalmente dar con el estúpido de Colagusano y comenzar así con el largo y fastidioso proceso para su regreso. Para su nuevo ascenso.

Por el trato que los unía, el príncipe Kirian respondió inmediatamente a su llamado y, tras saber el propósito de este se encomendó a la tarea asignada sin más demoras y sin siquiera molestarse en cuestionar nada mientras que él, ya con eso listo, se encaminaba a atar aquel pendiente cabo suelto que representaban en aquellos momentos dos de sus más importantes seguidores.

.

Voldemort ciertamente no era para nada estúpido y cada día se alegraba má y más por ello.

A pesar del obvio esfuerzo por permanecer impasible, Voldemort vio aquella mínima y casi indetectable muestra de vacilación que regaló el rostro por lo general estoico de Snape ante el hecho de atarse a un inquebrantable que incluía el no decir nada a nadie sobre absolutamente nada de lo ocurrido aquella noche bajo ninguna circunstancia a menos que fuera bajo una expresa orden directa suya.

Fue realmente tan leve que 'casi' pareció una mentira... una lástima para el profesor que no lo fuera.

Sea como fuera, apenas unos cuantos minutos después él iba una vez más de regreso a su ala.

Justo al lugar donde sabía aún se hallaría el príncipe Kirian.

'Con Potter' -pensó con una pequeña sádica y sarcástica sonrisa adornando sus viperinas facciones.

Por alguna extraña, inverosímil e incomprensible razón, aquel 'sentimiento' -casi escupió sobre la palabra misma-, o esa sensación de asquerosa y patética 'preocupación' no se le había ido del todo, por lo que estaba seguro de que, luego de haber desquitado sus frustraciones en el mismo mocoso y escuchar así sus dulces gritos de dolor -dolor causado solo por él-, todo volvería a su eje y a su normalidad absoluta una vez más. Tal y como antes de aquella maldita e indeseada -y hasta algo traumática- invasión a su mente.

Él jamás reconocería ante nadie que, si eso era lo que sentía el estorbo de Potter cada vez que que él hacía lo propio en la suya tenía muy buenos motivo -además de los ya conocidos- para ser tan malditamente odiado. Eso sin quitar el pequeño e indefectible hecho de que hubo sido él quien le hubiera matado a sus padres y bla, bla, bla... esa historia estaba ya demasiado sabida hasta para pensarla. Le molestaba sin embargo ser un poco consciente del hecho de que, aunque indirectamente, él le había condenado a esa vida de mierda.

Fue una completamente desconcertante sorpresa lo que le recibió al abrir la puerta.

Con casi un quejido que apenas reprimió lo único que pudo pensar fue; '¿Y ahora qué?'

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