8 de noviembre de 2013

Una deuda con el destino... capítulo 14

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.

RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/JAMES EVANS Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/James y OMC (SEBASTIAN... que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.
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—Diálogo—
recuerdos/Flashbacks
'pensamientos'
Pársel
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..:: Capítulo 14 ::..

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—¿Me dirás ahora que ha sido todo eso? —resonó en medio de aquel absoluto silencio. James negó antes de levantar la mano atajando las quejas que estaba seguro el otro estaba a punto de soltar.

—Haré algo mucho mejor. Vamos...

'James' se acercó al escritorio una vez más y tomó en sus manos varios juegos de llaves y algunos efectos personales habituales además de algunos documentos que con la imprevista reunión con el rubio no había podido hacer a tiempo de terminar de estudiar.

—Emm... ¿Potter? ¿Acaso no sabes aparecerte? —preguntó Draco un tanto desconcertado al ver las llaves de un coche -como bien había aprendido en un básico curso acelerado de todo lo actual muggle antes de verse de nuevo con el moreno. Lo que menos había querido él era estar en desventaja-. Conmocionado se quedó cuando vio como el moreno rompía entonces en una estruendosa risa incontrolable.

Varios preciosos minutos pasaron antes de que el moreno se clamara lo suficiente como para hablar con coherencia plena. Mientras tanto, Malfoy había puesto a cada segundo una mirada más y más torva. No que a James le importara realmente. Más pronto que tarde el rubio tendría que acostumbrarse al poco interés en su persona de su parte.

—Por supuesto que sé Malfoy acaso no... No importa. Sí, sé, pero como bien sabes en 'éste' mundo sería demasiado raro. Ya deja de perder el tiempo y vámonos. Iremos a mi casa antes de ir al mundo mágico.

—Pero no deben vernos juntos aún.

Draco sabía que debía de estar quedando como un completo idiota pero, ¡No podía evitarlo! Todo esto era demasiado para tomar y asimilar tan de repente. Su madre realmente no tenía ni idea de con quien se había metido -pensó contrariado-.

—Por supuesto que no. Te explico luego ¿vale? Nadie nos verá aún. ESO es seguro. Vamos.

Finalmente, Malfoy lo siguió ya sin objetar más.

Tras dejar algunas indicaciones a su conmocionada secretaria fueron al estacionamiento y partieron a su destino.

Para el moreno fue gratamente divertido el ver al siempre compuesto Malfoy perder las máscaras ante el nerviosismo de estar dentro del coche. Una pena, porque Harry había descubierto que a él le encantaba la adrenalina y con ella, la velocidad.

El rubio, por su parte, tuvo que tragarse las coloridos insultos contra el Griffindor por dos importantes motivos. El primero porque no quería levantar nuevamente la ira del moreno; y en segunda porque en verdad, en verdad, él no quería dejar su almuerzo sobre su regazo, muchas gracias.

Una vez llegaron el moreno no perdió el tiempo en hacer de anfitrión y solo lo dejó allí parado en el hall mientras que él iba a tomar aquello que creía le haría falta.

Sin embargo Draco a pesar de saber lo malo que era siempre había tenido una importante vena curiosa por lo que, sin esperar ningún visto bueno, él comenzó a ver en detalle tanto el hall donde estaba como la sala y la cocina que divisaba. Todo se veía ordenado -según pudo apreciar-, limpio y elegante sin resultar frío. Observó todo con meticulosidad y vio con diversas emociones encontradas, todas las fotos que mostraban -al parecer- a una muy feliz pareja.

Una imagen que a pesar de todas las debacles de su vida siempre había añorado para sí.

Fotos de ambos en diversos marcos, tamaños y colores adornaban por doquier. En lo que parecía una casa de campo. A orillas de un lago. Abrazados en medio de una calle cualquiera. Con amigos. Sonrientes en una fiesta. Dándose un beso...

Se encontró mirando bastante aquella última foto y se sorprendió a sí mismo al preguntarse que se sentiría aquello. Más específicamente, qué se sentiría besar a Potter.

Sí, había asumido y aceptado bastante rápido que se casaría con el moreno. Pero por alguna extraña razón había aislado de su mente los pensamientos de la parte física que todo ello implicaba.

Y mucho menos con el Potter actual.

Era demasiado.

Draco siempre había sido el dominante en sus relaciones. Hombres o mujeres. Por lo que, ser el sumiso de su enemigo escolar no era algo que fuera muy de su agrado. Aún así él pensaba que en cierta forma aún podría ser el dominante a pesar de tener que ser el sumiso. Fuera de la cama siempre era otra historia, se decía. Claro que eso se fue automáticamente al traste en cuanto tuvo el 'placer' de conocer en persona al nuevo Potter, o mejor dicho 'Evans'.

Cortó abruptamente su introspección cuando vio por el reflejo del retrato su figura parada en silencio detrás de él. Mirándolo. Obvió y odió el hecho de que sus nervios se crisparan en respuesta y que sus vellos se erizaran sin contención aunque nada en todo él delatara la dura batalla interna.

—Esa es de nuestro primer aniversario —comentó mientras veía al rubio dejar la foto en su lugar inicial. Nunca se había dado cuenta de tomar la foto en sus manos siquiera.

—Ah, ¿Y cuánto llevan juntos?

—Poco más de un año. Antes de irnos necesito... algo de tu parte...

—Solo dilo Potter —dijo molesto por algo que no podía precisar.

—Bien —escupió el otro ante el tono del rubio—. Quiero un juramento inquebrantable de tu parte.

—¿Un juramento inquebrantable? —susurró el joven con los ojos abiertos en shock, viendo aún más sorprendido cuando el moreno asintió.

—Sí. Seamos sinceros, a pesar de que vayamos a estar unidos en un futuro próximo no cabe duda de que yo no confío en ti. Y quizás nunca lo haga, no me importa. Pero, lo que sí me interesa es salvar mis espaldas. Te diré sobre casi todo, incluso lo que quería decir Sebastian, a cambio quiero un voto de silencio. Ni más ni menos. No podrás decir absolutamente nada de lo que veas o escuches. Es eso o nada —terminó Po-Evans con la mirada fría y el tono duro queriendo decir cada palabra como tal.

Tres minutos pasaron en completo silencio mientras el rubio sopesaba bien todos los pros y contras al respecto. Dándose cuenta de que era como agarrarse a un clavo ardiendo. Él 'tenía' que saber más sobre su futuro consorte. Las consecuencias sean condenadas.

Así es que, asintiendo con sequedad, el rubio aceptó.

El juramento fue hecho y resplandeció con fuerza cegadora sobre su piel. La magia actuando a través de él. Se sentía poderosa. Adictiva. Atrayente...

Segundos después el moreno le tomaba por el codo y los desaparecía a ambos con un silencioso 'pop' antes de verse en un claro y comenzar a escuchar la historia del elegido tras la batalla al tiempo que este hacía grandes patrones de salas increíbles y poderosas con tan solo sus manos dejando a un muy impresionado -muy a su pesar-, rubio tras su espalda.

Sentados en una carpa conjurada la historia fue creciendo y aclarando ciertos puntos que era evidente el rubio necesitaría saber luego para toda la pantomima que ambos necesitaban configurar. Nadie iba a creerles nada si mostraran ser como extraños para el otro.

Quisieran o no, debían de interesarse por la vida del otro.

Mientras tanto, Draco estaba tanto asombrado, fascinado, shokeado así como también innegable y jodidamente intrigado. El solo hecho de ver a quien otrora conociera como el estúpido flacucho San Potter como el hombre, 'EL HOMBRE´, que ahora posaba con descaro ante él era casi imposible de reconciliar. En su mente una batalla se libraba tratando ferozmente de unir ambos conceptos de personas. Ambas imágenes.

Regresó a la conversación que había indirectamente iniciado al gritar de asombro por todo aquello y a la explicación resumida pero aparentemente completa que estaba recibiendo a cambio.

—Este soy yo Malfoy. Soy yo, ahora —dijo el otro encogiéndose de hombros. Claramente perdido en sus memorias—. Como casi todo en mi vida esto no vino con un aviso. No hubo explicaciones. Lo único que puedo recordar con claridad es que un día solo desperté y mi magia estaba comenzando a volverse loca. Fue después de la batalla, apenas había regresado a Hogwarts y mis nervios estaban destrozados de hacer frente a todos los malditos saludos y las jodidas peticiones. Pensé sinceramente que se debía al estrés. Como puedes ver no fue así. Nunca parecía gastar suficiente magia y me hacía sentir oprimido y malhumorado. Era como una olla de presión. Fui a la sala de Menesteres y practiqué, mucho. No mucho después me enojé por algo y corrí allí, se había convertido en mi refugio ya y me sentía seguro allí. Fue una buena cosa que lo hice porque en cuanto llegué exploté mi magia fuera y casi reventé la dichosa sala. Era poder bruto —haciendo una pausa mientras convocaba unos vasos al tiempo que sacaba una botella del baúl que había traído, ellos decidieron dejar correr un poco el tiempo para reorganizar ambos sus ideas respecto a todo. Finalmente, el moreno recogió su historia y siguió el relato. Cosa que agradó al rubio en gran medida—. Para resumir, me fui del mundo mágico y realmente no miré atrás. Había pasado demasiado y necesitaba tiempo para mí. Para saber quien demonios era. Años pasaron y, no fue hasta que decidí quedarme en el mundo muggle que algo sucedió -como siempre, la verdad-. Enfermé. Mal. No tenía idea de qué era pero sabía que era mágico porque mi magia se sentía más y más rara a cada momento. Dolía. Era como una presión constante en el centro del pecho.

—Nunca he oído algo así antes...

—Y no creo que lo hagas. Era mi magia Malfoy. Mi propia magia me atacaba. Asustado de volar todo y ser encontrado me aparecí en un valle desolado y volví a explotar. Ufff... fue extraño y genial a la vez. Me sentí ligero y jodidamente drenado. No sé que demonios pasó pero mi magia no ha dejado de crecer y crecer y todo lo que puedo hacer es esto. Ir a algún lugar despoblado, agotar mi magia y volver a mi vida. Eso es todo. Es eso o volver a caer enfermo, y créeme, es una maldita molestia pasar por eso. Te deja débil y mareado. Es como una gripe de mago pero mucho más fuerte...

Y las explicaciones siguieron mientras que el moreno hacía con sus manos todo tipo de movimientos y la magia vibraba a su alrededor. Conjuraba cosas. Las transformaba. Creaba.

Sin embargo a pesar del encanto de aquello, había algo que Draco no entendía ni un poco; ¿por qué si era tan poderoso como decía ser, no solo se había hecho un lugar en su mundo?

—¿Acaso no entiendes nada? Apenas derroté a Voldemort —hizo caso omiso del estremecimiento que recorrió al Slytherin y solo siguió como si nada—, todos, absolutamente todos comenzaron a tratarme diferente por mi poder a pesar de que no pude haber hecho todo solo. Luego, cuando fue evidente de que no quería ni iba a hablar comenzaron a tacharme de arrogante y antisocial. Otros enseguida empezaron a hacer campaña de que era el nuevo señor oscuro y que tenían que detenerme antes de que comenzara a perderme —bufó, el enojo y la amargura eran notorios en su voz.

—¿Qué? Pero...

—Sí. Quizás tú no te enteraste... Obviamente tenías tus propios problemas.

—Sí, sí, dilo tranquilo Potter, me estaban reservando un hermoso y lujoso camastro en la celda más podrida de Azkaban con el privilegio de conocer a todos los pocos dementores que quedaron allí y no, no les importó una mierda que yo no estuviera en la parte de máxima seguridad —dijo el rubio con acritud.

James no supo que decir a eso. No que le importara mucho tampoco. Él había hecho lo que había podido y si el ministerio seguía siendo una mierda corrupta ya estaba mucho más allá de él. Sabiamente, él guardó silencio por unos momentos antes de volver a hablar.

—Sí, bueno. La cosa es que luego de eso los rumores crecieron y muchos más comenzaron a temerme o a tratarme con un respeto que rayaba en lo ridículo... Y encima de todo descubro esto —agregó al final tomando un largo trago de su muy reservado whisky de fuego. Era una suerte que a Tian no le gustara ya que era toda una odisea cuando le tocaba ir a comprar más.

—Mi suerte es una mierda y pobre de aquel que diga lo contrario —murmuró aún con los labios pegados a la copa—. Finalmente me harté y me alejé lo más que pude de todos y todos me dejaron en paz pensando en que estaba demasiado traumado o lo que fuera además del hecho indiscutible de que todos estaban demasiado desesperados por comenzar a vivir en su burbuja de seguridad y libertad. Sin miedos a solo morir o desaparecer. En fin...

James estaba en verdad sorprendido de como estaba resultando todo. La charla en sí estaba siendo algo asombrosamente catártico y, tenía que admitir -aunque fuera para sí-, que le gustaba esto. Nada comparado con el idiota que había el infortunio de conocer hacía ya más de diez años.

—Y... ¿qué pasó con la comadreja y la san... la sabelotodo?

Draco ni siquiera intentó contener aquellos viejos apodos. Nunca le gustaron y nuca le gustarían y, aún después de todo aquello no podía entender como el moreno los había soportado por tanto tiempo cuando claramente ellos no se desvivían por él de la misma manera. Aún podía recordar todas las veces que la estúpida comadreja se había vuelto contra el héroe y como la sabionda come libros se había comportado constantemente como una madre sobre protectora de un nene de cinco que como una amiga de verdad. No que le interesara realmente.

—Eso es otra historia y no pienso hablarte de ellos. ESTO es lo que necesitas saber. Nada más. Mi capacidad de poder pareciera ser ilimitada por ahora. Tengo el control de ella pero no puedo tentar mi suerte y enojarme ciegamente por lo que tendrás que a controlar la hiel que sale de tu boca respecto a quienes me rodean. Lo que digas de mí no me importa.

—Pero, la verdad es que esta 'prueba' que me has mostrado no prueba nada en absoluto. Sí, eres poderoso y ya era sabido pero ¿tanto? Vamos Cara rajada ¿Ilimitado? ¿De enserio? Por favor... —dijo Draco en un tono completamente diferente de como había hablado hasta ahora. Este tono era mucho más cercano y semejante a la vieja usanza de burlas que usaba en Hogwarts.

No era como si James no se hubiera esperado hacer frente a éste Draco, ergo, no se mostró sorprendido para nada -cosa que el hurón obviamente no esperaba-, pero sí dejó entrever su obvia molesta ante todo.

—Ya tenías que volver a ser como el de antes ¿no?

—Oye, espera un...

—De acuerdo hurón ¿qué es lo que quieres? ¿quieres que destroce algo para así saciar tu estúpida curiosidad? ¿Eso es lo que quieres Malfoy? ¿Lo ves? A esta puta mierda tuya me refería antes ¡No voy a ser tu maldito juguete! No tengo porqué demostrarte nada. No tengo que hacer 'nada' por ti más que lo que me han exigido y ya hasta de eso dudo pueda. Te dije todo esto como una muestra de que al menos estaba poniendo de mi parte en el asunto para que tengamos una relación mínimamente cordial y esperando que pudieras manejar el asunto como el adulto que físicamente eres, pero no, al parecer tu cerebro se ha quedado atascado en las estúpidas riñas infantiles de patio de escuela. Te he dicho lo que yo sé al respecto y lo que NO voy a hacer. No estoy bromeando y no me gusta ESTO. TÚ. Si algo sale mal tú y tu madre se verán también seriamente perjudicados ¿qué es lo que han pensado ustedes? ¿Acaso esperan que solo porque fui el jodido niño que vivió y vivió todo será genial y bonito en apenas minutos? ¡Joder! Te diré como se verá en realidad, yo, casado de pronto con un ex-mortífago de pacotilla que ayudó plenamente a hundir Hogwarts después de cinco años en los que tú estuviste preso y yo desaparecido ¿No ven que lo más probable es que todos piensen solo lo peor? Dudo mucho de que siquiera tu madre sepa hasta que punto el jodido pueblo mágico comenzó a dudar de mí. Dudo que sepa como las personas que me habían conocido por años y años como solo un niño de pronto comenzaron a temerme y a alejarse como si fuera el mismísimo Voldemort resucitado. Sorpresa, sorpresa, yo también fui más que un paria a mi manera, Malfoy.

El rubio lo veía serio y en estado de shock, sopesando cada palabra dicha hasta entonces y cada onza de noticias que había logrado reunir desde que había salido de Azkaban -no que fuera mucho para el caso-.

Pasaron unos cuantos segundos y hasta minutos donde ambos se miraron fijamente perdidos en sus propias reflexiones y, en el caso del moreno, calmando poco a poco su magia que, después de tremenda diatriba había comenzado a levantarse y a sentirse voluble a sus emociones una vez más. Odiaba cuando sucedía. Odiaba tener que preveer y medir todo una vez más.

—Si... Si lo que dices fue en verdad tan así entonces es evidente que todo esto resultará mucho más complicado y 'delicado' de lo que todos pudiéramos pensar. Es imperativo que no vuelvan a tacharnos de estar de nuevo en el lado oscuro. Mucho menos de terminar por influenciarte a ser un nuevo y retorcido señor Oscuro. Mi madre, ella no puede soportar mucho más de esto. Los negocios, los pocos que quedan para el caso, todo se vendría abajo —enumeró casi como para sí.

Harry solo asintió.

Tenia pocas esperanzas de que algunas condiciones de su deuda se cambiaran pero, así y todo, él no perdía la esperanza al respecto. Una esperanza muy débil y vaga.

—Exacto. Veo que al fin comprendes. Es justamente a todo eso que me refería antes. No pienso regresar para caer en el mismo juego. No voy a volver para que me tachen de lo mismo y que comiencen a vigilarme como si fuera el mismo Satán... expresión muggle para el diablo Malfoy —agregó rápidamente al ver la confusión evidente en el rostro del rubio—. No para que me quieran examinar como si fuera algo exótico ni para comiencen a enviarme a misiones de vida o muerte una vez más ni mucho menos para que me quieran usar de héroe en cuanto les convenga. Yo ya morí por ellos, literalmente, y no pienso hacer nada más. Ni por ellos ni por ustedes. Puedo regresar siendo 'Potter', pero no creo poder volver a montar el numerito de volver a ser el estúpido títere que todos quieren por lo que te sugiero que al menos tú no intentes tratarme como tal. No va a salir nada bueno de ello y me va a importar muy poco al respecto.

Malfoy escuchó, escuchó y asintió.

Comenzó a caminar de un lado al otro con ligereza poniéndose una mano en el mentón.

Pensando. Analizando.

Tramando.

—Ya que no puedo hablar de 'esto' con mi madre -cosa que, sinceramente, creo que es lo mejor-,creo que deberíamos de solventar esto por nosotros mismos, en conjunto. Puedo ver las ventajas de cooperar contigo más que crear una pantalla perfecta que al fin y al cabo luego no puedas sostener. Es decir, tenemos que, de alguna manera, arreglar el que tú vuelvas al mundo mágico, sí, pero también tiene que ser de una manera en la que nadie -o al menos la gran mayoría-, no te vea como un loco o el mismo mal en persona.

—Hmmm. Lamento decir que, como yo lo veo, no hay ni una forma de hacer que eso suceda seguro. Lo que sí creo es que lo mejor sería ir muy, muy despacio con lo de...

—No. No se puede. No puede ir demasiado despacio. Potter, tienes que entender que, todo lo que conforma a un Malfoy, todo lo que está detrás del soporte de nuestro nombre está en un punto de quiebre, estamos en jaque y a punto del 'mate'. El nombre, la reputación. Todos y cada uno de los negocios que aún llevamos —el joven sacudió la cabeza y miró resignado, soltando palabras que sabía nunca hubiera dicho a quien estaba frente a él si la situación no fuera tan jodidamente desesperada como en verdad era—. Pude haber sido una total y completa basura, contigo y con muchos otros, lo sé y en parte lo siento, no puedo decir nada más sincero que eso por ahora pero, pero mi familia, mi madre... mi nombre; eso es lo único que me queda. No tengo honor que perder. No tengo nada más que eso... y no puedo dejar que se pierda también.

—Por lo menos tú tienes eso —murmuró el moreno. Asombrado y un ´poco confundido de que, el Draco Malfoy que tenía ante sí se estuviera permitiendo mostrarse tan 'vulnerable' precisamente delante de 'él'. Justamente él.

Vio que esto era en verdad lo suficientemente importante así que, intentando hacer caso omiso del pasado y molesto pasado entre ellos (cosa que había prometido NO hacer), decidió poner algo más de su parte. Todo sería en beneficio mutuo al final.

Bebiendo ahora en completo silencio ambos pensaron decenas y hasta cientos de posibles y variantes. Todas con mayores defectos que ventajas. Todas con demasidos riesgos.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad -o al menos al rubio así le pareció-, James vino con una idea que, a pesar de sus contras tenía más pros qe tantas otras.

—Bueno, que hay de que tu madre diga lo de la deuda. No, escucha primero. Creo que puede funcionar si se hace de la manera correcta.

—Y eso sería...

—Ella puede decir que que me ha cobrado una deuda de vida para protegerte cuando vio cuan mal estaba realmente todo para ustedes. Se podría decir que fue un mes o quizás un poco más después de que hayas salido de Azkaban.

—¿Y las veces que me han visto ya salir solo? Porque lo han hecho, ya sabes.

—Podría ser que me haya quedado con tu madre. No lo sé. Es riesgoso pero es la única manera que se me ocurre. En base a eso tendríamos ya entonces un par de meses de trato y se podría llegar a plantear el hecho de que ambos hemos cambiado y un cierto interés mutuo surgió entonces. No lo sé Malfoy... —dijo el moreno agotado. No solo había usado magia. Mucha magia hoy, sino que además era todo el desgaste emocional que había estado cargando desde que toda esta farsa comenzó. Apenas registró la cara de concentración del rubio, ni las muecas algo graciosas que hacía al pensar.

—Creo que puede funcionar. Sí, podría ser. Hay que pulir muchos detalles pero, sí... Podríamos decir que, las primeras veces que salí quise ir por mi cuenta mientras tú te quedabas protegiendo a mi madre. E incluso podríamos decir que luego tú estabas allí bajo un hechizo de invisibilidad o algo así y que no consideraste que estuviera en peligro mortal como para salir en mi defensa. Lo cual es una completa mierda porque en los últimos dos meses me han cruciado dos veces y casi me akadavedavrean unas cinco, sino más —dijo haciendo una mueca con sus labios rosados y llamativos—. Pero no creo que a nadie le importe lo suficiente como para recordar mucho de ello.

—Bueno, pero nada pasó. Y no todos lo saben ¿cierto? Eso podría jugar a nuestro favor ya que en la próxima salida podría ir contigo de esa manera y salir entonces si algo sale mal.

Sentados ambos en lo que lucía claramente como una sala en unos sillones que, si bien no tenían ningún tipo de glamour eran fuertes y cómodos, ellos estaban sentados sumidos en planes y estrategias. En posibles y variantes.

Sus vasos vacíos brillaban en todos cálidos al reflejar la luz de la caída del sol.

Apenas con un movimiento vago de su mano Harry hizo levitar la botella y servir el líquido ambarino en sus respectivos vasos una vez más. Ni siquiera notó que esta vez ninguna palabra había salido de su boca.

Y, por la cara de asombro de su antiguo némesis de escuela... era un detalle que aún no había dejado notar antes.

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