3 de junio de 2014

Renacimiento... Capítulo 5

Disclaimer 
Los personajes pertenecen a JK Rowling y la historia es de mi autoría. NO permito copias o publicaciones de ningún tipo.

~*~ RENACIMIENTO ~*~



PAREJA: Harry Potter y Lord Voldemort -quizás un ligero Harry/OC.
RATEDMA
ADVERTENCIAS PARA ESTE CAP: Detallada tortura. Mención de abuso físico, sexual. Alusión a abuso de menor. 



"Diálogo mental"
'pensamientos'
—Diálogo —
Pársel

~*~ Consecuencias~*~

.

—¿Lord Voldemort?

La suave pero firme voz melódica le devolvió al presente tras ver como Potter caía ahora inconsciente sobre aquella cama. No le importaba en lo más mínimo lo que el mocoso quisiera o no. No iba a hacer ningún caso a las idioteces que decía, pero...

Él resopló mentalmente, porque los señores oscuros no resoplaban como plebeyos maleducados.

Pero... obviamente, él tenía que hacer algún que otro pensamiento sobre esta nueva nueva información... y en las posibilidades. Un entero abanico de posibilidades que, si se manejaban de la manera correcta podrían ser más que provechosas.

—Encárgate de que sane.

No era para nada habitual en él el hablarle de manera tan imprudente e inadecuada a tan poderoso y temperamental aliado y aporte. Sin embargo, todo su esquema había sido cambiado en demasiados puntos en menos de doce horas como para que le gustase y su cerebro necesitaba procesarlo todo antes de hacer nuevos y viables planes a conciencia.

Se encaminó hacia la salida haciendo ondear su túnica con perfecta elegancia innata.

—Lo haré —dijo Zairel en voz baja y apenas contenida. Seguramente nada feliz con el trato dado—. Pero usted sabe muy bien que no porque usted me lo 'ordene', señor, sino por el simple y ya indefectible hecho de que ahora él también, mi misión —siguió hablando el vampiro. Haciendo un breve silencio estudiad para marcar con mayor énfasis sus palabras—. Sepa también que él también será acreedor de los mismos 'atributos' y beneficios que usted mismo posee. Protección y lealtad absolutas por sobre todo, y todos.

La muy podrida fría sangre del Lord Oscuro hervía por dentro Más no lo demostró. No mucho al menos porque definitivamente no pudo evitar el leve resplandor de vivo rojo que proyectaron sus ojos.

Una leve inclinación de cabeza fue la única respuesta que obtuvo el por demás muy excitado vampiro.

.

Zairel estaba en un completo y notorio estado de éxtasis.

Jamás en toda la historia de vampiros y protectores se había dado tal suceso.

Jamás hubo dos señores oscuros. No en el mismo dominio y con la exacta misma capacidad de liderazgo, poder, y a la vez, con casi los mismos demonios de tormento.

Jamás se hubo dado y punto... y el hecho de que fuera justamente él quien tuviera tan extraño honor de ser su misión y protector...

El vampiro miró fijamente el cuerpo tendido ante él, comenzando el arduo trabajo de sanación que el adolescente necesitaba. No solo lo reciente. No, había daño, mucho daño viejo y mal curado o cicatrizado que era necesario corregir. Tenía que sanarlo una vez más pero de manera correcta por primera vez mientras que se dejaba perder en sus oscuros pensamientos.

Él también tenía mucho para pensar y planear. Todo estaba cambiando. Podía sentirlo en la magia que nublaba el aire. Podía sentirlo en la unión con sus señores.

.

Cuando Lord Voldemort regresó mucho más tarde y vio al vampiro ofrecer su sangre a un muy dormido adolescente, no pudo evitar mostrar su conmoción.

Su sangre.

Ofrecida.

El rito.

Ese era el rito.

El mismo rito que Kirian había hecho con él tras presentarse como su guardián desde el reino oscuro hacía ya más de veinte años, justo cuando su alma se quebró tanto que terminó ganándose el derecho a su protección.

El rito que marcaba que él, príncipe de los demonios oscuros, ofrecía libremente su sangre por su vida, sellando así el hecho de que desde entonces él sería su guardián oscuro.

.

'Claro' -pensó de pronto Zariel cayendo en la cuenta de algo que solo ahora cobraba sentido.

Cuando él fue llamado por el Lord, él se encontraba camino a una reunión de emergencia con su padre, hermanos y principales consejeros de su clan. Algo por demás inusual que le hizo comprender enseguida que de hecho había algo muy grande ocurriendo... pero su protegido era primero y todos sabían y respetaban su posición. Y luego, eso... esa sensación. Esa sensación que le había surgido de pronto y que le hizo sentir una temida urgencia junto con un ligero 'picor' en la piel. Incluso una ligera desorientación momentánea.

Sí, ahora todo concordaba para él. Todo lo que había sentido. Todo lo que había sucedido y sacudido a su reino lo anunciaba.

Otro lord oscuro nacía.

Otro lord oscuro había nacido desde lo más profundo de la traición en lo más alto de la noche de luna nueva.

Un lord nacido del dolor y las cenizas.

Sin embargo, lo verdaderamente extraño era que éste, hasta entonces, hubiera resultado ser el mismísimo epítome estandarte de la 'luz'. El ansiado 'Salvador'. El niño dorado de Dumbledore.

Sin dudas algo muy, pero muy malo tuvo que ocurrir para que que la oscuridad tomara el completo control de su corazón. Sus heridas no eran más que una pequeña prueba de ello pero, había más, él lo sabía, lo sentía. Podía olerlo en él. Había magia muy poderosa rodeando la de su señor. Magia que más que oscura era, prohibida; prohibida por tantos fundamentos que le era imposible comenzar por uno. Y sin embargo no podía hacer nada con ello, no por el momento. No hasta que su señor estuviera fuerte y totalmente consciente de todo porque a fin de cuentas era su decisión y solo suya deshacer aquello. Pero, Oh, cómo ansiaba el momento...

Dejando eso de lado, Zariel retomó su anterior pensamiento.

Era solo el corazón.

Solo su corazón era el que se encontraba envenenado por la más completa y absoluta oscuridad ya que por el momento, su mente pareciera estar totalmente embotada en un letargo de dolor, dolor denso y puro. Extraño.

Aparentemente su mente se había protegido del odio que habíase adueñado de su ser, encerrándose en algún lugar muy dentro suyo. Pero él bien sabía que eso no duraría demasiado y que, cuando la oscuridad finalmente lo llenara, reclamándolo por completo de su dominio. Sacudió la cabeza negando con suavidad... ay, que placer sería sentir y ver aquello.

Zariel era afortunado, muy afortunado y él, justamente él tendría el exultante privilegio de ver su surgimiento y ascenso. Su oscuro renacimiento... ante él, con él, junto a él, quien sería el encargado de proteger sus pasos, disfrutando de su maldad, porque algo muy dentro de él le decía que este joven, que en aquellos momentos lucía tan enfermizamente débil, sería alguien de temer, ¡Quizás incluso más que el mismísimo actual Lord!

Cuan... desorbitantemente regocijante -pensó con una sonrisa siniestra en su rostro.

El poder que emanaba aquel joven parecía no parar de crecer y aumentar a medida que su fuerza vital volvía y sus lesiones sanaban. Su magia envolviéndose en él y saturando el ambiente. Era grandiosa. Adictiva. Tanto, que la euforia le recorría entero, y eso... eso le daba hambre.

Breve y fugazmente se preguntó cómo sería beber de él. Se imaginó su sangre oscura y poderosa tocando su lengua y el poder y la frescura de su juventud rodar por su garganta. Tibia. Intoxicante. Exquisita. Pero no podía. No debía. Tenía terminantemente prohibido el beber de un protegido sin su pleno y absoluto consentimiento... pero era él. Era su culpa y solo suya. Este joven tan exquisitamente poderoso era una completa tentación para todos sus sentidos y deseos. Tenía algo, algo que lo invitaba ciegamente a tomarlo. A reclamarlo como suyo. Como nunca quiso a nada ni a nadie antes.

.

Tras haber estado horas y horas allí y notar como su hambre crecía peligrosamente rápido, Zariel optó cortar por lo sano y, pasando un poco de su propio poder al joven para que su mejoría siguiera a buen ritmo en su ausencia, decidió partir en busca de un buen bocado.

Le resultó bastante más difícil de lo que esperaba el abandonar el lecho.

'¡Y era por él! ¿Acaso este joven tendría algún tipo de poder atrayente?' -se preguntó. Confundido por el magnetismo que sentía provenir de él.

No lo creía. Nunca había escuchado de nada similar tampoco pero... de todas formas, él iría a preguntar a su padre. Antes que nada, primero iría a ver a Lord Voldemort. No podía -ni debía-, descuidar sus obligaciones para con él tampoco; así que, siguiendo su olfato, caminó a paso veloz y seguro hacia su habitación privada -que era donde el hombre se hallaba-. De pie delante del fuego de la sala de la habitación, donde un sillón permanecía aún tirado al descuido sobre la alfombra y trozos de vidrio brillaban aún desde diferentes puntos de la misma. El silencio reinando durante unos minutos por la estancia. Un silencio tan solo roto por el crepitar de las llamas danzantes.

—¿En verdad lo es? —preguntó de pronto el Lord, rompiendo al fin el silencio impuesto.

—Sí. Lo es.

—Ya veo.

—Lo sé. Esto nunca había sucedido antes. JAMÁS.

Más silencio.

Un minuto, dos, cinco...

—Debo irme Lord Voldemort. Tanto uso de mis poderes me han dejado, hambriento... y no creo que aprecie que me coma a uno de sus seguidores —él Lord asintió—. Solo vine a avisarle y a preguntar si requiere de algo más de mí.

—No. Nada más Príncipe Kirian.

—De acuerdo. Volveré en un par de horas para continuar con su sanación y...

—Bien.

Zariel vio claramente como el Lord Oscuro dudaba acerca de algo. Para su vista vampírica, muchísimo más aguda y perceptiva que la humana ya que cada mínima contracción era evidente para él y los suyos y por eso mismo no eran fáciles de engañar respecto a nada. De todas formas, la duda era una reacción extraña en aquel hombre pero, finalmente, éste pareció decidirse.

—Príncipe Kirian... ¿Cómo... cuán grave es? —se halló preguntando al fin. Aún de espalda a dicho vampiro.

Voldemort no lograba llegar a entender porqué estaba sintiendo lo que sentía. Esa necesidad de saber sobre él, sobre su condición, ¡era inaudito, maldita sea! Él no se preocupaba por nada ni por nadie... pero ahí estaba, preguntando una vez más por un mocoso que había hecho de su propia vida un completo infierno desde el momento de nacer y aún peor desde que lo conoció a la apenas edad de un mísero año.

El vampiro suspiró y él solo pudo pensar un extraño; '¿Tan mal estaba?'

—Ya no está en peligro vital y eso es muy bueno en verdad. Cuando llegué y lo vi no pensé que ocurriera pronto. Él tenía cuatro costillas rotas y dos fisuradas. Una de ellas había perforado su pulmón derecho y por eso respiraba tan agitadamente y, de seguro fue también por eso que terminó por desmayarse. Tenía también rota la muñeca izquierda y tres falanges de la misma mano más cuatro de la otra. Un hombro, la cadera izquierda y un tobillo dislocado y una clavícula fisurada y movida de lugar. Doloroso realmente. Todo el cuerpo en general se hallaba lleno de contusiones actuales más algunas más viejas debido a los golpes. Uno de los riñones se había inflamado pero ya bajó el riesgo de que reviente debido a la presión. El bazo también estuvo a punto de reventar y aún no sé si realmente vale la pena que lo conserve debido a que está demasiado dañado, tiene demasiado tejido cicatrizal ya y puede ser peligroso mantener su cuidado en su estado actual pero intentaré salvarlo. Tuvo mucha hemorragia interna. De hecho, todavía tiene pero ya mucho más leve. Además... si bien el ataque de hoy fue evidentemente brutal hay claras evidencias... Esta obviamente no es la primera vez, Señor. Ni realmente la peor de ellas. Francamente, no sé como está vivo aún con todas las contusiones que ha tenido en su vida y el estado deplorable de su cuerpo y cuidado.

Hubo un pequeño corte de silencio para que ambos fueran capaces de digerir la realidad de las palabras dichas.

—Tiene también, un reciente desgarro anal mal curado que se le ha vuelto a abrir y por el cual tuvo una gran hemorragia. Las venas allí, hay muchas dañadas y otras muy inflamadas. El colon muestra también gran inflamación, al igual que los testículos y, en apenas menor medida, el miembro mismo... Como si fuera poco, y para completar el cuadro, el señor Potter presenta una anemia crónica y una ya avanzada desnutrición y deshidratación. El evidente abandono a su persona viene desde hace ya mucho tiempo Lord Voldemort. Me atrevo a asegurar que prácticamente desde su nacimiento. Basta decir, Lord Voldemort, que no creo que el joven tenga nada enteramente sano en el cuerpo. Ni dentro ni fuera. Y que es verdaderamente un milagro que llegara a mí vivo.

Decir que el Señor Oscuro estaba asombrado sería quedarse corto, sin embargo, el príncipe vampiro apenas registró esto y siguió con su fiel informe.

—En estas horas me he enfocado en sanar lo más posible sus dolencias internas por lo que ya es prácticamente mínimo lo que le queda. Pero, como no puedo hacer uso de pociones debido a su previamente mal sistema alimenticio, y para que la curación sea efectiva en su mayor capacidad, el señor Potter deberá guardar el más absoluto durante al menos dos semanas como mínimo, seguramente una más. Cualquier movimiento, por más mínimo que sea puede reabrir cada una de esas heridas y empeorar su situación por lo que, Mi Señor, me veo en la penosa 'obligación' de, pedirle, encarecidamente, permitirme mantener al señor Potter aquí por dicho tiempo y a mí el estar el mayor tiempo con él aquí, ya luego podré llevarlo conmigo a mis dominios hasta que él se haga con su propio sitio. O, de lo contrario, permitirme llevarlo a otro lugar hasta que sane por completo sin ninguna intervención de por medio.

El vampiro no pensaba pedir aquello justamente en aquellos momentos, pero así se dio y no se arrepentía de ello debido a que realmente era también a tratar. Tenía que saber si el Lord podía llegar a desear terminar con la joven amenaza mientras él no estuviese allí para cumplirle ya que ESO era algo que, como su protector no debía ni podía permitir. Esto podría resultar bastante más complicado de lo que hubo llegado a pensar en un principio. La euforia estaba pasando y la realidad se le imponía como losas de frío mármol.

—Entiendo. Todavía no he decidido que hacer respecto a él. Muchas cosas han sido develadas hoy y habré de hacer los ajustes necesarios a mis planes con el debido tiempo de pensar fría y estratégicamente en ello. Quizás pudiera un aliado, quizás me moleste y lo mate, aún no lo sé. Por otra parte puedo asegurarte que habré de esperar a que él esté sano y estable porque no hay manera en el infierno en que me degrade al hecho de matar a un convaleciente desmayado en una camilla en proceso de sanación. Tengo mi orgullo, muchas gracias. Puedes quedarte con él aquí mientras analizo esta situación debidamente, tan extraña como sea esta. Extrañamente peculiar de hecho —dijo el señor Oscuro sin una pizca de humor antes de agregar un minúsculo bufido por lo bajo y decir—; Extravagantemente peculiar, tal y como todo lo que respecta a él.

Zairel solo asintió, entendiendo en palabras no dichas la sutil tregua temporal que se le había ofrecido.

—Señor, al margen de las evidentes dolencias físicas que el joven presenta, me temo que la que más me preocupa sea su psique. Su mente parece aparentemente intacta pero, sé que usted mismo fue su rival desde que nació y que, al parecer, fue solo en este último tiempo en el que el señor Potter ha pasado por una serie de 'abusos' y eventos por demás traumáticos para una mente menos fuerte. La mente de los muggles es demasiado frágil y, él fue criado como uno —el hambre palpitaba en su garganta, pero el vampiro la aplastaba con fuerza porque esto ERA importante. Mucho—. ¿Cierto? —El Lord frunció el ceño antes de asentir con sequedad. Él no podía ver el punto al cuál quería llegar su protector—. Bien, a lo que voy es a que, él podría quizás tener o mostrar luego algún tipo de trauma. Un trauma que cause que quizás su magia se bloqueé o se reprima por un tiempo indeterminado —ahora el hombre ante él le miraba atentamente—. Generalmente, cuando la mente acepta y procesa el evento, y eso, eso podría ser fatal para él.

—¿Fatal? —preguntó el Lord ahora realmente asombrado. Él sabía del bloqueo mágico emocional, por supuesto, pero no veía el porqué sería fatal para el mocoso Potter.

Zairel asintió.

—Sí. Un mago ordinario podría soportar esto por un tiempo relativamente prolongado, porque su nivel tardará en resentirlo lo suficiente como para que le cause problemas físicos pero... en el caso del señor Potter —él negó con la cabeza—. El señor Potter tiene un caudal mágico impresionante. Realmente impresionante y, con él, puedo ver ahora porque ha sido profetizado como su rival. Casi puedo sentir su magia fluctuar al querer expandirse mientras lo sano. Es, en verdad, asombrosa. Hermosa... y peligrosa. Al poseer tan anormal cantidad de poder, su magia se encuentra reprimida por los límites de su cuerpo y, no le tomará demasiado para que su propia magia comience a atacarlo hasta matarlo —hizo una pausa mirando hacia un lado. Él no podría salvarlo de eso por más que quisiera. No había cura o magia que él pudiera hacer para ello—. No puedo salvarlo de eso —dijo. Él puso en palabras sus pensamientos entonces.

Aquella última y corta frase terminó sonando a sentencia.

Lord Voldemort sabía que, al parecer la magia del joven ya había estado bloqueada desde antes de esa misma noche. El pequeño estallido ocurrido luego de su llegada allí no haría diferencia.

Potter moriría.

Zairel Kirian, séptimo príncipe del clan de los Altos Oscuros era uno de los pocos sanadores naturales que había en el mundo mágico. Y considerado incluso el mejor entre ellos. El único en el mundo vampírico. Sus poderes eran exponencialmente poderosos así que, si él no podía... nadie lo haría. No había pociones, cremas, encantos o hechizos para ello. Nadie que no fuera la misma víctima afectada podría desbloquear su núcleo mágico.

Irónico. Tristemente irónico que terminase siendo la propia magia del joven la que terminase el trabajo de sus últimos casi diecisiete años.

—mmm... Sssí —siseó inconformemente porque, de hecho, aquello no le sentaba nada bien a su ego—. Ya veo.

Por fin, tras sisear aquello, el hombre con cara de serpiente se giró, yéndose hacia el sillón volcado -el cua regresó a su lugar y posición en la habitación con apenas un leve movimiento de su mano-, antes de sentarse con parsimonia. Apoyando sus esqueléticos brazos en los reposa brazos y juntando sus manos bajo el afilado mentón mientras miraba una vez más hacia las llamas. Vagamente registrando en su mente el hecho que la poción que había encargado a su viejo maestro de pociones referente a su aspecto ya debiera estar lista... Y las llamas... hipnóticas. Eran hipnotizantes de hecho. Casi podría jurar que el fuego le cantaba algo en sus sonidos. Algo oscuro. Algo sádico y travieso a la vez.

Silencio.

—¿Cuánto?

Una pregunta simple. Corta y directa.

Y quería una respuesta... pero vio al vampiro negar.

—No lo sé. No lo sabré hasta que vea si su núcleo mágico logra liberar algo de su magia por sí mismo y, bueno, en tal caso, también tendría que valorar si es o no lo suficiente como para que él se mantenga después el tiempo necesario para intentar hacer algo al respecto. Llegar a él —Zairel suspiró—. Básicamente, necesito que se mantenga coherentemente despierto durante un buen rato para que pueda lograr llegar a él y poder así instruirle sobre como hallar y desbloquear su magia. Pero para eso, él debe de estar en las más óptimas condiciones y eso... me temo que eso no será pronto tampoco. Es por eso que necesitaba saber su postura respecto a él, Señor. Necesitaba estar seguro de al menos poder darle algo de tiempo ya que lo mejor para él es que lo deje en un coma inducido hasta que sane por lo menos el 80% de sus heridas actuales y pasadas. Ahora mismo él se encuentra en un sueño profundo sin sueños.

Una breve pausa. Una mirada de claro entendimiento entre ambos.

El claro reconocimiento absoluto de que, el esquema bajo el cual habían estado jugando había cambiado invariablemente y de manera rotunda sin posibilidad alguna de volver atrás. Radical y definitiva. Un juego que no los esperaba y que les obligaba a reformular y replantear sus estrategias de manera constante (aunque nunca antes hasta tal punto).

Finalmente el Príncipe Kirian anunció su partida, con el aviso de no demorar en demasía, mientras que, el tan temido Lord Oscuro, se sumía una vez más en sus pensamientos. Imaginando y analizando cada posible variante.

ESO, en definitiva, era mil veces mejor que el hecho de analizar el porqué sus sentidos estaban de pronto llenos de algo muy similar a la maldita y asquerosa, preocupación...

Millones de veces mejor.

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