28 de junio de 2014

Una Deuda con el Destino... capítulo 18

DISCLAIMER 
Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.

RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/JAMES EVANS Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/James y OMC (SEBASTIAN... que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.

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—Diálogo—
recuerdos/Flashbacks
'pensamientos'
Pársel
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..:: Capítulo 18 ::..



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Para llegar a lo del abogado ellos se habían aparecido, pero para llegar a lo del asesor -su próxima visita-, Harry había prometido hacer algo ese día y tenía la plena intención de cumplir con ello, así que sugirió ir a pie.

A Harry no le pasó desapercibido para nada el cómo Malfoy se tensó por completo.

No quiso.

El rubio alegó que lo mejor sería tener todo arreglado y ponerse tranquila y ampliamente de acuerdo sobre como actuar antes de que todo el mundo mágico supiera sobre ellos. Y, por alguna razón que el moreno no quería ahondar, lo vio tan nervioso y reticente que no insistió.

La reunión con dicho asesor fue incluso más perturbadora que la del abogado pero en un sentido completamente diferente.

Este les dijo sin penas ni glorias cuán verdaderamente mal estaba la situación económica de los Malfoy a comparación de toda su antigua extensa gloria.

De las cuarenta y ocho cámaras que estos llevaban, el ministerio les había quitado poco más de la mitad alegando que era tomado como entera compensación económica por los daños causados por su familia en tres generaciones y su acción participativa activa en el lado oscuro. Al menos en un principio, puesto que luego les quitaron cinco más para que fueran destinadas a crecientes fundaciones post guerra.

Para el final de los arreglos y desquites económicos, los Malfoy hubieron quedado con tan solo diecinueve cámaras que se debían de invertir cuidadosa y estratégicamente para poder duplicar pronto su estado, mientras que a la vez las mismas se usaban para solventar la vida a la que estaban aún acostumbrados, aún cuando este hubiese bajado bastante debido a su casi auto-exilio social. Sin embargo, las inversiones realizadas no estaban dando tantos frutos como en un principio se esperó y muchos de los negocios y asociaciones productivas que los Malfoy tuvieron por décadas, se estaban cayendo por la plena falta de apoyo de con quienes hasta ahora habían tratado.

Escuchándolos hablar. Viendo sus semblantes y las cuidadosas palabras elegidas... el moreno supo sin lugar a dudas que aquel sería un trabajo bastante largo y delicado a tratar. No eran los negocios en sí lo que estaba mal, y entendía plenamente cómo cambiarían las jugadas con su entrada en escena ante lo social al estar a su lado. Su problema real radicaba en su desavenencia social y su baja drástica económica como soporte. Después de todo, era fácil descartar cuando convenientemente otro se tomaba tal lugar.

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Tras la reunión, ambos decidieron ir directamente hacia la mansión Malfoy. Harry, obviamente, mucho más que reticente puesto que no tenía recuerdos para nada buenos de dicho lugar; pero, increíblemente, adivinando lo que le pasaba al moreno, Malfoy le comentó como de pasada que la 'casa' -como el rubio le decía-, ya no era nada como se hubiera visto en su adolescencia. Y por más que no le gustara aceptarlo, el moreno tuvo que darle razón en ello.

La casa ahora era un halo de luz.

Completamente blanca por fuera y pintada y decorada con colores cálidos y suaves dentro. Luminosa. No se parecía nada al lugar triste y sombrío en el que él había estado junto a sus entonces amigos.

Recordar eso le trajo a la memoria cuando el mismo Draco Malfoy ante él, lo salvó allí al negar que aquella cara deforme era realmente la suya. Nunca entendió porqué hizo eso sabiendo las posibles consecuencias al ser descubierto... lo sumaría a la lista de cosas que algún día quizás se atreviera a ahondar y finalmente preguntar... quizás. Algunos de los recuerdos eran demasiado hirientes aún como para eso.

Saliendo de sus pensamientos, Harry siguió al rubio por un largo pasillo hasta dar con una hermosa puerta doble de madera tallada y puro cristal. La puerta en sí misma era ya una preciosa obra de arte... pero al abrirla...

Harry quedó verdaderamente impactado y, literalmente con la boca abierta.

El sonido del agua que corría libre por la fuente del dentro.

Todo era algo que, en conjunto, desbordaba más belleza de la nunca siquiera imaginó. Y eso que a esta altura ya había logrado ver su cuota de lugares bellos. No, allí no era solo belleza física, también y antes que nada -era debido a la sensación de paz y tranquilidad que le hacía sentir.

—Buenas tardes señor Potter —saludó desde el fondo la suave voz perfectamente modulada de la señora Malfoy.

—Buenas tardes, señora Malfoy —dijo Harry con el rostro serio y bastante frío.

—Madre.

—Me alegro que ambos hayan podido venir, Draco —éste asintió en silencio— ¿Ha salido todo acorde a lo esperado? —preguntó ya acercándose luego de dejar lo que al moreno le parecían simples tijeras jardineras sobre na muy fina y elegante mesa de hierro y cristal.

Draco hizo una mueca.

—Con respecto a las reuniones todo fue,bien. Bastante más informativo de lo que esperaba, cabe añadir. Pero sobre lo de dejarnos ver en público me temo no ha podido ser.

—¿Sucedió algo? —preguntó alarmada mirando más detenidamente a uno y otro.

—No, no, tranquila madre. Es solo que, entre las reuniones, me he dado cuenta de que lo mejor será ultimar detalles, tanto importantes como nimiedades antes de vernos acribillados de preguntas por la sociedad al completo —esperó un momento mientras su madre les guiaba a una parte del jardín donde había una mesa ratona bellamente elaborada con cómodos sillones rodeándole—. Hay muchas cosas que Potter aquí no sabe sobre nuestro mundo. Demasiadas. Y mucho menos acorde a nuestro estatus, madre.

Ella solo alzó una perfecta ceja esculpida en muda pregunta.

—Si dice o hace algo erróneo ante la persona incorrecta... podría terminar hundiéndonos mucho más de lo que ya estamos en lugar de ayudarnos. Y ni siquiera lo sabría hasta mucho después, cuando las repercusiones probables ya hubiesen ramificado.

Narcisa Malfoy solo abrió u poco más grande de lo normal sus bellos ojos a la vez que llevaba una delicada mano hacia su boca. Su cara, reflejando el indiscutible horror que aquella sugerencia le causaba.

—Pero...

—No madre, él no tiene ni idea. Debes recordar y mantener presente el hecho de que su único referente social han sido las comadrejas, me disculpo, los Weasley —atajó antes de que una rencilla estúpida estallara. Lo que estaba diciendo era más importante—. Él no sabe ni lo más mínimamente indispensable sobre leyes, normas, etiquetas, protocolos, y demáses como para llegar a desenvolverse solo con propiedad en los círculos en los que nosotros necesitamos se mueva, en los que nosotros debemos entrar.

—Por Merlín bendito. Jamás hubiese creído que no supiera absolutamente nada. Oh Draco, lo lamento mucho querido, pensé... nunca imaginé... —la estoica dama se hallaba sin palabras. Sabía que había sido la decisión correcta, pero le aterraba las consecuencias inmediatas sin la debida preparación.

—Lo hecho, hecho está madre. En cierto punto, hasta podría jugarnos a favor.

—¿A favor? ¿Cómo, por las barbas de Merlín, puede ser esto favorable? ¿Podría resultar en desastre! El tiempo...

—Madre, para nosotros es algo común de hacer, pero parece que para Potter aquí es mucho más, significativo. Sé que es un riesgo, pero creo que lo mejor es tomarnos el tiempo adecuado antes de anunciar el debido compromiso.

—Pero Draco, las cartas...

—No —dijo el joven firmemente, interrumpiéndole el ya conocido discurso—. No sería mucho. Quizás hasta podríamos correr la voz antes de dejarnos ver realmente. Rumores. Tú sabes lo bien que funcionan puestos en el oído adecuado en el lugar y momento indicado. Tú sabes todo respecto a nuestras tradiciones, podrías enseñarle y explicarle a detalle cada una y sus trucos en ellas. O al menos las más esenciales, de momento. Y él, él podría tener un tiempo,para hacerse a la idea —terminó diciendo en tono cada vez más bajo. Le incomodaba un poco saber que el moreno se hallaba atentamente callado. Nada como el antiguo Griffindor. Nada de gritos y reclamos. No. Él estaba tranquilo. Frío y serio escuchándolo todo. Analizándolos a ellos y a cada palabra que salía de sus labios.

—¿Y tú? —preguntó su madre con no poca sospecha.

—Yo estaré bien —le dijo sonriente.

Era una sonrisa falsa y todos los allí presentes lo sabían.Aún así su madre asintió.

Harry al ver esto pareció decidirse al fin a hacerse presente y habló por primera vez, soprendiéndoles a ambos rubios por su voz profunda y ronca. Voz de hombre. Hombre de mundo. Hombre dueño de sí.

—Si me permiten... no me es necesario ningún tiempo para hacerme a la idea de un matrimonio forzado. Pero sí reconozco que me vendría bien algo de él para aprender y entender ciertas cuestiones, cosas y comportamientos adecuados en ciertos círculos suyos. Aprendo rápido, no tienen idea de cuanto y no, no estoy alardeando o mintiendo, de seguro se darán cuenta pronto. También es cierto que 'todos', podríamos aprovechar dicho tiempo para conocernos y dejar todo el tema de la documentación necesaria ya en orden. Al parecer hay mucho por aclarar y preparar. No sé si lo han pensado, pero tampoco es cuestión de anunciarme como prometido de alguien del que no sé lo más mínimo indispensable, ya ni hablemos de algo importante y personal. Ustedes quieren dar la imagen de pareja real, y eso no funciona simplemente por decirlo, habrá que demostrarlo, habrá que actuarlo para nosotros pero hacerlo sentir para el resto. No es algo fácil demostrar esa confianza o cariño. No para mí, pero lo intentaré. Lo más importante, como yo lo veo, es no demostrar ningún tipo de resentimiento o desagrado entre nosotros de ahora en adelante, eso podría facilitar el crear el 'ambiente', por así decirse.

Todos se miraron entonces. Los Malfoy necesitaban un tiempo que no tenían pero que al parecer les era esencial si es que querían tener la ventaja de que la dichosa unión funcionara. Ambos asintieron.

—Bueno jóvenes, creo que hay mucho por organizar entonces; ¿porqué no vamos todos al despacho para comenzar a ponernos de acuerdo y en orden? —anunció preguntando a la vez Narcisa mientras se levantaba seguida de ambos y se acercaba a tomar el brazo de su hijo. Notando al instante que Potter no había siquiera amagado a realizar la reverencia de rigor y, pensando seriamente para sí en que había mucho más para hacer de lo que alguna vez hubiera pensado al respecto. Pero ella no solo era una Malfoy, era también una Black y no había Black que no tuviera la tenacidad de conseguir lo que quisiese al precio que fuere... y ella quería a su amado hijo protegido y feliz. Sobre todo feliz.

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Era ya noche cerrada cuando Harry finalmente se dio cuenta de que Sebastian le esperaba, lo cual terminó por sacar a colación el tema de que él no dejaría a su pareja y, a su vez, que aquello era algo que ya había discutido con Draco días antes.

Narcisa se mostró evidentemente indignada, pero se encontró frenando su diatriba ante la intensa mirada de su hijo... y supo que había mucho más por hablar, en privado. A solas.

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La tarde fue provechosa.

Entre madre e hijo se dividieron el trabajo por grado de importancia, por lo que, mientras Narcisa le explicaría como debía de comportarse en diferentes eventos, con diversas clases sociales, qué debía o no usar, hacer o decir dependiendo de la formalidad de dicho evento. Cómo ser un consorte apropiado y sus variadas funciones así como además llegar a ser un buen anfitrión, entre tantas otras cosas varias; Draco le explicaría cómo su familia venía manejando las finanzas, las conexiones que necesitaba y sus porqués, además de cómo comportarse con ellos dependiendo su importancia en su enlace financiero. Explicándole cómo comportarse como un perfecto caballero tanto con las damas como con sus pares ya que resultaba absolutamente necesario que Harry como desenvolverse solo para que luego no se especulara sobre manipulación. Tenían que verse como una pareja normal en pleno cortejo y no como el perfecto matrimonio forzado que era.

Al final del día, cuando ya se encontraba alejándose de allí hacia la zona fuera de las protecciones anti desaparición, Harry se sintió de pronto como un estudiante de nuevo.

Él iba cargado de libros que en su vida habría querido aprender pero que, de nuevo, eran necesarios. Tampoco era como si quisiera quedar como un completo ridículo.

Siempre había sido malo para manejarse entre la gente importante con la propiedad debida ya que a él le habían enseñado solo a pelear. Así que, sí, quizás al fin fuera hora de tomarse un tiempo para pulirse un poco... a fin de cuentas, si su padre hubiese estado con vida, seguramente él ya debería de saber todo esto puesto que él era de hecho un respetado sangre pura según lo que Canuto y Lunático hubieron dicho en su momento y su padre al parecer sí respetaba las tradiciones al igual que todos sus propios ancestros. O al menos eso creía... lo cierto era que para ese momento su cabeza, por más nueva capacidad de memoria que tuviese, era un completo desastre de información danzante y muy, muy entremezclada.

Le costaba reconocer que, obviando olímpicamente el hecho de que hacía esto por completa y total obligación, lo había pasado bastante bien con ambos rubios estirados. Narcisa sin dudas era una mujer muy culta y mostraba una gran paciencia al explicarle en minucioso detalle cada una de las reglas que consideraban ambos debía saber. Y Draco... bueno, el hurón era el hurón, claro. Pero cuando dejaba de lado esa estúpida arrogancia y superioridad parecía casi, agradable. No podía decir más que eso, y, si no supiera que él era completamente inmune al 'imperius' pensaría que le habían lanzado uno.

Jamás notó como un par de tormentosos ojos grises lo seguían a lo largo de todo el camino hasta aquel punto. Unos ojos que, raro en ellos, mostraban entonces un sin número de emociones.

—¿Ya se fue, querido? —preguntó la madre del rubio a la espalda de este, al tiempo que Potter finalmente desaparecía entre los árboles que lindaban la reja. Asintió en silencio y aún sin girar—. Bien. Ahora quiero que me digas todo lo que pasó hoy y el día de la reunión, porque sé que hubo demasiadas cosas que no me has dicho... y no quiero excusas cariño.

—Lo de la reunión fue... no puedo decirlo. Lo que sí puedo decirte es que ése que hoy vimos definitivamente no es el Potter que otrora conocimos y tratamos. Él está, diferente, por decirlo suave. Y su poder es... —no pudo hablar. No había forma de describir aquella intensidad en palabras. En su lugar, solo suspiró—... en fin... Así y todo, madre, me temo que hay mucho por enseñarle si queremos que no nos hunda junto con él a la primera de oportunidad y, tal como dije, lo más probable es que incluso lo haga sin siquiera saberlo. Ciertamente ahora posee el porte y quizás hasta la confianza, pero no sé si le será posible el regirse a todo momento por la interminable lista de reglas dichas y no dichas —suspiró otra vez—. Él siempre las ha visto como algo que solo eran hechas o creadas para romper, no a seguir, no a cumplir ¡Y mucho menos para ayudarme a mí, de entre todas las posibles personas!

—Lo sé cariño. Pero sabes que esta es nuestra única salida posible. Además, has visto el progreso que ha hecho en tan solo unas pocas horas. Es verdaderamente impresionante debo admitir. Quizás con dos semanas de intensiva enseñanza sean suficientes para que pueda retener lo básico en diferentes aspectos. Ya luego podríamos seguir con más tranquilidad con el resto de ello. Todo saldrá bien mi hermosos dragón.

—Espero así sea, madre. Espero que sí...

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