29 de septiembre de 2014

Una Deuda con el Destino... capítulo 19

DISCLAIMER 
Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.

RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/JAMES EVANS Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/James y OMC (SEBASTIAN... que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.

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—Diálogo—
recuerdos/Flashbacks
'pensamientos'
Pársel
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..:: Capítulo 19 ::..



Tres semanas después y Harry no quería ya saber absolutamente nada más sobre venias, saludos, copas, lugares; ni nada más.

Su humor había ido cayendo en picada conforme los días pasaban, y sabía muy bien porqué era aquello, aunque por el momento no pudiera hacer nada respecto a ello realmente.

Sebastian se había enojado bastante cuando le dijo que iría todas las tardes a aprender las tradiciones y reglas de los sangre pura -cosa que para Tian no tenía sentido alguno-. Luego el enojo pasó, pero así y todo Harry no soportaba ver aquella miraba de terrible tristeza que lo había invadido y que parecía no poder quitarse. Le hacía el amor cada noche y cada noche podía sentir como si una navaja le atravesara el corazón al sentir como su rubio se le aferraba casi con desesperación. Podía sentir su respiración contenida cuando creía que él ya dormía y sabía que lloraba en silencio cada vez. Lo estaba enfermando. Aquello los estaba enfermando a ambos.

La angustia y la impotencia por tener que hacerle aquello lo estaban matando a él y el saber lo que él tendría que hacer lo estaba matando a Tian. Era enfermizo. Era inacabable.

Dormido tenía pesadillas, pesadillas que luego no recordaba pero que le dejaban el regusto amargo de una profunda tristeza y unas enormes ganas de solo echarse a llorar. Despierto, su mal humor crecía día tras día al ver como su vida -aquella que tanto le había costado crear-, se derrumbaba lentamente al tiempo que era forzado a adquirir una nueva.

Para el último viernes... él finalmente explotó.

—No Potter, el conde va después del marqués y éste luego del duque. Si no posee título noble se le dice Lord como un deferente porque...

—Arrgg... Basta, solo, basta Malfoy.

—Es preciso que te aprendas todo esto Potter. Debes de ser capaz de llamarlos y tratarlos con la propiedad merecida. Además...

—¡Basta! Necesito... Arrg...

—¿Potter? —preguntó el rubio con cierto recelo.

Demasiado tarde...

Harry estaba perdido. Él estaba recordando entonces como aquella mañana su querido rubio se había marchado sin tan siquiera saludarle. En como el día anterior él había llegado tan tarde que su rubio para entonces ya se había quedado dormido... y, sobre todo, recordando como le había resultado de evidente que una vez más su francesito había estado llorando, por él.

Lo lastimaba. Sabía que lo hacía ¡Pero lo necesitaba! Había sido el mismo Tian quién le había dado fuerzas y esperanzas al decirle que a pesar de todo él estaría a su lado. ¡Había sido él! ¿Porqué justo cuándo más le necesitaba le hacía todo esto?

Sin darse cuenta de nada su energía se había ido acrecentando y algunos objetos comenzaban ya a agitarse o incluso a elevarse en respuesta a ello. El aire se sentía pesado y costaba respirar adecuadamente... y aún así el moreno no lo notaba.

Su cara solo reflejando la tristeza que sentía. La desesperación.

La soledad.

Una vez más volvía a sentirse solo. Perdido. Obligado nuevamente a algo que no quería y perdiendo de nuevo algo que necesitaba. Y él quería... quería solo, desaparecer.

Tampoco registró como fue que en respuesta a esos terribles pensamientos, pequeños objetos cercanos hacían exactamente eso. Desaparecer. Así, como si nada... poniendo a un rubio en completa alerta y acrecentando su pánico, pues este ya sabía de lo que el moreno podría ser capaz.

—¡Maldición Potter! ¡Reacciona!

—¿Draco? ¿Qué está suce...? —Narcisa cortó su pregunta en el segundo que entró a la biblioteca solo para terminar lanzando un grito que resonó con fuerza por toda la planta.

—¡Madre! Ayúdame, pronto. Necesitamos alejarlo de aquí. Un lugar alejado, con protecciones o algunos pabellones al menos —decía él a toda prisa— ¡Enfócate madre!

—El bosque junto al lago, en la casa solariega de tu tía abuela Walburga, cerca de las costas norte de Escocia.

—Bien, llévanos —demandó con urgencia mientras veía con impotencia como la magia de Potter comenzaba a escapársele y lo empezaba a hacer levitar al mismo tiempo que el aura a su alrededor comenzaba a crepitar.

Draco sabía lo que venía... Y aún así no estaba preparado para ello. No había forma en que él erigiera por su cuenta esas poderosas protecciones impenetrables.

Al segundo siguiente, los tres de ellos se hallaban frente a una hilera de árboles centenarios y a un lago enorme del que se podía ver el agua comenzar a agitarse.

Su mirada apenas desviándose hacia su madre, quien vio casi desfallecida en el suelo tras un aparente abuso de magia. En su desesperación el rubio ni había pensado el poder o la fuerza que le tomaría para transportar a tres personas allí casi a ciegas -puesto que ninguno de ellos dos estaba en sus cabales como para ayudar.

—¿Draco?

—Piensa Draco, piensa. Joder. No puedo hacer las protecciones. No esas, ¡ni siquiera conozco algunas de ellas! Pero Potter no puede explotar, no ahora, yo no puedo desaparecerlo tantas veces estando así. Ni aunque estuviera solo podría. Es necesario que se calme, no hay de otra pero, ¿cómo? ¡Maldito seas Potter! ¡Estúpido Potter! ¿cómo mierda haré para que se calme ahora cuándo... ? —se preguntó parando su diatriba de golpe.

La respuesta le vino sola.

La odiaba, pero sabía que solo eso funcionaría. Y necesitaba que funcionase.

—Quédate aquí madre. Vuelvo en un minuto.

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—¡con un demonio estúpida muggle, le estoy diciendo que es urgente! ¡Llame ahora mismo a su jefe o voy a...!

—Usted no debería de estar aquí señor Malfoy, y mucho menos amenazando de esa manera a MI secretaria.

—¡Al fin! Necesito que vengas conmigo. Ahora...

—Ahora no puedo, me encuentro en mitad de una importante junta de inversores y...

—¡Por Merlín! ¡¿Y crees que vendría hasta aquí por ti por alguna estupidez?! Potter está por explotar todo el maldito bosque y...

—¡Cállate! —le siseó el francés. Su acento un poco más marcado debido a la furia que le embargó de pronto.

Sebastian se limitó a tomarlo entonces del brazo, metiéndolo en la primera sala vacía que encontró a su paso. Evitando así las indiscretas miradas de algunos empleados que comenzaban a asomarse ante el extraño escándalo.

—Dame un segundo —le dijo al rubio platino ante él en voz baja antes de girar sobre sus talones para salir y volver de nuevo a la sala donde antes estaba.

Draco le vio girarse y salir pero no tuvo tiempo suficiente como para comenzar a maldecirlo porque de hecho fue tan solo un par de segundos después cuando el jodido 'amor' de su futuro marido regresaba a donde él le esperaba para, sn siquiera detenerse, solo tomarle nuevamente del brazo encaminándole hacia el asensor más cercano.

—A surgido algo Val. Tengo que irme. No me pases llamadas y reprograma todo lo que tenga para mañana —gritó de camino hacia aún una estupefacta secretaria.

Draco solo se limitó a mirarle mal.

—¿Por dónde?

—Vámonos —dijo agarrándole ahora él del brazo una vez el asensor se cerró.

Cuando Sebastian logró abrir los ojos tras sentir como el mareo que atacó su cuerpo después de haber sentido ese horroroso y brusco tirón pasaba, y casi se cae al ver que de pronto y de la nada se encontraba en medio de un inhóspito bosque,,, hasta que sintió 'su' grito venir detrás de él.

Al girarse, lo primero que vio fue a la mujer que había comenzado aquella locura... y por detrás, tirado en medio del suelo -o casi, porque en realidad el moreno levitaba un poco-, se hallaba su James.

Era lo mismo de aquella vez pudo notar, lo mismo de aquella vez que parecía a punto de explotar. El aire denso, la tensión de su cuerpo, los ojos oscuros... y la electricidad envolviéndolo. Era igual, o al menos eso le parecía. Esta vez sin embargo, todo era mucho más, violento.

—¡James! ¡Jamie!

—Tienes que calmarle Le' Nocks. No hay protecciones puestas y, ya de por si con esta cantidad de magia es posible que puedan rastrearle y vengan. No estoy seguro. No puedo desaparecernos tampoco, no como él lo hace. Tienes que calmarlo antes de que lo destruya todo.

Sebastian escuchaba al rubio hablarle pero sin escucharle de verdad. Su atención estaba cien por ciento puesta en aquel moreno que le había robado todos y cada uno de sus sentidos. A quien él le había entregado todo.

Lo acomodó en su regazo como pudo, sin importarle para nada el picor que la magia le hacía.

—Jamie —susurró—. Aquí estoy cariño. Lo lamento. En verdad lo siento, cariño. Tienes que calmarte ¿sí? Tienes que hacerlo, amor. Vamos, bebé, prometo llevarte por el mejor helado italiano de Inglaterra, aunque seguramente podríamos irnos hasta la mismísima Italia por él con este truquito tuyo de aparecerte en cualquier lado ¿cierto? —rió en broma acariciando con lentitud y cariño sus mojados cabellos.

Solo estaban ellos. Nada más existía. Nada más importaba.

—Te extraño, ¿sabes?... Lamento no haberte apoyado tal y como dije antes que haría. En verdad lo siento. Pero tienes que saber que esto es, difícil. De pronto todo es tan complicado y yo... Yo solo, te extraño. Extraño estar contigo en la oficina, y pelear cada noche por lo que comeremos. Extraño hablar contigo en cualquier momento y de cualquier cosa y... y sentir que estarás siempre allí, para mí.

Ya para ese momento Tian estaba llorando con una sonrisa triste en su precioso rostro. Se sentía tan impotente... y solo. Tan solo como hacía demasiado tiempo no se sentía.

James había sido la primera persona con la que se había sentido bien, completo. La primera con la que podría ser él en todo momento. Él, no el hijo del dueño de; ni de la familia de; etc, etc, etc.

—¿Tian? —le llegó un susurro desde debajo.

—Oh Jamie ¡No vuelvas a hacerme pasar por esto! ¿Me oíste? Mírate, tan solo mírate, si pareces todo electrocutado por un 220w y encima tuve que aguantar que me trajera el estúpido rubio oxigenado con eso de aparecerse y desaparecerse, ¿sabes lo horrible que fue eso? Pobre Val, tengo que pedirle una enorme disculpa luego. La dejé toda loca y, tú aquí, haciendo chispitas raras y...

Harry mostró una sonrisa enorme y luego le tomó de la nuca para poder besarle a gusto.

Su rubio. Su hermosos y precioso francesito, que había venido a no sabía donde, contra todo riesgo y sin pensar en consecuencias a intentar calmarle y quien ahora sabía hablaba sin parar porque lo más probable era que los nervios le estuvieran matando ahora que la adrenalina había pasado y el bochorno y vergüenza le inundara como era usual en él.

—Maldito mago de pacotilla —murmuró Sebastian apenas a un centímetro de su boca con la respiración completamente entrecortada y los ojos chispeantes de picardía y amor.

Harry rió. Una carcajada fuerte y cargada... que cesó de golpe.

Su rostro, recientemente chispeante, pasó de alegre y relajado a absorto y serio en menos de un segundo. Descolocando a quienes le veían.

—Todos, tóquenme, ¡YA!

Ni Draco ni Sebastian dudaron, ellos ciegamente obedecieron la orden sabiendo que algo estaría ocurriendo pronto; sin embargo Narcisa quedó confundida por lo que Draco se vio obligado a sujetarle demás. No hubo palabras o explicaciones. Apenas todos le tocaron, Harry se desapareció... llevándoles a todos consigo.

Lo cuál fue una certera suerte ya que apenas segundos después, el lugar se encontraba infectados de magos y brujas enojados y frustrados por haber sido burlados... una vez más.

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—¡Odio viajar así Jamie! —gritó Tian con sus hermosos zafiros brillantes completamente encendidos. Las náuseas le hacían escocer sus preciosos ojos.

—Lo lamento francesito, pero ya llegaban ¿vale?

Por unos momentos nadie más dijo nada. Hasta que ella habló;

—Señor Potter, asumo que ha de haber una excelente explicación detrás de todo lo extrañamente acaecido hasta el momento, pero, y si no es mucho pedir, me gustaría oírla con lujo de detalles desde la confortable comodidad de mi hogar.

—Madre...

—En casa Draco —sentenció la mujer de porte aristocrático.

—De acuerdo. Draco, ve con tu madre, enseguida les alcanzo —dijo sopesando las posibilidades.

El rubio ni siquiera había comenzado a asentir cuando se vio interrumpido.

—Preferiría que fuésemos todos juntos señor Potter.

—Madre, es mejor que no...

—Bien, pero primero debo de hacer algo. Volveré en unos minutos —dijo antes de solo, desaparecer.

Era una suerte que hubiera pensado realmente rápido y les transportara a su mansión en Suiza, aquella a la que poco a poco había ido agregando más y más protecciones -muchas provenientes de magia gobblin- y que fuera casi indetectable allí. Casi, si es que lo usaba muy esporádicamente porque con la suficiente energía hacia un mismo destino sería un muy serio indicativo.

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El ambiente entre los tres que allí quedaron fue realmente un tanto incómodo.

Sebastian y Draco sabían del otro, sí, e inclusive se hacían una buena idea de donde podría haber ido Potter y el porqué, pero eso no hacía más fácil el hecho de que tuvieran que estar allí, a menos de tres metros el uno del otro, y encima hablar como si fuera de lo más normal cuando era más que obvio que no se toleraban. Era obvio y muy comprensible. Uno era el actual novio y futuro amante, mientras que el otro era el actual estorbo y futuro marido. A ninguno de los dos les agradaba la idea de llevar dichos títulos, pero aquello era lo que les había tocado.

De pronto, ambos jadearon... y automáticamente se miraron.

—¿Draco? ¿Qué sucede?

Ambos lo habían sentido. 'Le' habían sentido.

Sebastian; porque al parecer se había hecho sensible a la magia de su pareja. Y Draco... él no supo porqué, pero él lo sintió de igual manera. La onda expansiva de energía liberada les recorrió enteros de pies a cabeza. La sensación de vértigo.

—¿Draco?

—¿Mmm?... Lo siento. No, no te preocupes, no fue nada, madre.

—Si no puedes decirme lo entiendo, pero no te atrevas a tratarme de estúpida, Draco Malfoy —dijo ella de manera cortante.

Él asintió sin darle mayor importancia. Realmente, había cosas mucho más importantes en las que centrar su atención que en eso, como por ejemplo el concentrarse en tratar de sentir una vez más aquella extraña e intensa sensación.

—Ya viene —comentó como de pasada el francés en tono neutro.

No importó el tono. El Slytherin se desconcertó por completo ante lo dicho; ¿acaso podría un simple muggle, sentirlo y percibirlo más que 'él'? y ¿a qué se debería tal percepción del moreno? Dudaba. Dudas que quizás luego le parecieran tontas, pero que existían. Dudas que pasaban por su mente y dejaron allí su semilla. La raíz.

Momentos después, el crack de la aparición de Harry resonó fuerte en medio de aquel silencio.

Sebastian se acercó a él y lo miró, obteniendo en respuesta una sonrisa sincera junto a una leve caricia en la mejilla.

—¿Quieres que te deje cerca de casa? —él negó— ¿Quieres venir conmigo, cierto? —Tian asintió—. De acuerdo —contestó dándole un ligero beso en la nariz y sin siquiera molestarse en preguntar—. Prometo intentar ser breve para poder volver pronto a casa, ¿ok?

—¿Potter?

—¿Sí, Draco?

—¿Dónde demonios estamos? y... No te han seguido, ¿verdad?

—Estamos en una de mis mansiones, en Suiza. Y no, ya no me siguen, se han despistado luego de venir aquí porque este lugar es prácticamente intrazable y luego hice demasiados desvíos —comentó—. Ahora, ¿quieren ir a su casa o mejor a otro sitio?

—E...

—Preferiría ciertamente ir a mi hogar señor Potter. Creo sin lugar a dudas que nos espera una charla más que compleja y larga y prefiero la comodidad de mi hogar como anteriormente he expresado —cortó Narcisa.

Harry asintió, pero vio como la mujer continuaba mirándole insistentemente antes de pasar a mirar a su 'novio'. Su 'verdadero' novio, claro.

Sebastian le notó también pero, a diferencia del moreno, él sí estaba acostumbrado y más que resignado a todo tipo de protocolos así que, sabiendo lo que se esperaba de él, se adelantó haciendo una ligera venia de rigor.

—Sebastian Rubeus Le' Nocks, madame Malfoy.

—Encantada señor Le' Nocks.

—Bueno, ¿vamos?

—Si pudiéramos lo haríamos, Potter.

—¿Eh?

—Potter...

—¿Qué pasa? ¿Hay algo malo con el lugar? —preguntó confundido ante la cara de impresión de la mujer y la de frustración e incredulidad del rubio... del más rubio.

—No, señor Potter, no hay ningún problema con el sitio. Lo que sucede es que es extremada y exageradamente extraño la inmensa capacidad de poder físico y mental que ha usted demostrado, joven Potter, al conseguir no solo llegar hasta aquí, sino más encima traernos a todos nosotros, y enteros. Pero estoy ya asumiendo que esto también será algo de lo que hablaremos pronto. Ahora, por si no le ha quedado del todo claro, fuera de la admiración de tal hecho, debe comprender que ni mi hijo ni yo poseemos tal tipo y cantidad de poder para irnos por nuestra cuenta por lo que...

—Entiendo. Err, sí, claro. Bueno, muy bien, todos, tómense de mí fuerte —anunció una vez se hubo recuperado de tal, ferviente discurso de su futura -uugh- suegra mientras tomaba a su ¿aún novio? por la cintura.

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—Ya veo... ¿Eso es todo, verdad? ¿Hay algo más que deba saber?

Tres horas después de haber dejado aquel sitio, la señora Malfoy perdía un poco su eterna compostura al asimilar cada palabra que desde su llegada le hubieron dicho.

—Por el momento. Pero debe entender señor, el esfuerzo, el poder... Como ya e he aclarado a su hijo, quien por cierto ha realizado un juramento para no divulgarlo al igual que Sebastian y al igual que lo hará usted misma —dijo mirándole firme como nunca—; esto no será ninguna ventaja para ninguno de ustedes. Como ya he dejado claro, yo no pienso ser uno de sus títeres de ninguna maldita manera.

—¿Draco? —preguntó ella una vez más imperturbable, tomando nuevamente su taza de té.

Él asintió.

—Es cierto madre y, si me permites decirlo, él tiene razón. Nuestra posición es ya de por sí endeble en lo mejor. Estamos en una posición altamente delicada y bastante riesgosa con el que mi reinserción a la dichosa sociedad sea justamente de la mano de Potter precisamente. Si a eso le sumamos el hecho de que es más poderoso que el señor tenebroso y probablemente que el mismísimo Merlín las conjeturas de que él se volvió oscuro podrían resurgir y...

—Entiendo. Indefectiblemente de la veracidad o no, la conclusión será que fuimos nosotros quienes le fomentamos y apoyamos a caer como el nuevo Señor Oscuro.
Confieso que he llegado a oír algún rumor sobre que el señor Potter estaba ciertamente 'estresado' tras la batalla, pero como de seguro comprenderán aquello no fue algo a lo cual le diera mayor importancia.

—Mi hipótesis es que, si mis 'capacidades' se dan a conocer, sumado a mi auto exilio y mi comportamiento previo a mi partida junto con mi actual, lo primero que pensará todo el mundo es que, efectivamente, he sucumbido a seguir los pasos de Voldemort y, de seguro habrá también quien intente detenerme, seguro, pero lo peor es que habrá también quienes quieran seguirme y, para el momento en el que se pueda ver que no soy tal probablemente lleguemos a tener problemas por ambas partes... Y lo cierto es, que ya estoy malditamente cansado como para volver a luchar.

—Comprensible.

—Cierto. Y nosotros no necesitamos una nueva asociación con el lado oscuro.
Muy bien señor Potter, haré ese juramento luego ya que estoy segura no se fiará solo de mi palabra —Harry no contestó, pero sí asintió con lentitud—. Bien. Draco, ¿algo más que agregar al respecto? —preguntó.

Y la sola pregunta dirigida en aquel tono tan, desconfiadamente dulce le dijo a Harry una sola cosa. Astucia.

Malfoy abrió apenas los labios. Lo cierto era que él quería decir un par de cosas más, entre ellas lo referente a la cámara de Potter (y el hecho de que ahora él era más rico que Merlín, Morgana y los cuatro fundadores juntos); quería que supiera sobre la estúpida idea de Potter sobre vivir una 'doble vida' porque no pensaba dejar al muggle ese a pesar de ser un completo estorbo. Quiso decir varias cosas... más no le salió nada.

Potter solo lo miraba.

—Creo que lo que su hijo aquí trata de ponerla al tanto, es sobre la 'peculiar' situación marital que hemos acordado mantener.

—¿Disculpe?

—No madre, no...

—Draco...

—Tú, cállate Potter, es... indignante ¿de acuerdo? Es, sencillamente humillante. ¡Toda esta ridícula situación de tener que verme obligado a tener que recurrir justamente a ti lo es! Pero esto...

El moreno apretó la mandíbula tan fuerte que juró la oyó chasquear. No quería enojarse por una estupidez del rubio pero...

—Draco Lucius Malfoy, ¿a qué situación se refiere?

No pasó desapercibido para absolutamente nadie allí presente el tono completamente helado en el que fueron casi susurradas aquellas palabras.

Draco se tensó.

Parado cerca del ventanal donde estaba, él se irguió y chasqueó los dedos. Al instante apareció delante suyo un elfo.

—Trae la botella de whisky del despacho Bitsy, y tres copas.

—Enseguida amo.

Tras desaparecer el elfo, Draco caminó hacia uno de los varios sillones aún desocupados, justo el de la izquierda a su antiguo némesis, y se sentó con toda la parsimonia, elegancia y naturalidad del sangre pura que era.

El elfo regresó con el pedido.

—Aquí tiene amo Draco, ¿el amo precisa algo más de Bitsy, amo?

—No Bitsy, puedes retirarte —contestó apenas estirando los labios. Cosa que no pasó desapercibida para Potter.

—Resumiendo, madre; el aquí presente señor Potter ha tenido a bien el informarme respecto de su plan post-ceremonia a lo que, mmm, he accedido a estar de acuerdo con algunos reparos, por supuesto.

—Te... ¿informó?

—Así es —dijo sirviendo la necesaria bebida en todos los vasos. Solo Potter se lo aceptó—. Como él mismo podrá corroborar, el 'arreglo' acordado es que él no dejará su 'relación' actual con el muggle aquí también presente...

—Tiene nombre, Malfoy —espetó Harry, sin embargo nadie le tomó en cuenta.

—Y, tras la 'concepción', él retomará su vida fuera de nuestro mundo mágico, regresando solo para eventos formales y/o sociales, además de las visitas que hemos de acodar en el caso de que el hijo sea de hecho hijo legítimamente suyo por sangre, claro, pero no compartiremos lecho. Ni techo —el tono solo varió una décima en la última frase pero solo el aguzado oído de su madre llegó a captarlo—. Potter está de acuerdo a posibles amantes por mi parte siempre que ambos seamos discretos por supuesto y, respecto a la concepción, él mismo me ha sugerido diversos métodos, a los que, debo añadir, no estoy del todo en contra. Te sugiero madre, que no gastes saliva en discutir todo esto ya que estas decisiones nos atañen solo a nosotros como pareja siempre y cuando se respeten a la vez tus previas imposiciones al caso —dijo al tiempo que tomaba un trago muy largo de su bebida al finalizar. Clavando una seria y profunda mirada en aquel líquido ambarino.

Todos le miraban.

El tono completamente apático en el que dijo todo fue lo que más llamó la atención de los presentes.

De su madre porque salvo aquel pequeño matiz antes captado lo dicho dejaba en claro su total apoyo a la locura de Potter.

En Potter porque se preguntaba, porque no entendía... ¿porqué le había parecido sentir una especie de ligera tristeza? Su olfato se lo decía, sí, ¿pero porqué?

Y en Sebastian, porque de pronto y como una especie de revelación no deseada, cayó en la cuenta de que quizás, solo quizás, él se estuviera equivocando. Que quizás y solo quizás ese rubio pomposo, altanero y arrogante como pocos en realidad no sintiera de verdad absolutamente nada por su James. Y supo además que se estaba mintiendo. Reconocía las señales aunque el propio rubio las solapara. Él podía leerlo perfectamente a pesar de no conocerlo para nada, o quizás debido justamente a eso, a no conocerle y ser relativamente un espectador pasivo de toda aquella locura. Como fuera, ahora solo le restaba averiguar que haría él respecto a todo aquello.

Nadie dijo nada.

Pasados unos cuantos segundos de denso silencio, Kramer apareció ante ellos. Distrayéndoles.

—Amo Draco, la señora y el señor Zabini, y el señor Nott lo esperan en la salita de siempre.

—¿Pansy? —preguntó incrédulo sin notar como una enorme sonrisa comenzaba a extenderse por su cara—. Si me disculpan —agregó antes de ponerse rápidamente de pie y salir casi al trote pero con todo el posible decoro de la estancia aún muda.

No le importó el decoro realmente, no mucho, solo lo justo y necesario porque lamentablemente le era algo ya demasiado arraigado como para cambiar. Tampoco le importó la etiqueta ni mucho menos el reproche que sabía de ante mano le daría su madre luego. Era Pansy. SU Pansy. La única persona en el mundo que sabía todo, absolutamente todo de él; y la persona que más necesitaba en aquellos tiempos para hablar como hace mucho no hacían. Casi desde que hubo 'regresado' porque primero él no estaba presentable para interactuar con nadie y luego por un viaje suyo, y ahora mismo por aquel lío con el que se hallaba lidiando como podía.

Mientras tanto en la habitación Narcisa estaba en, shock, por decirlo suavemente... ¿qué había hecho? -ella pensó-... por Merlín, no había manera. No había manera en el infierno que ella fuera a permitir algo así para su hijo. Draco. Maldito fuera Potter -pensaba ferozmente-, si él... Oh, tenía que encontrar la manera de arreglar todo aquello o todo saldría mal, muy mal. E iba a empezar justo ahora. Si había algo que se pudiera decir de ella era que sin lugar a dudas ella era una mujer decidida y de armas tomar. Ella nunca había sido solo una 'esposa florero' como sí lo eran muchas de su clase, y de eso se darían cuenta muchos para cuando lograra sus objetivos.

—¿Bitsy? —llamó ella... obviando por cuarta o quinta vez como el muggle se estremecía al ver aparecer y desaparecer al elfo.

Un 'plop' después la elfina se encontraba inclinándose ante ella.

—Prepara por favor unos entremeces para los invitados de mi hijo junto con unas pastas y té. Avisa a Kramer y a Tiddy que la cena hoy será a las siete y que habrá invitados, luego certificaré cuántos serán. Ah, y dile que también prepare algunas habitaciones de invitados en el caso de que alguien prefiera pasar aquí la noche. No tengo idea de cuales sean sus planes pero siempre es mejor estar prevenidos y anticipados. Vigila que todo se haga Bitsy y avísame cuando esté.

—Sí mi ama, Bitsy vigilará y avisará a todos, ¿desea algo más de Bitsy, ama?

—No Bitsy. Eso es todo por ahora, te llamaré si es necesario.

La elfina asintió haciendo una corta venia, y desapareció.

Casual, siempre casual -se dijo la mujer para sí.

—Señor Potter, me gustaría que usted y el señor Le' Nocks nos acompañaran hoy a cenar. Draco no ha visto desde hace bastante tiempo a sus amigos y podría ser esta una excelente ocasión para comenzar a entablar una relación cordial y fructífera con ellos puesto que se mueven en los mismos círculos y mantienen las mismas amistades. Además está, claro, el hecho de que sus familias a pesar de todo lo acontecido siguen siendo bastante influyentes en nuestro mundo.

—Yo... —dudó. Y ella lo notó.

—Lo cierto es, señor Potter, es que ellos de hecho podrían ser una excelente prueba para ustedes. Preferiría que ni siquiera ellos estuvieran al tanto d dicho arreglo pero, me temo que mi hijo le dirá como mínimo a la señora Zabini, a quien usted seguramente habrá de recordar como señorita Parkinson en sus días de escuela.

—¿Cómo olvidarla? —respondió con un claro deje de ironía para enseguida caer en la cuenta de la información dada— Oh, ¿así que se ha casado con Zabini?

—Así es, de hecho ellos están en la agradable espera de su segundo hijo en estos momentos.

—Pero, ¿acaso Draco no les estará diciendo todo ahora mismo?

—No. No lo creo. Lo más seguro es que decida hablarlo en cuanto el señor Nott se retire o excuse —dijo sin explayarse más al respecto y dejándole a Harry ese leve pique de intriga que siempre y en todo le caracterizaba.

—Y... Usted espera, que me presente así como así... ¿cómo novio de Draco? —preguntó sin darse cuenta de como Sebastian le miraba, escuchándolo todo. Doliéndole.

—No, aún si se lo pidiera no serviría porque se nota a leguas que ustedes no tienen ningún tipo de relación, aún —agregó como al pasar—. Pero lo que sí le pido es que se presente tal y como le presentaremos ante el resto, como albacera y protector de Draco y por extensión del nombre Malfoy a causa de la deuda de vida contraída conmigo. Qué demuestren que son una pareja en todo hecho y aspecto deberá quedar por su cuenta ya que debe verse y apreciarse como real. Asumo que solo será cuestión de tiempo para que ocurra pero por el momento esto habrá de bastar. De otro modo no funcionará. Todo puede ser gradual tal y como ya lo hemos hablado, pero sí necesitamos también que sea lo más pronto posible. A suponer, acorde al tiempo estimado en el que usted se ponga al día con las reglas sociales.

—Pues eso no es mucho tiempo, sin dudas. Dudo que se pueda llegar a crear cierta química creíble y aún más demostrar una falsa intimidad y complicidad en tan corto tiempo.

—No se olvide señor Potter que, a pesar de no haber estado en los mejores términos, ustedes de hecho se conocen desde hace años. Eso sin duda será una ventaja en muchos aspectos puesto que conocen de primera mano todo lo vivido y acontecido por más que fuera desde diferentes puntos de vista.

—Sí, eso es posible, señora. Pero, una pantalla romántica creíble tomaría más...

—¡Alto! Solo... alto.

—Sebastian.

—No James. No. No puedes... Mira, intento entender, te juro que lo hago. Intento entender todas estas 'leyes' y 'cosas' de este extraño mundo pero... simplemente, no puedo, no puedo tolerar el hecho de que solo estés allí sentado como si nada, como si estuvieras en medio de una maldita junta de inversiones mientras hablan de como es que deberás hacer pronto de la 'creíble' —dijo escupiendo con rencor evidente la palabra—, de otro. Hablando de como es que deberías, DEBERÁS SER la pareja de otro delante de mí ¡de mí, James!, justo como si yo ya no fuera nadie. Como si ya no fuera nada tuyo y... no pensé...

—Sebastian, fuiste tú quien quiso venir y...

—¡Lo sé! Y no es eso, ¿Acaso no lo entiendes? ¿En verdad piensas que podré quedarme ahí, cenando, mientras veo como debes jugar el papel de posible, ¡No! ni siquiera eso; tendré que estar allí y verte jugar al papel de FUTURO enamorado... de otro... ¿y encima de otro que...?

—¿Otro que qué, Tian?

—Quiero ir a casa James.

—Sebastian.

—¡No! ¡Basta! Solo llévame a casa. Hablaremos luego, ¿de acuerdo? —dijo el rubio alejándose en cuanto Harry se acercó a abrazarle.

Harry bajó la mano extendida y endureció el rostro de una manera que nunca le hubo visto y que nunca querría volver a ver.

En cierto punto, Sebastian supo que había errado, que lo había lastimado. Mucho. Porque justamente había hecho algo que montones de veces le había jurado nunca hacer, algo que le hubo repetido -aún más desde que todo aquello surgió entre ellos-, que por nada haría.

Lo había rechazado.

1 comentario:

  1. Me encantan tus fic's, me tienen completamente enganchada sobre todo Una deuda con el destino y Sumiso por ti, soy fanática del Drarry, me fascina y Scorpius... Bueno que te puedo decir, estoy esperando con ansias la actualización, ojalá y sea pronto. Gracias y Saludos!!

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