24 de abril de 2013

UNA DEUDA CON EL DESTINO... CAPÍTULO 4

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.


RATED: MA
PAREJA: HARRY POTTER Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/OC (que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.


~*~ Capítulo 4 ~*~


Después de aquel infructuoso y sumamente desagradable suceso, se encargó de buscarse lugares remotos y crear grandes campos de magia para poder explotar lo más libre y tranquilamente que pudiera su magia.

Al principio fue solo un día pero lentamente pasó a organizarse un fin de semana completo al mes donde, no solo aprovechaba para no perder la práctica sino que además lograba repasar o incluso experimentar con algún conjuro o hechizo. Notó también entre fascinado y temeroso que su magia aun ahora parecía ir a crescendo. La sentía aumentar más y más luego de cada entrenamiento. La sentía bullir desde lo más hondo de él, casi esperando que se convirtiera en algo tangible.

Finalmente se decidió por la carrera empresarial. Tenía en mente un posible negocio que, si resultaba como él esperaba sería a la mar de lucrativo a largo plazo, pero para el que sin lugar a dudas necesitaba saber como manejarse y qué hacer, donde ir. Documentos, permisos, contratos. Esas eran cosas de las que no tenía ni idea.

Un año le tomó rendir los dos primeros ¡Y no porque no pudiera hacer incluso más! No, bien podría haber rendido el equivalente a casi los tres completos... si no fuera porque el solo hecho de terminar ya esos dos había ya llamado demasiado la atención. Cosa que no quería que volviera a suceder por ningún motivo.

Nunca.

Estudiar, fuera lo que fuera, resultaba ahora demasiado fácil. Su memoria había llegado a un nivel en el cual consideraba algo inútil el hecho de sentarse a estudiar puesto que con una simple lectura llana él ya se encontraba con todo memorizado categóricamente. Memoria eidética le había dicho un compañero que intentaba seguirle el paso en un trabajo y que claramente no podía ocultar del todo su envidia. Claro que el hecho de la memoria eidética quedó anulado porque por lo que había leído era algo con lo que se nacía y él siempre había sido un desastre antes, de todo.

Pero bueno -pensó él-, si esta es una consecuencia de aquello no pondré quejas. Finalmente tenía que venir algo bueno de todo eso.

Sí, todo lo teórico... lo teórico estaba bien en su vida pero, a pesar de ya llevar más de dos años de una clara vida activa y plena -o casi-, en el mundo muggle, su parte social e interactiva era mínima, rayana en lo nula y... la soledad comenzaba a ahogarlo de una manera sádica e intransigente.

Y aquel año había terminado siendo peor, mucho peor.

A veces el simple hecho de ver como una pareja se abrazaba o besaba le bastaba para querer echarse a llorar de puro anhelo . Era algo que lo ofuscaba y perseguía todo el tiempo. Todo el puto tiempo.

Y ni siquiera podía decir que era por falta de propuestas. No era porque esperara mantenerse eternamente casto. No, era algo mucho más simple y a la vez complejo que eso, él no sabía cómo cómo interesar a alguien por, él, solo él. No sabía cómo hacer para que alguien le hiciera sentir querido por ser nada más que quien era. POR ÉL y no su jodido nombre, o fama, o ventaja en cuanto a sus notas académicas, o que vieran que se mantenía solo. No por su actual aspecto, por su poder, No por su dinero que ahora se notaba un poco más que tenía. Y sobre todo, NO POR SER EL JODIDO NIÑO QUE VIVIÓ.

Muy a su pesar y sintiéndose crudamente sincero consigo mismo, se dijo que quizás él no fuera nada más allá de eso... pensamiento que sin lugar a dudas lo terminaba deprimiendo aún más. Era una especie de círculo del cual no parecía poder salir. No por sí mismo al menos. Siempre con esa nota pesimista y auto desvalorizante. Siempre con esa molesta y creciente certeza de que lo más probable era que él no mereciera amor; que él no estaba hecho para merecer algo así de parte de nadie.

La melancolía que cargaba ese año era casi palpable; su tristeza y resignación eran evidentes... sobre todo para aquellos que se molestaban en observarlo con un poco más de ímpetu y querían y podían ver más allá de la deslumbrante belleza que el moreno desbordaba de manera inconsciente.

Y, como si todo aquello no fuera suficiente, una bomba más le cayó cuando, hacía un par de meses atrás, en una insólita noche de festejo con algunos de sus compañeros; Harry se emborrachó y se dejó llevar por las sensaciones Harto de mantener su control sobre todo y dejándose libre por al menos una noche, o parte de ella. Disfrutando del baile como si estuviese en medio de una densa neblina, con sus sentidos temporalmente nublados por el alcohol... Terminando por alentar aunque fuera casi sin saberlo-, el avance de un joven y disfrutando enormemente cuando este comenzó a frotar sus caderas contra las propias y de como entonces las durezas que eran ahora los miembros de ambos chocaban frotándose ardientes. Logrando que entre el ruido y la música ambos jóvenes lazaran pequeños jadeos de placer. Fue entonces que, en medio de esa creciente y casi incontrolable lujuria, hizo lo que nunca podría haber hecho estando sobrio...

En un gesto brusco e implacable él tomó la nuca del otro y lo empujó hacia sí hasta que sus necesitados labios chocaron con los del otro.

A pesar de su casi nula experiencia, por primera vez dejó que sus instintos le mandasen, logrando que el beso fuera algo completamente carnal impregnado de un profundo deseo que ni él mismo supo que escondía o retenía.

No sabría explicar como, de pronto, se encontraba en una esquina, totalmente oscura, ni mucho menos cuando fue que ambos habían comenzado a fajarse de manera frenética pero, sin dudas era algo desconcertantemente placentero. El sentir aquella verga dura y sedosa, gruesa y palpitante bajo los ministerios de su propia mano era algo que nunca hubiera imaginado que resultara tan condenadamente caliente.

Y ni hablar de sentir esa mano ajena, grande y algo rugosa, hacer el propia el trabajo sobre la suya. Era algo que solo lo dejaba jadear por tanto esfuerzo en contenerse y así saborear ese dichoso regalo un poco más.

Finalmente, cuando ambos terminaron por acabar en la mano del otro y el beso dio paso a los gemidos ahogados de la culminación, fue cuando Harry pareció salir de su nube y perder todo resto de alcohol. Azorado, y muy, muy desconcertado, terminó por salir corriendo hacia la salida más cercana que gloriosamente daba hacia el callejón lateral donde sin pensarlo dos veces se desapareció sin siquiera detenerse a pensar por un segundo en ninguno de sus compañeros. Lo único bueno de aquella noche era que increíblemente a pesar del poco foco que había tenido, él no se despartió o incindió en ningún aspecto.

Aquel encuentro furtivo había esclarecido otros tantos 'detalles' de pasadas 'circunstancias' a las que en su momento no había dedicado ni un segundo pensamiento.

No era algo demasiado alentador tampoco.

Eran hechos a los que no habría prestado verdadera atención por todo el maldito caos que había resultado ser su vida... pero ahora... ahora muchas cosas tenían o al menos, cobraban sentido.

Y, para un joven que nunca había podido siquiera explorar su propia sexualidad en pleno auge hormonal y en el tiempo normal que cualquier adolescente lo haría, fue realmente algo importante de asumir y asimilar porque, en su muy pobre y cerrada enseñanza muggle, no estaba para nada bien visto la homosexualidad en general.

Al moreno definitivamente le costó un buen tiempo el hacerse y acertar la idea, el congraciarse consigo mismo en una sociedad que la mayor parte del tiempo tan solo jugaba a juez y jurado, juzgando y condenando. Se hiZo a la idea de que lo más probable fuera que no terminara por formar la familia que siempre había soñado. Que no tendría hijos. O al menos los suyos propios como tantas veces había soñado. Se enfrentó también a la idea de que muchos lo rechazarían, aunque sorprendentemente esto no resultara ser algo tan importante para él nunca más. Estaba cansado de siempre tener que recurrir a la aceptación de otros. Él ya había sufrido bastantes desplantes y rechazos como para una decena de vidas así que esto era solo otro trago más a pasar. Como siempre. Lo usual.

No repitió encuentros.

No forzó nada.

Solía dejarse llevar y desfogarse con tan solo aquel candente recuerdo y nada más porque ciertamente no se sentía preparado para hacer algo más al respecto. No sobrio y con todas sus luces, aunque por otro lado tampoco querría hacer algo de nuevo inducido por el alcohol. No le parecía correcto.

Sin embargo el sádico destino suyo mostraba que aun después de tanto tiempo aún le quedaban ganas de seguir ensañándose con él ya que, después de tres meses de aquel encuentro fortuito en la discoteca, él conoció a Sebastian, un joven alto de contextura media pero evidentemente musculoso en lo justo; con un cabello rubio dorado y una piel blanca marfileña que se mostraba ligeramente bronceada... Y los más impresionantes ojos azul zafiro que hubiera visto jamás.

¿Quién dijo que la biblioteca no era lugar para encarar a alguien? Bueno... Harry lo hubiera dicho... hasta aquel día.

Jamás iba a olvidar como gracias al hecho de que su casa se sentía demasiado solitaria hasta la asfixia había decidido hacía ya un par de semanas solo ir a estudiar a la biblioteca de donde estudiaba e incluso a veces a la biblioteca municipal. No iba a poder olvidar nunca el hecho de que, aparentemente, él de entre todos tenía en posesión el último ejemplar de uno de los tantos libros de leyes que uno de los profesores les había enviado a estudiar. Ni mucho menos el hecho de que el joven que había interrumpido su silencio para preguntarle si podría sentarse con él para usar dicho tomo le entablara charla, le ayudase en su trabajo -aunque ciertamente él sabía que no lo necesitaba-... le invitase a cenar... y le agradase tanto.

Sebastian era de Francia, originalmente de Toulousse, y hacía tan solo poco más de un mes que se había mudado a Londres por cuestiones de negocios -según lo que le contó-, ya que era el encargado de la sede local de la empresa de su padre. Con tan solo dos años más que Harry el rubio se había mostrado claramente impresionado cuando logró que Harry le cuente todos los títulos de estudios que había logrado -pregunta que surgió de verlo leer e incluso murmurar con soltura en varios idiomas diferentes mientras leía y comparaba diversos libros-. Realmente quedó casi en shock cuando finalmente Harry reconoció que debido a problemas familiares él no había ido a una escuela media y que había realizado todos sus logros académicos en los pasados ya dos tres y medio.

Su 'amistad' prontamente comenzó a mostrar evidencia de que a Sebastian en verdad le gustaba 'James', claramente como más que un simple amigo... y fue aun más notorio cuando, una noche en la que se hallaban caminando juntos hacia el departamento del moreno, Sebastian frenó de golpe su paso y, tomando a Harry firmemente por el codo para, en un rápido y ligero movimiento, girarlo hasta dejarlo frente a él y estampar con inusitada fuerza su boca contra la suya. Tomándolo rápidamente de la nuca para evitar que ni siquiera pensase en apartarse.

El beso fue... devastador como mínimo.

Al principio Harry se halló demasiado sorprendido como para responder como debía pero luego, sus suaves y cálidos labios comenzaron a moverse de manera inconsciente, disfrutando del calor y la humedad; de la corriente de adrenalina que parecía recorrerle de pronto, o al menos así fue hasta que Harry se vio obligado a cortarlo al sentir la magia desbocarse de manera ardiente, a tan solo unos cuantos segundos de un verdadero estallido físico.

Jurando por lo bajo se recriminó el haberse saltado su escapada el fin de semana anterior con el fin de pasar una tarde agradable y tranquila pero sumamente ociosa con el dichoso rubio.

Jade y zafiro se miraron entonces en silencio, buscando respuestas por parte de uno y aceptación por parte del otro. Encontrando ambas cosas, ambos sonrieron.

Un beso más, ya ahora controlándose, y luego Harry llegó a su casa como si fuera presa de un levicorpus.

Era de lo más extraño pero, increíblemente, estuvo muy bien. Se sintió, muy bien.

.

Pasaron días, semanas y hasta meses y, para cuando Harry se quiso dar cuenta, ya tenía una vez más el aniversario de aquel día agridulce encima.

Hacía ya casi un año que estaba oficialmente con él -desde aquel beso robado en el parque y justo a dos semanas a partir de esta fecha- y, aunque le costara reconocerlo, tenía que admitir -aunque fuera para sí mismo- que, por más que lo intentara... lo quería, mucho, pero no como el rubio se merecía, no como él sabía que el otro quería.

No lo amaba.

Y le dolía no hacerlo.

Se encontró con que realmente no lo amaba lo suficiente como para querer contarle libremente de todas las verdades y mentiras que había resultado ser su corta vida. TODO.

No cuando sentía que había algo importante que faltaba y esa 'molesta' sensación de 'traición' hacia alguien más.

Quizás fuera también por eso mismo que hasta ahora no había permitido que Tian lo tomara, aun después de tanto. No lo sabía con seguridad sino que, era solo lo que sentía cuando lo habían intentado... algo en el fondo de su mente que lo único que gritaba era que lo quitara diciendo un rotundo NO, ÉL NO.

Lo quería mucho, realmente lo hacía. Temía perderlo por sobre todas las cosas. Lo amaba, a su manera, pero mucho más como amigo y compañero que como el amor de su vida... y se encontró con que no tenía ni idea de como enfrentar todo eso sin dañar lo que tenían en todos los sentidos. No sabía como enfrentar, lo que en algún punto de su mente se veía venir. No quería perderlo. Y, aunque sabía que al mostrar su lejanía y silencio en ese día en particular lo alejaba haciendo exactamente eso... tampoco se sentía con la fuerza suficiente como para pensar en él.

Todo ese día resultaba ser demasiado contradictorio.


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