18 de mayo de 2013

una deuda con el destino... capítulo 5

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.


RATED: MA
PAREJA: HARRY POTTER Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/OC (que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.


~*~ Capítulo 5 ~*~


Quinto aniversario desde la batalla donde una vez más logró sobrevivir a su destino.

Quinto año desde donde muchos, amigos, conocidos, personas a quienes había querido y estimado habían caído apoyándolo. Personas que habían muerto por su causa, creyendo todo el tiempo ciegamente en él.

Quinto aniversario y sus malditos y patentes recuerdos pasan por su mente como un burdo desfile que no puede lograr parar.

Harry temía este día, el día en que decidiría si Tian se quedaría o no. Si... si él mismo lo aceptaría dentro de esa parte de su vida o no. No era una decisión fácil de hacer.

Y el jodido destino de nuevo fue un maldito dictador.

.

El joven ya había avisado de antemano a su pareja que el día siguiente era una fecha muy importante en su vida y que quizás y lo más probable era que estuviera solo porque era más que seguro que él no resultara ser una buena compañía. Pero al parecer aquellas palabras solo fomentaron la decisión de quedarse contra viento y marea por parte del rubio. Lo cual resultó terminar siendo un completo desastre.

Harry estaba sintiendo una muy fuerte opresión en el centro del pecho. Algo, había algo que estaba, que sentía seriamente 'mal' ¿pero qué?

Terminó haciéndole el amor de manera casi salvaje. Apasionadamente; liberando así de paso un poco de su turbulenta magia en el proceso. Tratando estúpidamente de asegurarse de que así luego ya no pasara nada.

Al estar acompañado tan firmemente por su pareja él no había podido rehuir y tomar los somníferos que solía usar en aquel tipo de fechas tan específicas e incluso alguna otra.

Se encontraba asustado. Preocupado. Abrumado. Así que luego de ello el moreno intentó fuertemente mantenerse quieto aun enredando los miembros con su amante pero tratando a la vez de mantenerse completamente despierto lo9 más que pudiera. Demás está decir que en algún momento de la noche él perdió la batalla y morfeo terminó por reclamarlo y llevarlo a su usual mundo de pesadillas.

Sucesos como recuerdos. Momentos perpetuos de su memoria. Instantes fatídicos grabados e cada uno de sus sentidos. Todo ello bailó cruelmente por su trastornada mente una vez más.

Caras. Tantas caras. Lágrimas. Gritos. Sangre.

Dolor. Mucho dolor.

Tristeza. Odio. Ira. Venganzas. Crueldad. Torturas.

―¡James! ¡James! Demonios ¿qué demonios sucede? ¿qué está pasando? James, vamos amor, despierta...

La voz que sentía que lo llamaba se sentía como una especie de extraño eco lejano. Algo inalcanzable para él en esos tortuosos momentos.

Se sentía tan malditamente cansado.

Dolor.

―Arrg... ―gruñó cuando sitió un particular dolor punzante atravesarle la mandíbula.

―¡Oh por Dios! ¡James!

Un ruido estruendoso recorrió la habitación por completo antes de que una especie de silencio absoluto llenara el espacio.

―¿Estás bien? ¿Qué demonios fue eso? ¿ Qué jodidos demonios fue todo eso? ―comenzó a gritar el otro evidenciando claramente los primeros síntomas de histeria― ¡Oh por Dios! James. Jamie, vamos, mantente despierto cariño ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Por favor!

El grito desmesurado resumaba miedo y desesperación. Demasiado como para poder obviarlo... así que James se obligó a abrir los ojos y se auto esforzó en mirar por más que no pudiera enfocar.

Estaba llorando.

―¿Qué...? ¿Qué demonios fue todo eso James? Por Dios Jamie ¿estás bien? ¿Qué...?

La voz de Sebastian sonaba totalmente consternada. El joven obviamente no entendía ni en lo más mínimo que demonios era lo que había presenciado y sucedido a su alrededor.

La habitación era un completo desastre . Muebles tirados, retratos y fotos caídas o torcida. Ropas que había volado de su meticuloso lugar en su armario y terminaron descuidadamente en el piso o sobre otros muebles al descuido; y, sin embargo, lo que más había perturbado e impresionado al joven rubio eran los gritos sin pausa que su compañero y pareja lanzaba sin pausa ni respiro... quien en esos momentos se hallaba mirando detenidamente hacia delante, con la mirada abnegada en lágrimas que obviamente no podía reprimir más y con las pupilas desenfocadas hacia nada en particular.

La energía que se podía sentir en aquella habitación resultaba casi asfixiante. Más ninguno de los dos dijo nada al respecto.

Varios momentos pasaron en cargado silencio antes de que ninguno de ellos pudiera reaccionar ya entonces con mayor propiedad.

Por su parte, James intentaba concentrarse para lograr permanecer despierto aunque, la verdad fuera dicha, lo que más quería en esos momentos era solo limitarse a aparecerse en algún remoto lugar y solo dejarse llevar. Solo gritar y explotar hasta quedar inconsciente.

Podía sentir un exorbitante poder correr por sus venas. Algo denso y espeso que quemaba como lava ardiente. Sentía como un aura lo rodeaba de manera cada vez más tangible. Creciendo a la pare de su inmensurable intensidad.

―¿James?

Aquel susurro.

Aquel simple susurro que solo revelaba miedo y preocupación fue todo lo que necesitó para usar su ancla y concentrar sus sentidos en replegar su magia y serenarse a pura fuerza de voluntad.

¿Y ahora qué? -pensó notablemente cansado mientras respiraba tan hondo como podía para regularizar las muy alteradas palpitaciones que golpeaban furiosas y erráticas contra su pecho.

¡Demonios!

No esto. No podía perder esto también. No ahora -pensaba frustrado y receloso. Temblando al pensar de terminar perdiendo también lo único verdaderamente suyo por elección. Lo único que tenía por ser tan solo él y nada del jodido niño que vivió.

―Por favor James. Dime algo... ―susurró Tian.

Tanto su tono como sus ojos reflejaban claramente su angustia, su incomprensión hacia todo lo ocurrido... y su confianza ciega hacia él quién era por lo único que seguramente no había corrido gritando de ese lugar que para un muggle común y corriente solo podía estar embrujado o él poseído.

Eran increíbles algunas de las cosas que decían los muggles.

Y esa mirada. Esa confianza en él fue lo que le dio el pie a lo que muy dentro de él sabía debía hacer.

Quizás no lo amara como debiera ser tratándose de una pareja ya establecida, pero sin dudas él lo quería, mucho. Incluso mucho más de lo que alguna vez llegó a querer o necesitar a Herm o Ron.

Sebastian era una persona demasiado importante para él de eso podía estar ciegamente seguro y, quizás -reflexionó en silencio en un claro momento introspectivo-, quizás fuera él quien debía abrirse a él completamente antes de entregarle aquel amor que parecía no terminar de nacer.

Lo supo entonces.

Él jamás se podría permitir amarlo si primero no se confiaba de la misma forma. Si no se demostraba a él mismo que él en verdad valía la pena el riesgo.

―Sebastian ―susurró entonces tras un denso silencio.

.


El sonido suave y casi sibilante cortó el crítico silencio.

El sabor del nombre le dejó un rastro ligeramente dulce en su paladar. El frío pareció remitir en su cuerpo. Sus opjos por fin se enfocaron en la persona que sentía le llamaba en tantos sentidos.

―¡Oh, Gracias a Dios Jamie! Me asusté tanto. No sabía...

―Tranquilo. Shhh... ―dijo el moreno quedamente mientras se dejaba abrazar y le acariciaba los rubios cabellos procurando pensar la mejor manera de abordar todo aquello que había casi tachado de su memoria en la medida de lo posible pero que a la vez era la parte más importante de su vida.

Harry podía ser un Griffindor; arriesgado y valiente. Temerario.

Podía ser un Slytherin; complejo, inteligente. Astuto y paciente.

Él podía ser sin dudas el mago más poderoso en las últimas décadas de la historia de la magia y haber logrado -así o quisiera o no-, cientos de proezas o limitarse a ser tan solo el joven de ojos brillantes que podía disfrutar de una cerveza en la esquina más alejada de un bar. E incluso era quien ahora trabajaba dirigiendo a cientos de personas en distintos proyectos y trabajos... Harry era obviamente todo eso y más, mucho más. Pero al parecer, lo que nunca sería y lograría ser, era ser una persona confiada y con completa y absoluta seguridad sentimental respecto a alguien. Jamás lograría sentirse seguro de saberse querido por solo él y eso ea porque nadie, absolutamente nadie, lo llegó a conocer por entero. Cada una de las personas que había conocido a lo largo de su vida tan solo terminaban viendo aquello que querían o necesitaban ver de él. Nadie sabía entonces cuanto dolor había sentido y aún soportaba. Cuan decepcionado y resentido se sentía aún con algunos.

No, definitivamente nadie conocía por completo quien era él realmente.

Así que aquí estaba ahora. Temblando por dentro ante la perspectiva de confiare. Confiarse... y luego solo limitarse a esperar que quien ahora tenía enfrente no terminara temiéndole, o rechazándole por ser ''raro''.

Entregándose como un cordero al matadero para que, una vez más, alguien lo juzgue y quizás, condene.

Respiró hondo.

―Te... tengo algo que... ―suspiró― Tengo que contarte algunas cosas Tian ―terminó susurrando. El rubio lo miró y se limitó a negar suavemente.

―No hace falta James. Lo veo. Sea lo que sea es demasiado doloroso para ti y... puedes decirme lo que quieras pero, puedo esperar. En verdad puedo hacerlo. No quiero que te exaltes más por hoy, yo...

―No. Necesito decírtelo. Necesito que escuches todo de mí y que solo entonces y a partir de ahí pienses y decidas de si en verdad quieres estar con alguien como yo.

El moreno lo vio envararse y mirarlo intrigado antes de solo asentir con lentitud.

Harry suspiró... 'Que Merlín, Circe y Morgana me ayuden'

―Ven. Vamos a la sala ―dijo antes de ponerse de pie y tomar una camiseta que encontró tirada al descuido entre el lío de prendas que seguramente había terminado volando por la habitación ante la agitación de su magia.

El ambiente se sentía opresivo, cargado; pero el moreno se prestó a aparentar completa calma cuando se sentó en el sillón en el que usualmente se tiraba a descansar. Sebastian se sentó en el suyo propio frente a él trayedo en el camino dos copas y una botella de whisky añejo que solían guardar para momentos tensos.

―Tengo la clara impresión de que voy a necesitar un poco de esto ―murmuró el rubio.

Harry asintió.

'¿Cómo empezar? ¿Qué demonios debía decir?'

―De acuerdo. La verdad es que o tengo idea de como comenzar ―inhaló y exhaló bruscamente para enfocarse y asintió para sí mientras el rubio lo miraba en silencio. La mitad de su copa ya vacía removiéndose entre una de sus manos―. Primero que nada lamento tener que pedirte esto pero tendré que pedirte un juramento de silencio sobre todo lo que te diré. Quiero decir... Sebastian, cuando te pregunto si lo puedes 'jurar', me refiero a eso 'literalmente'. Aunque no lo creas, si juras tu aceptación te encontrarás con que no podrás hablar con absolutamente nadie... quieras o no. Se que esto debe de ser algo difícil de asimilar pero créeme cuando te digo que será algo completamente tangible y real. Algo físico y literal. No quiero engañarte. Tengo mucho que contarte pero, por cuestiones de fuerza mayor tengo que garantizarme un respaldo de que no podrás divulgar nada de lo que llegues a escuchar y saber esta noche respecto a mí... y a cosas de mi pasado.

El moreno fue vagamente consciente de que esto era solo el comienzo y que ya se veía y sentía insoportablemente exhausto.

Intentaba con todo su esfuerzo ponerse en el lugar de su rubio y... lo cierto es que se estaba preparando para un ataque de cualquier tipo ya que estaba seguro de que, a sus ojos, seguramente él se vería luego como un loco esquizofrénico y delirante digno de la máxima seguridad del mejor manicomio como mínimo.

Esperó.

―Dices que, será cómo algo físico que me impedirá hablar por más que lo intente... por más que tú no estés conmigo ¿he entendido bien? ―Harry asintió entonces sin ocultar el asombro ante el tono calmo de las palabras de su novio―. Bien, está demás decir o señalar que tengo plena confianza en ti James y que, sea lo que sea que me irás a decir si no lo habías hecho hasta ahora era porque en verdad es importante para ti mantenerlo en secreto. Incluso de mí. Puedo entenderlo ―dijo como si nada para terminar asintiendo de nuevo―. No tengo ningún problema con ella así que, dime ¿qué hago?

Harry dejó salir una temblorosa y prolongada exhalación por entre sus labios y luego se par esperando que Sebastian le imitara.

―Antes que nada quiero que sepas que, sientas lo que sientas, nada te lastimará y no será 'malo' de ninguna manera ¿de acuerdo? Nada te pasará y, lo principal, es que quiero que escuches atentamente cada una de las palabras que te diga. Si no estás de acuerdo con una de ellas solo deberás dar un paso atrás y decir claramente un 'NO' rotundo. En cambio, si aceptas cada palabra que te diga, cuando termine deberás de decir 'LO JURO' ―Tian asintió. Su rostro ahora solo mostraba absoluta seriedad y seguridad en sus actos. Se le veía... expectante, ansioso. Curioso.

Sebastian sentía desde el principio de todo que James era un completo enigma para él Alguien que, aunque quisiera, nuca terminaría de conocer. Un diamante en bruto del que tan solo había visto unas pequeñas y contadas facetas que podría contar con las manos mientras que sabía que aún quedaban miles por avistar. Así que, consciente de todo ello, él se sentía intrépidamente impaciente por desentrañar un poco más de aquel hermoso, herido y misterioso hombre frente a él.

―De acuerdo.

James lo tomó entonces de la muñeca izquierda con su propio brazo izquierdo pidiéndole a su vez al rubio que hiciese lo mismo. Una vez que ambos estuvieron tomados con firmeza y que escuchara hasta el final mientras su ―hasta entonces― pareja tan solo lo miraba y asentía.

'Bien. Por ahora todo va bien. Por favor Merlín, no dejes que me equivoque con él' -rogaba él para sí. Lo último que quería ea que aquel a quien había llegado a querer tanto le viera con miedo, asco o... o que simplemente se alejara, que lo rechazara por algo que aún hoy en el mundo mágico no lograban aceptar.

Respiró hondo e intentó concentrarse para lo que debía hacer, sintiendo como su errático corazón parecía batirse aún más que las alas de una snitch.

―Sebastian Tobias Le' Nocks, juras no repetir nada de lo que me encuentre diciéndote hoy ni ahora ni en días siguientes sobre absolutamente nada a terceras personas; que no informarás a nadie de ninguna manera, entiéndase por escrito, palabras, señas o cualquier otro medio ya sea en tu control o externo; que no revelarás ningún aspecto de nuestra relación ni de mi persona a personas... mmm... de mis condiciones que pudieras llegar a conocer en un futuro a menos que fuera bajo expreso permiso o petición mía y que, por último, y lo más importante, no intentarás, NUNCA, por ningún motivo o medio sacar provecho de dicha 'condición' bajo ninguna circunstancia a menos claro que sea de fuerza mayor y que yo decida ayudarte libremente por completa voluntad propia sin ningún tipo de coacción, respetando mis motivos en caso contrario? ―terminó entonces con una respiración profunda mientras sus ojos, clavados en los zafiros de Sebastian, se mostraban duros y expectantes, tratando de ocultar con mucho esfuerzo lo verdaderamente vulnerable que se sentía en esos momentos.

Tian ni siquiera pestañeó. Él solo se limitó a mirar fijamente a James y vio. Vio más allá de toda palabra dicha qué era lo que el joven que le había robado sus sentidos pedía realmente. Y se sorprendió por lo que podía ver y leer en su moreno misterioso... se estaba entregando. En cierto sentido se estaba entregando a sí mismo... pero a cambio exigía una confianza absoluta e incuestionable. Siempre que él veía esta parte de él no podía evitar preguntarse cuanta gente lo hubiera traicionado antes como para creer que con todas las personas que conocía debiera tomar tales reparos. Siempre alerta. Siempre con esa desconfianza.

Pronto llegó a la conclusión de que sea lo que fuera que James le diría, no iba ni por asomo de broma y que, al parecer, era demasiado importante como para siquiera encararlo de la manera usualmente amable y pacífica con la que solían tratar para temas importantes o serios. Esto obviamente estaba a otro nivel de discusión.

James emanaba una sensación... un poder hacia él que lo tenía idiotizado y, con cada palabra, su fuerza y aplomo crecía y crecía aún más y más.

Y sin embargo... él no dudó. No podría.

―Lo juro ―contestó fuerte y claro... antes de estremecerse por completo.

De repente y de la nada James apuntó con un dedo de su mano derecha a sus manos unidas entrelazadas e hizo una serie de movimientos orquestados antes de que Sebastian pudiera ver con infinito asombro como surgían una especie de lazos luminosos de color verde claro entrelazados como una hiedra a lo largo de ambos brazos para enseguida plantárseles en la piel como un intrincado tatuaje y, demasiado pronto, desaparecer ante sus opropios ojos como si nada. Justo como si nunca hubieran existido.

El rubio pudo sentir el ligero dolor y la pronta molestia que surgía de sus ojos cuando los abrió tan desmesuradamente.

Estaba, estupefacto, sorprendido, anonadado... pero ni por un momento sitió MIEDO. No podría. No de James quien veía estar pendiente de cada una de sus reacciones.

Sonrió.

Con James nada podía ser nunca sencillo o simple ¿verdad?

―Creo que luego de 'esto' ―dijo señalando con un dedo el área de sus brazos―, tienes aún más cosas por explicar ¿No Jamie?

El moreno lo miró fijo y luego sonrió antes de rendirse y largarse a reír con una profunda y sonora carcajada que reverberó en lo más profundo de Sebastian...

Una risa liberadora.

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