31 de julio de 2013

¿Por qué? Lo siento... Gracias. pte 2/2 (Drarry)

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.



RATEDM
PAREJA: HARRY POTTER Y DRACO MALFOY
ADVERTENCIASSLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-. Angustia. Drama. TRAGEDIA. Y MPREG implicado... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.
N/A: Muuucha angustia. Tragedia. En fin, un fic para sufrir un poquito...

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..:: ¿POR QUÉ? LO SIENTO. GRACIAS ::..

(versión Drarry)

...segunda parte...
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Sentía su mundo girar y desmoronarse mientras que lo veía sintiéndose incapaz de hacer nada al respecto. Su mundo.

Su Harry.

No entendía que fue lo que les pasó. Lo que era lo que les había sucedido. Acaso la magia que parecía haberlos envuelto cuando finalmente se habían visto más allá de sus anteriores diferencias ya no existía. Ya no lo reconocía. Ni él mismo lo hacía.

¿Acaso... acaso era que realmente ya no tenían nada? ¿Realmente ya no se amaban?

Había intentado ser tanto por él, y sin darse cuenta, y quizás en parte debido a esto mismo, había resultado en irlo perdiendo en el camino ¿Por qué? ¿Qué era lo que había resultado salir tan mal?

Odiaba esa sensación.

Así era cada vez que terminaba de entregar su cuerpo a aquella mujer que decía amarle y por la cual en verdad no sentía nada más allá de un ligero cariño combinado a tantos largos años de amistad. Su mente se bloqueaba y se limitaba a dejarle entregarse sin pausa alguna al más puro placer carnal. Anulando sentimientos y disfrutando de todas aquellas sensaciones que le provocaba el estar así con alguien. Aún aunque ese alguien no fuera en quien su mente quisiera pensar o evocar.

Era una jodida basura. Lo sabía. Él al parecer era una mierda muy distinta de Malfoy pero una completa mierda al fin y al cabo.

Y un cobarde. Eso nunca lo había perdido. Al contrario. Él era ahora aún más codicioso; consiguiendo todo cuanto podía sin querer perder nada en el camino.

No podía preguntarse y contestarse como fue que todo empezó, solo lo hizo. Solo surgió y siguió, y siguió. Y en aquellos momentos, su mente y su conciencia solo eran convertidas en meros espectadores.

Nada más.

Sin lamentos.

Sin consecuencias.

... O eso creyó.

¿Por qué?

Él nunca dijo esas palabras que sabía ella tanto ansiaba oír. Nunca le dijo que la amaba... No le mentiría, no lo haría. Él aún, aún, y a pesar de todo… Él aún amaba a su hermoso cuervo moreno. Amaba a su Harry jodido Potter. A pesar de todo lo ocurrido entre ellos y de la distancia que se habían impuesto de allí a un tiempo él amaba al aún famoso y legendario niño que vivió... era solo que... no podía encontrarlo. Su Harry, ese Harry valiente y temerario, divertido y tímido, valiente y amable... ya no estaba para él. Estaba escondido en aquella persona que convivía con él, en su casa, en esa persona que decía aún ser su marido. Y así y todo... él había traicionado a su moreno de tantas formas.

La unión con la que habían sorprendido y shokeado a tantos y que luego tantos habían envidiado. El amor del que tantos se burlaron. Todo estaba muerto. Y él aún no lograba comprender cuándo había sucedido que no fue capaz de darse cuenta y solo, evitarlo.

Ahora estaba en su casa. Finalmente había llegado.

SU casa. De ambos.

Y era... comenzar a fingir una vez más. Comenzar a fingir que ese hombre que siempre parecía tan triste y perdido era la persona con la que se había casado. La persona de la que, contra todo pronóstico y barrera, se había enamorado.

¿Por qué lo hacían? ¿Por qué fingían? No lo sabía.

Como siempre y en la misma ya tediosa rutina, le tendió su capa y portafolio al elfo de la casa.

Un día más.

Dejó sus cosas de lado ya olvidándose de ellas y comenzó a subir las escaleras para ir a la recamara. No cenaría, no tenía estómago para eso. No era un buen día.

Subió pesada y cansinamente por cada escalón sintiendo una extraña opresión en el medio de su pecho.

Extraño. Qué día tan extraño.

Merlín, quería gritar. Quería a su Harry. Quería ver su sonrisa dulce y escuchar su risa fresca. Sus sonrojos tímidos y sus ojos brillantes de vida y alegría. Quería amarlo como hacía tanto no lo hacía. Quería volver a ser uno con su amado némesis.

Todo estaba a oscuras, pero no se molestó en encender nada. La oscuridad era una buena compañía después de todo. Se desvistió despacio, quedando sólo con sus boxers y se recostó sin hacer ruido en su correspondiente lado de la cama.

No entendía por qué la opresión crecía casi al punto de querer hacerlo llorar. Un dolor sordo y agónico que sentía lo quería ahogar.

¿Por qué?

Algo frío rozó su muslo tibio. Girándose por entre las sábanas buscó a tientas lo que era. A tientas, notó que era lo que faltaba. Harry no estaba en la cama. Sobresaltado, volvió a girarse y tomó su varita de la mesa de noche para poder encender las luces.

Sentándose miró a su alrededor. Nada. Nadie.

Buscó aquello que fuera que le había causado aquel frío.

Un anillo.

Una alianza.

Un anillo de compromiso.

¿Qué…?

Escuchó de pronto ruido de agua correr.

¿Agua?

De seguro sería Harry bañándose ¿O no?

La opresión creció y soltó un jadeo por su intensidad.

Despacio se levantó. Y lo notó.

Sangre.

Sangre en la silla. Sangre en el piso.

Corrió al baño.

Su desesperación creciendo a cada paso a cotas insospechadas, casi al punto de vencerle y hacerle caer de rodillas.

Abrió la puerta... Y murió.

Él solo, murió. De golpe. Lento. Doloroso. Sin sentido.

Sus piernas se vencieron y cayó. Cayó sobre un charco de sangre que en aquel momento apenas notó. Su sangre.

Harry. Su Harry.

Se arrastró como pudo, tratando de vencer la inmensa ola destructiva de dolor que le invadió para poder llegar donde él.

Lo logró… Arrastrándose por el piso cubierto enteramente por su sangre y resbalando en ella incesantemente, lo logró. Todo su cuerpo teñido de ella para cuando finalmente hubo logrado llegar.

Escuchó vagamente el sonido de un llanto que a sus propios oídos lejanos sonaba desgarrador. El sonido de gritos, el sonido de su propia voz. Una voz que no sabía estaba usando siquiera... ¿Cómo podría ser entonces su voz si él aún no la encontraba?

¿Por qué? ¿Por qué? ¡¿Por qué Harry, por qué?

Merlín, ¿Por qué?

Le tomé del agua en la que se hallaba para entonces completamente hundida. Completamente en paz.

Su cuerpo escurrió el agua medio teñida ya de suave color carmesí sobre sí, empapando consigo su fría piel. Sentió su frío contra el cuerpo y se estremeció. No. NO. ¡NO! No él. No él. Por favor, no él. Por favor...

¡NOOOOOOOOOO! ¡NO, NO, NO, NO! No.

Estaba muriendo, lo sabía. Él estaba muriendo con junto con aquel moreno que le había robado todo el sentido de sí. Él siempre había sido suyo. Su Harry. De una forma u otra. ¿Por qué no lo vio? ¿Por qué?

Su rostro reflejaba una paz hermosa y casi contagiosa. Y él se dejó morir un poco más.

¿Cuánto tardaría en ir junto a su amado? Los minutos se le hacían eternos y nada pasaba, el tiempo era eterno sin su amado némesis.

El dolor seguía rasgándole en dos.

La culpa crecía de manera insospechada en su cuerpo.

No podía dejarlo allí, no quería.

—Está bien, todo estará bien ¿Verdad? —le preguntó al bello ángel caído que estaba frente a sí.

Lo tomó en sus brazos, y con la poca -casi nula- fuerza que le quedaba la alzó en ellos para llevarla a su lecho. Él vendría a buscarle. Estaba seguro. No le dejaría. Nunca lo hizo, ni siquiera cuando todo lo que había entre ellos eran sentimientos confusos de odio y secreto anhelo... no lo haría ahora. No lo dejaría... ¿Verdad?

Lo apoyó sobre el colchón en el que tantas veces habían hablado; en el que habían bromeado, reído, llorado. Peleado. En el que tantas veces se habían hecho el amor… Y en el que tantas veces había terminado por rechazarlo en silencio.

Sintió más llantos pero le pareció extraño porque él ya sentía no tener voz. No podía ser yo, y sin embargo ¿Quién lloraría así por él? Sólo él podría. Ese tipo de llanto desconsolado y desgarrado. Solo él podría, si supiera como permitirse usar la voz de nuevo. Alguna forma de dejar darle forma a su dolor. Una manera de que la inmensa agonía que sentía quemarle las entrañas saliera de él y le comunicara al mundo la tristeza en la que de pronto se había resumido y sumido su patética vida.

Lo acomodó en el lecho con la delicadeza que supo entonces, nunca le hubo demostrado en vida. Odiándose por caer tan tarde en cosas de vital importancia y justo en momentos en que, realmente, ya no importaba.

Girando para recostarse a su lado fue cuando vio un trozo de papel medio amarillento tirado. Un pequeño pergamino ahora medio mojado asomándose por debajo de su codo. Lo tomó con cuidado, notando vagamente como sus dedos temblaban incontrolables. Tenía miedo. Miedo ¿Por qué?

Juntando toda la fuerza que extrañamente le quedaba él logró llegar a dejar la carta sobre su mesa de noche para así poder leerla, ya que su mano temblaba tanto que le resultaba imposible que se lo permitiera.

Leyó... Y murió.

Gritó cuando el dolor y la culpa, el miedo y el rencor fueron demasiado.

Gritó girándose para abrazarle mientras aún le gritaba.

Lloró, lloró tanto como nunca se hubiera creído capaz.

Volvió a gritar. Gritó y gritó hasta que la garganta le ardió y ya no pudo hacerlo más.

Y lloró. Lloró mucho sobre su frío cuerpo.

Lloró triste y desconsoladamente por todo.

Por todo lo que pude ser y no fue.

Por todo lo que debió haber sido, haber hecho y no fue ni hizo.

Por cada momento en el que supo se alejaban y que, aún así, estúpidamente, pensó que todo... estaría bien. En algún momento... algún día...

Por darle egoístamente siempre más importancia a sus cosas, a sus tiempos, a su vida que a la de quien tanto decía amar.

Por dejarlo más solo que nunca cuando más cerca le necesitaba.

Por ser tan hipócrita tantos años hasta consigo mismo.

Lloró por todo eso y mucho más.

Pero por sobre todo, porque nadie vendría a buscarle. Porque ÉL se había ido junto con la persona que en sus últimos minutos había amado más que a nadie. Más de lo que nunca lo podría haber amado a él. El gran y creído Draco Malfoy Potter.

¿Cómo siquiera podría él tener una idea de lo que su Harry sufrió?

No podía. Y se odiaba.

Se odiaba tanto.

Pero, no se mataría, no se lo merecía. Ellos debían estar en paz, y él no les quitaría eso yendo tras ellos.

Merlín. Lo aceptaba, aceptaba su castigo, aceptaba seguir vivo con la culpa cada día de lo que le quede de vida, lo aceptaba. Dolía, ¡Mierda! Como dolía. Se retorcía contra su cuerpo frío, apretándole fuertemente mientras los espasmos incontrolables de un llanto que no sabía que hacía se adueñaban de todo su cuerpo.

Y no supo más.

En algún momento de su condena rememoró cada una de sus palabras mientras las sentía clavarse una a una en el centro del lugar en donde en algún momento había estado un corazón. Ya no estaba. Ellos se lo habían llevado… Y lo sabía. Quería creer que aún lo recordaba. Pero en verdad no lo sabía. Ya no sabía nada.

Recordó aquellas palabras dichas entre susurros la primera vez que tomó su cuerpo, venerándolo con un amor que no cabía en su entonces joven y demasiado marcado pecho… Y volvió a llorar, mientras como un eco agónico y castigador resonaban en su ya muy aturdida mente…

"Cuida de mi corazón, de ahora en más estará contigo…"

Y se sumió en el mundo donde el inconsciente reinaba, donde en sueños era feliz junto a él una vez más -tal y como antaño- y su pequeño no nato, pero en donde a pesar de todo no tendría paz. Ya no conocería aquello.

Negro. Flashes, momentos, todo pasaba como si hubiera sido lanzado a un pensadero lleno de memorias. Memorias hermosas que se le clavaban como dagas envenenadas en todo su ser y que no podía detener.

Y sus palabras… Sus palabras siempre de fondo… Sus palabras que de ahora en más serían su karma, y parte de su condena.

"Dragón,

Ya nada importa. Te vi. Te vi y no sentí nada. Ya no siento nada.

Gracias. Debo agradecerte, finalmente abrí los ojos. Finalmente.

Eso que alguna vez creímos ser ya no existe, yo ya no existo, y tú tampoco, ya no somos ellos. Gracias. Al fin lo entendí. Ambos cambiamos, cambiamos tanto. Tanto que ya no nos reconocemos, ya no nos reconocemos a nosotros mismos.

Lo siento. Siento no haber sido mejor. Siento no haber podido ser más para ti. Siento no haber sido suficiente. Suficiente amante, suficiente esposo, suficiente compañero.

Lo intenté, créeme, lo intenté. Siento haberte amado tanto. Siento ¡Siento Draco! Siento.

El dolor vuelve, está bien, me recuerda que aún estoy vivo y lo que debo de hacer.

Felicidades. A pesar de todo, hoy me hiciste el hombre más feliz... o al menos lo fui por unos cuantos hermosos momentos. Es complicado. Era complicado.

Ya no está. No te preocupes, lo cuidaré. Alguien debe de hacerlo.

Se está despidiendo de mí ahora, no quiero extrañarlo, debo irme entonces.

Él te quiso… Y yo también lo hice.

Aún amo al viejo y verdadero Draco, que en algún afortunado momento tuve el privilegio de conocer. Si lo ves, dile, dile que aún lo amo ¿Sí?

Y gracias, gracias por dejarme conocerlo.

Lo siento.

Adiós, Harry"

Sólo un susurro pudo decir claramente antes de quedarse dormido abrazado a aquel ya ahora helado e inmóvil cuerpo.

—Lo siento. Te amo…

.
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Pues aquí está entonces el final de este viejo OS que ahora en este caso es Two Shots =).

Espero que les haya gustado a pesar de todo y comenten a ver que les pareció ok?

Y muchas gracias a quienes han agregado y comentado! =D

..Besos y cuídense..

*Guada*

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