10 de agosto de 2013

Una deuda con el destino... Capítulo 11

DISCLAIMER 
Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.


RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/JAMES EVANS Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/James y OMC (SEBASTIAN... que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.
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—Diálogo—
recuerdos/Flashbacks
'pensamientos'
Pársel
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..:: Capítulo 11 ::..

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—Buenas tardes señor Malfoy —dijo en tono completamente apático. Casi sonrió cuando el dichoso heredero dio un respingo ante su voz carente de emoción.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes Potter... Señor... —dijo vagamente con un ligero tono interrogante.

—Señor Le' Nocks, Sebastian Dorian Le' Nocks ... Mi pareja —anunció el moreno en un tono de evidente desafío.

Harry sabía que quizás no estaba siendo o procediendo de la manera más coherente, pero el miedo y la tensión que sentía irradiar en oplas desde su novio era lo único que le preocupaba. Parado a su lado, él apoyó levemente su mano en la parte baja de la espalda del otro, sin siquiera aparetar la mjirada de quien un día fue no más que una completa molestia en su vida.

El intercomunicador sonó y Harry desvió finalmente sus ojos hacia el dichoso aparato.

—Toma asiento por favor, enseguida estaré contigo —dijo señalando la silla frente al escritorio con un movimiento elegante de su mano libre antes de tocar el botón correspondiente para la comunicación—. ¿Sí, Valerie?

—La comunicación por videoconferencia ya está establecida y la junta aguarda señor.

—Voy en camino —contestó Sebastian recurriendo a todo su aplomo parea responder de manera firme y clara.

La comunicación se cortó entonces.

—Ve —dijo Harry mirándolo de nuevo con una ligera sonrisa torcida. La favorita de su rubio—... y saluda a Stuart por mí.

—Ja. Ja. Ja. Sí, caro, como no —refunfuñó comenzando a apartarse.

Harry lo siguió obviando olímpicamente el hecho de que sabía que aún era observado por dos intensos orbes de plata.

—¿Tienes las notas sobre los últimos cambios en permisos que el señor había pedido en la última junta? —preguntó. Su pareja solo asintió siguiendo su camino a la puerta—. Bien. Te esperaré luego entonces.

—Bien —y tras solo un ligero segundo de duda enseguida añadió—. Señor Malfoy.

Una muy tenue inclinación de cabeza fue todo lo que obtuvo por respuesta. Eso, y una repentina pero muy ansiada suave y tibia presión sobre sus labios. Apenas un roce. Apenas una ligera sensación de tacto... a la mar de significativo. Una última mirada que contenía miles de palabras y muchas más sensaciones, y el rubio de hermosos y cálidos zafiros se marchó al fin de su propia oficina cerrando la puerta con tan solo un pequeño chasquido tras de sí.

El aire parecía crepitar en intensidad.

O quizás solo fueran imaginaciones del moreno debido a sus propios nervios sobre el asunto.

Una voz rompió todas sus posibles contemplaciones al respecto.

—No hacía falta el numerito, Potter —siseó el rubio detrás de él apenas unos segundos después de la partida del otro.

Y así comenzaba...

—No fue ningún tipo de 'numerito', Malfoy. Como ya te he dicho antes, ÉL es mi pareja —zanjó tras darse la vuelta y mirarlo de frente porque no había manera en el infierno en que le hablara de espaldas y le regalase la sensación de que él estaba apenas apenado de esto—. Ahora bien, dejémonos de ceremonias y comencemos con esto —soltó rotundamente encaminándose ya hacia la cómoda silla en la que hasta hacía poco había estado su novio.

Tuvo que darle el crédito ya que, si el rubio se sorprendió de alguna manera ante su elección de palabras o su propia pose, sin dudas no lo demostró en sus facciones.

—Como yo lo veo, 'ésto' —dijo señalándolos a ambos con un dedo— es solo un reotrcido y complicado negocio más, así que... ¿qué?

—¿Un negocio? ¿Es todo lo que dirás? ¿Dónde está la indignación Griffindor como defensor del amor y todo eso? —preguntó el otro inmediatamente con su característico tono burlesco, aunque con una extraña e indefinida nota subyacente que el moreno no se molestó en ahondar.

Él no contestó. No iba a perder el tiempo siguiéndole el juego como cuando fue adolescente, por lo que solo esperó.

—Si no quieres esto ¿por qué siquiera lo haces? Sin dudas tú...

—Basta —le cortó—. Mira, como yo lo veo, todo esto no será más que un gran y absurdo teatro de vida orquestado bajo los explícitos pedidos y demandas de tu madre —levantó la mano para acallar la evidente protesta—... sin embargo, puedo asegurarte -al igual que lo hice con ella-, que yo no seré de ninguna manera un estípudo títere más, así que, por nuestro bien mutuo, espero que ambos lo tengamos presente —no esperó respuesta alguna y solo continuó—. Comprenderás, o al menos espero lo hagas, que todo esto resulta bastante... 'perturbador', por decirlo de manera suave. Yo he dejado el mundo mágico hace ya demasiado tiempo y créeme que jamás pensé que fuera justamente tu madre quien me encontrara. Mucho menos con el 'pedido' con el que me abordó.

Una pausa. Un ligero silencio sobreentendido.

—No voy a hacerme el idiota. Sé que hay muchas cosas, qizás demasiadas, que desconozco acerca de esto de las deudas pero, la magia en innegable... y no, no hay forma en que vaya a eludir mi pago.

Sentado de manera casi despreocupada y mirando atentamente a aquel joven frente a él, Harry no pudo más que aceptar que la maldita serpiente era en verdad muy atractiva. Su porte, elegante desde la cuna, lo mostraba erguido y orgulloso en su silla. Su figura, ahora ya bastante más propia del hombre que del joven, denotaba una inusual delgadez y fuerza a la vez. Su piel pálida y sus finas hebras doradas... Sí, sin lugar a dudas era un hombre muy bello, pero no quitaba para nada cada recuerdo que tenía de aquella personalidad tan desagradable, ególatra, despectiva, arrogante... y tantas cosas más que había tenido que sufrir a su costa.

En aquellos días de espera había pensado y repensado lo que fuera más conveniente de hacer y decir. Tratar de ser prudente.

Lo malo era que al parecer no había recordado con exactitud como ese maldito hurón albino lograba exhaltarlo con tanta facilidad. Un gesto, una mirada, lo que fuera y él sentía comenzar a bullir su sangre en su interior de una manera ya olvidada.

'Demonios' -pensaba molesto.

El otro suspiró.

—De acuerdo, esto no es para NADA lo que esperaba sobre este encuentro. Sin embargo, debo decir que sí encentro sorprendente y casi diría gratificante el hecho de que seas capaz de decir todo aquello sin trabarte o ruborizarte como antaño, Potter —añadió este ya más relajado—. Todo un logro si me permites.

Bien. Todo bien... ¿demasiado bien, quizás? Sí, su presencia elegante y su porte aristocrático eran indudables... pero, había algo. Había algo muy diferente en el fondo de esa mirada que parecía plata líquida. Algo que...

—Lo sé —se escuchó responder—. Créeme 'Malfoy', que ya NADA es como antaño, de eso puedes estar seguro —contestó sin reparos—. Bien, te tengo algunas preguntas... —un leve gesto abarcativo de la pálida mano fue toda la respuesta que obtuvo—. Lo primero y base de todo es lo mismo que le pregunté a tu madre, ¿porqué yo?

El rubio soltó un suspiro casi imperceptible que de seguro se le hubiera escapado si no fuera que el moreno lo estaba observando como si de un halcón se tratara.

—Mi madre de seguro entonces ya te lo ha dicho —dijo antes de tensarse—. Tú —dijo casi escupiendo la palabra pero logrando no alterar las facciones de su rostro—, eres el gran y maravilloso niño que vivió, y vivió y vivió y vivió... ergo, el mayor partido y, al parecer, el único posible para mí —agregó entonces en un decivel bastante más bajo. Fue atajado de una en cuanto hizo un ligero movimiento de boca—. No interrumpas Potter. Después de la última batalla, como sabrás, estuvieron los dichosos juicios... Por cierto, gracias por todo eso —añadió evidentemente a regañadientes— ¿hasta ahí bien?

Harry solo asintió con sequedad. Recordaba bien ese juicio. Recordaba también demasiado bien la cara del rubio. Un rostro lleno de miedo y resignación absoluta. Un rostro que clamaba por una comprensión que sabía nadie le daría... Salvo él. Y esa comprensión lo salvó de un destino casi peor que la muerte ya que le habían condenado al beso tras diez años de prisión seguido por un inmediato Avada. Sí, recordaba bien todo... Y no quería. Él no quería tener que recordar todo aquello. Nada de la guerra en sí. Ni el comienzo, ni el durante, ni mucho menos el final y sus consecuencias, así que se encontraba esperando fervientemente que el rubio no siguiera mucho por ahí porque no tenía ni idea de cuanto podría soportar sin mostrar algún tipo de emoción evidente. Ya bastante había tenido que revivir en sus malditas pesadillas tras la visita de la madre de Malfoy.

Dichosamente, Malfoy hijo no notó apara nada toda su gran batalla interna respecto al asunto y solo siguió con su inconclusa explicación.

—Bien. Pues, a pesar de tu ayuda yo no salí tan bien librado. Como ya sabías mi madre fue absuelta pero puesta bajo estricta vigilancia constante durante tres años además de tener que dar una escandalosa suma en compensación al ministerio por ambos. Yo, en cambio, fui sentenciado a cinco años en Azkaban...

El silencio y las memorias reinaron entonces por unos cuantos segundos mientras el rubio retomaba el hilo y Harry hacía como que en verdad no había notado el temblor del otro hombre ante la sola mención del nombre.

—Hmm... Sí. Cinco años que logré sobrellevar como pude. Cinco años de calvario que finalmente terminaron hace ya un par de meses y...
—Todo muy bien Malfoy pero, y he aquí la cuestión ¿qué demonios tengo que ver yo? —cortó al otro para obetener solo un bufido como respuesta. Si Harry se extrañó de que el rubio pomposo se permitiera un sonido tan indigno ahora no lo demostró.

—¿En serio Potter? Eres el jodido niño que vivió y bla, bla, bla ¿acaso piensas por un mísero segundo de que eso es algo que la gente olvida así como así? No tienes ni la más puta idea —siseó la serpiente.

Y de nuevo, si a el moreno le sorprendió el vocabulario tan impropio de todo el linaje Malfoy o del hecho de que este se permitiera mostrar tanta emoción en su rostro anodino no lo demostró. Esto estaba demasiado absurdamente enredado como para permitirse volver a los estúpidos pleitos adolescenes y, aunque la tentación de mofarse como antaño le naciera de la costumbre, y ya casi por inercia, pudo eludirla sin problemas por el momento. Quería hablar de mucho, y de ser posible todo en el mismo día.

—De acuerdo, por más que hablemos civilizadamente estamos evadiendo el hecho de ser directos y, en verdad creo que hay mucho de que hablar. Todavía ni siquiera sé tu posición y disposición con respecto a todo esto. Y no, no hablo solo del hecho de resignarse a un mandato —aclaró el moreno medio frustrado por enocontrarse con que aún no llegaban a ningún maldito punto. Suspirando sonoramente cuando notó que Malfoy se encontraba mirándolo atentamente con el escepticismo y la sorpresa pegada en sus facciones—. Veamos... a pesar de tantos años no nos conocemos ni remotamente, eso es seguro, y todo esto, es...

Un suspiro más que no sabría decir a ciencia cierta de quien provino.

—Lo sé —escuchó decir al rubio por lo bajo—. Es casi demasiado —agregó apenas unos segundos después—. Esto no nos está conduciendo a nada ¿para qué querías verme?

Curioso, cansado. Resignado. Dudoso... casi derrotado. Así se veía Malfoy para él... Y eso fue algo que nunca esperó ver y que le desconcertó sobremanera ¿Qué había sido de todo ese orgulloso y explosivo temperamento?

—¿O sea que con solo ser quien fui ya cubro todos los papeles que tu madre pidió, verdad?

Tras un tenue silencio, porque la verdad es que la pregunta era solamente algo retórico que no merecía siquiera gastar saliva en respuesta, él continuó, ahora sonriendo ligeramente mientras miraba el bolígrafo con el que jugueteaba entre sus dedos sobre la mesa. Enfocando su mirada en algo que no fuera el rubio para medir cada una de sus palabras.

'Merlín ¿así será mi vida ahora? ¿Medir todo y hasta lo que pienso?' -pensó con un quejido interno que no se reflejó en su rostro.

—La verdad es que ni siquiera estaba al tanto de que se permitieran parejas homosexuales en el mundo mágico. No tuve mucho tiempo como para ponerme a observar relaciones, así como tampoco tuve demasiado contacto con personas de influencia política y con todo eso, así que, bueno, lo veo difícil, pero sé bien que de seguro tú sí te has movido por ese campo toda tu vida por lo que no creo que te resulte demasiado complicado el hacerte un nombre a respetar. Eres un Slytherin después de todo, la estrategia y la astucia velada es su labor ¿no? Sin embargo mi papel... bueno, creo que lo mejor es decir que sería lisa y llanamente tu 'consorte', una especie de pareja más que nada decorativa, por así decirle ¿verdad? —el otro asintió. El cálculo y la especulación corriendo por el trasfondo de su mirada.

Sentía su cabeza a punto de estallar. Estaba asqueado de hablar así, de una manera tan 'indulgente' sobre su propio y único futuro. Se sentía atrapado, vendido.

Su dignidad quebrada por donde se lo mirase.

—Mmm... ¿Podrías por favor explicarme la 'necesidad' de un matrimonio conmigo? Es decir, ¿acaso no podría solo avalarte y protegerte hasta que todo se calme mientras que tú puedes intentar conseguirte una esposa o algo? ¿O no? O sea ¿siquiera eres gay, Malfoy? —espetó de pronto ya un poco más molesto con toda esta horrible plática.

Se arrepintió desde el mismo momento en que las palabras salieron por entre sus labios ahora fuertemente apretados ¿Cómo había podido preguntar aquello tan torpemente? Hizo una mueca. Si el rubio lo cruciaba ahora sabía que se lo merecía por idiota. Lo sabía. No era como si lo fuera a dejar, claro, pero lo sabía. Y no iba a escuchar más a esa pequeña voz curiosa dentro de su cabeza que le había prácticamente obligado a soltar tremenda pregunta.

Maldita curiosidad la suya ¿es que acaso no había aprendido por las malas durante todos esos años lo que su curiosidad podía traerle si la seguía?

Joder... maldito fuera el rubio oxigenado por volver a hacer que se comporte y sienta como un estúpido adolescente.

Sí, maldito fuera porque, si él no le echaba la culpa al rubio, lo que le quedaba aceptar era que...

No.

Maldita fuera su curiosidad.

Maldito fuera el rubio ante él.

... Y maldito fuera el que estaba jugando con las cuerdas de su destino.

Sí. Malditos todos.

Harry vio al rubio esbozar una mínima mueca que bien pasaba por sonrisa ladeada y se congeló.

No. A él definitivamente no le gustaba.

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