9 de julio de 2013

Una deuda con el destino... capítulo 6

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.

RATED: MA
PAREJA: HARRY POTTER Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/OC (que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.


—Diálogo—
'pensamientos'
Pársel
.
                        ~*~ Capítulo 6 ~*~

Y le contó todo. Absolutamente todo.

Cada pedacito de lo que conformaba su historia. Su vida.

... Y él se quedó. Tian no huyó.

Y él lo amó por ello. Y cada día después... Tanto como podía, claro.

Finalmente se había permitido amar. Amarlo. Aunque fuera confuso para él la manera en la que se sentía al respecto. Aunque supiera y evitara pensar que seguramente nunca llegaría a ser de la misma manera en la que el propio rubio le amaba de vuelta.

Los días siguientes y muchos más pasaron como una brusca exhalación.

Harry se vio sonrientemente obligado a cumplir desde entonces la absurda promesa de 'levitar' las bolsas de compras ante la queja de Sebastian cuando cayó en la cuenta de que hubiera sido algo condenadamente fácil de evitar durante todo aquel tiempo y que ciertamente ya no quería hacer teniendo tal alternativa. Sin embargo lo más significativo fueron las charlas. Largas charlas que lograban encausar todo y nada a la vez. Lo trivial y lo importante. Magos y contratos. Voldemort y vacaciones. Salidas y trabajos. Todo se mezclaba en hermosa armonía. Ningún tema era ya tabú entre ellos.

Un paso más.

Estaba casi demás declarar que la mente de Sebastian fue un hervidero de pensamientos rayanos en delirios -la gran mayoría basados en absurdos y burdos fundamentos por toda la cultura 'muggle' como James le decía-. Mas nada de eso hacía diferencia alguna para él ante la persona que quería.

Lo cierto era que Harry a menudo se encontraría agradeciendo en silencio el hecho de que su pareja fuera una persona tan pragmática y resuelta. Era así y punto, él lo sabía. Así como también sabía que, llegado el caso, el hombre era en verdad completamente implacable y dolorosamente rencoroso si encontraba que se le había mentido o traicionado con intención malsana... y allí era donde había radicado su 'suerte', porque el rubio -sin siquiera ahondar demasiado-, había sabido que todo aquello que le había ocultado durante demasiado tiempo fue solo porque él en verdad así lo creía necesario.

Suerte.

La cruda realidad que Harry tuvo que enfrentar aquel día no había sido la de narrar la historia en sí, sino el indiscutible hecho de tener que darse cuenta de la manera más cruelmente cruda de como era él quien temblaba internamente ante la dolorosa y horrible perspectiva de que su pareja lo despreciara, que lo dejara por ser simplemente lo que era. Ser una vez más dejado de lado por quien quería.

Sin lugar a dudas Harry estaba impresionado de lo importante que consideraba al rubio en su vida. Terminó siendo -queriendo o no-, su ancla. Su consorte, en más de un sentido. El apoyo indispensable para sobrellevar esa pesada carga de recuerdos que siempre volvía a jugar con su mente, atormentándolo.

Ahora él sabía donde iba realmente aquellos sábados en los que parecía simplemente desaparecer. Y sabía además todo lo que ello implicaba.

.

Habían pasado entonces ya un par de meses desde que toda su verdad fue revelada y para ambos fue un tiempo de completa dicha. Algo totalmente extraño para el moreno y, hasta cierto punto, atemorizante por el hecho de que fuera como aquella calma que siempre precede a la tempestad. Sin embargo, conforme los días pasaban él se fue relajando y se dejó disfrutar de esta asombrosa novedad; novedad donde sus días eran relajados más allá de alguna ocasional tensión laboral y donde podía saborear constantemente el hecho de sentirse contenido y acompañado por su hermosos francesito.

Lamentablemente... él tuvo algo de razón.

.

Fue una mañana que debiera de ser como cualquier otra cuando James lo sintió.

Podía sentir como el sol se pegaba cálidamente sobre su piel ya recalentada. La brisa correría fresca y libre por cada contorno de su cuerpo, refrescándole en silencio, compitiendo con el sol por su clara atención... atención que les denegaba a ambos puesto que esta se encontraba completamente vertida en aquella pálida espalda que se apoyaba a su lado descuidadamente descubierta por las mantas luego de las vueltas y revueltas de las actividades nocturnas.

Se encontraba maravillado con cada delicada entrada y saliente de aquella piel tan tentadoramente sedosa, y embrujado al ver aquella impresionante y brillante cabellera rubia castaña acariciando libremente la muy sensible piel del cuello de su amante, con sus onduladas puntas mientras estas seguían el movimiento de cada una de sus acompasadas respiraciones.

Era hora de levantarse, su mente y cuerpo lo sabían... pero había algo, había una extraña sensación de negación ay aprensión corriendo por debajo de su piel, erizando en su camino cada uno de los vellos de su cuerpo. Poniéndolo tan alerta como hacía ya tiempo no se había exigido sentir.

Rodando de lado dejó caer sus pies hacia el suelo y se quedó allí, sentado, completamente inmóvil, intentando ver el porqué de estas sensaciones tan desconcertantes.

Conocía esta sensación. esa sensación que le invadía el pecho en situaciones que realmente preferiría no tener que recordar. Esa sensación que le había estado molestando desde antes de despertar pero... ¡No, mierda, no!

'Tranquilo. Seguramente no es nada. Tranquilo. No seas paranoico'- se dijo tratando demasiado duramente de autoconvencerse-.

Era inútil.

La sensación crecía.

Las ansias.

Los nervios.

La expectativa misma más allá de la propia negación.

Él quiso solo parar, cerrar los ojos y dejarse dormir a la deriva de la inconsciencia hasta que llegara la luz de un nuevo día. Quería que el día pasara, sin que nada pasara... porque él sabía que había 'algo' que estaba a punto de pasar... y le aterraba...

Y la jodida sensación crecía, oprimiéndole el pecho y sacudiendo su cuerpo con pequeños horribles escalofríos.

—¿Jamie? —una voz murmuró a su espalda. Una voz que venía hacia él en forma de eco lejano. Miles de flashes de recuerdos se dispararon con ella. Miles de imágenes pasaron entonces por detrás de sus párpados ahora cerrados con fuerza a la velocidad de la luz. Miles de retazos de charlas, de momentos. Miles de sensaciones que eran arrolladoras, superpuestas. Contradictorias. Envolviéndolo cruelmente en la lejanía del pasado. Un pasado triste. Vacío, según como lo veía ahora.

'¿Por qué?' se preguntó confuso pero sin regresar.

—...mie... ¡James! ¡Harry! —escuchó una vez más esa voz tras la niebla que sentía cubrirlo. Esa voz.

'¿Quién?'

La niebla lo rodeaba. Densa, reacia. Asfixiante.

Más imágenes.

Muertes. Tantas muertes. Tanto llanto. Y dolor... Oh, sí, tanto dolor.

Caras y lugares volaban por su mente sin descanso ni respiro.

'¿Por qué?'

—Jamie, vamos cariño ¿qué ocurre? Necesito que me digas qué está mal, amor ¡Vamos James! Por favor, amor, ¿qué sucede?

'Esa voz.'

Como si fuera alguien ahogado que cogía una cuerda, se asió a aquella voz como único salvavidas y se sintió emerger boqueando por un aire que no sabía había contenido.

Estaba temblando.

Temblaba... y la maldita sensación crecía, persistía.

—James, vamos cariño. Tienes que decirme que ocurre.

—¿Tian? —preguntó con evidente confusión sonando en su voz mientras intentaba enfocar su mirada en el presente y espantar los horribles recuerdos detrás de las capas y capas de protecciones mentales que había logrado erigir para contenerlos hacía ya tanto tiempo.

—Oh, cariño, sí amor ¿Qué pasó? ¿Cómo estás? Estás pálido ¡Y tiemblas! Helado. Qué...

Una mirada.

Comprensión y compañía. Silencio y entendimiento.

Amor.

—Shh... Tranquilo, cariño, tranquilo. Te tengo aquí conmigo ahora. Tranquilo mi amor, ahora te tengo Jamie. Yo te tengo —dijo una y otra vez Sebastian con voz muy muy suave. Tanto como quien le habla a un animal herido y asustado que teme que ante cualquier pequeño susto pueda atacar.

Las cosas en el cuarto comenzaron a aquietarse. Cosas que no sabía que estuvieran moviéndose porque no tenía idea de que, una vez más, su magia se había liberado ante el gran cúmulo de sensaciones. Una vez más, la magia poniéndolo en peligro.

'Mierda'

Tras unos cuantos minutos de completo silencio, aún sintiendo el férreo abrazo entorno a él, volvió a retener y a encapsular su magia por completo antes de respirar profundamente.

—¿Mejor? —él asintió— Bien, ¿quieres hablar de ello? —respondió solo negando con la cabeza. Las palabras parecían volar en su mente para solo terminar quedándose atascadas en su garganta. Sebastian suspiró.

—Recuerdos —dijo después de lo que pareció una pequeña eternidad—. Solo recuerdos. Malditos. Tortuosos... pero solo eso.

Silencio.

—¿Sebastian? —preguntó con timidez. Intentando retener el calor contra el hielo que parecía querer cubrirlo y ahogarlo. Intentando calmarlos a ambos antes que la verdad...

—Hoy sucederá algo —dijo entonces en apenas un susurro mirando en el proceso hacia sus manos crispadas. Evitando lo más que pudiera el pensar en la secuencia de imágenes que aún persistían en revolotear por su mente.

Sebastian por su parte no sabía que decir, o tan siquiera pensar.

Cuando despertó él pudo llegar a sentir como un dedo suave y amoroso recorría delicadamente su espalda hasta su cuello, luego seguido por un pequeño suspiro y el ruido de las sábanas que le indicaron que ya era hora de levantarse y con suerte unirse a la ducha junto a su hermoso moreno pero, apenas un instante después pudo sentir como una ola de energía enviciaba por completo el aire de la estancia.

Mayúscula fue su sorpresa cuando al girarse pudo ver a su amigo y pareja sentado en el borde de la cama con el cuerpo total y absolutamente tenso y en estado de trance -por así llamarle-, con las cosas de la habitación comenzando a vibrar, girar o simplemente a elevarse.

—¿James, qué...?

—No lo sé Tian. Solo tengo este... solo... Solo puedo decirte que sé que hoy sucederá algo... y tengo miedo Tian —confesó el moreno sintiéndose abrumado por las emociones.

—Shh...

El rubio le abrazó como una madre que espanta los demonios y monstruos en las pesadillas de sus hijos. Un abrazo que era un puerto seguro, cálido.

Él sabía que lo que más podría -y de hecho lo era- temer el moreno era que su pasado le encontrase. Que todo regresase a volver a ser como antaño, aunque él supiese que realmente nunca podría volver a serlo; primero porque él no permitiría jamás que James fuera nuevamente una marioneta más de se mundo lleno de débiles e hipócritas, y segundo, porque, aunque James tuviese 'miedo' de enfrentarse a ellos, Sebastian sabía que el hombre a su lado realmente había cambiado y que -de ser necesario-, y llegado el momento adecuado, sabría como comportarse para tomar el control de la situación.

Sin embargo no podía evitar el dolor que sentía en el alma al ver como ese hombre seguro y avasallante que conocía, veía y disfrutaba a diario, terminaba convirtiéndose en alguien tan tímido e inseguro en cuestión de segundos.

Era escalofriante ver la verdadera profundidad del trauma que le habían dejado todos ellos. El infinito complejo de culpas, dudas e inseguridades que siempre le habían fomentado y ayudado a creer.

Con una paciencia y cariño infinitos él se dedicó a abrazarlo y a arrullarlo hasta calmarlo. Le habló y habló hasta que lo sintió reaccionar. Le ayudó a despojarse de sus ropas y a frotar su cuerpo con delicados movimientos en la bañera llena de agua caliente. Lo vistió con ternura y lo abrazó con todo el amor que por él sentía. Llamó a la empresa para simplemente avisar que ellos no irían sin molestarse en dar la razón del porque, no era el director por nada. Dejó bien en claro que no querían ser molestados por nadie de la compañía a menos que fuera una urgencia y que, posiblemente, él estuviera pasando por la tarde para firmar lo que fuera más urgente de firmar y llevarse lo que sea que hubiera que revisar.
Por último, él solo se dedicó a hacer todo lo posible para que su precioso moreno de ojos verdes olvidara aquellos recuerdos que tan mal lo habían dejado y la 'sensación' o 'presentimiento', o como quisiera llamarle, que de pronto lo había embargado y perturbado.

Llegó el medio día y felizmente nada pasó. Sebastian pudo convencerlo entonces de tomar algo ligero y ver un poco de televisión en el sofá de la sala... y, cuando todo eso fue poco, lo obligó a salir a caminar.

'Caminar sin rumbo ni destino esclarece la mente, cariño' -le había dicho con una sonrisa enigmática mientras que Harry solo parpadeaba.

Harry lo agradeció.

No fue consciente al principio del modo en que su cara relejaba sus preocupaciones y miedos. No fue consciente de nada en realidad. Nada salvo el frío terror de certeza de que algo cambiaría, que algo pasaría. Estaba más vez más seguro de ello. Un escalofrío permanente parecía haberse adueñado de su columna y un frío helado luchaba por invadirlo por entero. Un frío tan helado como el beso de un dementor.

Pero pudo salir... pudo escapar apenas de esa desesperación que le embargaba gracias a que su rubio estaba allí. Estaba. Simplemente estaba.

Harry le siguió la corriente lo mejor que pudo. Hizo todo lo que éste le pedía... pero la sensación solo aumentaba de una manera espantosa y desmedida hasta parecer querer explotar en los contornos uniformes de su cuerpo.

Insoportable. Esa era la palabra.

Después de unos cuantos momentos bajo esa mezcla horrible de sensaciones él lo notó, bajo su piel. Supo lo que necesitaba.

En medio de la caminata. En mdeio de la acera que bordeaba el parque de hermosos y frondosos árboles, se detuvo. Estático. Expectante.

—Tian —le llamó despacio.

—¿Sí? ¿Te sientes mejor? ¿Quieres volver?

Harry negó con apenas una pequeña sonrisa revoloteando en sus labios.

—Me tengo que ir francesito...

Rápidamente le explicó lo que sentía y lo que necesitaba hacer antes de que su novio comenzara a protestar.

—Entiendo, pero...

—Sebastian, necesito irme. Tengo que ir y dejar salir un poco de magia o voy a terminar explotando. Tengo... esto... —bufó—... Lo que sea que fuera esta sensación —suspiró al pasar una mano por su cara hasta levantar sus gafas y frotar sus ojos—. No va a solo pasar, amor. Y los nervios ¡Merlín! Siento que mi magia está a punto de ebullición... tengo que irme. Ahora.

Por unos reales escasos segundos se miraron. Jade y zafiro eclipsándose mutuamente.

Razones. Entendimientos.

Decisiones.

—Voy contigo.

Directo. Llano. Implacable. Harry lo sabía. Conocía ese porte. esa mirada. Lo sabía, lo temía... lo comprendía... y accedería.

Un simple asentimiento fue suficiente. No había más que decir.

Cuarenta minutos después el rubio se hallaba fuertemente aferrado al moreno para experimentar nuevamente lo que éste le llamaba aparición... y que hacía que se le revolvieran las tripas de la manera más asquerosa. Él había ido en ese tiempo a la empresa a ver como iba todo, tal y como había prometido que haría, y luego se fue a encontrarse con el moreno en su apartamento ya que al parecer había cosas que debía tomar.

Lo había acompañado ya un par de veces, pero casi siempre eran ocasiones en las que el moreno apenas necesitaba descargar algo de exceso de energía, o solo quería distenderse en un lugar desolado. Nunca fue con él en los momentos en los que éste sentía que su magia se escapaba de entre sus manos.

Y ahora sabía porqué...

Cerca de cinco horas después Sebastian sabía que desde ese día habría un antes y un después en la visión que tenía de su pareja.

Verlo... Ver a su siempre amistoso, bondadoso, paciente, cariñoso y amable novio con esa 'ferocidad' casi alarmante en la mirada. Con ese poder. Controlando y azotando al simple espacio frente a él como si estuviera lleno de antiguos y terribles enemigos... era intimidante. Impactante.

Habían pasado un par de horas ya antes de que él finalmente comenzara a entender en su totalidad el nivel de control de poder y todo lo que ello representaba en su moreno. No precisamente como una condena pero, sí más bien como una especie de cadena que terminaba por anclarlo por siempre a estos hermosos y remotos terrenos. Entendiendo que él nunca podría realmente 'librarse' de ese mundo del que tanto recelaba y en cual tanto había pasado por mucho que lo quisiera porque, su misma esencia, su magia. Todo, absolutamente todo en él lo haría volver una y otra y otra vez. Y entendió, realmente comprendió como de difícil habría de resultar aquello para alguien que todo lo ha dado y que solo se encuentra que se le pide más y más. No -negó desde donde se encontraba sentado observando con fascinación las luces y los movimientos intrincados y desconocidos-. Su Jamie jamás se mereció nada de eso. Ni antes ni ahora. Era un niño ¡Aún era niño! Porque él no podía negar que muchas veces se comportaba como uno. Un hombre que se divertía y encaprichaba como uno. Un hombre que quería de la manera a veces más ingenua, espontánea, linda y confiada como uno.

Ahora finalmente podía decir con absoluta certeza cuánto es que en verdad lo sabía.

La tarde había resultado ser absolutamente asombrosa. El aura de poder puro que emanaba era impresionante y, si él, un simple mujle, mulje, o lo que sea que fuera, podía sentirlo, ni se quería imaginar lo que sería para otros como el mismo James.

Ante una seña y una sonrisa cansada del moreno, él se levantó sacudiendo su ropa mientras lo miraba sonriente y admirado. Completamente embelesado. Tontamente enamorado. Sabiendo que igualmente esto no era nada en comparación a lo que estaba seguro el moreno hacía cuando venía solo. No importaba. Para él el moreno solo era SU James. Su Jamie.

—Vamos Houdini (*)... creo que quiero ver algunos otros trucos con la 'varita' —dijo provocativamente con la mirada empañada de evidente lujuria.

Era verdad. La sola visión de su moreno en aquellos gloriosos momentos fueron claramente bastos para llenar su imaginación y que, en clara respuesta, su excitación se hiciera presente y patente.

James lo miró con sorpresa durante unos cuantos segundos antes de terminar sonriendo burlonamente. Acercándosele. Apresándolo.

—Creo, que harás algo más que verlos, francesito —ronroneó en su oído. El cálido aliento invadiendo aquella muy sensible cavidad, enviando un estremecimiento a cada músculo y miembro.

'Sí. Esta sería una buena distracción también'.

.

—¿No estamos un poco lejos de casa, amor? —preguntó Sebastian de manera melosa al verse ahora en lo que reconocía como la otra punta de la ciudad.

—Lo siento hermosos, no suelo aparecerme de inmediato cerca para no terminar dejando pistas de quien soy o donde encontrarme. Esto es lo más cerca que nos puedo dejar con magia... solo en caso de que...

—Shhh —le calmó el rubio colocando un pequeño dedo elegante sobre esos suaves labios rosados—. Vamos... aprovechemos a terminar el paseo —dijo entonces.

Así, tomándolo de la mano comenzaron a caminar en un silencio tranquilo bajo las luces del principio del crepúsculo, emprendiendo juntos un nuevo -en más de un sentido-, camino a casa.

Un camino que para Harry poco a poco se iba sintiendo más y más como una sentencia porque, a cada pequeño paso que se acercara al lugar que había llegado a considerar su hogar, la sensación se asentaba y la certeza crecía. La certeza absoluta de que -a pesar de no saber como-, sabía que al llegar a su hogar terminaría por encontrarse con aquello a lo que tanto había intentado evitar. Aquello que, una vez más, sacudiría hasta los cimientos su tranquilo y ahora ordenado pacífico mundo... así lo quisiera o no.

A solo un paso más...

(*) Harry Houdini fue un ilusionista y escapista reconocido de manera mundial por sus grandes hazañas. 'Mago' en la manera muggle

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