15 de julio de 2013

Una deuda con el destino... Capítulo 8

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.
RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/JAMES EVANS Y DRACO MALFOY y un ligero y breve Harry/James y OMC (SEBASTIAN... que había olvidado nombrar)
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-, escenas de sexo explícito y MPREG... SI NO TE GUSTA ALGO DE ESTO NO LEAS.
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—Diálogo—
recuerdos/Flashbacks
'pensamientos'
Pársel
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..:: Capítulo 8 ::..

'¡Joder, joder, joder, joder!' -repetía Harry por cada rincón de su mente una y otra y otra vez hasta el hartazgo.

—¿En verdad... en verdad puede exigirte eso Jamie? —silencio— ¿En verdad lo harás? —susurró un triste rubio desde su lugar en la punta de la cama una vez que el silencio hubo contestado su pregunta.

—Yo...

Miles de ideas, imágenes y palabras colmaban y bailaban por su cabeza. Una continua sucesión de todas ellas exceptuando dos palabras: '¿Por qué?'

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—Pero... No. No ¡No puede pedirme eso! ¿Cómo...? Quiero decir, yo...

—Señor Potter, tengo muy presente todo lo que conlleva mi petición y, créame que en verdad lamento tener que encarar este hecho de esta particular manera pero —la mujer se tensó cada vez más y más con cada una de sus propias palabras—. No. No cambiaré lo dicho. Le exijo su pago a mi deuda y ESO es lo que pido a cambio —dijo ella seria y elegante mirándolo fija y demasiado especulativamente.

Un silencio denso como niebla marina cayó entonces en la pequeña estancia. El tiempo parecía estático de una manera casi cruel.

—Disculpe pero no creo que usted pueda solo venir aquí y 'exigirle' nada a James y...

—¿James?

—Harry, quise decir Harry —se corrigió automáticamente Sebastian soportando estoicamente la mirada escrutadora de la demasiado estoica presencia femenina—. Lo que quiero decir es que, si bien él le debe 'mucho' no tiene la obligación de ceder a ello ¿verdad? ¿Acaso no hay otra manera de pedir su ayuda que no sea esa? Estoy seguro de que él podría ayudarlos si se lo pidieran de la manera correcta y...

Narcisa Malfoy, sangre pura congraciada, tan solo se limitó a enarcar levemente una muy pulcra y fina ceja girándose a mirar a Harry, dándole a entender sin palabras que ella NO se rebajaría a explicar sus leyes y normas a un simple y corriente muggle, ni mucho menos responder a la orden implícita que exponía, por lo que Harry tensó la mandíbula y procedió -a regañadientes-, a explicar a su muy contrariado y fastidiado novio lo que pudiera al respecto, muy a pesar de que incluso él aún no tenía del todo claro.

La cabeza le daba vueltas ante tanta información y, tratando de ordenarla y clasificarla, tratando de recordar lo más posible para poder darle algún sentido a toda esta pesadilla de la cual parecía nunca despertaría.

—Lo cierto Sebastian es que esto de las deudas de vida mágica no son solo algo de palabra al aire como pudo haber sido en los viejos tiempos medievales muggles donde solo se comprometía el honor y la palabra. Por lo que tengo entendido -que confieso no es demasiado-, cuando un mago o bruja salva la vida de otro termina creándose una especie de enlace entre los núcleos mágicos de ambos. Un enlace en el que el 'deudor', tiene el 'deber' de saldar dicha deuda en el momento en el que... lo que quiero decir es que... Bueno, no sé bien como explicártelo pero, para que entiendas mejor todo esto Tian, es como una especie de 'compulsión' a hacer lo que sea que se le haya pedido... 'cualquier cosa'...

—Pero...

—Lo que el señor Potter quiere decir es que esto no es algo tan superfluo o banal como los muggles pueden llegar a verlo —dijo ella fríamente mirando a ambos jóvenes con una mirada dura e implacable—. Su deuda estará enlazada a mi magia hasta el mismo instante en el que él cumpla con lo pedido a cambio, aún con todo lo que ello implique, y esa 'compulsión', como tan hábilmente ha descrito e joven Potter, no se irá hasta entonces tampoco pero la molestia se reducirá al mínimo mientras que él esté activamente haciendo algo al respecto de su saldo. Tiene que entender señor Le' Nocks, que en nuestro mundo una deuda de vida es algo sagrado. En nuestra casta hacendemos de familias que se remontan a siglos y siglos de linajes entrelazados por lo que dichas deudas ganas fuerza y magia propia, y es por eso mismo que cuando uno salva la vida de un mago está afianzando y ayudando a las líneas para que estas subsistan ante y pese a todo. El saldar la deuda y el pedido mismo no es algo que se tome a la ligera, señor —añadió entonces en aquel tono de quien da una importante, impactante y vital lección—. Y, quizás usted no lo sepa señor Potter, pero quiero dejarle bien en claro que la única manera de que dicha deuda quede anulada sería que usted salvara mi vida, en cuyo caso la magia se anularía automáticamente por quedar al nivel de vida por vida y magia por magia. No hay otra manera ya que solo en ese momento la armonía de la magia y el flujo vital regresarían a su cauce, pero, teniendo en cuenta que en este caso no es así y mi pedido ya ha sido hecho por lo que consideraría lo más sensato y conveniente si solo avanzamos a ultimar los detalles para finiquitar la cuestión ya que solo terminaría siendo cuestión de tiempo para que us...

—Alto... solo, alto —le interrumpió el moreno de manera agitada mientras intentaba asimilar todo en un tiempo récord.

—Harry...

—No Tian. Solo... Entienda señora Malfoy, por favor. Yo solo... —rogó entonces cerrando los ojos y los puños con fuerza intentando controlar la magia que de nuevo parecía amenazar con desbordarse de sí.

Él respiró hondo, calmando lo más que sus capacidades actuales le permitían para calmar la marea de sensaciones que le inundaban. Tomando implacablemente un férreo control sobre todo su sistema, emociones y magia incluida.

Abriendo los ojos para terminar mirando fijamente aquellos preciosos pero sumamente fríos ojos azules.

—Entiendo sus motivos, o al menos intento hacerlo en su gran mayoría pero, tiene que tratar de entenderme usted a mí. Por favor. No, no puedo volver allí. Ya no. Mi vida está ahora en este mundo, el mundo muggle. Sebastian es mi pareja, y no, no es algo pasajero, somos una pareja estable. Trabajamos juntos. VIVIMOS juntos como podrá ver —anunció como baza disuasoria—. Tengo un trabajo estable y algunos otros que requieren mi presencia. Tengo obligaciones aquí. Aquel ya no es mi mundo, ya no más. Cumplí con mi deber, la profecía murió con mi propia muerte y la de Voldemort —él hizo caso omiso del pequeño pero apenas perceptible escalofrío que estremeció a la bruja frente a él—. Mi destino se selló allí... y además ¿de qué serviría? Hace ya más de cinco años que no aparezco por allí. De seguro ya a nadie le importa el antiguo héroe caído y más que seguro tampoco habría de verse bien una relación conmigo por más héroe que fuera.

—Señor Potter —suspiró ella entonces ya algo cansada (aunque un Malfoy nunca demostraría tal bajeza, claro)—. Usted quizás haya intentado cortar todo enlace con el mundo mágico pero, le puedo asegurar que dicho mundo aún no ha cortado ningún tipo de lazo con usted. Usted aún sigue siendo un héroe. Aún sigue siendo 'El Elegido', 'El-niño-Que-Vivió'. Aún tiene un puesto aguardando su regreso en el propio ministerio y millares de notas en cada una de las revistas. Usted aún tiene 'poder' allí... y eso es lo que yo busco para el nombre de la familia Malfoy. Para mi hijo.

—Pero... ¿Acaso no le parecerá mal todo esto a, él? ¿Lo sabe siquiera?

—Por supuesto que Draco sabe todo esto señor Potter. y no debe preocuparse de ninguna manera, él sabe perfectamente cuales son sus obligaciones parea con la familia, su apellido y linaje —respondió entonces en un tono tan afilado como su mirada. Harry asintió. no podría hacer más.

'¡Maldito mundo mágico y maldito el momento en el que entré en él! —gritaba por dentro casi fuera de sí apretando tanto como era capaz su mandíbula y puños para que esas mismas palabras no salieran por entre sus labios en un desgarrado sonido quejumbroso y disconforme -y quizás hasta algo infantil-.

—¡Pero si ni siquiera nos llevábamos antes! ¿Cómo puede pretender que... que...? Arrg... —gruñó sin poder o querer evitarlo. Era demasiada tensión. Demasiada ira.

—James, cálmate cariño —le susurró su... novio '¿todavía era su novio, verdad?', al oído al tiempo que lo veía colarse por detrás de su silla. El contacto de su mano en su hombro fue de gran ayuda para volver a respirar. Su ancla.

—Señor Potter —resopló, de una manera completamente digna de un Malfoy—, me parece casi innecesario decir que luego de tantos infortunios aquello puede reducirse a una mera banalidad. Aquellas rencillas escolares son lo de menos en todo esto y...

—¡¿Lo de menos?! —preguntó el moreno con evidente incredulidad— ¡Pero si incluso hemos intentado matarnos un par de veces!

—¿Matar...se?

—Como decía...

—Tian ¿podrías por favor dejarme unos minutos a solas con la señora Malfoy, cariño? —había algo que Harry quería mencionar pero que, por alguna esquiva razón desconocida, sentía la necesidad de hacerlo fuera de los ojos y oídos de su pareja. Una mirada inquisidora fue todo lo que obtuvo por respuesta así que se vio obligado a insistir un poco más—. Por favor Sebastian.

Una mirada más entre ambos y el rubio suspiró en señal de clara derrota antes de asentir.

—De acuerdo. Te espero en la alcoba —dijo mordazmente para luego voltear y hacer una muy leve inclinación de cabeza hacia la 'dama'—. Señora Malfoy.

—Señor Le' Nocks.

Tras tensas miradas por parte de todos el rubio finalmente se retiró y un oscuro silencio se impuso en la habitación.

—Necesito saber un par de cosas —anunció él entonces en el tono más neutro que pudo lograr.

—Adelante.

—Desde que usted reforzó su 'petición' hace unos momentos siento... yo...

—¿Una tensión particular en el pecho? —preguntó ella de manera casi 'amable'. Él asintió—. Sí, señor Potter, eso es algo que he enunciado brevemente antes. Esa 'molestia' es lo que sentirá en todo el tiempo que usted esté peleando con la deuda y su cumplimiento y, conforme el tiempo pase -si esta no se cumple-, dicha molestia derivará en dolor. Particularmente creo que es una forma mágica más que efectiva de asegurarse de que las deudas sean saldadas. No me mal entienda, pudimos estar en bandos opuestos de la guerra e ideas y aún hoy podemos diferir en ideales pero, no voy a permitir que esas nimiedades afecten o rijan de ninguna manera la vida de mi hijo —dijo apretando sus manos antes de soltar un pequeño suspiro desviando un poco la mirada en el proceso—... Él, él no es el mismo de antes y, por más que me duela admitirlo, no es ni la sombra de lo que otrora fue. La guerra. Azkaban. Eso lo destruyó en muchos sentidos pero esto... El mundo mágico nos odia y, se han ensañado con él de una manera que... —cerró los ojos— El enlace podrá efectuarse en todos los sentidos y usted dispondrá de toda la fortuna Malfoy.

La última baza.

—Esta no es una decisión tomada a la ligera ni de ninguna manera premeditada señor Potter. Lo he meditado bien se lo aseguro. Le daré tiempo para que pueda ser capaz de hacerse a la idea pero, no cambiaré de opinión ni mucho menos de petición.

Silencio.

Y un suspiro.

—¿Y qué caso tiene? Tiempo ¿Para qué? Usted ha venido aquí, surgiendo de la nada y me ha exigido regresar a un mundo que por momentos detesto y que quiero dejar atrás —si la mujer se sorprendió de seguro no lo demostró—, solo para que termine por enlazarme en un matrimonio de conveniencia con su hijo nada más y nada menos, quien fue mi enemigo por seis largos y muy difíciles años de escuela y luego, y como si fuera poco, en filas de bandos de una guerra. No conforme con eso, debo de darle un heredero en un embarazo forzado y antinatural del cual no sé absolutamente nada y del que desconfío totalmente además de 'limpiar' su imagen en el proceso. No, señora Malfoy —negó él derrotado—, puede creerme cuando le digo que ningún margen de tiempo será suficiente para que 'me haga' a la idea... Sin embargo, reconozco que no tengo opciones pero, sin lugar a dudas creo ser lo suficientemente capaz para poner algunas 'condiciones'.

Él fijó sus resplandecientes gemas verdes que tantas emociones contenían y escondían para ver como ella lo miraba y asentía.

—Bien. Primero que nada quiero hablar con él, a solas. Quiero saber que es lo que él cree y opina de todo esto. Segundo; necesitaré antes que nada revisar todo tipo de documentos, tanto suyos como míos —se alegró apenas cuando fue capaz de verla fruncir los labios apretadamente— Y tercero, quiero estar completamente informado de todo lo referente al embarazo masculino ANTES de que cualquier tipo de enlace sea efectuado. Y, cuando digo TODO es eso exactamente. TO-DO. Nada de verdades a medias o información no comprobada. Quiero una entrevista con un especialista reconocido en tales eventos y saber casos anteriores, porcentajes e inconvenientes. Quiero saber desde el cómo es posible y porqué tipo de métodos, qué es lo que sucede, diferencias, complicaciones; TODO. Y aclaro esto ahora señora, no pienso correr ningún riesgo de... embarazarlo o lo que sea hasta no estar completamente seguro. No me importan las consecuencias. Remarco además que, aunque quizás no se haya dado cuenta, usted en su 'pedido' me ha exigido un enlace, protección y un heredero. Lo acepto —hizo una ligera pausa cuando sintió la magia lavar su cuerpo. Bien. Era hora de tomar las pocas riendas que le quedaban entonces—. Como decía, usted me ha exigido eso, pero usted deberá entender que no se ha especificado en ningún momento el 'cómo' así que, por lo que yo entiendo, no me siento particularmente inclinado a la obligación de consumar algo si no estoy conforme y completamente seguro de la situación. Y, antes de que diga nada al respecto le digo que sí, quiero niños, quiero una familia, pero no me arriesgaré de ninguna manera a engendrarlos en el seno de su familia si no concuerdo en ella. Espero haber sido lo suficientemente claro al respecto, señora.

La cara de asombro ante sus palabras seguras, precisas y concisas resultó ser todo un regalo para el moreno quien ya tenía y sentía los nervios destrozados después de tanta emoción e información junta. Sin embargo continuó. Era hora de atacar. Era hora de demostrarse a sí mismo que no iba a volver a ser lo que una vez fue.

—Parece que usted sabe mucho de mí, pero aparentemente no me conoce en absoluto y sin dudas me ha subestimado —comentó como al pasar enarcando una tupida y morena ceja—. No soy ni de cerca el mismo crío ingenuo y confiado que el mundo mágico conoció, manipuló y explotó... Y no pienso recaer en ello ante nadie, y ciertamente NO ante ustedes. NO ante NADIE. Así que, si lo que en verdad quiere es que esto resulte le aconsejo que no intente hacerme el idiota al respecto porque, de ser el caso, no voy a medir consecuencias. Voy a destrozarlos por cada medio que esté en mi mano. Voy a hundirlos en todos los sentidos y aplastar todo lo que conocen y tienen —hizo una pausa para que sus palabras cobraran peso en la muy atónita sangre pura—. Espero haber sido claro... —ella solo atinó a asentir. No había perdido su temple pero, para quien observara detenidamente, resultaba bastante obvio cuan alterada estaba ahora. Le reconfortó... un poco—. Bien. Ahora, si eso es todo y no le molesta, creo que sería mejor que se retire ya que debo aclarar varias cosas con mi pareja.

La mujer no pudo evitar demostrarse algo ofuscada ante la implícita y directa despedida y despache mientras que en su mente era un hervidero de información ante la debacle de sentimientos y pensamientos encontrados. Sin embargo la etiqueta de rigor que había regido su vida desde la cuna actuó como siempre y, con una fría fachada elegante emitió un breve asentimiento por toda respuesta antes de levantarse y caminar hacia la entrada con la barbilla en alto, 'esperando cual criada' -pensó casi jovial el dichoso joven, pero a la vez parándose para -por fin- dar por terminada esa espantosa cruzada.

—¿Cuándo podré hablar con su hijo? —preguntó una vez ya frente a ella antes de abrir dicha puerta. No había manera en el infierno en que él decidiera a bajar sus propias protecciones anti-aparición justamente por ella.

—Le estaré enviando una lechuza cuan...

—No. Lo siento pero mis protecciones no las permiten. No manejo ningún medio mágico de comunicación —aclaró. Y enseguida pensó en que quizás pudiera jugar con esto a su favor así que él fue hasta el mueble más cercano -que pasó a ser una mesita a un costado de la entrada donde se solían dejar llaves o notas- y anotó algo de manera apresurada—. Tome. Dígale que lo espero en mi oficina cualquier día de la semana a partir de las ocho, no, de las nueve hasta las seis de la tarde. Allí. No aquí. Prefiero tratar esto como un negocio más, si me entiende, antes de que me vuelva completamente loco...

—Bien.

Harry no se dejó engañar. Sabía perfectamente que la bruja se estaba aguantando las inmensas ganas de cruciarlo hasta el hartazgo, pero no podía importarle menos. Extremadamente aliviado cuando el 'click' de la puerta sonó al cerrarse tras ella.

.

Una vez más se veía obligado a ver como la vida que tanto le había costado encausar estaba siendo truncada por alguien más, todo por deseos egoístas y ególatras de los que había hasta ahora logrado escapar.

'Bien. Que se jodan todos' -pensó cabreado-. 'Si me van a joder la vida mejor que comiencen a tener en claro que no les será fácil ni de colores'.

Una sonrisa muy Slytherin surgió entonces en su tenso rostro moreno.

'Sí... Que me aspen si voy a permitir todo de nuevo... Ya no. Definitivamente no' -pensó mientras miraba con clara determinación su cuarto tratando de a la vez encontrar la fuerza necesaria para encarar a su pareja. Una pareja... que no sabía por cuanto tiempo tendría ya...

Su Sebastian... 'Oh, Merlín...'

CHAAAANNN... No se pueden quejar que me he lucido subiendo dos capis así de seguido ;P... espero les haya gustado y nos leemos en el próx...

Besitos y cuídense

*Guada*

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