26 de agosto de 2013

Tiempo de Magia... capítulo 7



DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a JKR y a GLEE y la historia es de mi autoría.

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CANCIONES DEL CAPÍTULO


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Él estaba nervioso, y eso de por sí ya era bastante raro, aunque aún no podía decir si era de una buena o mala manera.

La noche pasada había resultado ser una magnífica noche. Gloriosa realmente. Absolutamente mucho más de lo que había llegado a pensar, imaginar, o tan siquiera desear.

Era él.

Todo en aquel hermoso y, aún algo ingenuo joven, le atraía. Sentía ese magnetismo, esa innegable atracción.

Este joven hermoso solo lo llamaba como la miel a las moscas.

Su exquisita piel marfileña. Sus labios rosados y llenos. Sus ojos; esos fascinantes ojos inocentes y tan, tan expresivos que cambiaban y variaban en su intensidad según la emoción. Sus hermosas tetillas de color coral que se arrugaban y endurecían ante su más mínima atención... Su miembro. Esa deliciosa 'golosina'. Un manjar de ambrosía. Su boca se le hacía agua de tan solo recordar cuan hermoso se veía éste completamente húmedo por su evidente necesidad de él. Pero, también le atrajo su risa y, su falta de descaro. La forma en que su cuerpo se balanceaba contra el suyo, ya fuera en el baile o en el propio sexo posterior. Le agradó además que pudiera ser capaz de mantener una extensa y variaba conversación coherente sin perder el ritmo ni el entusiasmo. Le gustó que fuera inteligente. Sí, le habían gustado muchas cosas de este joven, quizás demasiadas pero, él estaba realmente contento y agradecido de que Kurt no hubiera resultado ser tan solo otro niñato bonito y consentido que solo terminaba sirviendo para follar porque no era capaz de pensar más allá.

A pesar de conocerlo desde hacía apenas unas cuantas horas, Harry reconoció que a él le agradaría sobremanera seguir conociéndolo un poco más ya que estaba seguro de haber encontrado a alguien lo suficientemente sexy y decente como para mantenerlo ocupado por algún tiempo. Ahora era solo cuestión de tantear el terreno a ver como reaccionaba el hermoso joven ante sí a su inusual -usual para él-, 'propuesta' ¿Quizás incluso podrían mantener una relación de las suyas hasta que uno de los dos se hartara?

Decisiones y posibilidades. En eso se hallaba pensando cuando vio por el rabillo del ojo como dicho joven se asomaba por la puerta de la sala. El desayuno estaba ya sobre la mesa ratona frente al sofá en el cual se hallaba repatingado aún usando solo los pantalones que antes había tomado... y disfrutando enormemente cuando vio como el otro a pesar de sus dudas se lo comía con la mirada.

—Mmm, yo... Lamento lo de antes ¿de acuerdo? No se me da bien esto de las noches y citas casuales y, cuando pasan solo me limito a irme después de... antes de... quiero decir... mmm...

—Hey, tranquilo ahí, herm... Kurt —se corrigió automáticamente el moreno para no crear más problemas innecesarios—. Ven, ya llegó el desayuno así que porqué no tomas algo de café caliente y te relajas mientras charlamos un poco sobre nosotros. Ayer sin dudas no fue fácil mantener una charla decente entre tanto alboroto.

Sí, el tono calmo y despreocupado ante el lindo y vergonzoso parloteo del joven fue justo lo adecuado para que este se relajara y suspirara de puro alivio antes de dirigirse a paso lento hacia donde él se hallaba y sentarse a su lado antes de colocarle un dulce y casto beso en la mejilla.

—Gracias. Me la he pasado estupendo anoche... y hoy. Ahora, ¿por casualidad pediste algo de fruta? Muero por comer algo fresco —dijo cambiando de manera evidente intencionalmente de tema así como de pronto mostraba las mejillas ligeramente sonrojadas y fallando un poco en eso de aparentar un tono completamente normal cuando estaba seguro de que debía de sentir su corazón estallar y su rostro quemar.

—Sí, he pedido algunas para acompañar, elige las que quieras... —respondió el moreno sin ahondar en nada más por el momento y apretándole ligeramente la rodilla como gesto casual. Lo cual le valió una enorme sonrisa de sincero agradecimiento.

Desayunaron en un cómodo silencio tan solo roto por algunos comentarios referentes a las noticias que se hallaban viendo y, al terminar, ni siquiera se molestaron en fingir nada más y tan solo se limitaron a quedarse allí tranquilamente un rato más rozándose de manera 'accidental' tan solo lo suficiente como para saber que aún podría haber algo más. Un juego casi inconsciente.

Charlaron un poco de todo y un poco más de sí mismos, cosa que, por más que intentaron y en parte lograron en el dichoso bar, no habían sido muy elocuentes al respecto; más que nada por la obvia dificultad de hablar y escuchar por sobre todo el ruido del lugar... y también teniendo en cuenta que después de un cierto tiempo juntos la atención se vio seriamente afectada y muy, muy reducida por la inmensa tensión sexual que habían ido cosechando.

Pasaron entonces tanto tiempo hablando amenamente viendo de fondo una vieja película al que ninguno dio ya mucha atención, acercándose de a poco hasta que el moreno tomó la ventaja y se inclinó por sobre el joven tomándolo ligeramente aturdido pero muy muy receptivo, y reclamó sus hermosos labios carnosos que sabían dulces y jugosos tras el néctar de las jugosas frutas que éste había tomado junto con su desayuno.

Se besaron largo y tendido sin ahondar en mucho más, besándose larga y lánguidamente mientras se iban acomodando, acoplándose en el extremadamente cómodo sofá. Enredándose. Acomodándose.

Antes de darse cuenta la música que acompañaba los títulos del film, que supuestamente habían estado mirando, los distrajo y cayeron en la cuenta de que ya era hora de almorzar.

—Oh, Gucci ¡Van a matarme! ¡Me olvidé de avisar a las chicas! Oh Gaga, Rachel me va a matar... o peor, ¡quemará mis mejores prendas! Maldición...

El rubio comenzó a despotricar en cuanto cayó en la realidad de la hora y la falta de vida de su celular. Desenredándose bruscamente de entre los fuertes brazos del moreno que le apresaban, él saltó del sillón y corrió hacia la alcoba con las prendas que iba ya recogiendo en el camino -como la camisa y el cinturón-, y buscando como loco el dichoso aparatito que no podía creer hubiera solo 'olvidado' así sin más por tanto tiempo. Aparato que al parecer estaba enterrado debajo de sus aún muy tirados y arrugados pantalones. Enterrado y apagado cabe añadir.

Oh, Mierda...

Con manos un tanto nerviosas él lo encendió y esperó.

Nada.

Muerto. Estaba muerto. Literalmente.

No tenía idea de si era solo que estaba sin batería o si algo le había pasado a su bebé entre tanto trajeteo y zarandeo la noche anterior. No era como si entonces hubiese estado muy consciente sobre su estúpido teléfono.

—¿Está todo bien Kurt?

—¿Qué? Oh, lo siento. Sucede que yo estoy viviendo con las chicas con las que me viste ayer en el bar y, bueno, todos tenemos algunas estúpidas reglas como para poder sobrevivir a los otros. Y, una de ellas, una de las principales en realidad es sobre avisar donde estamos y cuándo regresamos o planeamos hacerlo para evitar preocuparnos —hizo una mueca—. Suena tonto pero, estamos solos aquí y...

—No te preocupes. Lo entiendo perfectamente. Es genial que tengas tan buenos amigos y que se preocupen entre sí por los otros. Tuve amigos así hace mucho... —comentó el moreno como si nada antes de seguir en lo que estaban sin darle ningún tipo par que Kurt pensara demasiado sobre ello—. Entonces ¿Ya les avisaste?

—Nooo... —gimió el joven regresando rápidamente a su actual drama—. Mi teléfono solo murió y no tengo idea de si es la batería o fue algo que, ayer, porque bueno... estábamos... y, mmm... bueno, no es como si hubiésemos sido particularmente delicados así que... ehh...

—Mmm. Entiendo. Espera.

El moreno desapareció de la entrada de la alcoba escondiendo con rápidez una sonrisa para reaparecer segundos después con un muy moderno celular en la mano.

—Toma. Si te sabes los números puedes llamar directamente o sino puedes cambiar el chip. Avísales antes de que llamen a la policía y me acusen de secuestro. No quisiera tener que lidiar con una restricción solo para verte —dijo sonriendo de manera lobuna—, y no quisiera que me arresten... me molestaría tener que perder el tiempo con eso mientras que podríamos perderlo juntos en la cama. O en el baño. O en el sofá... mmm, creo que hay muchos lugares para pensar ¿verdad? —comentó luego a la ligera guiñándole un ojo a un muy sonrojado pero divertido Kurt.

El joven murmuró un 'Gracias' muy sentido antes de tomar el móvil y comenzar a marcar por lo que el moreno sonrió y se retiró en silencio dándole un poco de privacidad.

Ya no quedaba tiempo. Tenía que encontrar la forma adecuada de hacer su propuesta de tal manera que el rubio solo pensase en aceptar. Porque él quería que aceptase.

El hecho de haber pasado toda la mañana sentados, hablando tan tranquilamente y luego solo besándose fue lo mejor que había tenido en mucho tiempo a parte del sexo, claro. Por otra parte, el hecho de haber estado así, casi sin conocerse y aún así tan cómodos con el otro mientras absorbía cada pequeño detalle que hubo visto solo le hizo estar más y más seguro de querer a este joven para él. Al menos por el tiempo que le durara el interés.

'Esperemos que él sea lo suficientemente maduro para ver las ventajas de tal acuerdo' -se dijo mientras hacía un pase con la mano para cambiar sus pantalones de chándal en unos cómodos pero algo ajustados pantalones de mezclilla antes de transfigurar uno de los almohadones en una camisa simple de seda blanca. No se molestó en conseguir medias y zapatos, ya los agarraría cuando pudiera entrar en su alcoba.

Regresando a la sala -porque no es como si hubiera demasiado lugar donde ir ya que, después de todo solo era una suite de un hotel y por más amplio y cómodo que fuera no dejaba de tener esa falta de comodidad que daba una casa propia-, se sentó de nuevo en el sillón y cambió de canales erráticamente completamente aburrido hasta que escuchó pasos apresurados por el pasillo que daba a la alcoba. De en serio, no le veía el sentido al pasillo ¡si no había nada más que la alcoba y el pequeño guardarropas! Como fuera, lo único que apreciaba era la privacidad que este lugar le brindaba aunque sin dudas estaría llamando en breve a su agente de bienes raíces para ver si su lugar ya estaba listo. No le había pedido nada realmente complicado ¡Y estaban en Nueva York por Morgana! No debería de ser tan difícil satisfacer sus pedidos. Sí, sí, él bien podría ampliar espacios o armar cuartos específicos con magia y eso, pero él tenía muy en cuenta que ese tipo de cosas no funcionaban bien para él cuando se veía siempre interactuando con muggles y, antes que encontrarse rompiendo las leyes del secreto por algo tan tonto como eso él prefería comprar los lugares de manera muggle, con las dimensiones muggles, y con todas las comodidades muggles. Si él después decidía poner algunas cosas mágicas era algo muy fácil desencantarlas con solo un pase de mano, cosa que sin dudas no podría hacer con todo un cuarto o similares.

Perdido estaba en sus pensamientos cuando sintió la base del sillón variar en el peso cuando el rubio se deslizó a su lado.

—¿Todo bien entonces?

—Sí... por ahora —respondió el joven enigmáticamente por lo que el moreno se limitó a enarcar una ceja en clara señal de cuestionamiento, logrando así que el rubio se explayase más sobre el tema—. Me refiero a que por ahora me van a dejar en paz pero que cuando llegue voy a tener que escuchar una enorme lista de quejas y regaños que no le deseo a nadie y que estoy muy seguro de que me van a dejar con ganas de sumergir mis preciosos oídos en ácido antes de la primer hora —dijo al fin haciendo muecas bastante divertidas ante sus propias palabras.

Harry rio. Una risa franca y gutural. Completamente ronca y masculina que inconscientemente hizo vibrar algo muy dentro Kurt y que, en consecuencia, le hizo removerse inquieto.

—Ya veo.

El silencio se extendió un poco y Harry pudo observar como el hermoso rubio a su lado comenzaba a ponerse nervioso al no encontrar como romperlo. Quiso reírse pero estaba seguro de que eso no terminaría por verse bien ante su compañero.

—Mmm... creo que voy, creo que me iré ahora ¿de acuerdo? —medio anunció, medio preguntó el rubio mirando hacia cualquier lugar menos a él.

—Quédate. Quédate y almuerza conmigo hermo... perdón, Kurt. Quédate y almuerza conmigo Kurt, por favor.

—Oye, lo siento en verdad por lo de antes ¿ok? —dijo el chico a su lado aún sin responder a su impulsiva invitación—. No me molestan los apodos ni nada, es solo, que... yo no... No me molestan ¿vale?

—No estás acostumbrado ¿verdad? —preguntó el moreno entonces con suavidad tras notar como las palabras que el joven soltaba lo dejaban sonrosado y vergonzoso de sí.

Vulnerable. No le gustaba verlo así, decidió entonces. Él quería verlo dinámico y coqueto como la noche anterior. Quería verlo apasionado y con confianza en sus propias palabras y decisiones. Quizás fuera por el triste hecho de que, en cierto punto, lo encontraba muy semejante a él cuando más joven. Cuando el hecho de recibir un elogio lo dejaba incómodo porque nunca nadie se había molestado en hacerlo antes y no sabía entonces como tomarlo.

Curiosidad, eso le despertaba el joven frente a él. Y la curiosidad siempre había sido iportante en su vida. Para bien o para mal, este joven le intrigaba... además de excitarlo, claro.

—Yo... no es eso.

—Tranquilo hermoso —dijo él de manera displicente guiñándole un ojo mientras que a la vez se desenredaba del sillón parándose—. Ya te irás acostumbrando.

Si es que todo esto le salía bien él estaba completamente seguro de que el joven sería un amante memorable en más de un sentido. Y él realmente no podía esperar por crear dichas memorias y disfrutar el proceso. Menos aún viendo como esa hermosa piel se teñía de un muy atractivo rubor y como esas telas infames que cubrían ese cuerpo de pecado se aferraban a él dejándole solo con el deseo animal de despojarlo de ellas y marcarlo como suyo una vez más.

Sí, tenía grandes expectativas.

Grandes y gloriosas expectativas.

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