14 de octubre de 2013

El Placer del Pecado... Capítulo 21

Disclaimer 
Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.

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EL PLACER DEL PECADO

.*&*.

"Esta es la historia de dos jóvenes prohibidos desde el mismo instante de su creación.
Una historia de amor fraternal destinada a un caótico fin.
Un amor que simplemente es cenizas antes de que el fuego se encienda.
Un amor corrompido, repudiado, condenado…

…Un amor de pecado".

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CANCIONES DEL CAPÍTULO:

(Habrá pequeñas frases tomadas de las letras de las canciones)

The Kiss of Down -HIM
Never too Late -SECONDHAND SERENADE
Outlaws of Love -ADAM LAMBERT .

La atmósfera a su alrededor de pronto parecía estar demasiado cargada como para poder siquiera respirar. El aire parecía solo crepitar a su alrededor por la tensión tan extrema que de un momento al otro les envolvía.

Y ambos sentían que comenzaban a ahogarse bajo aquella insólita presión. Ambos sentían casi como si una fuerza magnética más allá de su razonamiento les fuera acercando más y más.

Sintiéndose inevitable.

Siendo profundamente deseado.

Contrito en todas las maneras y pensamientos. Ya ni hablar en sentimientos. Luchas eternas y titánicas batallándose en lo más profundo de sus corazones.

El frenesí que suscitaba la atracción hacia lo prohibido tan largamente negado.

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'...Yo estoy ciego y también lo estás tú, por las lágrimas derramadas...'

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Temor, profundo, desgarrador.

El paso infinito sin retorno ni espiración.

Era un momento mágico.

Demasiado mágico...

A tan solo ya un palmo de distancia aquella burbuja en la que se habían quedado atrapados se vio rota bruscamente ante el estruendoso sonido de la bocina de un coche al pasar junto a su coche haciendo que saltaran en sus lugares ante semejante ruido después de aquellos instantes de perfecta y armónica calma en medio de la noche. Donde hasta entonces se habían visto rodeados de la oscura y subyugante naturaleza nocturna.

Ellos solo atinaron a quedarse allí, aún cerca pero definitivamente más alejados que el encuentro de antes. Mirándose. Una vez más.

Los bocinazos de aquellos obviamente quejumbrosos adolescentes ahogándose ya en la distancia como un eco lejano.

Algo había nacido.

Algo imparable y creciente.

Algo que les comenzaba a arder bajo la piel y en cada partícula de sangre.

Sangre compartida.

Sangre sentida.

La emoción innegable corría por sus venas haciéndoles sentir como la adrenalina más pura y excitante les erizaba la piel.

—¿Vamos? —preguntó él con extrema suavidad, intentando por todos los medios no cortar aquel momento pero sabiendo que de otra manera haría algo que había estado intentando evitar desde hacía demasiado tiempo ya como para solo dejarse llevar.

La mirada perdida y completamente sosegada de su 'hermana' no ayudaba al pequeño demonio interno que gritaba enfurecido porque solo tomara aquello que tanto anhelaba.

Un silencio se extendió entre ellos. Un silencio que por vez primera desde su retorno no estaba cargado de réplicas no dichas o mentiras veladas. No era un silencio incómodo y acusador.

Solo silencio.

Quizás entendimiento.

Quizás comprensión.

Y algo más... ese algo más que ninguno de ellos podía evitar.

La lucha se estaba perdiendo.

La batalla se estaba gestando.

Y lo que ninguno sabía era realmente que parte querían que fuera a ganar.

—Quiero ir al claro —soltó ella de repente sintiendo la inesperada urgencia de ir a aquel lugar... solo ir, sin saber porqué. No estaba en ella el entender.

La mente aún medio embotada y los sentidos ralentizados por el alcohol y el cansancio previamente tomados le estaban haciendo mella. Pero ella se negaba a caer. No era débil. No lo sería ahora tampoco.

Se avergonzó de haberse dejado ver tan patéticamente enferma por tan solo unos cólicos y unos mareos. Se avergonzó de que la viera él.

—Pero... Bella, es tarde. Podrías ir...

—Por favor. Solo... Tengo que... Necesito ir allí ahora Ed. Por favor.

—Bella...

—Solo quiero ir y recostarme allí viendo la luna y contando las estrellas. Imaginando cosas que nunca podrán ser Edward. Quiero soñar despierta un rato más —dijo ella mirando más allá de él de una manera tan críptica que no pudo discutir más. Él conocía esa sensación de solo querer vivir soñando. Fantasear que lo que nunca podría ser y lo que podría tener—... Como cuando éramos niños y nos escapábamos para dormir allí. Cuando todo era fácil.

Él asintió.

No podía hablar. El nudo en la garganta era demasiado difícil de tragar.

—¿Te sientes mejor ya?

—Yo... —ella miró al bosque detrás de él antes de suspirar y negar con la cabeza con lentitud—... Lo voy a estar.

Ella tenía que rearmarse. Necesitaba desligarse de todo aquello que la mera cercanía suya le había suscitado. Necesitaba tiempo para volver a envasar todos los oscuros anhelos que se le habían desbordado cuando perdió el control de sí, casi lanzándose en su contra para reclamar esos labios que brillaban en la noche y que le llenaban de la más pura necesidad de mujer que nunca hubiera sentido antes de él.

Mujer. Ella ya era una mujer. Joven, sí, pero mujer al fin.

Si tan solo pudiera...

Perdida en sus pensamientos se perdió la mirada de cegado deseo que nubló aquellas verdes pupilas.

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El viaje hasta allí había sido silencioso y tranquilo. Ya no había residuos de aquella excitación inevitablemente adolescente tras la algarabía del baile y las bebidas compartidas sino que, en realidad, ella cargaba ahora con una especie de emoción escalofriante en cada sentido de la palabra. Tanto le daba helados estremecimientos acompañados por un ligero temor, como para luego, al segundo siguiente, dejarle un calor ardiente que fácilmente pudo reconocer como obvia anticipación.

Y no, ella no había llegado al punto de ser tan mitómana como para mentirse vilmente as sí misma al decirse no saber el porqué.

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'...La emoción que a los dos nos separa nosotros la apreciamos...'

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El claro.

Era hermoso.

Siempre lo había sido y seguramente siempre lo sería pero, en esa noche, todo parecía simplemente más, mejor.

Noche cerrada. Luna brillante; junto con aquellas tan preciosas y místicas estrellas titilantes.

Escuchar el susurro del viento colándose fresco por entre las hojas de los árboles frondosos y escucharlas por su culpa chocar entre sí. El oír también los pequeños ruidos y llamados delatores de los residentes permanentes e inequívocos de aquel pacífico lugar. Sonidos de grillos y pequeños búhos nocturnos junto con los lejanos golpeteos de ligeras pisadas o incluso algunos secos cascos.

Había movimiento en la quietud.

Había silencio en el arrullo natural.

Había en sí una especie de comunión con el entorno que les hacía sentirse parte de él. Aceptados.

Al llegar al centro del mismo el tiempo solo se detuvo.

Tiempo. Dios Chronos. Entidad sin credibilidad.

Padre supremo de la misma creación.

Curioso.

Él tampoco era ya ajeno a aquella intrincada y ya desde la raíz truncada relación fallida. Convirtiéndose sutilmente en tan solo un mero observador y espectador más que, a pesar de todo, ansiaba se pudieran un día unir para así poder romper con aquella maldición que cargaban y por ende también así llegar a enlazar a aquellos hilos corruptos que el mismo destino parecía querer cortar.

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'... Y tú sigues adelante con recuerdos culpables. 
Pero yo estaba equivocado, por siempre probarnos...'

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Cerca. Estaban tan cerca.

Silencio y disfrute.

Soledad acompañada.

Sonrisas veladas.

Ambos jóvenes disfrutando enormemente de tener un sencillo momento de cálida paz junto al otro.

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'...Este camino quebrado es más de lo que puedo aceptar...'

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Hacía demasiado tiempo ya que no gozaban de nada tan simple como eso. Que no se permitían disfrutar de la proximidad del otro y solo dejarse estar a su lado. Años. Tal vez una década ya.
O Casi. A fin de cuentas todo había comenzado a ir cuesta abajo a medida que ella iba creciendo. Nunca había odiado tanto crecer como en aquel entonces.

Recordó con pesar que fue cerca de sus diez que el mal trato entre ellos nació y luego casi once cuando las miradas extrañas habían comenzado; que fue a antes de los doce que la distancia se imponía y que fue a los trece que... ya todo estaba perdido, mal.

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'...No merezco decirte que TE AMO.
Estoy muerto por dentro.

Revíveme...'
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Pero no, esa no era la noche para recordar cosas tan amargas como aquellas. No. Esa. Noche.

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'...No. Todo lo que conocemos es NO...
Las noches se vuelven más frías. Frías...'

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Sentados uno junto al otro miraban ambos hacia el cielo infinito sintiendo sobre la piel la fresca brisa juguetona en paz con la enormidad que les rodeaba. Una brisa que la hizo estremecer... hasta que sintió sobresaltada un cálido y reconfortante brazo rodeándole la piel de los hombros y brazos. Cubriéndola así con una fina chaqueta que ella ni siquiera había notado que se quitase.

Iba a retirar el brazo, notó.

No quería que lo hiciera, decidió.

Antes de que ella se pudiera arrepentir o de que él pudiera retroceder, Isabella dejó caer medio temerosa medio fascinada, su pequeño y curvo cuerpo contra su lado. Refugiándose en él tal y como lo hacía de niña cuando alguna pesadilla la atormentaba o cuando se ponía demasiado triste de ya no tener a su mamá.

Idílico.

Supremo.

Natural.

Su delgado hombro izquierdo encajado perfectamente por debajo de la su axila y el lado de su cara descansando plácidamente contra la almohadilla de la curva de su brazo. Intentando por todos los medios el no delatarse a sí misma con su estúpido rubor al dejar inundar sus fosas nasales con aquel tan maravilloso y masculino aroma. Una rica y atrayente mezcla de olor a colonia con el simple olor a hombre. Olor a él. Y, sobre todo, esforzándose lo indecible para solo cerrar su boca y no dejarse babear sobre él... sino también además luchando para resistir la inmediata tentación de solo estirarse un poco para besar y lamer, simplemente para probar su muy prohibida piel.

Cerca. Tan condenada y malditamente cerca.

Y tan lejanos...

Porque era su total y completa cercanía aquello que en realidad más les alejaba.

Segundos y minutos pasaron y ellos igualmente así se quedaron.

Idílio.

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Edward se mantenía tenso. Los nervios ya dañados por la presión que ejercía sobre ellos en el afán de no moverse en lo más mínimo.

La tentación más absoluta consumiéndolo a fuego lento. Alimentándose incesante desde su interior. Lamiendo su piel. Calcinándolo de loco y fiero deseo.

Deseo incontrolable.

Deseo reprimido.

Deseo, puro y total deseo.

Poco a poco sus sentidos se nublaban.

Poco a poco él se perdía.

Perdido, ¡Oh, él estaba tan absoluta y jodidamente perdido!

Y lo sabía.

Ya era tarde.

Podía sentir la resolución volar lejos y las excusas agrietarse ante él.

Podía sentirse perdiendo el sentido de aquella realidad ya intolerable y profundamente odiada y, a la vez, solo dejarse soltar las riendas de aquella represión dolorosamente auto impuesta desde hacía ya demasiado maldito tiempo.

Podía sentirse cediendo.

Podía sentirse perdiéndose... y ganando.

Amándolo y odiándolo con igual fuerza e intensidad.

Su apriete sobre aquel fino, delicado y muy femenino hombro se tensó una vez más hasta el extremo del dolor cuando la sintió removerse y hasta incluso acercarse un poco más.

Ya no podía.

Era una locura.

Ya no quería.

Ya no había salida.

Perdido.

Girado con lentitud su cabeza hacia ella, él posó -tan suavemente como pudo-, sus aún cálidos labios sobre aquellos hermosos cabellos chocolates cobrizos que en aquellos momentos solo se veían inusualmente negros como el mismo carbón. Y causando como respuesta una inesperada y brusca inhalación.

No hizo más.

Tenía que bastar -se repetía una y otra vez como un mantra lejano en medio de la concentración.

Perdición.

No lo hizo.

Habían quedado allí así por ya más de lo que parecían horas para él, aún sabiendo intelectualmente que no lo eran, cuando finalmente el joven atormentado se dio cuenta de que su pequeña Bella se encontraba arrebujándose una vez más contra él sin dejar ya ni un milímetro de distancia entre sus cuerpos, dándose cuenta tardíamente de que ella se hallaba en un estado de duermevela que le hizo volver a arder la piel y la sangre.

La vulnerabilidad.

La suavidad.

La rendición.

...Y la propia perdición.

Ya no hubo barreras.

Ya no hubo nada.

Que lo perdonara Dios... -su mano se acercó a acariciar sus cabellos y el contorno de su dulce cara-... pero la lucha fue perdida -giró levemente su rostro ayudado por su propia inercia y quedando así frente a su mayor temor. Su propio amor prohibido.

La batalla fue perdida.

Sus labios se acercaron cosquilleando de antelación.

Pero la gloria fue ganada.

Y finalmente poder sentir en pleno aquel dulce y tibio calor de aquella carne rosada.

La mente hubo perdido... pero, finalmente, el corazón ha ganado.


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'Dirán que arderemos en el infierno pero no creo que eso pase.
Nos han marcado demasiado fuera de las leyes del amor...'


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4 comentarios:

  1. Hola me encanta que por fin el corazón haya ganado ya fue mucho sufrimiento ojalá que ahora si se atrevan a decirse lo que sienten que dejen sus miedos atrás gracias por el capitulo :D

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  2. Que capitulo, tantos sentimientos, tantos muros derribados, tantos anelos dios decapitulo

    Gracias

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  3. Hasta q al fin!!!!! el se decidió y ella se dejo llevar!! ese hermoso claro es testigo como lo fue antes!!!!!!! al fin se unen en un beso!!!!!!!! por dios este amor debe de seguir!!!!!! si!!!!!!!!! estoy inmensamente feliz!!!!!! tanto rechazo a los sentimientos!!!! y ahora viene la aceptación!!!!! no es prohibido amar!!!!!! sino dejar de hacerlo!!!!

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  4. Porque nos dejas asi cuando actualizas no puede ser se besaron auchhhh!!! no terdes mucho en subir el otro capitulo muero de ganas de leerlo

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