20 de febrero de 2014

Sumiso por Ti... Capítulo 2

DISCLAIMER
Los personajes pertenecen al maravilloso mundo de JK Rowling y la historia es de mi autoría.



RATEDMA
PAREJA: HARRY POTTER/SCORPIUS MALFOY... menciones leves de Harry/otros.
ADVERTENCIAS: Algo de lenguaje adulto, SLASH -ES DECIR RELACIÓN HOMBRE/HOMBRE-. Escenas de sexo explícito. Mención leve de ingesta de sustancias (en este cap). Relación con gran diferencia de edad. Relación Dom/sub en su mayor parte. Mención de poses, juguetes, reglas y castigos acorde al estilo BDSM. Y, creo que eso cubre todo así que, si hay algo de todo esto que NO te guste quedas advertido.

Capítulo 2

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'¿Qué demonios tenían todos los malditos Malfoys en sus genes como para andar jodiéndole la vida de esa manera?', pensó cabreado el moreno mirando a ese pequeño pecado andante ante él.

Primero, Malfoy padre queriendo matarlo insistentemente durante AÑOS. Segundo, Malfoy hijo -la verdad a veces hasta con bastante éxito-, toda su ya de por sí muy jodida adolescencia; y ahora, por último -o al menos esperaba lo fuera-, pero no menos importante, el Malfoy junior (no quería ni pensar en decirle nieto o algo similar. Lo hacía sentirse demasiado viejo por alguna extraña razón que no se molestaría en averiguar. Nunca). El chico parecía estar justo detrás de él, siempre. Sea donde fuere. Incitándolo. Tentándolo. Logrando casi sin esfuerzo metérsele bajo la piel de una manera que podía recordar nadie le había hecho sentir.

Inquieto por tales pensamientos optó en cambio por la reacción segura. Le apartó para hacer su camino. Tenía que huir de aquella absurda cercanía que tanto le provocaba aquel maldito mocoso ladino antes de que pudiera romper con amargo gusto más de la mitad de sus propias reglas. Reglas que le habían acompañado, guiado y ayudado fielmente desde el momento en el que decidió meterse más de lleno en aquel tan particular estilo de vida que ahora llevaba y que, por suerte, tan bien le había hecho.

—Bien. Te dejo entonces, chico —le dijo acentuando aquella última palabra de manera inconsciente pero que a la vez servía para recordarles a ambos que eso era lo que el rubio de cara demoníacamente angelical era en verdad. Tan solo un chico de la misma jodida edad que su propio hijo menor. Un chico de prácticamente la mitad de su edad y con mucho menos vivido aún. La mitad de su vida. Y aún mucho menos de su experiencia.

Logró alejarse relativamente fácil... y el hecho de que aquello le supiera y dejara un regusto amargo en la boca no significaba absolutamente nada. Nada de nada -se dijo con terquedad imposible-. Y por ese 'nada' fue que se dedicó con esfuerzo a bailar y a atraer cuanta mirada pudiera. Buscando aquel que le provocara 'algo' con tal de desfogar su placer. De ejercer su dominio. Al menos eso fue lo que se dijo y repitió, hasta que lo vio.

Acompañado.

Un tipo le acompañaba. Hacia la zona roja.

La verdad era que en ese momento no supo qué fue lo que le molestó más. Si el simple hecho de verlos. El que el mocoso pareciera ir de lo más interesado... o si de la extraña casualidad de que el dichoso acompañante pareciera tener no solo la misma o aproximada edad que él sino además una cierta, semejanza, corporal. Pelo negro, aunque más corto; estatura similar... Tampoco era como si importara mucho puesto que al final fueron las tres cosas juntas las que casi hacen que se le salte una vena justo en el medio de la jodida frente del puro coraje que sintió invadirle. Tanto así que, sin pararse a pensar, él tomó del antebrazo a aquel chico con el cual había estado bailando desde que éste había llegado para enfilar hacia allí. Ni siquiera le preguntó a su acompañante, acompañante al cual había 'perseguido' por las últimas dos veces que había estado allí y que ahora le traía sin cuidado alguno enfadar o no. Realmente no debiera estar yendo tras el mocoso, se decía aún sin parar y, de todas formas pudo registrar que el joven que su mano apresaba lucía más que conforme con el trato y su próximo destino así que bien pensó que podría matar dos pájaros de un mismo tiro -como solía decir el refrán.

El joven hombre que su mano apresaba le seguía confiado, obviamente tentado. Un hermoso joven de lo que parecían ser unos veinticinco años con un cuerpo de infarto y un cabello rubio sucio que lucía sexymente despeinado. Pelo de follado como quien diría. Un cuerpo que se le plantó bien por delante sin dejarle avanzar o mirar más en cuanto terminaron de entrar a aquel más que conocido rincón del lugar.

Perfecto.

Con lo que no contó era con que el chiquillo le abordara de manera un tanto indómita apenas llegó a arrinconarlo contra una firme pared a su espalda.

Sus instintos le golpearon antes de que pudiera pensar conscientemente en como reaccionar ya que eso era algo que en su nueva naturaleza ya hace tiempo asumida no era algo que dejaría pasar así nomás.

El pequeño problema de cabellos platinos se replegó un poco más atrás en su azorada y ahora caliente mente. Luego... -se dijo impaciente por demostrar una lección.

Tomando al chico -que si mal no recordaba le había dicho que le llame Nath- bruscamente por el cuello le hizo girar y retroceder hasta estamparlo contra una nueva pared un poco más adentro del lugar. Si el chico quería ahora hablar o algo... ya era tarde.

Él no solía ser una pareja 'ruda', pero sí era una MUY dominante. Lo quisiera o no. Y Nath acababa de darse perfecta cuenta de ello.

Algunos cuantos gruñidos, empujones y apretones después, él simplemente disfrutó de lo naturalmente sumiso que termino siendo su hermoso acompañante. Definitivamente la caza de esos días había valido la pena. Mucho, de hecho.

Completamente a gusto, Harry se hallaba marcando firmemente un ritmo lento y perfecto de una rica mamada... y disfrutando como nunca de las muy amplificadas sensaciones que esa noche parecían estarle al límite en cada acción. Los gemidos y ronroneos que la deliciosa y talentosa boca del chico arrodillado frente a él eran solo un aliciente más para mantenerlo justo en el borde. El placer de la dominación y...

La boca tan rica y caliente de pronto se esfumó abandonando de golpe su delicada y necesitada carne.

'¿Qué demonios?'

Abriendo sus ojos para ver que carajos había ocurrido y ya pensando en un buen desquite si se trataba solo de una burla del chico, él se encontró terminando por ampliarlos casi cómicamente.

El maldito mocoso de perfil justo frente a él... viendo de manera petulantemente sonriente hacia ¿Math? ¿Nath? Sí, ése, quién ahora miraba evidentemente sorprendido hacia arriba con su boca aún mostrando la evidencia de lo hecho recién a él y con sus rodillas aún pegadas firmes en el suelo.

—Pero qué rayos... ¿qué carajos te pasa estúpido?

—Vete.

—¿Qué, qué? ¿Pero quién demonios te crees que eres niñato de... ?

—Largo. Levanta tu puto culo del piso y lárgate antes de que pierda la poca paciencia que me queda y te haga de manera gratuita una hermosa remodelación facial. Ahora —exigió cuando vio al chico boquear y no hacer nada más. No dándole a Harry ni el más mínimo atisbo de atención hasta el momento.

Y él, Harry, se encontró con que no podía hacer nada más que mirar lo que sea fuera a suceder. Pelea de gatos, como se solía decir... realmente no sabía si reír o gruñir. Quizás ambas. Su pene aún enhiesto, palpitaba dolorosamente de la más pura necesidad. Erguido y duro hasta el máximo y aún al aire mientras la pelea de 'gatos' más absurda tenía lugar.

El chico de la mamada -por que realmente ahora Harry no estaba para recordar nombres ya-, miró ansioso hacia ambos lados, esperando quizás encontrar su apoyo o algo siquiera, pero de parte del moreno no hubo nada y tampoco de parte de ninguno de los curiosos que habían parado sus actividades similares solo para curiosear por lo que, juntando la poca dignidad que le quedaba tras el pequeño show, se levantó e irguió antes de mirarlos a ambos y soltar un escueto y seco; 'Que les den'... sobre todo mirándolo con énfasis a Scorpius quien le miraba bastante presumido cabe añadir.

—Gracias... eso espero —le respondió éste obsequiándoles a todos una breve vista de su preciosa sonrisa ladeada.

El chico de la mamada finalmente se fue.

Scorpius se giró para quedar ahora sí frente a él.

Y Harry reaccionó tras su aparente letargo de acción.

¡Joder!

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Apenas había comenzado a dirigir sus manos hacia su MUY dolorida y palpitante polla para guardarla -por más dura que esta estuviera-, antes de que, en tan solo una fracción de segundo después, una mano suave pero tensa apretara su muñeca y una boca, que parecía tanto el mismísimo infierno como el más puro paraíso, todo en uno, le tomara hasta la empuñadura haciéndose a sí mismo casi ahogar debido al jadeo ronco y profundo que le nació.

'Joder', pensó absolutamente cegado por la lujuria y el placer.

—S... Scorp-pius. Par... Argg. Basta. Para, ¡Joder, para!

Un suave y lujurioso 'Pop' llegó a escucharse a pesar de todo el ruido de fondo cuando el pequeño pecado andante le soltó de manera perversa su traicionero miembro.

Su necesidad casi le hizo doblarse, y sobre todo acercarse de nuevo en busca de la húmeda fuente de ese calor en el que se había visto recientemente envuelto. Pero tenía que resistir. Debía de... No podía. No podía dejarse ceder antes este 'niñato' y... No, eso no era cierto. Él no podía ceder, cierto, pero no por ese niño, no realmente al menos. La cruda verdad era que él sabía que a lo que no debía dejarse ceder era a sus propios oscuros potentes deseos de tomar al mocoso impertinente y hacerlo y marcarlo como suyo justo allí. E indefinidamente. Y lo odiaba por ello. Por hacerlo querer cosas que hacía ya mucho se había impuesto dejar atrás.

El moreno se estremeció ligeramente al recordar a cuantos les había roto el improbable sueño de un, 'compromiso' con él y ahora llegaba este maldito niño y...

Una mano casi se podría decir femenina le sacó de sus tormentosos pensamientos cuando le tomó al mismo tiempo que aquella voz endiabladamente sexy y más que sugerente le hablaba. Tentándolo. Haciéndose maldecirse a sí mismo por desearle tanto y querer dejarse flaquear... hasta que algo dentro del mayor pareció quebrarse ante lo siguiente dicho por entre aquellos labios. Algo que, en la mente de Harry le hizo cambiarlo. Quisiera o no.

—Soy suyo, señor Potter. Me quiera o no... soy suyo... señor.

'Señor'.

Las palabras dichas suaves pero firmes y correctas se asentaron y anidaron en su mente. Las manos le dejaron en paz un instante y, cuando reabrió los ojos refulgentes de llamas verdes que nunca notó había cerrado, pudo ver frente a él a un joven sí, pero a un joven decidido que en ese momento estaba entregándose entero por algo que quería sin saber en lo que se metía, porque este mocoso no podía saberlo, ¿cierto?

Todo un espectáculo y algo más allá de la tentación para él y sus caprichos algo insanos.

Sumisamente entregado por propia voluntad y completo libre albedrío pero con un fuego propio y una determinación y terquedad que solo terminaban por hacerlo aún más y más bello por el regalo que mostraba con su rendición a él.

Y Harry se perdió.

Toda aquella persistente lista de sensatas razones por las cuales se había arbritariamente negado a hacer algún tipo de avance hacia él eran ahora nada. Ahora en su mente carecían de la validez y peso suficiente. Todo lo que sabía voló muy muy lejos y ya no regresó más a él.

Rendidos.

Ambos.

Scorpius rendido ante la idea de la dominación y poder.

Harry, rendido indomablemente ante la propia necesidad de consumir toda esa sumisa voluntad otorgada. Corrompiéndolo con la oscura sensación de poder. Un poder que le cegaba a todo.

Miles de pensamiento innegables y contradictorios corrieron a través de la mente de ambos en apenas esos segundos en que sus miradas se mantuvieron.

Cientos de sensaciones explotaron en sus sentidos.

Asintiendo rápidamente y sin parar de mirarlo fijamente, Harry finalmente tragó en seco el nudo en su garganta y habló;

—Espero seas tan bueno como pareces chico... porque él era realmente hábil con su pequeña sucia boca —dijo con voz ronca por el deseo y sonriendo con casi burla. Un reto. Todo un reto—. ¿A qué esperas mocoso?

La ardiente mirada en esos afilados ojos de plata fundida no tardó nada en llegar. Medio enfado, medio medio ¿calentura? ¿deseo? ¿perverso placer? Lo que sea que fuera solo terminó por encenderles un grado más. Era insoportable el calor que por dentro ambos sentían. No era sangre ya corriendo por sus venas. Era lava. Ardiendo. Quemándolos. Fundiéndolo todo a su paso y no dejando nada detrás. No importaba. No cuando su dura y extremadamente necesitada polla se vio de repente hundida hasta la campanilla y quizás hasta un poco más allá también.

El moreno jadeó cuando el reflejo nauseoso del chico hizo que la boca de este le apresara aún más en su cálida y húmeda caverna. Sus manos ya no se contuvieron al hacer el viaje hacia aquellos cabellos de seda para terminar por apretarlos con fuerza entre sus dedos e incluso tironearlos para liberar un poco de la tensión que le embargaba.

—Amm... sí, así. Mierda. Más... —dijo el hombre al tiempo que, sin demora ni pudores tomaba con demanda la cabeza del joven postrado a sus pies y, literalmente, la guiaba contra su eje una y otra y otra vez. Follándole la boca como desde hacía tanto había anhelado hacer y vengándose apenas por todos esos momentos en los que el chico se había decidido a dejarle ver su deseo y tentación, mientras que éste solo hacía sonidos ahogados pero sin negarle nada solo se dejaba— ¡Joder! Sí, sigue. Vamos, bebé. Así, sí, toma más, un poco más... Mierda. Joder.

'Joder, joder, joder, joder, joder, joder ¡JODER!'

Harry soltó un muy profundo y ronco quejido desde lo más hondo de sus entrañas al sentir su semilla salir disparada de él hacia esa boca que aún se esmeraba en exprimir todo de él. Sintió, como nunca, un cansancio y agotamiento extremo adueñarse de él en cuanto terminó de vaciarse en aquella infame boca que por lo visto era a la mar de talentosa también. Cada músculo que anteriormente había tensado como un muy tirante resorte ahora se había aflojado; disfrutando de ver a esa garganta trabajando por tragárselo todo de una manera que casi podría llamarse, codiciosa.

—Eres mío —susurró, sorprendido de que aquellas palabras realmente hubiesen salido de su propia boca.

—Lo soy —dijo el chico, levantándose y yendo hacia la boca de éste, pero deteniéndose lo justo para quedar tentadoramente cerca y a la vez claramente aguardando el 'permiso' para continuar con ello.

Ninguno de ellos dando ni la más mínima importancia al hecho de que eran más que un poco observados aún con la muy mala iluminación rojiza del lugar, por la dinámica que mostraban entre ellos. O más bien de como ellos se estaban comportando, allí, justo en medio de la muy conocida sala roja en un más que conocido antro gay. Olvidando olímpicamente el hecho de que ambos de ellos habían recientemente entrado allí con otras parejas por detrás.

'Bueno', pensó Scorp, 'ciertamente pudo haber ido peor'. Tembló al pensar en el laberinto oscuro que había encontrado se hallaba al otro lado del salón. Allí era donde el sexo parecía ser una ley y por lo que apenas en unos segundos vio... era también donde los excesos reinaban. 'Quizás pudiera ir con Ha... mi señor...', pensó degustando el pensamiento de esas dos sencillas finales palabras que sabía tanto le gustaban al moreno. Quizás, pero más adelante porque, llegados al caso, después de finalmente haber conseguido hacer ceder al moreno a permitirle aquello. Después de haber logrado que éste le dejara hacer 'algo' con él después de tanto tiempo negándoles a ambos el gusto no tenía ninguna duda de que él sería capaz de conseguir que el otro le aceptase a su lado como algo más...

Algo más duradero y ¿porqué no? Longevo.

Scorpius NO era estúpido y definitivamente no era un Slytherin por nada, eso era seguro.

Aquí estaban todas las cartas y él se aseguraría de que le tocara la mejor baraja. Pero mientras... Mientras jugaba...

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