25 de junio de 2012

El problema de mi sexóloga... Capítulo 32

Procesos


DISCLAIMER:  Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.


Este fic contendrá mennage HETERO -BI- Y HOMOSEXUAL. Lemmons gráficos y lenguaje adulto.


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Antes que me olvide!! =P...
La sexóloga ya tiene grupo en face así que los esperamos por allí ;)
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BPOV

― ¡ALICE!
Su mejor amiga en el mundo enteró la había estrellado contra aquella pared con una fuerza atroz para ese cuerpecito tan pequeño que ocupaba.
―Isabella Marie Swan puedes estar tan segura como la puta promiscua que eres que en verdad me debes una bien, BIEEEN grande ¡Maldita idiota! ¡¿Tienes una jodida idea de lo que he estado pasando estas horas por no saber nada de ti?! ¡Noooo! ¡Jodida perra en celo! Tú te largas a un hermoso fin de semana de pasión con aquellos dos adonis de mausoleo ¡Y yo aquí! ¡Arruinando mi preciosa manicura por andar mordiéndome las uñas al no saber nada ni de ti ni de estos marmotas con los que ya hablaré luego y llenándome de docenas de arrugas por la preocupación! DIOS ―dijo ella prácticamente, ok no prácticamente, dijo todo eso a grito limpio con el rostro desfigurado de ira y sin tomar ni una sola bocanada de aire en el proceso. Suspiró medio bufó―… Dios… En verdad no sabes el miedo que pasé y…
No esperé a que continuase. Ella me necesitaba tanto como yo la necesitaba a ella. Tan solo la tomé por los hombros y la acerqué a mí con fuerza insospechada para abrazarla con todo lo que tenía.
― ¡Tú! Maldita perra insensible ―me dijo ya llorando contra mi pecho.
―Shhh… Ya está mi enana, ya pasó. Estoy aquí bebé. Estoy aquí ―decía con suavidad mientras mis dedos iban acariciando con lentitud sus cabellos.
Ella sollozó incontrolable durante unos cuantos minutos en los que a mí se me partía el alma. Momento en el que de paso aproveché a ver como Ed nos miraba de manera tierna y como Jake miraba feo a mi duende. Claro, otro susto.
Al menos así fue hasta que vi como el detective Withlock con cara muy muy seria, demasiado.
Me separé de Alice indicándole con la mirada el porqué y ésta me respondió con comprensión absoluta agarrando firmemente mi mano en la suya. Nos acercamos a ellos.
―Señor Withlock ―dije con deferencia.
―Srta. Swan. Me alegra verle ―dijo con una sonrisa―. Sobre todo verla sana y salva ―añadió tomando mi mano, dándole un pequeño, suave y caballeroso beso en el dorso de mi palma.
Dos gruñidos en dos tonos completamente diferentes vinieron desde detrás de él y yo simplemente me sonreí cuando él se apresuró a soltarme.
‘El caballero aterrado de los vikingos’ -pensé con algo de sorna.
―Lo siento detective, pero creo que a mis hombres no le cae nada bien desde aquella… mmm… confesión, suya… ya sabe… Alice, usted y ¿Yo? ―susurré al final acercándome un poco a él solo para terminar escuchando dichos primitivos sonidos nuevamente pero con más intensidad.
―Oh, mmm… Comprendo ―respondió él ¿nervioso?
Ok, el momento distendido estaba muy bien y todo eso, pero sin duda ya era hora de hablar seriamente de toda la mierda que sabíamos que estábamos ignorando.
―Ok. Escupa Withlock ¿Qué carajos fue lo que pasó aquí? ―Dije ya en tono duro cruzándome de brazos para que viera que en verdad la frivolidad previa había terminado.
―Bien, señorita…
―Yaaaa, dime Isabella, Bella o como se te plazca pero habla pronto.
―De acuerdo ―dijo poniéndose serio y en total y plena pose de detective matador―. Primero vamos más adentro. Aquí hay demasiada gente ―agregó.
Comenzamos a caminar por lo que era el pasillo que hacía de galería fuera de los apartamentos. Cada vez más cerca de aquel agujero en el que hace horas estaba mi simple y aburrida puerta medio descolorida y despintada en los bordes y que ahora era tan solo un agujero extraño y uniforme con los bordes completamente negros de lo que ahora suponía era humo y cenizas.
―Señorita Swan le presento al oficial a cargo de la investigación, el señor Peter Jaice. Señor Jaice, la señorita Swan, dueña del departamento agraciado ―dijo Withlock en cuanto llegamos frente al hombre que se encontraba delante de aquel desastre hablando seriamente con otro oficial.
―Jefe Jaice de la prefectura número cuatro señorita Swan, un gusto ―agregó el hombre inmediatamente tendiendo su mano hacia mí. La cual tomé más por inercia que otra cosa, sintiendo como su agarre era firme y prieto.
―Quisiera decir lo mismo Señor Jaice pero notará que las circunstancias no son las mejores desde mi perspectiva ―comenté con los dientes apretados mientras echaba un vistazo detrás de él viendo lo que había quedado de lo que hasta hacía poco podía llegar a llamar mi hogar.
―Sin dudas ―respondió él soltando entonces mi mano y siguiendo mi mirada―. Venga por aquí por favor. Necesitamos hacerle unas cuantas preguntas ―me dijo muy serio.
Ok, no lo diría en voz alta peeero ¡El jefecito estaba para comerlo! WOOOW ¿De dónde habían salido así de la nada todos estos ejemplares tan buenos y bien dotados por la madre naturaleza? ¡JODER!
Jaice era alto, musculoso pero no en exceso. La camisa celeste le marcaba agradablemente su ancha espalda y los músculos tan bien trabajados de los pectorales y antebrazos. El rostro ligeramente redondeado con los pómulos marcados y facciones duras. El tono de piel era visiblemente claro pero ligeramente bronceado, mientras que su corto cabello brillaba en diversos tonos entre la miel clara y el castaño. Sus ojos eran evidentemente aguileños, escrutadores, duros, pero suavizados por aquel hermoso y extraño tono dorados en ellos, como el caramelo fundido. Daba la sensación de alguien austero, serio, prolijo, exigente. La mandíbula apretada enmarcada por una pulcra barba estilo candado cerraba la imagen de hombre con el que era mejor evitar problemas.
Automáticamente me gustó… y no hablo solo desde el aspecto físico que -como dije- no estaba nada mal, nooo. Era su porte de integridad, aquel porte que de pronto me recordó a Charlie y aquel que me hizo saber que él en verdad se tomaría en serio el caso.
Al fin algo bueno’ -pensé siguiéndolo mientras terminaba mi muy extenso análisis sobre él.
Las preguntas hechas por él y por otro sujeto que llamado Derek Stewson -inspector-, fueron agotadoras.
Que si tenía alguna idea o sospechoso en mente. Que cuándo había dejado el lugar y hora aproximada, motivos y bla, bla, bla… En verdad eran buenos así que obviamente  respondí sus preguntas lo más sincera y completas posibles, intentando recordar tanto detalle como mi mente atribulada me permitiera y exigiéndome a mí misma más y más cada vez… aunque mi mente se encontrara completamente embotada con tanta cosa y algunas cosas se me mezclaban un poco.
Noté que los chicos se habían mantenido al margen mientras hablaba con ellos. Seguramente poniéndose al día con todo lo que Whitlock sabía -aunque podía sentir sus muy intensas miradas sobre mí en todo momento, cosa que les agradecí en silencio-… me hacían sentir acompañada, querida, protegida… segura.
El jefe y el inspector me narraron así, como si tal cosa todo el proceso que por ahora solo conjeturaban que había sucedido ya que en realidad debían de esperar el resultado de algunas pruebas para estar cien por ciento convencidos de los mecanismos que se usaron… aunque quizás faltaban varias, varias cosas por encajar allí.
Lo cierto es que todo era un verdadero desmadre de gente y oficiales yendo y viniendo… eso y todos los estúpidos curiosos que aún seguían por allí dando vueltas, seguramente con la esperanza de poder tener alguna toma morbosa con los estúpidos celulares o algo así. En verdad había gente para todo -pensé medio enfurruñada al pensar al respecto-. Idiotas.
Cada cosa que decían hacía que me enervara un poco más, elevando drásticamente cada vello de mi cuerpo Que mezcla de químicos. Combustión espontánea. Explosión en cadena…
Joder.
Si antes no temía al puto loco este era seguro que ahora sí lo hacía gracias a ellos. Jodidos policías buenotes.
Tuve que relatarles a su vez todo lo ocurrido hasta ahora intentando mantener el orden cronológico y haciendo hincapié en aquellos detalles excesivamente extraños (dentro de lo  de por sí ya extraño) como el cuándo comenzó a hacerse más notorio, o lo de las fotos… Aquello pareció interesarle a ambos dejando en claro que luego hablarían con los chicos y preguntando de paso que tipo de relación tenía con ellos, que hacía cuanto los conocía, que si eran de mi entera confianza, que si sabía donde estaban ambos a las horas de lo ocurrido… En fin… preguntas muy de policías si me preguntan -valga la redundancia.
En un momento en el cual yo me encontraba sentada y ya algo cansada de tanta pregunta, el jefe Jaice se fue a hacerles ciertas preguntas a Edward y a Jacob mientras que o quedaba con aquel inspector Stewson repasando algunas respuestas otra vez.
Después de unos minutos con ellos vi como el jefe los dejó a cargo de otros dos policías para venir nuevamente hacia mí.
―Disculpe señorita Swan, pero nosotros ya no tenemos nada que hacer aquí hasta que los criminólogos puedan terminar de incautar todo y finalicen las pesquitas correspondientes al hecho así que necesito que por favor me acompañe para rendir declaración de hechos en acta y comenzar a indagar en el caso como atañe en estos casos ―dijo ni bien llegó, interrumpiendo casi groseramente al detective que no paraba de hablar y preguntar.
Vi a los chicos venir hacia nosotros con los rostros tensos así que solo me quedé mirándolos fijamente hasta tenerlos frente a mí.
― ¿Ustedes también deben ir? ―pregunté entonces para evitar perder más tiempo innecesariamente. Ellos asintieron.
―Sí, tenemos que ir a dejar declarado todo lo sucedido hasta el momento ―dijo Jake.
―Claro, no para dejar en claro que no somos los jodidos locos sospechosos ¿verdad? ―bufó Ed.
¡¿Cómo?!
―Ya Ed. Ya te dije que no es así. Por Dios. Es su trabajo hombre…
Edward tan solo resopló hacia él en respuesta. Parecía un nene con un berrinche. Todo bonito con el ceño fruncido y los labios marcados en un tierno y pronunciado puchero. Quería morder esos labios.
¡Concéntrate Bella! -me gritó una pequeña y muy molesta voz dentro de mi loca cabeza.
―De acuerdo jefe Jaice. Nos veremos en breve en la comisaría ¿De acuerdo?
El susodicho asintió parcamente t se giró para ir a tomar sus cosas seguido inmediatamente por su camarada. Suspiré.
― ¿Vamos? ―preguntó mirándolos preocupada.
¡Y no era para menos!
Por un momento, aunque fuera un breve instante, pude ver como todo esto estaba afectándolos en realidad. A ellos. A lo que eran. A lo que hacían. E incluso indirectamente a quienes querían… las fotos… las jodidas fotos de sus familiares… por mi culpa. Sus vidas.
Desde que me habían conocido habían alterado todo cuanto ellos eran… por mí… ¿Por qué? ¿Qué valía yo? ¿Cómo una persona que apenas conocían hace unas cuantas semanas pede llegar a importarles tanto? ¿Cómo podían arriesgarse tanto?
Allí estaba, metida una vez más en mis reflexiones, cuando sentí la puerta cerrarse a mi lado. Me asusté no lo niego.
―Tranquila muñeca ―dijo Jake desde el asiento del conductor mientras yo le sonreía mirándolo a través del espejo retrovisor.
Por primera vez me alegraba ir sentada atrás. Quería pensar… bueno, al menos eso fue hasta que sentí a alguien a mi lado.
Alice.
Extrañamente ella solo me miró para luego emitir un pequeño pero sonoro bufido mientras negaba enfáticamente con la cabeza. Tomó mi mano.
―No lo hagas cariño ―la miré sin entender y ella suspiró.―. No te atormentes. Ellos te quieren por lo que tú en verdad eres Bella. Toda tú. Sé que no lo querrás creer amiga, te conozco ―rezongó haciendo un leve puchero marca Alice―, pero tú vales mucho… y ellos lo han notado, por eso te quieren segura a su lado. Por eso siguen aquí, a tu lado, a pesar de todo. No los alejes Bells, por favor, no lo hagas ―me susurró muy cerca del oído ya que ambos hombres ya se encontraban sentados en los asientos delanteros y con el coche en marcha―. Entiende que tú los necesitas tanto o más que ellos a ti. No te alejes preciosa ―terminó diciendo mirándome con un cariño tal que casi me desarma allí mismo.
Ella me miró de aquella forma que derretía hasta a las jodidas piedras esbozando una sonrisa triste y comprensiva en su pequeño rostro al mismo tiempo que con su mano acariciaba mi mejilla.
Tomé su mano y la mantuve apretada allí contra mí mirándola fijamente.
―Te quiero mi enana ―susurré solo para ella.
―Lo sé ―articuló con los labios para luego sonreír al formular un escueto pero importante ‘IDEM’.
No sé -y supongo que nunca lo haré-, como Alice me conocía tanto. Como ella sabía lo que pasaba por mi cabeza -sea lo que fuera-, con tan solo mirarme… pero me alegraba.
Como dije y recalco, ella era mi ancla.
Sin darme cuenta siquiera llegamos a la dichosa comisaría.
Ufff. Bien, podría decir que fue rápido, fácil y bla, ba, bla… pero no lo fue. Básicamente fue una lenta y tortuosa agonía el estar allí.
Primero porque e hicieron recordar una y otra vez los detalles más escabrosos de todo lo que me había ocurrido desde hacía ya casi un año. Segundo porque todo allí me recordaba a gritos la esencia de lo que había sido mi padre hasta su muerte… y me hizo extrañarlo y necesitarlo a mi lado como nunca antes. Odiándome por dejarme ver tan débil y frágil en u momento en el que debía ser fuerte e inteligente para que así pudiera ser capaz de ver y hacer algo para encerrar finalmente al maldito loco hijo de puta que mostraba cada vez más sus malditas ansias enfermizas de verme a tres metros bajo tierra siendo un buen abono de helechos y una buena cena para gusanos.
IAAGG... Odio a los gusanos, y no es broma.
Como sea.
Pasaron unas cinco horas entre que nos interrogaron a todos para luego olver a interrogarnos… y volver a hacerlo una vez más.
JODER, cualquiera diría que ya se sabían el cuento de memoria y mi muy jodida vida si vamos al caso.
Pues no. Pero sabía que ellos solo estaban haciendo un malditamente buen trabajo y, yo tenía un gran y profundo respeto por ello.
Finalmente, tras esas interminables horas nos dejaron ir, y era evidente que todos y cada uno de nosotros estaba agotado física y mentalmente así que ya en la puerta de la dichosa comisaría Alice se despidió con un muy fuerte abrazo hacia mí para irse con el jodido detectivito que ya me debía un par de explicaciones de las que se venía salvando -no por mucho- a no sé y no me importa donde, mientras que yo me fui con los chicos a su casa.
Todo este puto día había sido de locos y lo que más quería en aquellos momentos era poder estar a solas con ellos tirada tranquilamente entre las sábanas.
Era algo tan jodidamente extraño el hecho de que yo ansiara refugiarme en ellos, pero así era. Yo en verdad anhelaba estar entre sus brazos sintiendo su reconfortante calor mientras ellos me calmaban con sus mimos y palabras. Quería un poco de esa seguridad que me brindaban y que a mí tanto me faltaba.
El viaje fue bastante silencioso y, tan solo unas cuantas preguntas y respuestas básicas como ‘¿Tienen hambre?’ y ‘¿Qué quieren de comer?’ o ‘¿Mañana irán al trabajo?’ rompieron el silencio, pero, a la vez tan fáciles y concisas que con unos escuetos ‘No. Pizza. Sí’ quedaron contestadas y olvidadas.
El llegar a casa. Casa. Que palabra tan pequeña para definir lo que en estos momentos me generaban esas escasas cuatro letras. Casa. En verdad en este poco -escaso- tiempo en el que he estado aquí con ellos me ha surgido algo verdaderamente fuerte respecto a este lugar. Este lugar eran ellos, lisa y llanamente ellos… y lo amaba. Amaba la tranquilidad y seguridad que me brindaba. Amaba el calor y calidez que me embargaba nada más poner un pie dentro.
Lo sé, lo sé, me estaba ablandando de una manera ejemplar pero, joder, ya mi vida había sido demasiado dura así solita como para además juntar tanta energía en complicármela más yo misma. Seee, este fin de semana puede que me haya abierto los ojos en más de un sentido ¡Además del que ya saben! JA. Ya sabía que lo habían pensado también. Como sea…
Nada más entrar exhalé un gran pero GRAN respiro que en realidad no sabía que había estado conteniendo. Y al segundo unas hermosas, grandes y suaves manos se posaron en mis hombros apretando con la fuerza justa para hacer que mis músculos totalmente tensos se relajasen en lugar de endurecerse aun más. Sí, a ese grado de ‘confianza’ había llegado con ellos.
―Tranquila muñeca. Vamos ve a tomar un baño en lo que llamamos por la cena ¿Quieres comer en el cuarto?
―Sí, por favor. Y no, iré a ducharme luego, ahora quiero solo tirarme en algún lado por unos minutos. Me siento exhausta ¿Cómo están ustedes?
―Sin problemas ―me dijo Jake.
Lo miré feo.
―Ok, ok, tenso hasta la madre por lo que vi y lo que se dijo pero, ¿justo ahora? Estoy completamente tranquilo puesto que estamos los tres aquí, solos y respirando lo más bien ―se encogió de hombros―. Llámame primitivo o lo que quieras pero, mientras vea y sea consciente de eso estaré bien ―terminó diciendo mientras me guiñaba un ojo.
Edward se acercó justo entonces para abrazarme por la cintura desde atrás plantándome un sonoro beso en el cuello. Justo donde el pulso late fuerte… y aun más después de aquel pequeño pero para mí muy significativo beso.
―Estamos bien bebé. Nos preocupas tú ¿Cómo has tomado todo esto gatita? ―preguntó poniéndose serio mientras que Jake cerraba y trancaba la puerta activando el código de la alarma que ni había notado que tenían ¡Es la verdad!
Caminamos así abrazados hasta el sillón de la sala -amaba ese sillón ¿ya lo dije? ¿No? Bueno, LO AMO-… y nos dejamos caer así como estábamos en él. Me acomodé para quedar de lado en su regazo y así poder ver de frente a Jake que se había sentado a nuestro lado, lo que él aprovechó para tomar mis piernas y comenzar a masajearlas. Mmm… Que rico se sentía eso.
Hablamos de todo lo que había sucedido hoy. De las preguntas que le habían hecho a ellos y a mí, de lo que habían hablado con Withlock mientras que yo hablaba con Jaice y el otro, de qué pensaba respecto a los policías… e incluso de como me sentí ‘rara’ -por decirlo suave- con respecto a lo de haber estado en un lugar muy similar por el que mi padre había terminado por dar su vida. Joder ¡A estos chicos no se les pasaba nada!
Pero, no pude decirles nada sarcástico ni doliente, lo tomé bien viniendo de ellos -y eso ya era una muy clara señal de que algo andaba funcionando demasiado bien allí-. Incluso podría decir que les agradecí por haberlo notado y hacerme hablar de ello puesto que, lo admito, era algo que tenía atravesado en el medio de la garganta nomás desde que entré allí. Nos relajamos unos contra otros. El contacto era lo mejor entre nosotros al parecer.
Comimos en un moderado silencio allí mismo ya que ninguno tuvo ganas ni fuerzas como para ir en esos momentos hasta arriba en la recámara y una vez listos Jake me tomó sobre su espalda haciendo que me abrazase muy fuerte a su cuello cuando comenzó a correr hacia las jodidas escaleras. De verdad, a veces lo hombres parecían niños chiquitos ¡Casi me infarto cuando vi que no me dejó al comienzo de la escalera! Aunque, bueno, luego me reí como loca cuando a media escalera la velocidad y fuerza descendió considerablemente hasta el punto de que casi llegó arrastrándose arriba. Lo juro, hacía rato no reía tanto y tan fuerte.
Edward me tomó por la cintura y me cargó en brazos como un bebé desde el piso donde me hallaba aún sobre mi Jake y luego me llevó a la recámara, ambos riendo como locos viendo como Jake quedaba allí tirado en el piso resoplando como loco por falta de aire.
―Vaya. Gracias por su ayuda ―gruñó cuando llegó a la pieza unos cuantos minutos después mientras nosotros estábamos abrazados sobre las colchas.
―Hey, no te quejes ¿Quién te manda a comerte ocho porciones y luego salir corriendo por las escaleras con Bella arriba? ―contestó Ed intentando -y fallando miserablemente-, ocultar la risa.
Jake bufó y se tiró de una sobre ambos.
Mi espalda estaba cómodamente recostada sobre el pecho de Edward y Jake había quedado abrazado a mi cintura con la cara en mi regazo a todo lo largo de la enorme y cómoda cama. Esto era algo que hacía que ciertas cosas extrañas se removieran dentro de mí. Cosas que no quería mirar mucho por el momento.
―Mmm… estoy demasiado cómoda como para querer moverme chicos ―dije con voz soñolienta.
―Mmjjh ―murmuraron ambos. Al parecer más dormidos que yo incluso.
―Sip, mañana… ducha, mañana… trabajo…
Y caí.
La inconsciencia me arrastró librándome un escaso momento para que mi mente descanse divagando en los confines absurdos de mi propio subconsciente.

***

Les presento al jefe Jaice ;) a que está bonito el chico xD



Muchas gracias por todos sus comentarios, rws, alerts y favoritos ya sean aquí en el blog o en FF ^^
Para que sepan el cap 33 ya está en progreso así que espero no demorarme mucho con ese ;)
Como siempre nos leemos pronto. Besos. Guada*

¿¿¿COMENTARIOS???

4 comentarios:

  1. wow, nah no me gusta el jefe jaice ¿que clase de nombre es? jajajaj... me encanto :D espero el cap 33

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  2. un largo GRRRRRRRRR ... por el jefe Jaice y su maldita sonrisa "moja-bragas" ... (( cruzando los dedos para que sea prepotente, un tanto orgulloso y un tanto dominante... nada de ternuritas sin sentido por aquí!! jajaja ops ^^))

    ...hummm Sr. Jaice, parece que no le agrado mucho a nuestro sr. Cullen ... así que pase mas seguido por estos lares, ((necesita estar un poco cerca de Bella por el caso, no??)) quiero ver a Edward celosillo!!! jajaja

    en fin, GRACIAS TOTALESS!!!!

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  3. Hola me encanto el jefe Jaice pero Edward sigue siendo mi preferido espero que las investigaciones les den muy buenas pistas sobre ese maldito acosador que no los deja en paz ya se esta pasando con todo lo que les esta haciendo en espera del siguiente capi
    saludos y abrazos desde México

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  4. Me intriga mucho quién demonios es el acosador que la tiene así, ufff que horror!!!

    Oyeeee ¿de dónde sacaste a Jaice?... jajajaja, no está nada, pero nada mal, aunque no llegue ni a la suela de los zapatos de mi Edward, pero bueno, para un apaño serviría jajajaja...

    Muy interesante y en un momento creo que crucial...

    Besotes

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